A los 19 años, en 2019, Rodrigue Kwizera (Kibimba Gisozi, Burundi; 26 años) llenó una maleta pequeña, así no tenía que facturarla y podía llevarla todo el viaje con él, y se convirtió en la primera persona de su familia en irse a vivir fuera de Burundi, uno de los países más pobres del mundo. La noche anterior, presa de los nervios, no pegó ojo porque al día siguiente tenía que coger un avión de Buyumbura a Adis Abeba, otro desde la capital de Etiopía a Roma y el último desde la ciudad italiana a Madrid. En un papel, por si le fallaba el móvil, escribió con cuidada caligrafía tres nombres y sus números de teléfono: el de su antiguo representante, Federico Rosa, el de su nuevo entrenador, Llorenç Solbes, y el de su gran amigo Thierry Ndikumwenayo, otro atleta que ya llevaba tiempo preparándose en Alicante con Solbes. Ahí empezó su nueva vida. Ahora, siete años después de venirse a vivir a España, primero a Alicante y después a Castellón, Kwizera ha recibido la nacionalidad española por carta de naturaleza y en unos días se hará el DNI en Vila-real, donde vive, y jurará la Constitución. A partir de entonces competirá como español y al final del verano, cuando se hayan cumplido tres años desde su última participación con Burundi —el Mundial de Budapest— también podrá competir con la selección española. Su debut se espera en el próximo Europeo de cross, donde ya será el favorito.
El atleta nacido en Burundi, de 26 años y especialista en cross y pruebas de fondo, obtiene la nacionalidad española por carta de naturaleza y suma talento para la selección
A los 19 años, en 2019, Rodrigue Kwizera (Kibimba Gisozi, Burundi; 26 años) llenó una maleta pequeña, así no tenía que facturarla y podía llevarla todo el viaje con él, y se convirtió en la primera persona de su familia en irse a vivir fuera de Burundi, uno de los países más pobres del mundo. La noche anterior, presa de los nervios, no pegó ojo porque al día siguiente tenía que coger un avión de Buyumbura a Adis Abeba, otro desde la capital de Etiopía a Roma y el último desde la ciudad italiana a Madrid. En un papel, por si le fallaba el móvil, escribió con cuidada caligrafía tres nombres y sus números de teléfono: el de su antiguo representante, Federico Rosa, el de su nuevo entrenador, Llorenç Solbes, y el de su gran amigo Thierry Ndikumwenayo, otro atleta que ya llevaba tiempo preparándose en Alicante con Solbes. Ahí empezó su nueva vida. Ahora, siete años después de venirse a vivir a España, primero a Alicante y después a Castellón, Kwizera ha recibido la nacionalidad española por carta de naturaleza y en unos días se hará el DNI en Vila-real, donde vive, y jurará la Constitución. A partir de entonces competirá como español y al final del verano, cuando se hayan cumplido tres años desde su última participación con Burundi —el Mundial de Budapest— también podrá competir con la selección española. Su debut se espera en el próximo Europeo de cross, donde ya será el favorito.
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