
Un acto para devolver la confianza en la gente y en la cultura. El arranque de la Bienal de Pensamiento en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) ha congregado esta tarde a más de 800 personas para escuchar al escritor Alessandro Baricco hablar de su nuevo libro Breve historia herética de la Música Clásica (Anagrama y en catalán Ara Llibres) en conversación con el compositor Joan Magrané. Al acabar la sesión, desarrollada al aire libre en la plaza Joan Coromines del centro y seguida con expectación, ya se habían formado largas colas para acceder a la siguiente cita del programa, el diálogo entre la dramaturga y directora de teatro Angélica Liddell y la escritora Luna Miguel.
El escritor habla de su nuevo libro sobre la música clásica ante 800 personas en el arranque de la gran cita cultural en el CCCB
El escritor habla de su nuevo libro sobre la música clásica ante 800 personas en el arranque de la gran cita cultural en el CCCB
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Un acto para devolver la confianza en la gente y en la cultura. El arranque de la Bienal de Pensamiento en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) ha congregado esta tarde a más de 800 personas para escuchar al escritor Alessandro Baricco hablar de su nuevo libro Breve historia herética de la Música Clásica (Anagrama y en catalán Ara Llibres) en conversación con el compositor Joan Magrané. Al acabar la sesión, desarrollada al aire libre en la plaza Joan Coromines del centro y seguida con expectación, ya se habían formado largas colas para acceder a la siguiente cita del programa, el diálogo entre la dramaturga y directora de teatro Angélica Liddell y la escritora Luna Miguel.
En un escenario que parecía dispuesto a propósito para la nueva obra de Baricco —que resigue de manera muy sui generis y excitante la creación y desarrollo del concepto “música clásica”—, con la iglesia de Santa María de Montalegre, su rosetón y sus campanas mudas a la espalda y una estructura en la tarima que parecía remitir a la música de las esferas, el escritor ha desgranado algunas de las ideas de su libro y otras consideraciones sobre la música, la escritura y la vida. Incluso ha hablado del estupendo diseño que es la botella de coca-cola (“aunque no nos guste la bebida”).
Baricco, que es crítico musical además del reconocido autor de novelas como Seda y Océano mar y de tantos ensayos eruditos e imaginativos, ha reflexionado que la música está muy presente en su narrativa pues “ha entrado mucho en mí”. Ha dicho que al escribir, la música cuenta en el ritmo y la sonoridad y “enseña la disciplina de la forma”, aunque “no es obligatorio que la literatura sea musical”. Y ha ejemplificado: “Kafka no es musical, pero sí García Márquez, que es incluso una danza y pone al lector a bailar con él”. En su propio caso, “mi narrativa es más musical que la media “, ha señalado, y ha considerado que la influencia musical en la escritura crea “una relación más cálida con el lector” y “eleva la temperatura”.

Baricco ha explicado que el amor por la música clásica forma parte de su carácter y se ha recordado a sí mismo con humor como un adolescente desarraigado e inadaptado que no salía a bailar a la discoteca y no tenía ni idea de quiénes era los Pink Floyd pero “siempre había un piano en casa y yo lo escuchaba”. Con el tiempo, “me volví casi normal, pero me quedó esa pasión por la clásica y hasta me casé con una pianista de clásica”.
El escritor, tocado con una gorra hatteras más peaky blinders que Von Karajan, desarrolló ante un público que no perdía detalle de sus palabras (“¿estáis durmiendo?”, “¡Noooooo!”) las líneas generales de su nuevo ensayo, que imagina el dominio sobre el sonido como una empresa de la “tribu humana” similar a las conquistas del Neolítico. Habló de la orfandad de los músicos que tuvieron que inventarse su propio concepto de lo clásico —anclado en la música de cultura alemana del XVIII— pues no podían acudir a los padres griegos como las demás artes. Dijo cosas como que la música clásica era en su origen “la decoración de la vida de los ricos” y que los maestros comían en la cocina. Que a Mozart no se le escuchaba con el público sentado y callado, en el ambiente de veneración actual, y que improvisaba mucho. Y que no podemos considerar la historia de la música clásica como algo lineal y progresivo que los propios músicos visualizaran como hacemos nosotros.
Abundando en lo de un arte sin la paternidad griega, comparó la música con la novela, que hubo de inventarse completamente en el XIX y construir su propio momento clásico (“Flaubert, etcétera”). En ese sentido, en cuanto a la música clásica, apuntó, todos somos alemanes, pues todos los padres (Bach, Mozart, Beethoven, Wagner) son de lengua alemana y no en balde, sostuvo con una sonrisa gamberra mientras un skater rompía la concentración en la plaza (o ponía un interesante contrapunto con su ruido rechinante de final de un disco), el epítome de la música clásica es… Deutsches Grammophon.
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