El escritor Peter Heller no vio venir que se iba a sentir como Jacob Elordi . Bueno, no cualquier Elordi, el que interpreta el papel de Hig, el protagonista de ‘La constelación del perro’ , la película dirigida por Ridley Scott que se estrena este 26 de agosto y que adapta el best seller homónimo que escribió en 2012 y que ahora ha rescatado Blackie Books. Cuando las distopías eran eso, pura ficción especulativa, imaginó una humanidad diezmada por una gripe y envuelta en una lucha encarnizada por los escasos recursos de una Tierra inmersa en una gran crisis climática. Y todo por un río , o más bien varios, ya que esta historia transcurre paralela a la pesca, la otra gran pasión de este periodista estadounidense, célebre por sus novelas de supervivencia y sus aventuras en plena naturaleza.Heller asegura que no anticipó nada conscientemente, pero sí que sitúa sin dudar cuándo y cómo empezaron a saltarle las alarmas de que algo no iba como debería en este mundo. Fue, claro, en un río, al suroeste de Colorado , su lugar favorito en el mundo . «Allí aprendí a pescar con mosca por mi cuenta. Es un lugar salvaje y hermoso », explica a ABC antes de entornar los ojos para recordar con detalle el paraje (es algo que hace con frecuencia a lo largo de la entrevista y se refleja en sus libros con descripciones casi poéticas). «Solía pescar en un tramo específico, un cañón boscoso de piceas y abetos. Al caer la tarde miraba hacia arriba y a veces veía a un ciervo parado en las aguas poco profundas, observándome mientras anochecía. También he pescado junto a osos en la orilla», detalleDurante los veranos, comenzó a notar cambios muy leves, pero que llevaban un rumbo inexorable. «El riachuelo bajaba cada vez con menos agua. Un día, al entrar en ella, la noté demasiado tibia en mis piernas. Metí el termómetro y marcaba 21 °C . Debería haber estado a unos 15 °C. Así que recogí mi caña y volví a mi camioneta porque no es justo pescar truchas a esa temperatura . Si peleas con una trucha y luego la liberas, morirá. No pueden recuperarse porque el agua no retiene suficiente oxígeno, así que me fui a casa. Fue desgarrador, pero, sin duda, influyó en ‘La constelación del perro’ . En el libro los riachuelos se calientan, los bosques mueren por la sequía y las truchas desaparecen. Ahí es cuando vi indicios de ese futuro».Pero lo que este gran amante de la naturaleza no logró atisbar es que la distopía que imaginó le volvería a alcanzar años después, de nuevo en un río, pero esta vez por la orilla humana: la de una pandemia mundial . «El día que confinaron Denver , salí a pescar al South Platte, al sur de la ciudad -afirma mientras vuelve a entrecerrar los ojos-. Está a solo 40 minutos de mi casa, pero el caudal corre entre álamos y puedes ver las colinas a lo lejos; es hermoso. Puedes imaginar que estás en un lugar salvaje, aunque no lo sea. Crucé la entrada del parque estatal y no había ningún guardabosques. Tampoco había pescadores en el aparcamiento donde suelo estacionar. Había un solo hombre pescando y le grité: ‘¿Qué tal va la pesca?’. Y me respondió: ‘Están saliendo carpas, pero no he pescado ni una sola trucha’. Eso es exactamente lo que pasa en el libro: solo quedan las carpas. Al volver, conduje por el bulevar Wadsworth, yo era el único coche en la carretera y se me erizaron los pelos de la nuca. Pensé: ‘Cielo santo, me siento como Hig’ . Me asustó muchísimo. Fue como el fin de la vida tal como la conocíamos».En su aventura posapocalíptica, la pandemia y la escasez de recursos desencadenan la violencia entre los supervivientes . El otro es percibido como una amenaza. Heller bifurca esta tesitura entre Bangley, que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para mantenerse con vida, y Hig, para el que sobrevivir no es suficiente. «Esa es la elección que tenemos que hacer . Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿queremos ponernos inmediatamente a la defensiva y priorizar nuestra propia supervivencia a expensas de todos los demás, o queremos asumir los riesgos inherentes que conlleva tender la mano y conectar con otros?», cuestiona.En los wésterns, el paisaje es el personaje principal y pone el drama humano en perspectiva. Así pasa también en mi ficciónHig y Bangley se desenvuelven en un paisaje bello, pero sin ley , con una lógica muy similar a la que los pioneros de Estados Unidos usaban para atravesar un territorio amenazador. «Crecí amando los wésterns . Lo que me encanta es que el paisaje es el personaje principal. Pone todo el drama humano en perspectiva y así pasa también en mi ficción, aunque no lo hago a propósito. Creo que lo que pasa es que, cuando estoy en una cafetería de Denver con los auriculares puestos y escucho un sonido de lluvia de Oregón —que probablemente sea solo un tipo con una manguera sobre una plancha de acero—, me transporto. Y como es mi propia historia y puedo ir donde quiera, suelo ir a la naturaleza salvaje simplemente porque es donde quiero estar».Se tiene la certeza de que es así cuando se leen las descripciones que hace del paisaje Hig desde su avioneta Cessna 182 Skylane de 1956, la misma que Heller posee en la vida real. Desde el aire encontró la distancia para sobrevolar el oscuro futuro que atisba. «Me rompe el corazón decirlo, pero creo estamos cruzando puntos de no retorno . Creo que la supervivencia en los próximos cien años va a implicar que seamos significativamente menos de los que somos ahora. No creo que la Tierra pueda sostener a la población actual con la pérdida de hábitats y de biodiversidad. Temo por mi familia, mis sobrinas, sus hijos y todos los jóvenes que conozco. Creo que lo van a tener más difícil que nosotros, y sus hijos aún más», asevera.’La constelación del perro’ Autor Peter Heller Traducción Blanca Rodríguez, Marc Jiménez Buzzi Editorial Blackie Books Páginas 312 Precio 22 euros Por eso, Heller piensa que la erosión de la confianza -esa misma que cruza ‘La constelación del perro’- es uno de los mayores peligros de nuestro tiempo. «Ocurre a medida que los recursos escasean, como está ocurriendo ahora frente al cambio climático , y la llegada de más y más refugiados ». A la hora de la verdad, ¿seremos (somos) como Hig o como Bangley? «Es una pregunta que debemos hacernos a nivel personal; a nivel nacional al tratar con los refugiados, y a nivel geopolítico al relacionarnos con nuestros aliados y adversarios. Los seres humanos tenemos mucho que aprender y la esencia de ese aprendizaje se reduce a esa elección existencial: cerrar filas y protegernos solo a nosotros mismos, o tender la mano y ayudar a los demás».Esta dualidad es la que Ridley Scott ha trasladado a la gran pantalla en una adaptación que Heller describe como «un sueño delirante». Para el escritor, ver su imaginación materializada en un set al norte de Roma fue una experiencia sobrecogedora. Fue allí donde vivió su propia catarsis al ver a Jacob Elordi encarnar a Hig junto a Guy Pearce. Con los auriculares puestos, escuchando el sonido de la lluvia simulada, el autor vio cómo Elordi improvisaba un gesto: colocar una maceta con flores silvestres para recoger una gotera en la cabaña, cuando el fin del mundo ha llegado. «Me conmovió muchísimo toda la escena, fue increíble», confiesa.De acuerdo con Heller, todo se reduce a qué estamos dispuestos a arriesgar para conectar con otras personas. «Es arriesgado; requiere ser vulnerable, entregarse », señala Heller. En su libro, esa metáfora se encarna en el viaje desesperado que emprende Hig tras la muerte de su perro Jasper. Consciente de que vuela más allá de su punto de no retorno y sin combustible para regresar, el protagonista prefiere arriesgarlo todo antes que resignarse a una existencia vacía. Por eso, el autor define ‘La constelación del perro’ como «un himno al amor que pide al lector reflexionar sobre lo importante que es abrirse a los demás, especialmente en tiempos difíciles ». Encontrar un motivo para dar el siguiente paso, lidiar con la soledad y atreverse a confiar en el otro son los dilemas a los que nos enfrentamos como humanos. En el fondo, «todos buscamos algún significado que nos conecte con el universo en general, solo que en una historia apocalíptica se ve con más claridad. Creo que por eso a la gente le gustan las historias distópicas: les ayudan a sentirse menos solos». El