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Viaje por las edades del ‘soccer’ en Estados Unidos

junio 5, 2026
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La primera vez que la leyenda del fútbol estadounidense Tab Ramos jugó en un equipo del país al que acababa de mudarse desde Uruguay, Argentina era la flamante campeona del Mundial del 78 y al chico le hizo ilusión que la camiseta que le dieron, la del Harrison Rec, fuera naranja “como la de Holanda”. A los 10 minutos, el entrenador le sacó del partido: era demasiado bueno para medirse con ese grupo. Tenía 12 años.

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Especial Mundial 2026

Este reportaje forma parte del número monográfico que ‘El País Semanal’ dedicado al Mundial de fútbol que se publica este 7 de junio. En un país que vibra con otros deportes, la organización por segunda vez de un Mundial es la penúltima oportunidad para hacer del fútbol un asunto de masas. Visitamos Kearny, en Nueva Jersey, donde todo empezó en el XIX gracias a la nostalgia de unos inmigrantes escoceses  

La primera vez que la leyenda del fútbol estadounidense Tab Ramos jugó en un equipo del país al que acababa de mudarse desde Uruguay, Argentina era la flamante campeona del Mundial del 78 y al chico le hizo ilusión que la camiseta que le dieron, la del Harrison Rec, fuera naranja “como la de Holanda”. A los 10 minutos, el entrenador le sacó del partido: era demasiado bueno para medirse con ese grupo. Tenía 12 años.

“Recuerdo la cancha chiquita, de béisbol, y que yo podía marcar desde el arco contrario”, recordó divertido Ramos un día lluvioso de mayo en las instalaciones de la escuela de fútbol que, tras retirarse como entrenador, está a punto de abrir en Hillsborough (Nueva Jersey).

Tab Ramos, leyenda del fútbol estadounidense.George Etheredge (George Etheredge)

Tras aquel intento fallido, el muchacho entró en un equipo del pueblo de al lado, donde los inmigrantes escoceses habían fundado, tan pronto como en 1895, el Kearny Scots, que aún compite en la liga estatal como testimonio de una pasión arraigada en este rincón de Estados Unidos. Allí se disputó 10 años antes uno de los primeros partidos internacionales jugados en el país, a la sombra de una fábrica que estaba donde hoy hay el aparcamiento de un restaurante de moda.

Kearny es una localidad de clase obrera de 40.000 habitantes en la orilla de Nueva Jersey del río Hudson. Está a la sombra de Nueva York, en pleno territorio The Sopranos, y se comporta como una comunidad unida y orgullosa de sus raíces, además de en plena diversificación gracias a la llegada de oleadas de peruanos y ecuatorianos, cuyos restaurantes salpican la calle principal.

Si se la conoce como Soccertown USA, apelativo que también da título a un documental de 2019 sobre la historia de amor de Kearny por el balompié, no es solo por lo pronto que ingleses y escoceses lo importaron. También es en buena medida mérito de la quinta de Ramos. Tres jugadores de Kearny (él, el portero Tony Meola y el centrocampista John Harkes) disputaron los mundiales de 1990 y 1994 con la selección de Estados Unidos.

Michael Mara, director ejecutivo del Thistle FC.George Etheredge (George Etheredge)

A esas dos citas suele atribuirse que prendiera de nuevo en este país ensimismado y desdeñoso con el deporte más global la chispa del interés por el fútbol, apagada tras los dos fogonazos previos. El primero fue hace un siglo, cuando Estados Unidos tuvo una liga fuerte y alcanzó en 1930 su mejor registro en el primer Mundial: quedaron terceros con una plantilla que incluía a ¡otros tres vecinos de la zona de Kearny!

El segundo chispazo llegó en los 70, cuando el Cosmos de Nueva York fichó a Pelé. El astro en declive jugó tres temporadas en estadios a rebosar con hasta 70.000 aficionados. “Aquel equipo se inventó la idea de los galácticos; tal era la cantidad de estrellas que atrajo”, dice Andrew Kilpatrick, historiador oficial del Cosmos, que recuerda que Donald Trump, entonces un joven de Queens, era “fan” del equipo.

En 1985, desaparecieron tanto el club como, víctima de su propia avaricia, la liga en la que competía. Aquella muerte doble dejó a los hinchas de pueblos como Kearny solos en su tarea de mantener la llama.

