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  Cultura  Uclés, el campo que se tiñó dos veces de sangre
Cultura

Uclés, el campo que se tiñó dos veces de sangre

agosto 30, 2026
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«Cortamos las nucas, derribamos las casas y los edificios, destruimos la iglesia y sus cruces…». En la carta que Tamin escribió a su hermano, el emir ‘Ali ibn Yusuf, el gobernador almorávide de Al Ándalus contó que «cerca de tres mil» cristianos murieron el 30 de mayo de 1108 en Uclés. Los jinetes del desierto norteafricanos y sus aliados andalusíes cercenaron sus cabezas y las apilaron en el propio campo de batalla «hasta crear una montaña para llamar a la oración». Aunque las cifras del relato de Tamin «parecen muy exageradas», a juicio del arqueólogo David Gallego, este profesor de Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha cree que los muertos «debieron ser muchos para la época». Los cadáveres que yacían en las llanuras al oeste de la localidad conquense ofrecerían aquel atardecer un paisaje espeluznante. Tan dantesco o más que cuando, siete siglos después, las tropas españolas se retiraron en desbandada ante las fuerzas napoleónicas el 13 de enero de 1809, dejando atrás a un millar de muertos y heridos y miles de prisioneros en esos mismos parajes. Gallego, que lleva años investigando este campo de batalla junto a su colega de la UCLM Jesús Manuel Molero, no conoce otros lugares que hayan sido escenario de dos batallas campales tan recordadas como las de Uclés. Según explica, la contienda del siglo XII no sólo abrió el camino a los almorávides para asediar Toledo y conquistar Zaragoza en el año 1110. La muerte del infante Sancho, hijo de Alfonso VI, descabezó la línea sucesoria del reino de León y Castilla y provocó una profunda crisis interna. Setecientos años después, la victoria francesa en este mismo campo dejó expuesto el camino hacia Andalucía al ejército napoleónico que comandaba el mariscal Claude Victor. « Uclés es un lugar estratégico , un nudo de comunicaciones excepcional desde el mundo antiguo. Por eso está ahí el monasterio y el castillo, porque es un punto clave. Los almorávides lo necesitaban para estrechar el cerco de Toledo y en época napoleónica era la puerta de Madrid hacia Levante», explica Gallego en conversación telefónica antes de la nueva campaña de excavaciones arqueológicas que acaba de comenzar. Gracias a estos trabajos, el equipo que lideran Gallego y Molero localizó en 2023 el lugar exacto donde se produjo la batalla medieval , en unas llanuras al oeste de Uclés. «Todo el mundo la situaba al norte, sin hacer ningún trabajo arqueológico, pero nosotros la hemos encontrado en la parte sur del río, donde estaban los caminos antiguos», señala el investigador. En las prospecciones intensivas de los terrenos, que previamente acotaron tras estudiar las fuentes escritas, la toponimia y la cartografía antigua, hallaron hasta 179 restos medievales de la contienda. Los arqueólogos encontraron numerosos clavos de herraduras de violín -«un fósil guía excepcional porque sólo están en uso durante los siglos centrales de la Edad Media»-, así como fragmentos de cota de malla, pomos de espada, una pequeña cruz, un acicate para espolear a los caballos, una mano de Fátima de bronce y numerosos fragmentos de pequeñas armas blancas.Un cuchillo medieval documentado arqueológicamente en el campo de batalla de Uclés David GallegoLos materiales recuperados no les permiten concretar el número y la composición de los contendientes, aunque su estudio de las fuentes les lleva a pensar que las fuerzas cristianas del infante Sancho Alfónsez y Alvar Fáñez estaban formadas por unos 3.000 soldados mientras que las fuerzas almorávides y andalusíes no rebasarían los 5.000 hombres. Según explica Gallego, la panoplia de uno y otro bando era similar. «En el lado musulmán, el grueso de las tropas son andalusíes, soldados de Córdoba, Granada o Valencia que luchan al 90% con el mismo armamento que los cristianos». «Lo que sí nos ha cambiado es la perspectiva de la batalla . Se narraba como un enfrentamiento frontal de líneas, pero tras ese choque debió de extenderse por muchos terrenos porque hubo mucho movimiento de tropas», comenta el arqueólogo. En un primer momento, las cargas de la caballería cristiana hicieron retroceder al ejército musulmán, pero los jinetes del desierto lograron desbordar