Andrea Fuentes lleva un año dándole vueltas al equipo, a las nadadoras, a Vivaldi y a Rosalía. Su idea fija es a la natación artística lo que la conquista de Marte a la astronáutica: superar a Rusia en los Juegos de Los Ángeles 2028. O lo que es lo mismo, ganar el primer oro olímpico para España. Tras conquistar nueve medallas en los Mundiales del año pasado, la seleccionadora se ha llevado su laboratorio ambulante a París, en donde a partir de este viernes, y hasta el próximo miércoles, se disputa el Europeo de natación artística, preludio del campeonato de natación en línea que se celebrará entre el 10 y el 16 de agosto. Todo un ensayo en la rampa que conduce al Mundial de Budapest de 2027, y a Los Ángeles 2028.
España afronta el campeonato de Europa que arranca este viernes en París con espíritu subversivo
Andrea Fuentes lleva un año dándole vueltas al equipo, a las nadadoras, a Vivaldi y a Rosalía. Su idea fija es a la natación artística lo que la conquista de Marte a la astronáutica: superar a Rusia en los Juegos de Los Ángeles 2028. O lo que es lo mismo, ganar el primer oro olímpico para España. Tras conquistar nueve medallas en los Mundiales del año pasado, la seleccionadora se ha llevado su laboratorio ambulante a París, en donde a partir de este viernes, y hasta el próximo miércoles, se disputa el Europeo de natación artística, preludio del campeonato de natación en línea que se celebrará entre el 10 y el 16 de agosto. Todo un ensayo en la rampa que conduce al Mundial de Budapest de 2027, y a Los Ángeles 2028.
El eje conductor de la experimentación antirrusa es Berghain. La canción de Rosalía provocó una conmoción en el mundo de la natación sincronizada, por las enormes posibilidades dramáticas que sugería su puesta en escena acuática. “Mucha gente dice que es la mejor rutina escrita nunca”, se congratula Andrea Fuentes, satisfecha con el resultado de su obsesión. “Escuché el disco y dije: ‘¡No puedo no hacerlo!’. Dije: ‘Berghain tiene que ser utilizado y tiene que hacerlo España’. Lo llevamos en la sangre. No hay nadie en el mundo que pueda hacerlo mejor que nosotras. Elegimos la canción para el acrobático porque es la rutina más explosiva y más espectacular, y me encanta porque hay mucho contraste”.
Ante la imposibilidad de igualar la técnica del ballet y la velocidad de la gimnasia de las formidables nadadoras rusas, la seleccionadora española procura crear un universo competitivo contracultural. Quiere llevar el torneo al terreno en el que mejor se expresan sus nadadoras, menos fuertes pero más graciosas que todas sus oponentes. “Hemos apostado por dos cosas diferentes”, explica Andrea Fuentes, “Una es el contraste rítmico, porque últimamente todos los países van a toda leche, sin pausa, y he querido poner trozos de una mirada potente, directa, sostenida, aunque el momento sea lento, para contrastar con la velocidad y darle un toque diferente. Lo otro es que por primera vez hemos conseguido que no haya ni un solo momento que no sea visual. Aunque suponga añadirle mucha más dificultad a la acrobacia, hemos querido hacer algo más artístico separando más al equipo. Así se enlaza mejor. Espero que tenga su premio”.
“Hemos investigado estrategias nuevas”, dice la exnadadora; “ahora hay tres grandes puntuaciones, artística, dificultad y ejecución. Esto ha llevado mucho a la sincro hacia una obsesión por la dificultad. También le pasó a la gimnasia rítmica hace unos años. Eso en nuestro deporte implica más apnea y empieza a preocupar a mucha gente porque no sabemos las secuelas que esto puede tener en el organismo. Y dijimos: ‘Si todo el mundo va ciegamente hacia rutinas con más tiempo sin respirar bajo el agua, ¿por qué no probamos a ir en dirección contraria a ver qué pasa?’. En una de las rutinas, que es la del equipo técnico, ganamos un oro en la Copa del Mundo en Pontevedra con esa estrategia: restamos 12 puntos menos en dificultad, que es una barbaridad, pero gracias a eso seguimos el lema olímpico: más alto, más fuerte, más rápido. Como el lema olímpico no dice ‘más apnea’…”.
