Los ministros del Gobierno británico están reunidos desde las 9.00 de este martes (las 10.00 en horario peninsular español) en la sede del Ejecutivo, en Downing Street. Lo que en otras circunstancias habría sido el encuentro habitual de todas las semanas, para deliberar políticas o coyuntura política, parecía encaminado a convertirse esta vez en el punto final de la carrera política del primer ministro, el laborista Keir Starmer. Pero este, por el momento, se ha negado a dimitir.
Más de 70 legisladores han reclamado al jefe del Ejecutivo británico que renuncie al cargo tras el varapalo de las elecciones locales
Los ministros del Gobierno británico se reúnen este martes a partir de las nueve de la mañana (diez, en horario peninsular español) en Downing Street. Lo que en otras circunstancias sería el encuentro habitual de la semana, para deliberar políticas o coyuntura política, será con casi total probabilidad el punto final de la carrera política del primer ministro, Keir Starmer.
Al menos dos miembros de su Gabinete, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper, según publican varios medios, se han reunido ya personalmente con Starmer para pedirle que se eche un lado y prepare su retirada, después del desastre electoral de las municipales de Inglaterra y de las autonómicas de Escocia y Gales, en las que el laborismo sufrió una derrota histórica de manos de la ultraderecha de Nigel Farage y de los Verdes.
Starmer anunció el lunes que tenía toda la intención de seguir al frente del Gobierno, y advirtió a sus compañeros de partido que pagarían un alto precio si se enredaban en las mismas guerras fratricidas que tuvieron los anteriores gobiernos conservadores. “Los votantes no nos lo perdonarían”, les dijo.
No sirvió de nada. Al final del día había un clamor concertado en gran parte del grupo parlamentario laborista que reclamaba el sacrificio público de Starmer, al que consideran la razón principal del fuerte rechazo de los electores hacia el partido de Gobierno expresado en las urnas y en las puertas de los hogares que visitaban los candidatos.
El día en que Boris Johnson, el controvertido exprimer ministro conservador, sabía ya que sus diputados habían decidido enviarlo a la guillotina (políticamente hablando), dijo aquello de “cuando la manada se mueve, la manada se mueve”. La manada laborista se movió este lunes a velocidad de vértigo, y al final del día, más de 70 diputados habían pedido públicamente a Starmer que dimitiera ya o pusiera en marcha un calendario de retirada, para permitir unas primarias.
Si Starmer presenta su dimisión a lo largo de este martes, serán muchas las claves que él mismo y su partido deberán despejar. La mayoría de los diputados rebeldes han pedido una “transición ordenada”, que llevaría a la elección de un nuevo líder en el congreso del partido, previsto para septiembre.
Los que piden esa demora, que para muchos tiene poco de realista, al dejar durante cuatro meses un Gobierno sin poder real, tienen una razón concreta: permitir que se abra el proceso necesario para que su candidato —el candidato de la izquierda moderada laborista—, el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, pueda presentarse a una elección parcial en alguna circunscripción fácil de conquistar, y logre el escaño que necesita obligatoriamente para aspirar al liderazgo del partido.
Frente a él, el actual ministro de Sanidad, Wes Streeting, que representa el ala derecha de la formación, quiere acelerar el proceso para frenar el paso a Burnham. Sus rivales ven la mano del ministro detrás de la maniobra acelerada de este lunes. Si se llega a la cifra de 81 diputados que establece la normativa laborista (un 20% del grupo parlamentario), se activaría automáticamente el proceso de primarias. De ese modo, la izquierda de la formación debería buscar a toda prisa un candidato para enfrentar a Streeting.
Las opciones que se barajan son Angela Rayner, la exviceprimera ministra, que acabó saliendo del Gobierno por sus problemas con Hacienda, y el actual ministro para el Cambio Climático, Ed Milliband, que ya estuvo al frente de partido hace más de una década y acabó fracasando en su empeño.
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