Cuatro años después de la debacle, Ramos dio el pase del gol de Paul Cagliuri contra Trinidad y Tobago que en 1989 aseguró a la selección masculina la primera participación en un Mundial en 40 años. Como recuerda Mark Franek en su libro, recién publicado, American Soccer Nation, los cronistas deportivos locales bautizaron aquella jugada, en un homenaje a Ralph Waldo Emerson, como “el disparo que se escuchó en el mundo entero”.

Un partido de chicas en el Harvey Field Sports de la ciudad de Nueva Jersey.George Etheredge (George Etheredge)

Para entonces, la Fifa ya había escogido a Estados Unidos como organizador del siguiente campeonato con la condición de que su federación creara una liga profesional. Los anfitriones cayeron en octavos contra Brasil, y Ramos recibió un codazo de Leonardo que le provocó una fractura craneal y una baja de seis meses en el peor momento: tras pasar por el Figueres, jugaba en el Betis, equipo que acababa de subir a Primera. Debido a la lesión, se perdió casi toda esa temporada.

Estados Unidos cumplió con su parte del trato con la creación de la Major League Soccer (MLS), que, treinta años después, sigue siendo su principal competición. Y ahí estuvo Ramos de nuevo: fue el primer jugador contratado por la MLS, en virtud de una de esas reglas que la distinguen de sus primas mayores europeas: es la liga, y no los equipos, la que hace los fichajes. Tampoco hay descenso posible, y parte de las renovaciones de principio de temporada se deciden en un sorteo que permite que los mejores jugadores acaben en los peores equipos.

“Eso es sin duda un incentivo para las aficiones; ten en cuenta que no ha repetido campeón dos años seguidos en mucho tiempo. Y la parte de no bajar a segunda es una bendición para los entrenadores; vas con menos presión”, explica en una entrevista telefónica Domènec Torrent, que fue asistente de Pep Guardiola en el Barcelona, el Bayern y el Manchester City antes de mudarse a Estados Unidos para dirigir al New York City FC. Al llegar, se encontró con “una liga mucho menos técnica que la de ahora, muy a la americana, volcada en el espectáculo, basada en atacar continuamente sin preocuparse de defender”. “Eso ha cambiado”, añade.

El historiador del Cosmos, Andrew Kilpatrick, en el estadio Hinchliffe, en Paterson.George Etheredge (George Etheredge)

Ramos pertenece a una encarnación anterior. Jugó hasta 2002 en los Jersey MetroStars, equipo que en 2006 compró una marca de bebidas energéticas alemana para crear los New York Red Bulls. Es una de las 30 escuadras de la MLS (15 por cada costa), y juega en un estadio de Harrison, no muy lejos de donde de niño lo sacaron de la cancha por ser demasiado bueno.

El centrocampista, como el resto de la comunidad del fútbol en Estados Unidos, víctima durante años de lo que el periodista Franklin Foer define como “la mafia anti-soccer”, se pregunta en los días previos a la inauguración el 11 de junio del Mundial, del que el país es de nuevo organizador junto a Canadá y México, si su celebración será ese espaldarazo definitivo que nunca acaba de llegar. También, si está más cerca que nunca el final de un camino jalonado de hitos como el poder de irradiación cultural de la serie Ted Lasso, en la que un entrenador de fútbol americano sin suerte la encuentra en el banquillo de un club inglés de capa caída, o la llegada de grandes jugadores con tirón mediático como David Beckham, cuyo compromiso con la MLS ha incluido invertir en el Inter de Miami, último campeón de la liga, o, sobre todo, Lionel Messi.

El astro argentino aterrizó en ese equipo en 2023 como un vendaval deportivo y comercial y la promesa de marcar un antes y un después en la implantación social del soccer. Es, con entre 70 y 80 millones por temporada, sumando salario y patrocinios y otros ingresos, el jugador mejor pagado de una liga que limita la participación de los extranjeros y el dinero que se puede gastar en ellos.

Jorge Mas, fundador y mayor accionista del Inter, es el hombre que persiguió su fichaje durante años (y que luego lo acompañó de otros grandes ex del Barca). En una conversación telefónica, considera que su objetivo “se ha cumplido por 10”. “Y el de Leo, yo creo que también. Ha demostrado que la afición existe. Me gustaría pensar que traerlo a él, y a los demás, ha contribuido al crecimiento del deporte en Estados Unidos”, sostiene el empresario cubanoestadounidense.