La coreografía rebajada de apnea del equipo técnico se llama Hope. Fue, como tantas veces ha ocurrido en la natación artística española bajo la dirección de Ana Tarrés o Andrea Fuentes, un acto subversivo escenificado en plena competición. Si las rusas establecen un cánon, hay que intentar crear otro. “Sorprendió a mucha gente porque lanzamos un mensaje de esperanza a todos los países que de verdad querrían hacer eso pero no se atrevían”, dice la entrenadora. “Representamos lo que todo el mundo querría para el futuro de este deporte, asumiendo el riesgo de que puede que al final no nos dé para ganar a Rusia. ¿Quién sabe? ¿Y si es la única manera de ganar a Rusia? Es un país que va con una base increíble desde pequeñas. Técnicamente no tienen rival. Ni China es mejor que ellas. Intentar copiarlas no será la solución. Por eso estoy intentando ver de qué manera podemos ganar a Rusia, que no sea en su terreno sino en uno que nos inventemos nosotros. Por eso estoy probando esta manera. Todo al 27 rojo. Riesgo total. Contra corriente. Si sale bien triunfaremos y si no el año que viene probaremos otra cosa. Así no nos aburrimos. O aprenderemos algo o conseguiremos que el deporte cambie. En la Copa del Mundo funcionó sin Rusia en la competición. Veremos ahora con el pez gordo”.
Iris Tió y Lilou Lluis son las nadadoras de referencia del equipo español. El dúo que forman, ganador del oro en la rutina libre en los Mundiales de Singapur de 2025, es la antítesis de los dúos de gemelas. La base de la empresa que conduce Andrea Fuentes hacia París es una pareja que sincroniza desde la ambivalencia. “Es la opción a lo más alto que tenemos en el equipo porque las dos son nadadoras increíblemente excepcionales y han encontrado la manera de compenetrarse realmente”, dice la entrenadora. “Tienen un carácter y unas cualidades físicas totalmente diferentes. Lilou necesita estar acompañada todo el rato, alegría y conversación. Es ultrasincera. Verdad cruda y dura. Yo le doy el rol de que se atreva a decir las cosas tal cual son, que es muy necesario. Alguien tiene que ser valiente para decir las cosas que piensa sin filtro. Pregunté: ‘¿Quién quiere asumir ese papel?’. Ella levantó la mano. Sabe hacerlo. Es el revés del chivato y el pelota. Yo le dije: ‘Conmigo no te cortes nunca’. Iris en cambio necesita el silencio, le encanta la tranquilidad, sus momentos de contemplación con ella misma. Es una persona dulce a la que le gustan las cosas sencillas y bonitas. Y Lilou es: ‘¡ponlo a todo volumen!’. Es un contraste bestia pero muy necesario a la hora de nadar. Hay que tener equilibrio. Lo contrario es una bomba explosiva o la inmovilidad. La paradoja se da en la piscina: a la hora de nadar, Iris es ultraartística y Lilou es más tímida. Iris le da a Lilou todo el rango artístico dentro del agua, y Lilou le da técnica y ambición en cuanto a más altura y más fuerza”.
Andrea Fuentes se ríe de sí misma. También de los tópicos de la natación sincronizada. “En el dúo técnico hicimos algo diferente pensando en el Europeo”, advierte, “dijimos: ‘ya que siempre vamos de vanguardistas y contemporáneos, ¿por qué no lo hacemos con música clásica, que es algo a lo que no estamos acostumbradas?’. Elegimos lo más clásico: El Verano de las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Es una tormenta, con momentos de dureza y de delicadeza, con todas las emociones. Queremos enseñar cómo España puede hacer uno de los mejores clásicos de la historia. Es algo inesperado para salir de nuestras cuatro paredes”.
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