
Cómo y cuándo va a ser el regreso de Carles Puigdemont a España es uno de los interrogantes que arrastra el verano y que alimenta la madeja en que se ha convertido la amnistía del expresidente de la Generalitat. Un enredo para él a nivel personal, pero también un entuerto para la legislatura española, atendiendo al papel desequilibrante de Junts y su capacidad para zancadillear al Gobierno del PSOE. “Cuando llegue el momento, depende del escenario, el retorno será de una manera o de otra”, concede una persona que mantiene contacto permanente con Puigdemont. “Para él, seguro que tendría mucha simbología poder hacer un regreso señalado en una fecha como el 11 de septiembre o, mejor aún, el 1 de octubre”, indica la misma voz. “El calendario no lo decide ni el president ni Junts, el calendario está en manos de los jueces, pero el tiempo está de nuestra parte porque el regreso se producirá en calidad de ciudadano catalán libre”, opina un alto cargo de Junts per Catalunya.
El calendario judicial complica el regreso en dos días preferidos, el 11 de septiembre o el 1 de octubre, pero Junts y el entorno del ‘expresident’ dicen tenerlo todo a punto
Cómo y cuándo va a ser el regreso de Carles Puigdemont a España es uno de los interrogantes que arrastra el verano y que alimenta la madeja en que se ha convertido la amnistía del expresidente de la Generalitat. Un enredo para él a nivel personal, pero también un entuerto para la legislatura española, atendiendo al papel desequilibrante de Junts y su capacidad para zancadillear al Gobierno del PSOE. “Cuando llegue el momento, depende del escenario, el retorno será de una manera o de otra”, concede una persona que mantiene contacto permanente con Puigdemont. “Para él, seguro que tendría mucha simbología poder hacer un regreso señalado en una fecha como el 11 de septiembre o, mejor aún, el 1 de octubre”, indica la misma voz. “El calendario no lo decide ni el president ni Junts, el calendario está en manos de los jueces, pero el tiempo está de nuestra parte porque el regreso se producirá en calidad de ciudadano catalán libre”, opina un alto cargo de Junts per Catalunya.
El Tribunal Constitucional no deliberará hasta el 22 de septiembre el primero de los recursos que tiene que abordar por la no aplicación de la ley de amnistía, lo que sobre el papel frustra las posibilidades de que Puigdemont haga coincidir su vuelta a Cataluña con alguna de las dos fechas preferidas por la especial significación que tienen para el independentismo. Este año por lo menos. “Claro que la fecha y la puesta en escena son importantes, pero lo realmente importante es exhibir que vuelves después de haber hecho variar la estrategia del Estado español”, indica un asesor del expresident.
Puigdemont ha evitado hacer vaticinios en público sobre su regreso. Quienes tienen trato frecuente con él aseguran que su desconfianza hacia el Tribunal Supremo es máxima e, incluso, revelan que hace unas semanas llegó a exhibir su enfado porque consideró que, desde la órbita de Junts, se estaba difundiendo de manera anticipada el relato de su vuelta a Cataluña. La discreción es total. “Todo lo relacionado con su regreso tiene que decidirlo y decirlo él”, ha manifestado Josep Rius en una entrevista en EL PAÍS. El vicepresidente de Junts forma parte del reducido grupo de confianza de Puigdemont, donde también están la portavoz en el Congreso Míriam Nogueras, el abogado Gonzalo Boye o el diputado Toni Castellà.
La precaución que rodea las circunstancias del retorno se relaja cuando se pregunta por la ocupación que tendrá Puigdemont una vez pueda estar en Cataluña: “Seguro que no se sentará en el escaño del Parlament para ser jefe de la oposición”, coinciden la mayoría de fuentes consultadas, y ven más probable que se rellene la agenda de mítines, actos públicos y viajes. “En el fondo, el retorno también supone una prueba para él, para ver si conserva su capacidad de líder”, dice un miembro del núcleo duro del expresidente.
“No es el retorno de Carles Puigdemont, ni el del presidente de Junts per Catalunya. No se trata de elegir el momento pensando en cuando será mejor para arañar un par de diputados. Es el retorno del president de la Generalitat y por eso tiene que ser un acto masivo y cargado de simbolismo”, conceden desde el entorno del líder independentista.
Para lograrlo, se tiene claro que conviene movilizar al independentismo como se lograba hacer en los días más enérgicos del procés. Pero las circunstancias han cambiado. La relación de Junts con ERC es hostil, con la CUP es distante y no se quieren explorar complicidades con la extrema derecha independentista que representa Aliança Catalana. “Hay que buscar el apoyo de las entidades, cuantas más mejor, y salir a la calle. Puigdemont es el único elemento dinamizador que le queda al independentismo. No lo es Esquerra y no lo es Orriols. El que era independentista en 2017 no ha dejado de serlo, y si el president regresa, él tiene la capacidad de hacer renacer aquel espíritu”, afirma una fuente que ha vivido muy de cerca los años de Puigdemont en Bélgica y que tuvo participación en la organización de la última aparición que hizo el expresidente de la Generalitat en Cataluña.
Fue durante el mes de julio de 2024 cuando Carles Puigdemont y su círculo más allegado meditaron un plan para poder irrumpir en un acto público en el centro de Barcelona el día de la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat. Pese a tener una orden de detención vigente, la idea de Puigdemont consistía en dar un mitin y, luego, decidir sobre la marcha qué pasos dar. “Era impensable creer que aquello podía salir bien sin que le detuvieran”, reconoce una persona que, según confirman Junts y fuentes cercanas al expresidente catalán, ideó y guardó en secreto aquella operación del 8 de agosto de hace dos años. Puigdemont incluso había dejado varias cajas embaladas en su casa de Waterloo (Bélgica), con libros y enseres personales, para que, llegado el momento, se las hicieran llegar a la cárcel.
Lo “impensable” sucedió. Eduard Sallent, entonces máximo responsable de la policía catalana, afeó públicamente la fuga de Puigdemont y le acusó de haber actuado como “Jimmy Jump”, un personaje extravagante conocido por saltar como espontáneo en espectáculos y partidos de fútbol. Sallent ya no está en los Mossos y hoy gestiona una consultoría de seguridad junto a Raül Múrcia, exalto cargo del Govern de ERC.
La fugaz irrupción, y posterior fuga, le costó críticas a Puigdemont, algunas surgidas de su propio partido, porque suponía la ridiculización pública del cuerpo de la policía catalana a instancias de un expresidente.
Aquel día, sus últimas palabras desde el atril montado en Arc de Triomf lanzaban una pregunta al vuelo: “No sé cuando nos volveremos a ver”, dijo. El expresidente de la Generalitat ha esperado a la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para planificar otro retorno a Cataluña, esta vez buscando que el regreso esté cargado de simbolismo, sin miedo a la policía y sin billete de vuelta.