los costados de los hombres del infante Sancho y cerrar una tenaza desde la retaguardia. Gallego cree que «debió de ser una cacería , un enorme desastre para el ejército cristiano», del que sólo escapó parte de la caballería cristiana al mando de Alvar Fáñez. Puntas de flecha de la batalla de Uclés de 1108 David GallegoEl príncipe Sancho tuvo peor suerte. Según algunos relatos, el heredero de la corona de León y Castilla, que debía contar con apenas 12 o 15 años, murió en campo abierto con su protector, el conde García Ordóñez, y otros caballeros cuando se dirigía hacia el castillo de Belinchón. Sin embargo, en Sicuendes, el lugar donde la tradición sitúa el final del infante y los siete condes, los arqueólogos peinaron el terreno y no hallaron «nada de la batalla». « La toponimia ha quedado ahí , pero en ese lugar no hubo ningún hecho de armas vinculado con la batalla de Uclés», sostiene Gallego. El profesor de la UCLM cree que debió de morir en Belinchón, como cuentan otras crónicas, aunque no descarta que los musulmanes lo alcanzaran en su huida en otro lugar. «Por las concentraciones de materiales, vemos que hubo persecuciones y refriegas en las que, como pasa en las batallas de la Edad Media, morirían la mayoría porque cuando un ejército se rompe y huye es cuando se hacen realmente las masacres».Un yacimiento almorávide únicoCerca de Sicuendes, en una loma donde confluyeron las tropas cristianas que llegaron desde Alcalá de Henares al mando de Alvar Fáñez y desde Toledo, con el infante Sancho, las investigaciones arqueológicas han localizado el asentamiento del campamento cristiano. El almorávide, que fue después fortificado y se mantuvo medio siglo en pie antes de su abandono, lo hallaron en el cerro de la Defensa. Es un yacimiento «único» para estudiar desde el punto de vista arqueológico el periodo almorávide, aún poco conocido. Allí se centran las excavaciones de este verano en las que buscan la puerta de la fortaleza almorávide y tratan de averiguar si un lugar de culto cristiano que han encontrado sobre los restos musulmanes fue un primer convento de una orden militar. Han dado con numerosos enterramientos cristianos, todos ellos de hombres en edad de luchar (de entre 20 y 45 años), sin ajuar.La localización de medio centenar de fortalezas y campamentos de esta época en Cuenca, Toledo y hasta Guadalajara están sirviendo, además, para estudiar la frontera almorávide que se reconstruyó tras la batalla.Uclés «tenía el hándicap» de haber sido el mismo escenario de la contienda napoleónica de 1809, pero para su sorpresa, los arqueólogos sólo han encontrado 38 restos de época moderna, apenas unas balas de plomo y poco más. «Es algo que nos tiene muy intrigados. La batalla aparece situada en la cartografía donde hemos encontrado la medieval, pero el 80 o 90% de las piezas arqueológicas que aparecen son medievales», subraya Gallego. «Es algo que nos tiene muy intrigados. La batalla napoleónica aparece situada en la cartografía donde hemos encontrado la medieval, pero el 80 o 90% de las piezas arqueológicas que aparecen son medievales» David Gallego Arqueólogo y profesor de Historia Medieval de la UCLM«Es extraño -coincide el arqueólogo Pablo Carrasco, que investiga en los campos de las batallas napoleónicas de Ordal y Vitoria-, quizás aún no han dado con las zonas de mayor intensidad». Aunque las cifras varían según las fuentes, el Ejército del Centro al mando del general Francisco Javier Venegas, que contaba con más de 11.500 soldados, en su mayoría recién reclutados, inexpertos, mal equipados y deficientemente coordinados, trató de detener en Uclés el avance de unos 15.500 veteranos franceses liderados por el mariscal Victor. El choque fue un desastre para las fuerzas españolas. Según señaló el historiador Mario Ramírez Galán en un artículo sobre la batalla publicado en el Boletín del Museo Arqueológico Nacional, las tropas napoleónicas apenas tuvieron 200 bajas, mientras que las pérdidas en el ejército español sumaron un millar de muertos o heridos y 10.000 capturados por los franceses.El campo de la batalla napoleónica, que debió de extenderse en kilómetros de terreno, «está por localizar bien», admite Gallego, que anima a otros colegas especializados en época moderna a emprender su búsqueda. Curiosamente, en esa contienda aún participó el regimiento de Órdenes Militares, defendiendo el monasterio de Uclés que la Orden