Hay historias que el toreo sigue escribiendo a la antigua. Sin atajos. A golpe de kilómetros, tentaderos y una fe inquebrantable en uno mismo. La de Borja Jiménez y Julián Guerra es una de ellas.Después de su encerrona en Las Ventas, el torero de Espartinas ha regresado unos días a Sevilla. Tiempo para volver a casa, ver a la familia y a los amigos y seguir preparándose en el campo. Tentaderos en las ganaderías de El Torero y Rocío de la Cámara antes de volver a Salamanca para afrontar un verano que lo llevará a recorrer las principales ferias con más de cincuenta corridas por delante.El momento es dulce. Aunque la espada le haya privado este año de abrir dos Puertas del Príncipe en Sevilla y una Puerta Grande en Madrid. Los números cuentan sólo una parte de la historia. La otra está en la dimensión taurina que ha alcanzado un torero que hace apenas cuatro años apenas encontraba sitio en los carteles.«Este año siento que tengo más consistencia en todo lo que hago. He madurado mucho como torero y estoy pudiendo cuajar prácticamente todos los toros, especialmente los de plazas de primera», explica.Cuando nadie apostabaBorja tomó la alternativa en 2015. Desde entonces y hasta su irrupción definitiva en Madrid vivió una larga travesía en el desierto, donde veía cómo las oportunidades llegaban con cuentagotas.Todo cambió en el invierno de 2022 en un tentadero en la ganadería de Aldeanueva, cuando apareció Julián Guerra. «Lo primero que vi fue pasión. Cuando se encontraba a gusto era capaz de expresar y transmitir algo especial. Además tenía una búsqueda constante por apoderarse de las embestidas, reducirlas y enroscarlas a su cintura. Yo creía que por ahí debía ir su toreo», recuerda el apoderado salmantino.Durante meses, Borja viajaba desde Sevilla a Salamanca únicamente para entrenar. No había contratos ni perspectivas inmediatas. Sólo campo, tentaderos y muchas horas de preparación. «No teníamos corridas de toros. Teníamos tentaderos, toreo de salón y muchos sueños. Cuando una persona apuesta por ti después de tantos años sin que nadie lo haga, algo cambia dentro de ti», recuerda el sevillano.El torero que encontró su sitioEn apenas tres temporadas, Borja Jiménez ha pasado de luchar por una oportunidad a convertirse en uno de los nombres imprescindibles de las grandes ferias. El año pasado firmó uno de los hitos de su carrera con el indulto de un toro de La Quinta en Bilbao y cerró la temporada como segundo del escalafón.Este año ha vuelto a dejar su sello en Sevilla y Madrid, aunque la espada le negara triunfos mayores. Especialmente significativa fue su reciente encerrona en Las Ventas, una tarde en la que llegó a parar de salida hasta nueve toros distintos y encontrarse con aquel ejemplar de El Torero que le permitió firmar una de las faenas más importantes de su trayectoria madrileña.«Tuve que tener mucha paciencia y la cabeza muy fuerte. En Madrid no es fácil sobreponerse a todo eso y esperar tu momento», explica.La conversación conduce inevitablemente a Morante de la Puebla, con quien comparte cada vez más carteles. «Es un torero único, no sólo por lo que hace dentro del ruedo, sino por todo lo que aporta al toreo», afirma Borja, que considera al cigarrero «el torero más completo de la historia».Una historia que conecta con la genteConvertido ya en figura del toreo, Borja sigue conviviendo con una exigencia constante. «A mí la exigencia me gusta. Si te exigen es porque esperan mucho de ti. Eso me motiva y me hace crecer».Julián Guerra tiene su propia teoría. «A veces el sistema, del que no me gusta hablar, está perdiendo una oportunidad de empujar más una historia bonita, romántica, a la antigua. La de un torero con carisma, cercano a la afición. Ver cómo los niños le piden una foto o un cromo es algo que me llena de esperanza».San Miguel y Otoño en el horizontePor delante esperan grandes ferias y el regreso otoñal a Las Ventas. Pero antes aparece una fecha marcada en rojo: la Feria de San Miguel. «La Puerta del Príncipe la tengo muy metida en la cabeza. Este año la he tenido dos veces en la mano y quiero recuperarla».Cuando se le pregunta a Julián Guerra por el techo de su torero, la respuesta huye de estadísticas. «La cima está en controlar su mente. Si consigue eso, llegará donde tenga que llegar. Yo sólo le pido a Dios que lo proteja y que siga entregándose al toro como lo hace. Si él le da la vida al toro, el toro le devolverá sus sueños».La conversación termina como empezó, hablando de toros y de sueños. Como hace cuatro años. La diferencia es que aquella apuesta imposible entre un torero sevillano y un apoderado salmantino se ha convertido hoy en una de las historias más románticas y reconocibles del toreo actual. Hay