Aunando paciencia, valor, técnica y mucha fe, Daniel Luque extrajo petróleo en forma de oreja, llegando a conectar con los tendidos, del tercer toro de Núñez del Cuvillo. Se inventó la faena el de Gerena a un sosete llamado Idílico que no hizo justicia a su nombre en los vuelos de la muleta. «El toro ha tenido mucha bondad, pero ha estado justito. La gente ha entrado al final. Mi Feria empieza hoy, me he puesto en el sitio y he apostado para empezar con buen pie. La espada se me ha ido un poco contraria, se me ha abierto un poco, pero he intentado matarlo por derecho», analizaba el de Gerena tras la faena en declaraciones a One Toro Tv. Todo lo hizo muy de verdad Luque, que puso ese extra de valor y raza que le faltó también al segundo de su lote, Ricardillo, que perdió el gas muy pronto. «El toro no quería. Cuando lo obligaba quería estar abajo y no se salía», explicaba Luque, añadiendo que el animal «ha tenido sus complicaciones». «Cuando le he podido, ha echado el freno de mano -aseguraba-. Lo he intentado por todos lados para rematar la tarde, pero dos no se pelean si uno no quiere», indicaba el sevillano, que se sintió «a gusto en la plaza, con la gente metida; ojalá que el viernes rompan hacia delante». La otra oreja del festejo la cortó Talavante al segundo de la tarde, Hurraco, tras una faena con series muy lentas por parte del extremeño, muy cadencioso al natural. «No es fácil torear templado con estas rachas de viento soplando, pero me he sentido a gusto toreando. He visto que el toro tenía ritmo y sólo tenía que tener precaución con las rachas de aire», precisaba un Talavante que se marchaba «muy contento» y se siente «muy querido» en Sevilla. Con el quinto, «un toro seco que no regalaba la embestida», apenas tuvo opciones: «Al menos la gente ha visto mi disposición y ganas de torear bien», apuntaba.La «rabia» de ManzanaresEn una tarde especialmente difícil para los matadores por el fuerte viento que sopló en la Plaza de la Maestranza, José María Manzanares fue quien peor lo pasó. «El toro, aunque se ha rajado al final, no tenía mal fondo, si bien ya en el capote marcó mucho para chiqueros. Cuando lo he intentado, dándole su tiempo para que no me enganchara la muleta e ir haciéndolo, ha sido imposible. Con el aire, no puedes templarlo. Sabía que en cuanto lo apretase se podía rajar, y es lo que ha hecho al final. Cuando el aire me ha dejado le he pegado una o dos series. No era el planteamiento de faena que tenía en mi cabeza, pero las condiciones la han hecho así», reflexionaba el alicantino tras la lidia de Currito, el que abría plaza. Con Tristón, cuarto de la tarde, tres cuartos de lo mismo. «Una pena… con los dos toros han soplado rachas fuertes y ha sido prácticamente imposible poder templarlos. Con el aire hay que modificar la tauromaquia y acoplarnos a lo que el viento nos deja. No podemos hacer lo que queremos ni lo que necesita el toro», se lamentaba Manzanares, al que le daba «rabia saber lo que tienes que hacer pero no puedes» por esas condiciones meteorológicas. «Al menos he matado bien a los dos», concluía. Aunando paciencia, valor, técnica y mucha fe, Daniel Luque extrajo petróleo en forma de oreja, llegando a conectar con los tendidos, del tercer toro de Núñez del Cuvillo. Se inventó la faena el de Gerena a un sosete llamado Idílico que no hizo justicia a su nombre en los vuelos de la muleta. «El toro ha tenido mucha bondad, pero ha estado justito. La gente ha entrado al final. Mi Feria empieza hoy, me he puesto en el sitio y he apostado para empezar con buen pie. La espada se me ha ido un poco contraria, se me ha abierto un poco, pero he intentado matarlo por derecho», analizaba el de Gerena tras la faena en declaraciones a One Toro Tv. Todo lo hizo muy de verdad Luque, que puso ese extra de valor y raza que le faltó también al segundo de su lote, Ricardillo, que perdió el gas muy pronto. «El toro no quería. Cuando lo obligaba quería estar abajo y no se salía», explicaba Luque, añadiendo que el animal «ha tenido sus complicaciones». «Cuando le he podido, ha echado el freno de mano -aseguraba-. Lo he intentado por todos lados para rematar la tarde, pero dos no se pelean si uno no quiere», indicaba el sevillano, que se sintió «a gusto en la plaza, con la gente metida; ojalá que el viernes rompan hacia delante». La otra oreja del festejo la cortó Talavante al segundo de la tarde, Hurraco, tras una faena con series muy lentas por parte del extremeño, muy cadencioso al natural. «No es fácil torear templado con estas rachas de viento soplando, pero me he sentido a gusto toreando. He visto que el toro tenía ritmo y sólo tenía que tener precaución