
El mayor centro de investigación sobre cáncer de España atraviesa la peor crisis de su historia. El último capítulo es la polémica que protagoniza su fundador, exdirector e investigador estrella, Mariano Barbacid. Este bioquímico es una de las caras más reconocibles de la ciencia del país, quien no ha dudado en enfrentarse a los gobiernos de turno en su empeño por aumentar la financiación e intentar sacar adelante nuevos tratamientos contra tumores de muy mal pronóstico. El origen de esta última crisis dentro del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) está en su intento de acelerar esa carrera mediante agresivas campañas de comunicación, recogida de fondos privados y el olvido de normas de conducta básicas en la práctica científica.
Las explicaciones del fundador e investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas muestran contradicciones
El mayor centro de investigación sobre cáncer de España atraviesa la peor crisis de su historia. El último capítulo es la polémica que protagoniza su fundador, exdirector e investigador estrella, Mariano Barbacid. Este bioquímico es una de las caras más reconocibles de la ciencia del país, quien no ha dudado en enfrentarse a los gobiernos de turno en su empeño por aumentar la financiación e intentar sacar adelante nuevos tratamientos contra tumores de muy mal pronóstico. El origen de esta última crisis dentro del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) está en su intento de acelerar esa carrera mediante agresivas campañas de comunicación, recogida de fondos privados y el olvido de normas de conducta básicas en la práctica científica.
Barbacid lo ha sido todo en el CNIO. Tras estudiar en España, el bioquímico se marchó a Estados Unidos, donde trabajó en el Instituto Nacional del Cáncer. Allí realizó el mayor descubrimiento de su carrera: el primer oncogén humano, publicado en 1982 en Nature, referencia de la mejor ciencia mundial.
La posterior búsqueda de nuevas moléculas para frenar los motores genéticos del cáncer le llevó al sector privado. El científico estuvo diez años de jefe de investigación oncológica en la farmacéutica Bristol Myers Squibb hasta que España llamó a su puerta con una oferta que no pudo rechazar. En 1998 aceptó idear y dirigir un nuevo centro nacional del cáncer que sería generosamente financiado por el Gobierno del entonces presidente José María Aznar.
El bioquímico encabezó el centro hasta 2011, cuando pasó a dedicarse por completo a la investigación como jefe del grupo de oncología experimental. Por el camino, el CNIO se consagró como un centro de referencia mundial. Más recientemente, se ha convertido en el epicentro del que puede ser el mayor caso de corrupción de la ciencia española, con hasta 30 millones de euros escamoteados por una trama corrupta que supuestamente lideraba el exgerente Juan Arroyo, a quien Barbacid siempre ha defendido. “No tengo ninguna evidencia de corrupción sobre Juan Arroyo y he trabajado codo con codo con él durante ocho años”, le explicó a Abc. El caso lo está investigando la Fiscalía Anticorrupción.
Esta semana, Barbacid anunció en un comunicado publicado en redes por su abogada su decisión de “desvincularse” de la empresa que fundó junto a otros socios en 2024, Vega Oncotargets, y de “la titularidad de dos solicitudes de patentes” relacionadas con una triple terapia experimental contra el cáncer de páncreas. El científico denunciaba “una campaña mediática de insidias sin fundamento” y negaba un “ánimo espurio de enriquecimiento”.
El origen de la polémica es un estudio liderado por Barbacid dando cuenta de 45 ratones curados de cáncer de páncreas que fue publicado en diciembre por la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. El trabajo pasó desapercibido hasta que el científico publicitó los resultados en una multitudinaria rueda de prensa a finales de enero organizada por la Fundación Cris Contra el Cáncer, una organización sin ánimo de lucro que lleva años financiando su trabajo. El alcance de los prometedores resultados se magnificó en sucesivas entrevistas televisivas de Barbacid. Aunque el científico advertía de que los resultados eran aún preliminares, se habló de “milagro”, y medios internacionales llegaron a anunciar una cura contra el cáncer de páncreas, uno de los tumores de peor pronóstico. En realidad, era completamente inviable darle esa triple terapia a ningún paciente, tanto por su toxicidad, como porque se encontraba aún en un estado de investigación muy prematuro.
