Al igual que Bruna Husky conoce la fecha de su muerte, Clarita Rincón tiene muy claro cuál será su último día en el banco Arteaga, un lugar en el que trabaja desde hace 30 años. Ambos personajes pertenecen a Rosa Montero , una protagoniza su saga de ciencia ficción y la otra su más reciente novela. El tiempo corre en contra de las dos, no así la fuerza que las anima. La editorial Alfaguara acaba de publicar ‘Un día en la vida de Clarita’, un ejercicio de humor e ironía con el que Rosa Montero vuelve al ataque. Clarita, una mujer de 65 años acostumbrada a pasar inadvertida, afronta su último día de trabajo antes de jubilarse. Un suceso inesperado rompe la rutina y la obliga a descubrir una inteligencia y un arrojo que creía inexistentes. Una especie de Gregorio Samsa que empieza en escarabajo y acaba en ser humano. «Me interesa cómo el poder se regocija en humillar a los desposeídos, algo que es aceptado en nuestra sociedad hasta el punto de convertirse en el motor del mundo. Clarita es alguien distinto, que prefiere hacerse no notar porque justamente por eso la han machacado, hasta que sucede algo muy fuerte que hace que ella reaccione y por primera vez escoja actuar», explica la escritora. En lugar de desquitarse con el prójimo, Clarita Rincón ejecuta su transformación a partir de una elección que lleva hasta sus últimas consecuencias: «ser una buena persona». ‘Un día en la vida de Clarita’ es la historia de una transformación. «Durante muchos años creí que escribía sobre perdedores y antihéroes, pero en realidad yo escribo de supervivientes. Mis novelas son historias de supervivencia». Y esta la que más. «Es un libro muy realista, pero por otro lado muy grotesco. Cuenta cosas terroríficas como la destrucción de una persona por el abuso, y por otro lado, es el libro más humorístico que he hecho. Es una novela muy intimista, muy existencial y muy de la aventura interior de una persona, que acaba en una aventura trepidante. Es pura acción, una lucha de contrarios».Zorros y erizos Niña aventajada en un hogar humilde, Rosa Montero sabía leer a los tres años y a los cinco escribía. Estudió periodismo y psicología. Hizo teatro independiente y escribió en Fotogramas, Pueblo, Posible y El País, cabecera de la que forma parte desde 1976. En 1980, ganó el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios, en 2005 el de la Asociación de la Prensa de Madrid, el Premio Nacional de las Letras, en 2017 y ahora el Francisco Cerecedo, que concede la Asociación de Periodistas Europeos. A sus 75, la escritora sigue sintiéndose como si tuviera veinte. Y tiene razón. Pero no por ese hilo de pájaros tatuados que recorren su piel desde la muñeca hasta el cuello, tampoco por sus ojos delineados con lápiz verde esmeralda o azul eléctrico. La juventud de Rosa Montero está en su capacidad de ir por libre. «Los escritores, decía Isaiah Berlin , se dividen entre zorros y erizos. El erizo es el que se enrosca sobre sí mismo y escribe siempre el mismo libro. No es peyorativo, habla de profundizar. Y luego está el escritor zorro. Yo me siento así: soy errante y voy cambiando».La obra de Rosa Montero cubre desde el amor, el desamor y la vida de las mujeres en la España de la Transición hasta las distopías del siglo XXI. Su trayectoria va de ‘Crónica del desamor’ (1979) y ‘Te trataré como a una reina’ (1983), pasa por la imaginación fantástica de ‘Temblor’ (1990) y ‘Bella y oscura’ (1993), la aventura de ‘Historia del Rey Transparente’ (2005), el futuro distópico de Bruna Husky desde ‘Lágrimas en la lluvia’ (2011), hasta la exploración de la identidad y la edad en ‘La carne’ (2016), ‘La buena suerte’ (2020) y ahora la metamorfosis liberadora de ‘Un día en la vida de Clarita’ (2026). A Montero le incumbe lo diverso porque forma parte de su esencia. «Tengo la sensación maravillosa de haber vivido todos los cambios de la historia y en el periodismo en primera línea», explica una persona que igual ha tenido que reportear en las condiciones más remotas y extrañas como construir un mundo literario propio e independiente.—¿Cree que hemos renunciado a la ficción?—No es una renuncia, sino una pérdida de capacidad creativa. Me interesa la autoficción, la utilizo, pero no puede ser lo único ni lo más valorado. Es un síntoma de envejecimiento cultural y social.—¿A qué se refiere?