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Cultura

Trenes hacia la muerte

junio 21, 2026
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Es una fecha grabada en una lápida de piedra en la estación de Angulema : 20 de agosto de 1940. Transcribo la inscripción: «El primer tren de la deportación de la II Guerra Mundial partió de esta estación hacia el campo de exterminio de Mauthausen con 927 republicanos españoles . La mayoría fueron exterminados. No olvidemos este crimen contra la humanidad». Las palabras sobran. Aquí deberíamos poner punto final a cualquier comentario adicional. Pero sigo escribiendo en homenaje a aquellas víctimas que, olvidadas por el transcurso del tiempo, ni siquiera tuvieron una sepultura digna. Fueron asesinadas brutalmente por los nazis .Tuve la oportunidad de visitar Mauthausen (Austria) en abril de 2015. Fue allí donde me enteré de esta historia y de otras muchas que revelan que no hay límites para la barbarie humana . Cerca de 4.400 republicanos españoles perdieron la vida en este lugar de infamia y horror. Algunos fueron ejecutados, otros se suicidaron, pero la mayoría pereció a causa de los trabajos forzados y la mala alimentación. Me llevaron a una planta de fabricación de cemento en Gusen, a unos pocos kilómetros de Mauthausen, donde el promedio de vida de los esclavos humanos no llegaba a ocho semanas.Aquel infausto 20 de agosto, dos meses después de la caída de París , comenzó el viaje de cuatro días y medio de los centenares de republicanos que habían sido confinados en Les Alliers, en una finca cercana a Angulema. No podían imaginar el destino que les aguardaba cuando sus guardianes les ordenaron que cogieran sus pertenencias para subir a unos vagones de ganado en los que viajaron hacinados sin comida ni bebida. «Gentuza antialemana», según Reinhard Heydrich , el jefe de las SS.Había en ‘El convoy de los 927’, como ha pasado a la historia este viaje hacia la aniquilación, cerca de 400 mujeres y niños . Al llegar al destino y tras una espera de muchas horas, las autoridades alemanas decidieron que volvieran a Francia. De los más de 500 hombres que se quedaron, casi el 90% no pudo sobrevivir. Uno de los que lo logró fue el fotógrafo Francisco Boix.No es fácil calcular el número de judíos, republicanos, apátridas y personas ‘non gratas’ que fueron llevados en ferrocarril a los campos de exterminio de Alemania, Polonia y Austria. Probablemente casi cuatro millones de personas, sobre todo, a partir del verano de 1942. El Reichsbahn, los ferrocarriles alemanes, sirvió de instrumento a los planes nazis . Un oficial, llamado Adolf Eichmann, planificaba los transportes que terminaban en Auschwitz, Treblinka, Buchenwald, Sobibor y otros lugares de recuerdo siniestro. Como explicó en el juicio de Jerusalén, Eichmann lo hacía sin la menor implicación personal, cumpliendo órdenes de sus superiores y con la misma asepsia que si se tratara de llevar sacos de harina.El nivel de perversión era tal que en algunos casos los judíos eran obligados a pagar el billete que les conducía a la muerte. Se les decía que iban a ser trasladados o incluso se les sugería que serían puestos en libertad en otro país. Muchos sólo sobrevivieron unas pocas horas porque fueron gaseados al llegar a campos como Auschwitz .A nadie se le había ocurrido hasta el comienzo de la II Guerra Mundial el uso de los trenes como instrumento de exterminio masivo. La Oficina de Seguridad del Reich, con las SS al mando, coordinó con precisión matemática la circulación de una decena de trenes diarios que conducían a los campos de exterminio. Pusieron el ferrocarril al servicio de la ‘Endlösung’, la Solución Final, planificada en Wannsee bajo los auspicios de Hitler y Himmler .Cuando le pregunté al director del museo de Mauthausen qué sucedió con los 500 prisioneros rusos , hacinados en un barracón, me mostró el botón de una chaqueta. «Eso es todo lo que quedó de ellos». Lo mismo que de miles de republicanos españoles. Es una fecha grabada en una lápida de piedra en la estación de Angulema : 20 de agosto de 1940. Transcribo la inscripción: «El primer tren de la deportación de la II Guerra Mundial partió de esta estación hacia el campo de exterminio de Mauthausen con 927 republicanos españoles . La mayoría fueron exterminados. No olvidemos este crimen contra la humanidad». Las palabras sobran. Aquí deberíamos poner punto final a cualquier comentario adicional. Pero sigo escribiendo en homenaje a aquellas víctimas que, olvidadas por el transcurso del tiempo, ni siquiera tuvieron una sepultura digna. Fueron asesinadas brutalmente por los nazis .Tuve la oportunidad de visitar Mauthausen (Austria) en abril de 2015. Fue allí donde me enteré de esta historia y de otras muchas que revelan que no hay límites para la barbarie humana . Cerca de 4.400 republicanos españoles perdieron la vida en este lugar de infamia y horror. Algunos fueron ejecutados, otros se suicidaron, pero la mayoría pereció a causa de los trabajos forzados y la mala alimentación. Me llevaron a una planta de fabricación de cemento en Gusen, a unos pocos kilómetros de Mauthausen, donde el promedio de vida de los esclavos humanos no llegaba a ocho semanas.Aquel infausto 20 de agosto, dos meses después de la caída de París , comenzó el viaje de cuatro días y medio de los centenares de republicanos que habían sido confinados en Les Alliers, en una finca cercana a Angulema. No podían imaginar el destino que les aguardaba cuando sus guardianes les ordenaron que cogieran sus pertenencias para subir a unos vagones de ganado en los que viajaron hacinados sin comida ni bebida. «Gentuza antialemana», según Reinhard Heydrich , el jefe de las SS.Había en ‘El convoy de los 927’, como ha pasado a la historia este viaje hacia la aniquilación, cerca de 400 mujeres y niños . Al llegar al destino y tras una espera de muchas horas, las autoridades alemanas decidieron que volvieran a Francia. De los más de 500 hombres que se quedaron, casi el 90% no pudo sobrevivir. Uno de los que lo logró fue el fotógrafo Francisco Boix.No es fácil calcular el número de judíos, republicanos, apátridas y personas ‘non gratas’ que fueron llevados en ferrocarril a los campos de exterminio de Alemania, Polonia y Austria. Probablemente casi cuatro millones de personas, sobre todo, a partir del verano de 1942. El Reichsbahn, los ferrocarriles alemanes, sirvió de instrumento a los planes nazis . Un oficial, llamado Adolf Eichmann, planificaba los transportes que terminaban en Auschwitz, Treblinka, Buchenwald, Sobibor y otros lugares de recuerdo siniestro. Como explicó en el juicio de Jerusalén, Eichmann lo hacía sin la menor implicación personal, cumpliendo órdenes de sus superiores y con la misma asepsia que si se tratara de llevar sacos de harina.El nivel de perversión era tal que en algunos casos los judíos eran obligados a pagar el billete que les conducía a la muerte. Se les decía que iban a ser trasladados o incluso se les sugería que serían puestos en libertad en otro país. Muchos sólo sobrevivieron unas pocas horas porque fueron gaseados al llegar a campos como Auschwitz .A nadie se le había ocurrido hasta el comienzo de la II Guerra Mundial el uso de los trenes como instrumento de exterminio masivo. La Oficina de Seguridad del Reich, con las SS al mando, coordinó con precisión matemática la circulación de una decena de trenes diarios que conducían a los campos de exterminio. Pusieron el ferrocarril al servicio de la ‘Endlösung’, la Solución Final, planificada en Wannsee bajo los auspicios de Hitler y Himmler .Cuando le pregunté al director del museo de Mauthausen qué sucedió con los 500 prisioneros rusos , hacinados en un barracón, me mostró el botón de una chaqueta. «Eso es todo lo que quedó de ellos». Lo mismo que de miles de republicanos españoles.  

