
Las sociedades humanas comienzan a agotarse cuando dejan de imaginar lo que quieren y de justificar lo que hacen. Esta semana, hemos hecho ambas cosas a la vez. En Bruselas, invitamos a los talibanes a discutir “a nivel técnico” la deportación de migrantes afganos. En Pekín, Trump y Xi se sentaban en su particular duelo en el OK Corral para negociar aranceles, influencia y estabilidad estratégica. La escena europea exudaba la grisura del trámite administrativo; la otra, la escenografía solemne y hueca de las grandes potencias. Y, sin embargo, las dos contaban la misma historia. Sustituida en Bruselas por el procedimiento y en Pekín por el puro reflejo personalista de Trump, la política occidental carece de proyecto. Son escenas de distinta escala, pero precisamente por eso resultan tan reveladoras.
Sustituida en Bruselas por el procedimiento y en Pekín por el puro reflejo personalista de Trump, la política occidental carece de proyecto 
Las sociedades humanas comienzan a agotarse cuando dejan de imaginar lo que quieren y de justificar lo que hacen. Esta semana, hemos hecho ambas cosas a la vez. En Bruselas, invitamos a los talibanes a discutir “a nivel técnico” la deportación de migrantes afganos. En Pekín, Trump y Xi se sentaban en su particular duelo en el OK Corral para negociar aranceles, influencia y estabilidad estratégica. La escena europea exudaba la grisura del trámite administrativo; la otra, la escenografía solemne y hueca de las grandes potencias. Y, sin embargo, las dos contaban la misma historia. Sustituida en Bruselas por el procedimiento y en Pekín por el puro reflejo personalista de Trump, la política occidental carece de proyecto. Son escenas de distinta escala, pero precisamente por eso resultan tan reveladoras.
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