—La capacidad de inventar es el motor de la humanidad. Una sociedad que no es capaz de inventar es terrible. Tenemos, además, un sedentarismo cognitivo. Lo muestran los resultados de PISA. Pese a todo, los seres humanos somos unos bichos tan tenaces y con una capacidad de adaptación tan increíble que nos volveremos a poner de pie y a crear una vida distinta. Al igual que Bruna Husky conoce la fecha de su muerte, Clarita Rincón tiene muy claro cuál será su último día en el banco Arteaga, un lugar en el que trabaja desde hace 30 años. Ambos personajes pertenecen a Rosa Montero , una protagoniza su saga de ciencia ficción y la otra su más reciente novela. El tiempo corre en contra de las dos, no así la fuerza que las anima. La editorial Alfaguara acaba de publicar ‘Un día en la vida de Clarita’, un ejercicio de humor e ironía con el que Rosa Montero vuelve al ataque. Clarita, una mujer de 65 años acostumbrada a pasar inadvertida, afronta su último día de trabajo antes de jubilarse. Un suceso inesperado rompe la rutina y la obliga a descubrir una inteligencia y un arrojo que creía inexistentes. Una especie de Gregorio Samsa que empieza en escarabajo y acaba en ser humano. «Me interesa cómo el poder se regocija en humillar a los desposeídos, algo que es aceptado en nuestra sociedad hasta el punto de convertirse en el motor del mundo. Clarita es alguien distinto, que prefiere hacerse no notar porque justamente por eso la han machacado, hasta que sucede algo muy fuerte que hace que ella reaccione y por primera vez escoja actuar», explica la escritora. En lugar de desquitarse con el prójimo, Clarita Rincón ejecuta su transformación a partir de una elección que lleva hasta sus últimas consecuencias: «ser una buena persona». ‘Un día en la vida de Clarita’ es la historia de una transformación. «Durante muchos años creí que escribía sobre perdedores y antihéroes, pero en realidad yo escribo de supervivientes. Mis novelas son historias de supervivencia». Y esta la que más. «Es un libro muy realista, pero por otro lado muy grotesco. Cuenta cosas terroríficas como la destrucción de una persona por el abuso, y por otro lado, es el libro más humorístico que he hecho. Es una novela muy intimista, muy existencial y muy de la aventura interior de una persona, que acaba en una aventura trepidante. Es pura acción, una lucha de contrarios».Zorros y erizos Niña aventajada en un hogar humilde, Rosa Montero sabía leer a los tres años y a los cinco escribía. Estudió periodismo y psicología. Hizo teatro independiente y escribió en Fotogramas, Pueblo, Posible y El País, cabecera de la que forma parte desde 1976. En 1980, ganó el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios, en 2005 el de la Asociación de la Prensa de Madrid, el Premio Nacional de las Letras, en 2017 y ahora el Francisco Cerecedo, que concede la Asociación de Periodistas Europeos. A sus 75, la escritora sigue sintiéndose como si tuviera veinte. Y tiene razón. Pero no por ese hilo de pájaros tatuados que recorren su piel desde la muñeca hasta el cuello, tampoco por sus ojos delineados con lápiz verde esmeralda o azul eléctrico. La juventud de Rosa Montero está en su capacidad de ir por libre. «Los escritores, decía Isaiah Berlin , se dividen entre zorros y erizos. El erizo es el que se enrosca sobre sí mismo y escribe siempre el mismo libro. No es peyorativo, habla de profundizar. Y luego está el escritor zorro. Yo me siento así: soy errante y voy cambiando».La obra de Rosa Montero cubre desde el amor, el desamor y la vida de las mujeres en la España de la Transición hasta las distopías del siglo XXI. Su trayectoria va de ‘Crónica del desamor’ (1979) y ‘Te trataré como a una reina’ (1983), pasa por la imaginación fantástica de ‘Temblor’ (1990) y ‘Bella y oscura’ (1993), la aventura de ‘Historia del Rey Transparente’ (2005), el futuro distópico de Bruna Husky desde ‘Lágrimas en la lluvia’ (2011), hasta la exploración de la identidad y la edad en ‘La carne’ (2016), ‘La buena suerte’ (2020) y ahora la metamorfosis liberadora de ‘Un día en la vida de Clarita’ (2026). A Montero le incumbe lo diverso porque forma parte de su esencia. «Tengo la sensación maravillosa de haber vivido todos los cambios de la historia y en el periodismo en primera línea», explica una persona que igual ha tenido que reportear en las condiciones más remotas y extrañas como construir un mundo literario propio e independiente.—¿Cree que hemos renunciado a la ficción?—No es una renuncia, sino una pérdida de capacidad creativa. Me interesa la autoficción, la utilizo, pero no puede ser lo único ni lo más valorado. Es un síntoma de envejecimiento cultural y social.—¿A qué se refiere?—La capacidad de inventar es el motor de la humanidad. Una sociedad que no es capaz de inventar es terrible. Tenemos, además, un sedentarismo cognitivo. Lo muestran los resultados de PISA. Pese a todo, los seres humanos somos unos bichos tan tenaces y con una capacidad de adaptación tan increíble que nos volveremos a poner de pie y a crear una vida distinta.