con las rachas de aire», precisaba un Talavante que se marchaba «muy contento» y se siente «muy querido» en Sevilla. Con el quinto, «un toro seco que no regalaba la embestida», apenas tuvo opciones: «Al menos la gente ha visto mi disposición y ganas de torear bien», apuntaba.La «rabia» de ManzanaresEn una tarde especialmente difícil para los matadores por el fuerte viento que sopló en la Plaza de la Maestranza, José María Manzanares fue quien peor lo pasó. «El toro, aunque se ha rajado al final, no tenía mal fondo, si bien ya en el capote marcó mucho para chiqueros. Cuando lo he intentado, dándole su tiempo para que no me enganchara la muleta e ir haciéndolo, ha sido imposible. Con el aire, no puedes templarlo. Sabía que en cuanto lo apretase se podía rajar, y es lo que ha hecho al final. Cuando el aire me ha dejado le he pegado una o dos series. No era el planteamiento de faena que tenía en mi cabeza, pero las condiciones la han hecho así», reflexionaba el alicantino tras la lidia de Currito, el que abría plaza. Con Tristón, cuarto de la tarde, tres cuartos de lo mismo. «Una pena… con los dos toros han soplado rachas fuertes y ha sido prácticamente imposible poder templarlos. Con el aire hay que modificar la tauromaquia y acoplarnos a lo que el viento nos deja. No podemos hacer lo que queremos ni lo que necesita el toro», se lamentaba Manzanares, al que le daba «rabia saber lo que tienes que hacer pero no puedes» por esas condiciones meteorológicas. «Al menos he matado bien a los dos», concluía.
Aunando paciencia, valor, técnica y mucha fe, Daniel Luque extrajo petróleo en forma de oreja, llegando a conectar con los tendidos, del tercer toro de Núñez del Cuvillo. Se inventó la faena el de Gerena a un sosete llamado Idílico que no hizo justicia a … su nombre en los vuelos de la muleta. «El toro ha tenido mucha bondad, pero ha estado justito. La gente ha entrado al final. Mi Feria empieza hoy, me he puesto en el sitio y he apostado para empezar con buen pie. La espada se me ha ido un poco contraria, se me ha abierto un poco, pero he intentado matarlo por derecho», analizaba el de Gerena tras la faena en declaraciones a One Toro Tv.
Todo lo hizo muy de verdad Luque, que puso ese extra de valor y raza que le faltó también al segundo de su lote, Ricardillo, que perdió el gas muy pronto. «El toro no quería. Cuando lo obligaba quería estar abajo y no se salía», explicaba Luque, añadiendo que el animal «ha tenido sus complicaciones». «Cuando le he podido, ha echado el freno de mano -aseguraba-. Lo he intentado por todos lados para rematar la tarde, pero dos no se pelean si uno no quiere», indicaba el sevillano, que se sintió «a gusto en la plaza, con la gente metida; ojalá que el viernes rompan hacia delante».
La otra oreja del festejo la cortó Talavante al segundo de la tarde, Hurraco, tras una faena con series muy lentas por parte del extremeño, muy cadencioso al natural. «No es fácil torear templado con estas rachas de viento soplando, pero me he sentido a gusto toreando. He visto que el toro tenía ritmo y sólo tenía que tener precaución con las rachas de aire», precisaba un Talavante que se marchaba «muy contento» y se siente «muy querido» en Sevilla. Con el quinto, «un toro seco que no regalaba la embestida», apenas tuvo opciones: «Al menos la gente ha visto mi disposición y ganar de torear bien», apuntaba.
La «rabia» de Manzanares
En una tarde especialmente difícil para los matadores por el fuerte viento que sopló en la Maestranza, José María Manzanares fue quien peor lo pasó. «El toro, aunque se ha rajado al final, no tenía mal fondo, si bien ya en el capote marcó mucho para chiqueros. Cuando lo he intentado, dándole su tiempo para que no me enganchara la muleta e ir haciéndolo, ha sido imposible. Con el aire, no puedes templarlo. Sabía que en cuanto lo apretase se podía rajar, y es lo que ha hecho al final. Cuando el aire me ha dejado le he pegado una o dos series. No era el planteamiento de faena que tenía en mi cabeza, pero las condiciones la han hecho así», reflexionaba el alicantino tras la lidia de Currito, el que abría plaza.
Con Tristón, cuarto de la tarde, tres cuartos de lo mismo. «Una pena… con los dos toros han soplado rachas fuertes y ha sido prácticamente imposible poder templarlos. Con el aire hay que modificar la tauromaquia y acoplarnos a lo que el viento nos deja. No podemos hacer lo que queremos ni lo que necesita el toro», se lamentaba Manzanares, al que le daba «rabia saber lo que tienes que hacer pero no puedes» por esas condiciones meteorológicas. «A menos he matado bien a los dos», concluía.
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