escritor Peter Heller no vio venir que se iba a sentir como Jacob Elordi . Bueno, no cualquier Elordi, el que interpreta el papel de Hig, el protagonista de ‘La constelación del perro’ , la película dirigida por Ridley Scott que se estrena este 26 de agosto y que adapta el best seller homónimo que escribió en 2012 y que ahora ha rescatado Blackie Books. Cuando las distopías eran eso, pura ficción especulativa, imaginó una humanidad diezmada por una gripe y envuelta en una lucha encarnizada por los escasos recursos de una Tierra inmersa en una gran crisis climática. Y todo por un río , o más bien varios, ya que esta historia transcurre paralela a la pesca, la otra gran pasión de este periodista estadounidense, célebre por sus novelas de supervivencia y sus aventuras en plena naturaleza.Heller asegura que no anticipó nada conscientemente, pero sí que sitúa sin dudar cuándo y cómo empezaron a saltarle las alarmas de que algo no iba como debería en este mundo. Fue, claro, en un río, al suroeste de Colorado , su lugar favorito en el mundo . «Allí aprendí a pescar con mosca por mi cuenta. Es un lugar salvaje y hermoso », explica a ABC antes de entornar los ojos para recordar con detalle el paraje (es algo que hace con frecuencia a lo largo de la entrevista y se refleja en sus libros con descripciones casi poéticas). «Solía pescar en un tramo específico, un cañón boscoso de piceas y abetos. Al caer la tarde miraba hacia arriba y a veces veía a un ciervo parado en las aguas poco profundas, observándome mientras anochecía. También he pescado junto a osos en la orilla», detalleDurante los veranos, comenzó a notar cambios muy leves, pero que llevaban un rumbo inexorable. «El riachuelo bajaba cada vez con menos agua. Un día, al entrar en ella, la noté demasiado tibia en mis piernas. Metí el termómetro y marcaba 21 °C . Debería haber estado a unos 15 °C. Así que recogí mi caña y volví a mi camioneta porque no es justo pescar truchas a esa temperatura . Si peleas con una trucha y luego la liberas, morirá. No pueden recuperarse porque el agua no retiene suficiente oxígeno, así que me fui a casa. Fue desgarrador, pero, sin duda, influyó en ‘La constelación del perro’ . En el libro los riachuelos se calientan, los bosques mueren por la sequía y las truchas desaparecen. Ahí es cuando vi indicios de ese futuro».Pero lo que este gran amante de la naturaleza no logró atisbar es que la distopía que imaginó le volvería a alcanzar años después, de nuevo en un río, pero esta vez por la orilla humana: la de una pandemia mundial . «El día que confinaron Denver , salí a pescar al South Platte, al sur de la ciudad -afirma mientras vuelve a entrecerrar los ojos-. Está a solo 40 minutos de mi casa, pero el caudal corre entre álamos y puedes ver las colinas a lo lejos; es hermoso. Puedes imaginar que estás en un lugar salvaje, aunque no lo sea. Crucé la entrada del parque estatal y no había ningún guardabosques. Tampoco había pescadores en el aparcamiento donde suelo estacionar. Había un solo hombre pescando y le grité: ‘¿Qué tal va la pesca?’. Y me respondió: ‘Están saliendo carpas, pero no he pescado ni una sola trucha’. Eso es exactamente lo que pasa en el libro: solo quedan las carpas. Al volver, conduje por el bulevar Wadsworth, yo era el único coche en la carretera y se me erizaron los pelos de la nuca. Pensé: ‘Cielo santo, me siento como Hig’ . Me asustó muchísimo. Fue como el fin de la vida tal como la conocíamos».En su aventura posapocalíptica, la pandemia y la escasez de recursos desencadenan la violencia entre los supervivientes . El otro es percibido como una amenaza. Heller bifurca esta tesitura entre Bangley, que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para mantenerse con vida, y Hig, para el que sobrevivir no es suficiente. «Esa es la elección que tenemos que hacer . Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿queremos ponernos inmediatamente a la defensiva y priorizar nuestra propia supervivencia a expensas de todos los demás, o queremos asumir los riesgos inherentes que conlleva tender la mano y conectar con otros?», cuestiona.En los wésterns, el paisaje es el personaje principal y pone el drama humano en perspectiva. Así pasa también en mi ficciónHig y Bangley se desenvuelven en un paisaje bello, pero sin ley , con una lógica muy similar a la que los pioneros de Estados Unidos usaban para atravesar un territorio amenazador. «Crecí amando los wésterns . Lo que me encanta es que el paisaje es el personaje principal. Pone todo el drama humano en perspectiva y así pasa también en mi ficción, aunque no lo hago a propósito. Creo que lo que pasa es que, cuando estoy en una cafetería de Denver con los auriculares puestos y escucho un sonido de lluvia de Oregón —que probablemente sea solo un tipo con una manguera sobre una plancha de acero—, me transporto. Y como es mi propia historia y puedo ir donde quiera, suelo ir a la naturaleza salvaje simplemente porque es donde quiero estar».Se tiene la certeza de que es así cuando se leen las descripciones que hace del paisaje Hig desde su avioneta Cessna 182 Skylane de 1956, la misma que Heller posee en la vida real. Desde el aire encontró la distancia para sobrevolar el oscuro futuro que atisba. «Me rompe el corazón decirlo, pero creo estamos cruzando puntos de no retorno . Creo que la supervivencia en los próximos cien años va a implicar que seamos significativamente menos de los que somos ahora. No creo que la Tierra pueda sostener a la población actual con la pérdida de hábitats y de biodiversidad. Temo por mi familia, mis sobrinas, sus hijos y todos los jóvenes que conozco. Creo que lo van a tener más difícil que nosotros, y sus hijos aún más», asevera.’La constelación del perro’ Autor Peter Heller Traducción Blanca Rodríguez, Marc Jiménez Buzzi Editorial Blackie Books Páginas 312 Precio 22 euros Por eso, Heller piensa que la erosión de la confianza -esa misma que cruza ‘La constelación del perro’- es uno de los mayores peligros de nuestro tiempo. «Ocurre a medida que los recursos escasean, como está ocurriendo ahora frente al cambio climático , y la llegada de más y más refugiados ». A la hora de la verdad, ¿seremos (somos) como Hig o como Bangley? «Es una pregunta que debemos hacernos a nivel personal; a nivel nacional al tratar con los refugiados, y a nivel geopolítico al relacionarnos con nuestros aliados y adversarios. Los seres humanos tenemos mucho que aprender y la esencia de ese aprendizaje se reduce a esa elección existencial: cerrar filas y protegernos solo a nosotros mismos, o tender la mano y ayudar a los demás».Esta dualidad es la que Ridley Scott ha trasladado a la gran pantalla en una adaptación que Heller describe como «un sueño delirante». Para el escritor, ver su imaginación materializada en un set al norte de Roma fue una experiencia sobrecogedora. Fue allí donde vivió su propia catarsis al ver a Jacob Elordi encarnar a Hig junto a Guy Pearce. Con los auriculares puestos, escuchando el sonido de la lluvia simulada, el autor vio cómo Elordi improvisaba un gesto: colocar una maceta con flores silvestres para recoger una gotera en la cabaña, cuando el fin del mundo ha llegado. «Me conmovió muchísimo toda la escena, fue increíble», confiesa.De acuerdo con Heller, todo se reduce a qué estamos dispuestos a arriesgar para conectar con otras personas. «Es arriesgado; requiere ser vulnerable, entregarse », señala Heller. En su libro, esa metáfora se encarna en el viaje desesperado que emprende Hig tras la muerte de su perro Jasper. Consciente de que vuela más allá de su punto de no retorno y sin combustible para regresar, el protagonista prefiere arriesgarlo todo antes que resignarse a una existencia vacía. Por eso, el autor define ‘La constelación del perro’ como «un himno al amor que pide al lector reflexionar sobre lo importante que es abrirse a los demás, especialmente en tiempos difíciles ». Encontrar un motivo para dar el siguiente paso, lidiar con la soledad y atreverse a confiar en el otro son los dilemas a los que nos enfrentamos como humanos. En el fondo, «todos buscamos algún significado que nos conecte con el universo en general, solo que en una historia apocalíptica se ve con más claridad. Creo que por eso a la gente le gustan las historias distópicas: les ayudan a sentirse menos solos».
