La historia de la domesticación de los perros comenzó hace unos 33.000 años. Una conversación hecha de gestos humanos ha acompañado la vida de estos animales desde entonces. Un rostro puede anticiparles una caricia, un premio o una amenaza y por eso han evolucionado para leer las expresiones faciales a la perfección. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado nuevos indicios sobre cómo interpreta el cerebro canino esas señales. Su estudio, que se publica este lunes, utiliza imágenes de resonancia magnética para mostrar que los perros pueden distinguir entre rostros humanos felices y neutros, algo que la ciencia ya sabía. La novedad es que, por primera vez, encuentran pruebas de que su cerebro también genera patrones de actividad diferentes ante algunas expresiones humanas negativas, como el miedo y la tristeza.
Aunque se sabía que identificaban estados completamente opuestos, como la alegría y enfado, una investigación encuentra la primera evidencia de que también son capaces de diferenciar entre dos expresiones faciales humanas negativas
La historia de la domesticación de los perros comenzó hace unos 33.000 años. Una conversación hecha de gestos humanos ha acompañado la vida de estos animales desde entonces. Un rostro puede anticiparles una caricia, un premio o una amenaza y por eso han evolucionado para leer las expresiones faciales a la perfección. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado nuevos indicios sobre cómo interpreta el cerebro canino esas señales. Su estudio, que se publica este lunes, utiliza imágenes de resonancia magnética para mostrar que los perros pueden distinguir entre rostros humanos felices y neutros, algo que la ciencia ya sabía. La novedad es que, por primera vez, encuentran pruebas de que su cerebro también genera patrones de actividad diferentes ante algunas expresiones humanas negativas, como el miedo y la tristeza.
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