de Santiago convirtió en su sede tras la reconquista cristiana a los almorávides y la donación del rey Alfonso VIII. «Cortamos las nucas, derribamos las casas y los edificios, destruimos la iglesia y sus cruces…». En la carta que Tamin escribió a su hermano, el emir ‘Ali ibn Yusuf, el gobernador almorávide de Al Ándalus contó que «cerca de tres mil» cristianos murieron el 30 de mayo de 1108 en Uclés. Los jinetes del desierto norteafricanos y sus aliados andalusíes cercenaron sus cabezas y las apilaron en el propio campo de batalla «hasta crear una montaña para llamar a la oración». Aunque las cifras del relato de Tamin «parecen muy exageradas», a juicio del arqueólogo David Gallego, este profesor de Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha cree que los muertos «debieron ser muchos para la época». Los cadáveres que yacían en las llanuras al oeste de la localidad conquense ofrecerían aquel atardecer un paisaje espeluznante. Tan dantesco o más que cuando, siete siglos después, las tropas españolas se retiraron en desbandada ante las fuerzas napoleónicas el 13 de enero de 1809, dejando atrás a un millar de muertos y heridos y miles de prisioneros en esos mismos parajes. Gallego, que lleva años investigando este campo de batalla junto a su colega de la UCLM Jesús Manuel Molero, no conoce otros lugares que hayan sido escenario de dos batallas campales tan recordadas como las de Uclés. Según explica, la contienda del siglo XII no sólo abrió el camino a los almorávides para asediar Toledo y conquistar Zaragoza en el año 1110. La muerte del infante Sancho, hijo de Alfonso VI, descabezó la línea sucesoria del reino de León y Castilla y provocó una profunda crisis interna. Setecientos años después, la victoria francesa en este mismo campo dejó expuesto el camino hacia Andalucía al ejército napoleónico que comandaba el mariscal Claude Victor. « Uclés es un lugar estratégico , un nudo de comunicaciones excepcional desde el mundo antiguo. Por eso está ahí el monasterio y el castillo, porque es un punto clave. Los almorávides lo necesitaban para estrechar el cerco de Toledo y en época napoleónica era la puerta de Madrid hacia Levante», explica Gallego en conversación telefónica antes de la nueva campaña de excavaciones arqueológicas que acaba de comenzar. Gracias a estos trabajos, el equipo que lideran Gallego y Molero localizó en 2023 el lugar exacto donde se produjo la batalla medieval , en unas llanuras al oeste de Uclés. «Todo el mundo la situaba al norte, sin hacer ningún trabajo arqueológico, pero nosotros la hemos encontrado en la parte sur del río, donde estaban los caminos antiguos», señala el investigador. En las prospecciones intensivas de los terrenos, que previamente acotaron tras estudiar las fuentes escritas, la toponimia y la cartografía antigua, hallaron hasta 179 restos medievales de la contienda. Los arqueólogos encontraron numerosos clavos de herraduras de violín -«un fósil guía excepcional porque sólo están en uso durante los siglos centrales de la Edad Media»-, así como fragmentos de cota de malla, pomos de espada, una pequeña cruz, un acicate para espolear a los caballos, una mano de Fátima de bronce y numerosos fragmentos de pequeñas armas blancas.Un cuchillo medieval documentado arqueológicamente en el campo de batalla de Uclés David GallegoLos materiales recuperados no les permiten concretar el número y la composición de los contendientes, aunque su estudio de las fuentes les lleva a pensar que las fuerzas cristianas del infante Sancho Alfónsez y Alvar Fáñez estaban formadas por unos 3.000 soldados mientras que las fuerzas almorávides y andalusíes no rebasarían los 5.000 hombres. Según explica Gallego, la panoplia de uno y otro bando era similar. «En el lado musulmán, el grueso de las tropas son andalusíes, soldados de Córdoba, Granada o Valencia que luchan al 90% con el mismo armamento que los cristianos». «Lo que sí nos ha cambiado es la perspectiva de la batalla . Se narraba como un enfrentamiento frontal de líneas, pero tras ese choque debió de extenderse por muchos terrenos porque hubo mucho movimiento de tropas», comenta el arqueólogo. En un primer momento, las cargas de la caballería cristiana hicieron retroceder al ejército musulmán, pero los jinetes del desierto lograron desbordar los costados de los hombres del infante Sancho y cerrar una tenaza desde la retaguardia. Gallego cree que «debió de