Mural con la mascota del Thistle FC.George Etheredge (George Etheredge)

Ramos, tipo menos dado a las hipérboles, admite que “el soccer ha cambiado muchísimo a nivel profesional”, pero advierte de que “su implantación familiar sigue siendo escasa”. “Yo diría que en los hogares americanos el fútbol sería el octavo o noveno deporte de la lista. Caso distinto son los extranjeros; nosotros venimos siempre con él dentro”.

Todo dependerá de si es o no un éxito la organización del Mundial más extraño que se recuerda, con el presidente de la Fifa, Gianni Infantino, cortejando a Trump con un premio de la paz mientras este amenaza con sembrar el terror a base de desplegar su policía migratoria en torno a los partidos.

Los precios de las entradas y del transporte al estadio de Nueva Jersey en el que se jugará la final están por las nubes y hay dudas sobre las condiciones de algunos de los terrenos de juego en instalaciones destinadas a otros deportes, como el béisbol y el otro fútbol, el americano. Entre tanto, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, erudito del balompié y accionista del Oviedo, piensa rifar mil entradas a 50 dólares entre los vecinos de una ciudad en la que el soccer va ganando terreno paulatinamente en sus calles, gracias, sobre todo, a los inmigrantes y a las mujeres. Y que cuenta en el muelle 5 del parque del puente Brooklyn con unas canchas asomadas al skyline de Manhattan que podrían optar al premio del campo con las mejores vistas del mundo.

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También será cuestión de cómo le vaya a la selección, que, si uno hace caso a una miniserie documental de HBO recién estrenada (Estados Unidos contra el mundo) no es descabellado pensar que tiene opciones de llevarse el título. “Hicimos un pacto entre todos”, dice Christian Pulisic, jugador del Milan y estrella de la convocatoria, al principio de la película, que arranca con el fiasco de la no clasificación de 2018. “Queremos cambiar el fútbol en este país, y no hay mejor oportunidad que jugar un Mundial en casa”.

Michael Mara es más escéptico con las posibilidades de los suyos, cuyos últimos partidos a las órdenes de Mauricio Pochettino le han dejado un mal presentimiento, según contó en los campos de entrenamiento del Thistle, el club de las categorías juveniles de Kearny. Fuente inagotable de historias al que todos conocen y saludan, es su director ejecutivo. “Aquí todo gira en torno a la comunidad”, advirtió Mara. “No es tanto competir, como sentir que perteneces, hayas llegado ayer o hace décadas”.

El exfutbolista Christian Escandón, en la tienda Soccer Post.George Etheredge (George Etheredge)

La de Kearny es “una historia en la intersección entre inmigración, industria y deporte”, aclara Tom McCabe, coguionista y coproductor del documental Soccertown, que cuenta cómo las fábricas inglesas y escocesas que se establecieron en Nueva Jersey tenían sus propios equipos. También habla de las “tres edades del soccer” en Estados Unidos. El primero, una era dorada, se cuenta a través de las ciudades industriales en las que floreció el fútbol, y llega hasta el Mundial de 1930. “Había una liga profesional próspera, que robaba jugadores de Escocia e Inglaterra, porque aquí les pagaban más por trabajar entre semana. Eso acabó con la Gran Depresión, cuando las empresas dejaron de gastar en deporte”, dice McCabe.

La segunda edad fue la de los “clubes étnicos”: los alemanes, ingleses, italianos o portugueses que siguieron pegándole patadas al balón. “La tercera llega con Pelé y el auge del fútbol juvenil aficionado en los suburbios”, añade este historiador. Ahí es cuando el soccer encuentra su lugar en el panorama competitivo estadounidense, en el que los deportes dominantes se van dando el relevo para que sus ligas no se solapen.

“¿Entraremos con el Mundial de este verano en una cuarta edad? Aún no estoy seguro”, asegura McCabe, que vive en Londres, pero cuando vuelve a casa suele dejarse caer por la tienda que abrió Mara hace tres años en el centro de Kearny.

