En la década de 1980, Dick Eussen trabajaba como jefe de un equipo de bomberos en el Parque Nacional de Kakadu, en el norte de Australia. Un día trataban de impedir que un incendio de pastizal cruzara una carretera cuando apareció un nuevo foco al otro lado. Eussen se acercó para apagarlo y entonces vio pasar frente a él a un milano silbador. Entre las garras llevaba una rama humeante. El ave dejó caer el palo sobre la hierba seca y empezó a salir humo.
Durante cientos de miles de años, aves, insectos y herbívoros han aprendido a aprovechar las oportunidades que dejan las llamas tras su paso
En la década de 1980, Dick Eussen trabajaba como jefe de un equipo de bomberos en el Parque Nacional de Kakadu, en el norte de Australia. Un día trataban de impedir que un incendio de pastizal cruzara una carretera cuando apareció un nuevo foco al otro lado. Eussen se acercó para apagarlo y entonces vio pasar frente a él a un milano silbador. Entre las garras llevaba una rama humeante. El ave dejó caer el palo sobre la hierba seca y empezó a salir humo.
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