ser una cacería , un enorme desastre para el ejército cristiano», del que sólo escapó parte de la caballería cristiana al mando de Alvar Fáñez. Puntas de flecha de la batalla de Uclés de 1108 David GallegoEl príncipe Sancho tuvo peor suerte. Según algunos relatos, el heredero de la corona de León y Castilla, que debía contar con apenas 12 o 15 años, murió en campo abierto con su protector, el conde García Ordóñez, y otros caballeros cuando se dirigía hacia el castillo de Belinchón. Sin embargo, en Sicuendes, el lugar donde la tradición sitúa el final del infante y los siete condes, los arqueólogos peinaron el terreno y no hallaron «nada de la batalla». « La toponimia ha quedado ahí , pero en ese lugar no hubo ningún hecho de armas vinculado con la batalla de Uclés», sostiene Gallego. El profesor de la UCLM cree que debió de morir en Belinchón, como cuentan otras crónicas, aunque no descarta que los musulmanes lo alcanzaran en su huida en otro lugar. «Por las concentraciones de materiales, vemos que hubo persecuciones y refriegas en las que, como pasa en las batallas de la Edad Media, morirían la mayoría porque cuando un ejército se rompe y huye es cuando se hacen realmente las masacres».Un yacimiento almorávide únicoCerca de Sicuendes, en una loma donde confluyeron las tropas cristianas que llegaron desde Alcalá de Henares al mando de Alvar Fáñez y desde Toledo, con el infante Sancho, las investigaciones arqueológicas han localizado el asentamiento del campamento cristiano. El almorávide, que fue después fortificado y se mantuvo medio siglo en pie antes de su abandono, lo hallaron en el cerro de la Defensa. Es un yacimiento «único» para estudiar desde el punto de vista arqueológico el periodo almorávide, aún poco conocido. Allí se centran las excavaciones de este verano en las que buscan la puerta de la fortaleza almorávide y tratan de averiguar si un lugar de culto cristiano que han encontrado sobre los restos musulmanes fue un primer convento de una orden militar. Han dado con numerosos enterramientos cristianos, todos ellos de hombres en edad de luchar (de entre 20 y 45 años), sin ajuar.La localización de medio centenar de fortalezas y campamentos de esta época en Cuenca, Toledo y hasta Guadalajara están sirviendo, además, para estudiar la frontera almorávide que se reconstruyó tras la batalla.Uclés «tenía el hándicap» de haber sido el mismo escenario de la contienda napoleónica de 1809, pero para su sorpresa, los arqueólogos sólo han encontrado 38 restos de época moderna, apenas unas balas de plomo y poco más. «Es algo que nos tiene muy intrigados. La batalla aparece situada en la cartografía donde hemos encontrado la medieval, pero el 80 o 90% de las piezas arqueológicas que aparecen son medievales», subraya Gallego. «Es algo que nos tiene muy intrigados. La batalla napoleónica aparece situada en la cartografía donde hemos encontrado la medieval, pero el 80 o 90% de las piezas arqueológicas que aparecen son medievales» David Gallego Arqueólogo y profesor de Historia Medieval de la UCLM«Es extraño -coincide el arqueólogo Pablo Carrasco, que investiga en los campos de las batallas napoleónicas de Ordal y Vitoria-, quizás aún no han dado con las zonas de mayor intensidad». Aunque las cifras varían según las fuentes, el Ejército del Centro al mando del general Francisco Javier Venegas, que contaba con más de 11.500 soldados, en su mayoría recién reclutados, inexpertos, mal equipados y deficientemente coordinados, trató de detener en Uclés el avance de unos 15.500 veteranos franceses liderados por el mariscal Victor. El choque fue un desastre para las fuerzas españolas. Según señaló el historiador Mario Ramírez Galán en un artículo sobre la batalla publicado en el Boletín del Museo Arqueológico Nacional, las tropas napoleónicas apenas tuvieron 200 bajas, mientras que las pérdidas en el ejército español sumaron un millar de muertos o heridos y 10.000 capturados por los franceses.El campo de la batalla napoleónica, que debió de extenderse en kilómetros de terreno, «está por localizar bien», admite Gallego, que anima a otros colegas especializados en época moderna a emprender su búsqueda. Curiosamente, en esa contienda aún participó el regimiento de Órdenes Militares, defendiendo el monasterio de Uclés que la Orden de Santiago convirtió en su sede tras la reconquista cristiana a los almorávides y la donación del rey Alfonso VIII.  