En esos días, la Fundación Cris inició una campaña de recogida de fondos para financiar los siguientes pasos del grupo de Barbacid. La iniciativa estuvo abierta hasta la semana pasada, cuando ya había recogido más de 3,6 millones de euros, por encima del objetivo de los 3,5 millones.
Esa misma semana EL PAÍS adelantó que la Academia Nacional de Ciencias había retirado el artículo original liderado por Barbacid. Según la Academia, él y dos de sus colaboradoras en el CNIO no habían declarado ser cofundadores y accionistas de la empresa Vega Oncotargets, creada para explotar comercialmente los resultados de esa investigación, un serio conflicto de interés no declarado. El 6 de febrero, este diario había publicado un artículo en el que varios científicos ya alertaban de ese posible conflicto de interés. El 29 de abril, este diario publicó que Barbacid sabía que su estudio estaba invalidado al menos desde el 12 de marzo, cuando se lo anunció por carta su máxima responsable, pero no advirtió de ello a la Fundación Cris, que siguió recaudando donaciones en una campaña por web y Bizum encabezada con un retrato del científico, nacido en Madrid hace 76 años.
En otro comunicado difundido por su abogada, Guadalupe Sánchez, que también ha trabajado para el rey emérito, Barbacid aseguró que “se olvidó” de informar de ese conflicto de interés, “sin que existiese mala fe ni voluntad alguna de ocultación”. El científico agradecía a todos los que habían puesto dinero en la campaña y les aseguraba que toda la suma iría dedicada a desarrollar nuevas moléculas contra el cáncer.
La investigadora del CNIO Carmen Guerra, estrecha colaboradora de Barbacid y coautora principal de la investigación, ofreció a este diario una versión distinta el 7 de febrero en un intercambio de mensajes. Dijo que decidieron no declarar el conflicto de interés porque creyeron erróneamente que no tenían que hacerlo, debido al escaso porcentaje de acciones de la empresa que poseían ella, Barbacid y una tercera autora. El equipo asegura que ha vuelto a presentar el estudio, cuya validez científica creen intacta, y esperan que vuelva a publicarse “en unos cuatro meses”.
También hay versiones contradictorias respecto a las patentes del grupo. Barbacid dice que se desvinculará de dos solicitudes de patentes europeas. Pero fuentes del CNIO explican que este investigador “no es titular de patentes”. Las invenciones realizadas por el personal investigador de los centros públicos de investigación pertenecen a estos centros según la ley de patentes, explican. La titularidad corresponde al CNIO. Por ahora, el centro no ha recibido comunicación alguna de Barbacid sobre este tema, añaden.
Barbacid tampoco ha comunicado oficialmente a Vega Oncotargets su intención de abandonar la firma, de la que posee el 9,77%. Su colega y estrecha colaboradora Carmen Guerra tiene el 5,15%, y una tercera investigadora del CNIO, el 1,43%. El propio CNIO tiene el 5% de la firma, y la Fundación Cris, el 5,19%. La Fundación Hermanos Álvarez Quirós, de la que Barbacid es patrono fundador, también figura en el accionariado.
Una de las grandes preguntas ahora es qué va a pasar con el dinero recaudado tras una exitosa campaña en televisiones y redes sociales. La Fundación Cris, una organización fundada por Lola Manterola tras superar un mieloma múltiple, lleva desde la semana pasada analizando las opciones posibles. Una de ellas es dar parte del dinero al CNIO y otra a Vega Oncotargets, cuyas cuentas están en números rojos y sin nuevos inversores a la vista. La sede de esta firma es una casa de vecinos en una calle de Salamanca. Todo el trabajo científico de la empresa —el desarrollo de moléculas propias para perfeccionar la triple terapia— lo ha hecho hasta ahora un solo químico que trabaja como autónomo. La inyección de capital que podría llegar si Cris decide finalmente aportar los fondos podría salvar la compañía de la quiebra, darle dinero para contratar a ocho químicos y cubrir su trabajo durante unos dos años. En la campaña original, no se mencionaba en ningún momento que los fondos irían a parar a una empresa que es propiedad de Barbacid y sus socios.
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