Mientras Riazor se adecenta para recibir el amistoso entre España e Irak, el entrenador Antonio Hidalgo (Canovelles, Barcelona; 47 años) transita por las tripas del estadio y hace una breve incursión en el recién inaugurado museo del club. Allí contempla alguna camiseta histórica y una de las chaquetas de chándal que usó Arsenio Iglesias en los años ochenta. “Orden y talento”, recetaba la leyenda del banquillo del Deportivo, al que un día preguntaron cuál era su método de trabajo y respondió: “La prudencia, no conozco otro mejor todavía”. A Hidalgo le falta recorrido para llegar al grado de experiencia del Zorro de Arteixo, pero se maneja con un dictado por el que bien podría considerársele un discípulo. El Deportivo le contrató, procedente del Huesca, hace un año tras firmar la campaña de su regreso al fútbol profesional y le hizo una encomienda, la de acercar al equipo a los puestos de playoff de ascenso. Pero se pasó de largo: el Deportivo subió a Primera una semana antes del final del campeonato. “Tenía muy claro que el equipo tenía que ser sólido y compacto, porque ya había muchísimo talento. E intenté inculcar una idea de trabajo y disciplina”.
El equipo gallego regresa a la élite de la mano de un entrenador que moduló el equipo durante meses para encontrar el equilibrio que deseaba
Mientras Riazor se adecenta para recibir el amistoso entre España e Irak, el entrenador Antonio Hidalgo (Canovelles, Barcelona; 47 años) transita por las tripas del estadio y hace una breve incursión en el recién inaugurado museo del club. Allí contempla alguna camiseta histórica y una de las chaquetas de chándal que usó Arsenio Iglesias en los años ochenta. “Orden y talento”, recetaba la leyenda del banquillo del Deportivo, al que un día preguntaron cuál era su método de trabajo y respondió: “La prudencia, no conozco otro mejor todavía”. A Hidalgo le falta recorrido para llegar al grado de experiencia del Zorro de Arteixo, pero se maneja con un dictado por el que bien podría considerársele un discípulo. El Deportivo le contrató, procedente del Huesca, hace un año tras firmar la campaña de su regreso al fútbol profesional y le hizo una encomienda, la de acercar al equipo a los puestos de playoff de ascenso. Pero se pasó de largo: el Deportivo subió a Primera una semana antes del final del campeonato. “Tenía muy claro que el equipo tenía que ser sólido y compacto, porque ya había muchísimo talento. E intenté inculcar una idea de trabajo y disciplina”.
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