El entrenador Glendon Cateau, con su tatuaje del Real MadridGeorge Etheredge (George Etheredge)

Está consagrada exclusivamente al fútbol. Cuando llegamos, era hora punta: ese día se había publicado el álbum del Mundial, y el flujo de niños y niñas comprando cromos era constante. Uno de los dependientes, Christian Escandón, al que una rotura de ligamentos truncó una prometedora carrera futbolística, explicó que la camiseta más vendida es la de Ecuador, por la creciente comunidad de sus compatriotas, pero también porque a principios de junio su selección jugará un amistoso en el estadio de los Red Bulls contra Alemania.

Allí estaba también Glendon Cateau, que trabaja como ingeniero robótico en la gigantesca planta de Amazon de Staten Island, aunque su “vida”, aclaró, es “el fútbol”. Más concretamente, el Real Madrid, como probó al levantarse la camiseta para descubrir un tatuaje con el escudo del equipo español.

Cateau, natural de la isla de Granada, se encarga de los chavales de 12 años, y le tocaba entrenamiento esa noche. Mientras, unas niñas del Paisley, el equipo femenino de Kearny, bautizado como la ciudad escocesa y el estampado de cachemira al que esta da nombre y que fue el sustento de la localidad de Nueva Jersey en su edad dorada como centro de producción textil, iban en la cancha de al lado por delante de una escuadra con una indumentaria más reluciente. “Nos gusta ganar a esos clubes de nuevo cuño cuyos padres pagan una fortuna para que sus hijos se distraigan con el fútbol”, dijo Mara desde la banda.

Eddy Duffy, encargado del bar del Scots-American Club, en Kearny.George Etheredge (George Etheredge)

El tercer tiempo lo disputaron los adultos en el bar del Scots-American Club, un verdadero templo, con una asombrosa colección de bufandas, banderines, camisetas, trofeos y demás memorabilia balompédica y una pista para el juego del lanzamiento de herraduras en el patio trasero. Se trata de una sociedad que empezó a admitir mujeres “como quien dice hace 10 minutos”, aseguró, guiñando un ojo, Eddy Duffy, su encargado, un escocés septuagenario genuinamente gracioso que lucía, como un rapero, la gorra para atrás.

Llegó hace 49 años a Kearny junto a su esposa, Alice, que también estaba allí esa noche. Con un acento endiablado que aún conserva, ella contó que atiende como voluntaria tras la barra del bar desde hace 25 años. También dijo que es del Celtics y que Eddy es del Rangers, los dos equipos de Glasgow. “Cuando pasábamos los derbis por la televisión, las dos aficiones se ponían cada una en una esquina de la barra”, recordó ella. “A medida que las botellas de cerveza se acumulaban en el medio, el espacio entre ellos se iba achicando. Al final, acababan abrazados”.

Al rato, llegó parte de la banda de gaitas de St. Columcille, que tiene más de 100 miembros y ensaya en el piso de arriba. Venían, ataviados con sus kilts y sus corbatas a juego, de actuar en un desfile del Día de los Caídos. La tamborilera Katie McGonigal, bisnieta del fundador e hija de su actual director, explicó que, aunque tuviera el dinero, “mucho dinero”, no cambiaría ver los partidos del Mundial en el club por ir a alguno de los 16 estadios en los que un récord de 48 selecciones jugarán repartidas por tres países. Aunque, como el resto de la parroquia del Scots, esperaba casi con más ilusión un partido amistoso de Escocia contra Bolivia en el estadio de los Red Bulls al que el club va a fletar varios autobuses.

A mitad de la conversación, un tipo la interrumpió y dijo. “¿Te ha contado ya Katie que era una jugadora muy buena?”.

–Todo el mundo en este pueblo parece haberlo sido.

–No, no, pero ella pudo llegar lejos.

Y en Estados Unidos “lejos” en el fútbol femenino es realmente lejos. Mientras la selección masculina penaba un Mundial tras otro, las mujeres han ganado cuatro desde 1991, lo que no impidió que sus estrellas tuvieran que plantarse en protesta por el desequilibrio salarial del que eran víctimas. En 2022, arrancaron de la federación un acuerdo por el que recibieron una compensación de 24 millones de dólares.