«Cortamos las nucas, derribamos las casas y los edificios, destruimos la iglesia y sus cruces…». En la carta que Tamin escribió a su hermano, el emir ‘Ali ibn Yusuf, el gobernador almorávide de Al Ándalus contó que «cerca de tres mil» cristianos murieron el … 30 de mayo de 1108 en Uclés. Los jinetes del desierto norteafricanos y sus aliados andalusíes cercenaron sus cabezas y las apilaron en el propio campo de batalla «hasta crear una montaña para llamar a la oración».

Aunque las cifras del relato de Tamin «parecen muy exageradas», a juicio del arqueólogo David Gallego, este profesor de Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha cree que los muertos «debieron ser muchos para la época». Los cadáveres que yacían en las llanuras al oeste de la localidad conquense ofrecerían aquel atardecer un paisaje espeluznante. Tan dantesco o más que cuando, siete siglos después, las tropas españolas se retiraron en desbandada ante las fuerzas napoleónicas el 13 de enero de 1809, dejando atrás a un millar de muertos y heridos y miles de prisioneros en esos mismos parajes.

Gallego, que lleva años investigando este campo de batalla junto a su colega de la UCLM Jesús Manuel Molero, no conoce otros lugares que hayan sido escenario de dos batallas campales tan recordadas como las de Uclés. Según explica, la contienda del siglo XII no sólo abrió el camino a los almorávides para asediar Toledo y conquistar Zaragoza en el año 1110. La muerte del infante Sancho, hijo de Alfonso VI, descabezó la línea sucesoria del reino de León y Castilla y provocó una profunda crisis interna. Setecientos años después, la victoria francesa en este mismo campo dejó expuesto el camino hacia Andalucía al ejército napoleónico que comandaba el mariscal Claude Victor.

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«Lo que sí nos ha cambiado es la perspectiva de la batalla. Se narraba como un enfrentamiento frontal de líneas, pero tras ese choque debió de extenderse por muchos terrenos porque hubo mucho movimiento de tropas», comenta el arqueólogo. En un primer momento, las cargas de la caballería cristiana hicieron retroceder al ejército musulmán, pero los jinetes del desierto lograron desbordar los costados de los hombres del infante Sancho y cerrar una tenaza desde la retaguardia. Gallego cree que «debió de ser una cacería, un enorme desastre para el ejército cristiano», del que sólo escapó parte de la caballería cristiana al mando de Alvar Fáñez.

Puntas de flecha de la batalla de Uclés de 1108
Puntas de flecha de la batalla de Uclés de 1108.
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El príncipe Sancho tuvo peor suerte. Según algunos relatos, el heredero de la corona de León y Castilla, que debía contar con apenas 12 o 15 años, murió en campo abierto con su protector, el conde García Ordóñez, y otros caballeros cuando se dirigía hacia el castillo de Belinchón. Sin embargo, en Sicuendes, el lugar donde la tradición sitúa el final del infante y los siete condes, los arqueólogos peinaron el terreno y no hallaron «nada de la batalla». «La toponimia ha quedado ahí, pero en ese lugar no hubo ningún hecho de armas vinculado con la batalla de Uclés», sostiene Gallego. El profesor de la UCLM cree que debió de morir en Belinchón, como cuentan otras crónicas, aunque no descarta que los musulmanes lo alcanzaran en su huida en otro lugar. «Por las concentraciones de materiales, vemos que hubo persecuciones y refriegas en las que, como pasa en las batallas de la Edad Media, morirían la mayoría porque cuando un ejército se rompe y huye es cuando se hacen realmente las masacres».

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Cerca de Sicuendes, en una loma donde confluyeron las tropas cristianas que llegaron desde Alcalá de Henares al mando de Alvar Fáñez y desde Toledo, con el infante Sancho, las investigaciones arqueológicas han localizado el asentamiento del campamento cristiano. El almorávide, que fue después fortificado y se mantuvo medio siglo en pie antes de su abandono, lo hallaron en el cerro de la Defensa. Es un yacimiento «único» para estudiar desde el punto de vista arqueológico el periodo almorávide, aún poco conocido. Allí se centran las excavaciones de este verano en las que buscan la puerta de la fortaleza almorávide y tratan de averiguar si un lugar de culto cristiano que han encontrado sobre los restos musulmanes fue un primer convento de una orden militar. Han dado con numerosos enterramientos cristianos, todos ellos de hombres en edad de luchar (de entre 20 y 45 años), sin ajuar.

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