historias que el toreo sigue escribiendo a la antigua. Sin atajos. A golpe de kilómetros, tentaderos y una fe inquebrantable en uno mismo. La de Borja Jiménez y Julián Guerra es una de ellas.Después de su encerrona en Las Ventas, el torero de Espartinas ha regresado unos días a Sevilla. Tiempo para volver a casa, ver a la familia y a los amigos y seguir preparándose en el campo. Tentaderos en las ganaderías de El Torero y Rocío de la Cámara antes de volver a Salamanca para afrontar un verano que lo llevará a recorrer las principales ferias con más de cincuenta corridas por delante.El momento es dulce. Aunque la espada le haya privado este año de abrir dos Puertas del Príncipe en Sevilla y una Puerta Grande en Madrid. Los números cuentan sólo una parte de la historia. La otra está en la dimensión taurina que ha alcanzado un torero que hace apenas cuatro años apenas encontraba sitio en los carteles.«Este año siento que tengo más consistencia en todo lo que hago. He madurado mucho como torero y estoy pudiendo cuajar prácticamente todos los toros, especialmente los de plazas de primera», explica.Cuando nadie apostabaBorja tomó la alternativa en 2015. Desde entonces y hasta su irrupción definitiva en Madrid vivió una larga travesía en el desierto, donde veía cómo las oportunidades llegaban con cuentagotas.Todo cambió en el invierno de 2022 en un tentadero en la ganadería de Aldeanueva, cuando apareció Julián Guerra. «Lo primero que vi fue pasión. Cuando se encontraba a gusto era capaz de expresar y transmitir algo especial. Además tenía una búsqueda constante por apoderarse de las embestidas, reducirlas y enroscarlas a su cintura. Yo creía que por ahí debía ir su toreo», recuerda el apoderado salmantino.Durante meses, Borja viajaba desde Sevilla a Salamanca únicamente para entrenar. No había contratos ni perspectivas inmediatas. Sólo campo, tentaderos y muchas horas de preparación. «No teníamos corridas de toros. Teníamos tentaderos, toreo de salón y muchos sueños. Cuando una persona apuesta por ti después de tantos años sin que nadie lo haga, algo cambia dentro de ti», recuerda el sevillano.El torero que encontró su sitioEn apenas tres temporadas, Borja Jiménez ha pasado de luchar por una oportunidad a convertirse en uno de los nombres imprescindibles de las grandes ferias. El año pasado firmó uno de los hitos de su carrera con el indulto de un toro de La Quinta en Bilbao y cerró la temporada como segundo del escalafón.Este año ha vuelto a dejar su sello en Sevilla y Madrid, aunque la espada le negara triunfos mayores. Especialmente significativa fue su reciente encerrona en Las Ventas, una tarde en la que llegó a parar de salida hasta nueve toros distintos y encontrarse con aquel ejemplar de El Torero que le permitió firmar una de las faenas más importantes de su trayectoria madrileña.«Tuve que tener mucha paciencia y la cabeza muy fuerte. En Madrid no es fácil sobreponerse a todo eso y esperar tu momento», explica.La conversación conduce inevitablemente a Morante de la Puebla, con quien comparte cada vez más carteles. «Es un torero único, no sólo por lo que hace dentro del ruedo, sino por todo lo que aporta al toreo», afirma Borja, que considera al cigarrero «el torero más completo de la historia».Una historia que conecta con la genteConvertido ya en figura del toreo, Borja sigue conviviendo con una exigencia constante. «A mí la exigencia me gusta. Si te exigen es porque esperan mucho de ti. Eso me motiva y me hace crecer».Julián Guerra tiene su propia teoría. «A veces el sistema, del que no me gusta hablar, está perdiendo una oportunidad de empujar más una historia bonita, romántica, a la antigua. La de un torero con carisma, cercano a la afición. Ver cómo los niños le piden una foto o un cromo es algo que me llena de esperanza».San Miguel y Otoño en el horizontePor delante esperan grandes ferias y el regreso otoñal a Las Ventas. Pero antes aparece una fecha marcada en rojo: la Feria de San Miguel. «La Puerta del Príncipe la tengo muy metida en la cabeza. Este año la he tenido dos veces en la mano y quiero recuperarla».Cuando se le pregunta a Julián Guerra por el techo de su torero, la respuesta huye de estadísticas. «La cima está en controlar su mente. Si consigue eso, llegará donde tenga que llegar. Yo sólo le pido a Dios que lo proteja y que siga entregándose al toro como lo hace. Si él le da la vida al toro, el toro le devolverá sus sueños».La conversación termina como empezó, hablando de toros y de sueños. Como hace cuatro años. La diferencia es que aquella apuesta imposible entre un torero sevillano y un apoderado salmantino se ha convertido hoy en una de las historias más románticas y reconocibles del toreo actual.