Al igual que Bruna Husky conoce la fecha de su muerte, Clarita Rincón tiene muy claro cuál será su último día en el banco Arteaga, un lugar en el que trabaja desde hace 30 años. Ambos personajes pertenecen a Rosa Montero, una protagoniza su … saga de ciencia ficción y la otra su más reciente novela. El tiempo corre en contra de las dos, no así la fuerza que las anima. La editorial Alfaguara acaba de publicar ‘Un día en la vida de Clarita’, un ejercicio de humor e ironía con el que Rosa Montero vuelve al ataque. Clarita, una mujer de 65 años acostumbrada a pasar inadvertida, afronta su último día de trabajo antes de jubilarse. Un suceso inesperado rompe la rutina y la obliga a descubrir una inteligencia y un arrojo que creía inexistentes. Una especie de Gregorio Samsa que empieza en escarabajo y acaba en ser humano.
«Me interesa cómo el poder se regocija en humillar a los desposeídos, algo que es aceptado en nuestra sociedad hasta el punto de convertirse en el motor del mundo. Clarita es alguien distinto, que prefiere hacerse no notar porque justamente por eso la han machacado, hasta que sucede algo muy fuerte que hace que ella reaccione y por primera vez escoja actuar», explica la escritora. En lugar de desquitarse con el prójimo, Clarita Rincón ejecuta su transformación a partir de una elección que lleva hasta sus últimas consecuencias: «ser una buena persona».
‘Un día en la vida de Clarita’ es la historia de una transformación. «Durante muchos años creí que escribía sobre perdedores y antihéroes, pero en realidad yo escribo de supervivientes. Mis novelas son historias de supervivencia». Y esta la que más. «Es un libro muy realista, pero por otro lado muy grotesco. Cuenta cosas terroríficas como la destrucción de una persona por el abuso, y por otro lado, es el libro más humorístico que he hecho. Es una novela muy intimista, muy existencial y muy de la aventura interior de una persona, que acaba en una aventura trepidante. Es pura acción, una lucha de contrarios».
Zorros y erizos
Niña aventajada en un hogar humilde, Rosa Montero sabía leer a los tres años y a los cinco escribía. Estudió periodismo y psicología. Hizo teatro independiente y escribió en Fotogramas, Pueblo, Posible y El País, cabecera de la que forma parte desde 1976. En 1980, ganó el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios, en 2005 el de la Asociación de la Prensa de Madrid, el Premio Nacional de las Letras, en 2017 y ahora el Francisco Cerecedo, que concede la Asociación de Periodistas Europeos. A sus 75, la escritora sigue sintiéndose como si tuviera veinte. Y tiene razón. Pero no por ese hilo de pájaros tatuados que recorren su piel desde la muñeca hasta el cuello, tampoco por sus ojos delineados con lápiz verde esmeralda o azul eléctrico. La juventud de Rosa Montero está en su capacidad de ir por libre. «Los escritores, decía Isaiah Berlin, se dividen entre zorros y erizos. El erizo es el que se enrosca sobre sí mismo y escribe siempre el mismo libro. No es peyorativo, habla de profundizar. Y luego está el escritor zorro. Yo me siento así: soy errante y voy cambiando».
La obra de Rosa Montero cubre desde el amor, el desamor y la vida de las mujeres en la España de la Transición hasta las distopías del siglo XXI. Su trayectoria va de ‘Crónica del desamor’ (1979) y ‘Te trataré como a una reina’ (1983), pasa por la imaginación fantástica de ‘Temblor’ (1990) y ‘Bella y oscura’ (1993), la aventura de ‘Historia del Rey Transparente’ (2005), el futuro distópico de Bruna Husky desde ‘Lágrimas en la lluvia’ (2011), hasta la exploración de la identidad y la edad en ‘La carne’ (2016), ‘La buena suerte’ (2020) y ahora la metamorfosis liberadora de ‘Un día en la vida de Clarita’ (2026). A Montero le incumbe lo diverso porque forma parte de su esencia. «Tengo la sensación maravillosa de haber vivido todos los cambios de la historia y en el periodismo en primera línea», explica una persona que igual ha tenido que reportear en las condiciones más remotas y extrañas como construir un mundo literario propio e independiente.
—¿Cree que hemos renunciado a la ficción?
—No es una renuncia, sino una pérdida de capacidad creativa. Me interesa la autoficción, la utilizo, pero no puede ser lo único ni lo más valorado. Es un síntoma de envejecimiento cultural y social.
—¿A qué se refiere?
—La capacidad de inventar es el motor de la humanidad. Una sociedad que no es capaz de inventar es terrible. Tenemos, además, un sedentarismo cognitivo. Lo muestran los resultados de PISA. Pese a todo, los seres humanos somos unos bichos tan tenaces y con una capacidad de adaptación tan increíble que nos volveremos a poner de pie y a crear una vida distinta.
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