El escritor Peter Heller no vio venir que se iba a sentir como Jacob Elordi. Bueno, no cualquier Elordi, el que interpreta el papel de Hig, el protagonista de ‘La constelación del perro’, la película dirigida por Ridley Scott que se … estrena este 26 de agosto y que adapta el best seller homónimo que escribió en 2012 y que ahora ha rescatado Blackie Books.
Cuando las distopías eran eso, pura ficción especulativa, imaginó una humanidad diezmada por una gripe y envuelta en una lucha encarnizada por los escasos recursos de una Tierra inmersa en una gran crisis climática. Y todo por un río, o más bien varios, ya que esta historia transcurre paralela a la pesca, la otra gran pasión de este periodista estadounidense, célebre por sus novelas de supervivencia y sus aventuras en plena naturaleza.
Heller asegura que no anticipó nada conscientemente, pero sí que sitúa sin dudar cuándo y cómo empezaron a saltarle las alarmas de que algo no iba como debería en este mundo. Fue, claro, en un río, al suroeste de Colorado, su lugar favorito en el mundo.
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«Allí aprendí a pescar con mosca por mi cuenta. Es un lugar salvaje y hermoso», explica a ABC antes de entornar los ojos para recordar con detalle el paraje (es algo que hace con frecuencia a lo largo de la entrevista y se refleja en sus libros con descripciones casi poéticas). «Solía pescar en un tramo específico, un cañón boscoso de piceas y abetos. Al caer la tarde miraba hacia arriba y a veces veía a un ciervo parado en las aguas poco profundas, observándome mientras anochecía. También he pescado junto a osos en la orilla», detalle
Durante los veranos, comenzó a notar cambios muy leves, pero que llevaban un rumbo inexorable. «El riachuelo bajaba cada vez con menos agua. Un día, al entrar en ella, la noté demasiado tibia en mis piernas. Metí el termómetro y marcaba 21 °C. Debería haber estado a unos 15 °C. Así que recogí mi caña y volví a mi camioneta porque no es justo pescar truchas a esa temperatura. Si peleas con una trucha y luego la liberas, morirá. No pueden recuperarse porque el agua no retiene suficiente oxígeno, así que me fui a casa. Fue desgarrador, pero, sin duda, influyó en ‘La constelación del perro’. En el libro los riachuelos se calientan, los bosques mueren por la sequía y las truchas desaparecen. Ahí es cuando vi indicios de ese futuro».
Pero lo que este gran amante de la naturaleza no logró atisbar es que la distopía que imaginó le volvería a alcanzar años después, de nuevo en un río, pero esta vez por la orilla humana: la de una pandemia mundial.
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«El día que confinaron Denver, salí a pescar al South Platte, al sur de la ciudad -afirma mientras vuelve a entrecerrar los ojos-. Está a solo 40 minutos de mi casa, pero el caudal corre entre álamos y puedes ver las colinas a lo lejos; es hermoso. Puedes imaginar que estás en un lugar salvaje, aunque no lo sea. Crucé la entrada del parque estatal y no había ningún guardabosques. Tampoco había pescadores en el aparcamiento donde suelo estacionar. Había un solo hombre pescando y le grité: ‘¿Qué tal va la pesca?’. Y me respondió: ‘Están saliendo carpas, pero no he pescado ni una sola trucha’. Eso es exactamente lo que pasa en el libro: solo quedan las carpas. Al volver, conduje por el bulevar Wadsworth, yo era el único coche en la carretera y se me erizaron los pelos de la nuca. Pensé: ‘Cielo santo, me siento como Hig’. Me asustó muchísimo. Fue como el fin de la vida tal como la conocíamos».
En su aventura posapocalíptica, la pandemia y la escasez de recursos desencadenan la violencia entre los supervivientes. El otro es percibido como una amenaza. Heller bifurca esta tesitura entre Bangley, que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para mantenerse con vida, y Hig, para el que sobrevivir no es suficiente. «Esa es la elección que tenemos que hacer. Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿queremos ponernos inmediatamente a la defensiva y priorizar nuestra propia supervivencia a expensas de todos los demás, o queremos asumir los riesgos inherentes que conlleva tender la mano y conectar con otros?», cuestiona.