Hay historias que el toreo sigue escribiendo a la antigua. Sin atajos. A golpe de kilómetros, tentaderos y una fe inquebrantable en uno mismo. La de Borja Jiménez y Julián Guerra es una de ellas.
Después de su encerrona en Las Ventas, el torero de … Espartinas ha regresado unos días a Sevilla. Tiempo para volver a casa, ver a la familia y a los amigos y seguir preparándose en el campo. Tentaderos en las ganaderías de El Torero y Rocío de la Cámara antes de volver a Salamanca para afrontar un verano que lo llevará a recorrer las principales ferias con más de cincuenta corridas por delante.
El momento es dulce. Aunque la espada le haya privado este año de abrir dos Puertas del Príncipe en Sevilla y una Puerta Grande en Madrid. Los números cuentan sólo una parte de la historia. La otra está en la dimensión taurina que ha alcanzado un torero que hace apenas cuatro años apenas encontraba sitio en los carteles.
«Este año siento que tengo más consistencia en todo lo que hago. He madurado mucho como torero y estoy pudiendo cuajar prácticamente todos los toros, especialmente los de plazas de primera», explica.
Cuando nadie apostaba
Borja tomó la alternativa en 2015. Desde entonces y hasta su irrupción definitiva en Madrid vivió una larga travesía en el desierto, donde veía cómo las oportunidades llegaban con cuentagotas.
Todo cambió en el invierno de 2022 en un tentadero en la ganadería de Aldeanueva, cuando apareció Julián Guerra. «Lo primero que vi fue pasión. Cuando se encontraba a gusto era capaz de expresar y transmitir algo especial. Además tenía una búsqueda constante por apoderarse de las embestidas, reducirlas y enroscarlas a su cintura. Yo creía que por ahí debía ir su toreo», recuerda el apoderado salmantino.
Durante meses, Borja viajaba desde Sevilla a Salamanca únicamente para entrenar. No había contratos ni perspectivas inmediatas. Sólo campo, tentaderos y muchas horas de preparación. «No teníamos corridas de toros. Teníamos tentaderos, toreo de salón y muchos sueños. Cuando una persona apuesta por ti después de tantos años sin que nadie lo haga, algo cambia dentro de ti», recuerda el sevillano.
El torero que encontró su sitio
En apenas tres temporadas, Borja Jiménez ha pasado de luchar por una oportunidad a convertirse en uno de los nombres imprescindibles de las grandes ferias. El año pasado firmó uno de los hitos de su carrera con el indulto de un toro de La Quinta en Bilbao y cerró la temporada como segundo del escalafón.
Este año ha vuelto a dejar su sello en Sevilla y Madrid, aunque la espada le negara triunfos mayores. Especialmente significativa fue su reciente encerrona en Las Ventas, una tarde en la que llegó a parar de salida hasta nueve toros distintos y encontrarse con aquel ejemplar de El Torero que le permitió firmar una de las faenas más importantes de su trayectoria madrileña.
«Tuve que tener mucha paciencia y la cabeza muy fuerte. En Madrid no es fácil sobreponerse a todo eso y esperar tu momento», explica.
La conversación conduce inevitablemente a Morante de la Puebla, con quien comparte cada vez más carteles. «Es un torero único, no sólo por lo que hace dentro del ruedo, sino por todo lo que aporta al toreo», afirma Borja, que considera al cigarrero «el torero más completo de la historia».
Una historia que conecta con la gente
Convertido ya en figura del toreo, Borja sigue conviviendo con una exigencia constante. «A mí la exigencia me gusta. Si te exigen es porque esperan mucho de ti. Eso me motiva y me hace crecer».
Julián Guerra tiene su propia teoría. «A veces el sistema, del que no me gusta hablar, está perdiendo una oportunidad de empujar más una historia bonita, romántica, a la antigua. La de un torero con carisma, cercano a la afición. Ver cómo los niños le piden una foto o un cromo es algo que me llena de esperanza».
San Miguel y Otoño en el horizonte
Por delante esperan grandes ferias y el regreso otoñal a Las Ventas. Pero antes aparece una fecha marcada en rojo: la Feria de San Miguel. «La Puerta del Príncipe la tengo muy metida en la cabeza. Este año la he tenido dos veces en la mano y quiero recuperarla».
Cuando se le pregunta a Julián Guerra por el techo de su torero, la respuesta huye de estadísticas. «La cima está en controlar su mente. Si consigue eso, llegará donde tenga que llegar. Yo sólo le pido a Dios que lo proteja y que siga entregándose al toro como lo hace. Si él le da la vida al toro, el toro le devolverá sus sueños».
La conversación termina como empezó, hablando de toros y de sueños. Como hace cuatro años. La diferencia es que aquella apuesta imposible entre un torero sevillano y un apoderado salmantino se ha convertido hoy en una de las historias más románticas y reconocibles del toreo actual.
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