Banda local de gaiteros en el Scots-American Club, en Kearny.George Etheredge (George Etheredge)

Salvando a los grandes que, como Messi o Luis Suárez, vienen a retirarse aquí, los sueldos no son entre los hombres comparables a los de Europa, aunque el dinero corre últimamente con una alegría genuinamente estadounidense por las diferentes competiciones, mientras los equipos se dotan de instalaciones deportivas y estadios de primera categoría. Por ese motivo, para muchos futbolistas nacionales, pero también sudamericanos, Estados Unidos es una plataforma, una cantera para dar el salto al otro lado del Atlántico.

El camino también es, cada vez más, el contrario. El catalán Uri Rosell fue pionero en eso: llegó aquí siendo joven y no en su ocaso. Y a él le funcionó: en 2013 se convirtió en el primer español en ganar, con el Kansas City United, un título de la MLS Cup. En 2024, colgó las botas en la plantilla del Galaxy de Los Ángeles, ciudad en la que ha abierto una consultora para poner en contacto a los jugadores con patrocinadores y marcas en un mercado lleno de promesas.

“La MLS ya no es solo una liga de viejas glorias. Cada vez apuesta más por los jóvenes”, dice Rosell al teléfono. “Antes llegaban a los 23 y 24 años tras pasar por la universidad. Ahora hay chicos de 18 o 19 años que dan el salto desde la MLS Next Pro”.

Creada en 2022, es una oficiosa segunda división de la liga principal. Para los chicos que el día de nuestra visita entrenaban en los campos de Kearny bajo el cielo encapotado esa es una vía, nada fácil en un país con 350 millones de habitantes, a la profesionalización. También pueden acabar en otras ligas, que tienen consideración inferior a la de la MLS, aunque no guardan relación con ella.

Y esa posibilidad está más cerca de ser una realidad. El día anterior, Ramos había desvelado en las instalaciones de su escuela sus planes de hacerse junto a Meola, excompañero de selección, con una franquicia para fundar un club en Kearny, absorber las categorías infantiles y juveniles de la ciudad, construir un estadio y “hacer profesional” el equipo de su niñez.

La idea es competir en la United Soccer League One (USL), que Ramos equipara con “algo así como una cuarta división”. Si esos planes salen adelante, el Thistle FC se mediría contra el New York Cosmos. El viejo hogar de Pelé ha resucitado esta temporada (por segunda vez) de la mano de un tipo llamado Eric Stover, que se lo ha llevado a Paterson, una localidad de Nueva Jersey de brillante pasado fabril y eco literario, pues sirvió al poeta William Carlos Williams para titular su famoso poema épico, obra maestra del modernismo.

Jugadores del New York Cosmos, en el mismo estadio.George Etheredge (George Etheredge)

En tiempos mejores, Paterson fue la Ciudad de la Seda, pero lleva décadas carcomida por las drogas y la delincuencia. “Parte del proyecto pasa por revitalizar la comunidad a través del fútbol”, aclaró Kilpatrick, el historiador del Cosmos, en el estadio Hinchcliffe, una joya art decó que, como tantas canchas del país, es antes que nada un campo de béisbol, ese sí, el verdadero “pasatiempo estadounidense”.

La ciudad, añade Kilpatirck, fue además el lugar donde en 1880 se fundó el primer club de fútbol de Estados Unidos, así que allí, como en Kearny, también se juntan el pasado y el presente del soccer, denominación que, aclara el historiador casi al final de este viaje por sus raíces, es, “pese a lo que pueda parecer, culpa de los ingleses”.

Por si usted también se lo estaba preguntando, la cosa sucedió así. Cuando fútbol y rugby eran dos deportes llamados “association football” y “rugby football”, respectivamente, pero sin acabar de definirse del todo, los estudiantes de Oxford se referían a uno como soccer y al otro como rugger. El primer rastro de su uso en este lado del mundo data de 1905, durante una visita de los Pilgrims, que vapulearon a un equipo local. Con los años, el fútbol ganó en Inglaterra la batalla semántica al rugby, pero en Estados Unidos fue justamente al revés.

Es muy poco probable que eso pueda cambiar ya. Aunque quién sabe. ¿No es parte del hechizo de un Mundial su condición de paréntesis de los problemas cotidianos en el que soñar con lo imposible?

Información Mundial 2026

Este reportaje forma parte del número monográfico que ‘El País Semanal’ dedicado al Mundial de fútbol que se publica este 7 de junio.

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