En los wésterns, el paisaje es el personaje principal y pone el drama humano en perspectiva. Así pasa también en mi ficción
Hig y Bangley se desenvuelven en un paisaje bello, pero sin ley, con una lógica muy similar a la que los pioneros de Estados Unidos usaban para atravesar un territorio amenazador. «Crecí amando los wésterns. Lo que me encanta es que el paisaje es el personaje principal. Pone todo el drama humano en perspectiva y así pasa también en mi ficción, aunque no lo hago a propósito. Creo que lo que pasa es que, cuando estoy en una cafetería de Denver con los auriculares puestos y escucho un sonido de lluvia de Oregón —que probablemente sea solo un tipo con una manguera sobre una plancha de acero—, me transporto. Y como es mi propia historia y puedo ir donde quiera, suelo ir a la naturaleza salvaje simplemente porque es donde quiero estar».
Se tiene la certeza de que es así cuando se leen las descripciones que hace del paisaje Hig desde su avioneta Cessna 182 Skylane de 1956, la misma que Heller posee en la vida real. Desde el aire encontró la distancia para sobrevolar el oscuro futuro que atisba. «Me rompe el corazón decirlo, pero creo estamos cruzando puntos de no retorno. Creo que la supervivencia en los próximos cien años va a implicar que seamos significativamente menos de los que somos ahora. No creo que la Tierra pueda sostener a la población actual con la pérdida de hábitats y de biodiversidad. Temo por mi familia, mis sobrinas, sus hijos y todos los jóvenes que conozco. Creo que lo van a tener más difícil que nosotros, y sus hijos aún más», asevera.
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‘La constelación del perro’

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Autor
Peter Heller -
Traducción
Blanca Rodríguez, Marc Jiménez Buzzi -
Editorial
Blackie Books -
Páginas
312 -
Precio
22 euros
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Por eso, Heller piensa que la erosión de la confianza -esa misma que cruza ‘La constelación del perro’- es uno de los mayores peligros de nuestro tiempo. «Ocurre a medida que los recursos escasean, como está ocurriendo ahora frente al cambio climático, y la llegada de más y más refugiados». A la hora de la verdad, ¿seremos (somos) como Hig o como Bangley? «Es una pregunta que debemos hacernos a nivel personal; a nivel nacional al tratar con los refugiados, y a nivel geopolítico al relacionarnos con nuestros aliados y adversarios. Los seres humanos tenemos mucho que aprender y la esencia de ese aprendizaje se reduce a esa elección existencial: cerrar filas y protegernos solo a nosotros mismos, o tender la mano y ayudar a los demás».
Esta dualidad es la que Ridley Scott ha trasladado a la gran pantalla en una adaptación que Heller describe como «un sueño delirante». Para el escritor, ver su imaginación materializada en un set al norte de Roma fue una experiencia sobrecogedora. Fue allí donde vivió su propia catarsis al ver a Jacob Elordi encarnar a Hig junto a Guy Pearce. Con los auriculares puestos, escuchando el sonido de la lluvia simulada, el autor vio cómo Elordi improvisaba un gesto: colocar una maceta con flores silvestres para recoger una gotera en la cabaña, cuando el fin del mundo ha llegado. «Me conmovió muchísimo toda la escena, fue increíble», confiesa.
De acuerdo con Heller, todo se reduce a qué estamos dispuestos a arriesgar para conectar con otras personas. «Es arriesgado; requiere ser vulnerable, entregarse», señala Heller. En su libro, esa metáfora se encarna en el viaje desesperado que emprende Hig tras la muerte de su perro Jasper.
Consciente de que vuela más allá de su punto de no retorno y sin combustible para regresar, el protagonista prefiere arriesgarlo todo antes que resignarse a una existencia vacía. Por eso, el autor define ‘La constelación del perro’ como «un himno al amor que pide al lector reflexionar sobre lo importante que es abrirse a los demás, especialmente en tiempos difíciles».
Encontrar un motivo para dar el siguiente paso, lidiar con la soledad y atreverse a confiar en el otro son los dilemas a los que nos enfrentamos como humanos. En el fondo, «todos buscamos algún significado que nos conecte con el universo en general, solo que en una historia apocalíptica se ve con más claridad. Creo que por eso a la gente le gustan las historias distópicas: les ayudan a sentirse menos solos».
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