Es una fecha grabada en una lápida de piedra en la estación de Angulema: 20 de agosto de 1940. Transcribo la inscripción: «El primer tren de la deportación de la II Guerra Mundial partió de esta estación hacia el campo de exterminio de Mauthausen con 927 republicanos españoles … . La mayoría fueron exterminados. No olvidemos este crimen contra la humanidad».

Las palabras sobran. Aquí deberíamos poner punto final a cualquier comentario adicional. Pero sigo escribiendo en homenaje a aquellas víctimas que, olvidadas por el transcurso del tiempo, ni siquiera tuvieron una sepultura digna. Fueron asesinadas brutalmente por los nazis.

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Tuve la oportunidad de visitar Mauthausen (Austria) en abril de 2015. Fue allí donde me enteré de esta historia y de otras muchas que revelan que no hay límites para la barbarie humana. Cerca de 4.400 republicanos españoles perdieron la vida en este lugar de infamia y horror. Algunos fueron ejecutados, otros se suicidaron, pero la mayoría pereció a causa de los trabajos forzados y la mala alimentación. Me llevaron a una planta de fabricación de cemento en Gusen, a unos pocos kilómetros de Mauthausen, donde el promedio de vida de los esclavos humanos no llegaba a ocho semanas.

Aquel infausto 20 de agosto, dos meses después de la caída de París, comenzó el viaje de cuatro días y medio de los centenares de republicanos que habían sido confinados en Les Alliers, en una finca cercana a Angulema. No podían imaginar el destino que les aguardaba cuando sus guardianes les ordenaron que cogieran sus pertenencias para subir a unos vagones de ganado en los que viajaron hacinados sin comida ni bebida. «Gentuza antialemana», según Reinhard Heydrich, el jefe de las SS.

Había en ‘El convoy de los 927’, como ha pasado a la historia este viaje hacia la aniquilación, cerca de 400 mujeres y niños. Al llegar al destino y tras una espera de muchas horas, las autoridades alemanas decidieron que volvieran a Francia. De los más de 500 hombres que se quedaron, casi el 90% no pudo sobrevivir. Uno de los que lo logró fue el fotógrafo Francisco Boix.

No es fácil calcular el número de judíos, republicanos, apátridas y personas ‘non gratas’ que fueron llevados en ferrocarril a los campos de exterminio de Alemania, Polonia y Austria. Probablemente casi cuatro millones de personas, sobre todo, a partir del verano de 1942. El Reichsbahn, los ferrocarriles alemanes, sirvió de instrumento a los planes nazis. Un oficial, llamado Adolf Eichmann, planificaba los transportes que terminaban en Auschwitz, Treblinka, Buchenwald, Sobibor y otros lugares de recuerdo siniestro. Como explicó en el juicio de Jerusalén, Eichmann lo hacía sin la menor implicación personal, cumpliendo órdenes de sus superiores y con la misma asepsia que si se tratara de llevar sacos de harina.

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El nivel de perversión era tal que en algunos casos los judíos eran obligados a pagar el billete que les conducía a la muerte. Se les decía que iban a ser trasladados o incluso se les sugería que serían puestos en libertad en otro país. Muchos sólo sobrevivieron unas pocas horas porque fueron gaseados al llegar a campos como Auschwitz.

A nadie se le había ocurrido hasta el comienzo de la II Guerra Mundial el uso de los trenes como instrumento de exterminio masivo. La Oficina de Seguridad del Reich, con las SS al mando, coordinó con precisión matemática la circulación de una decena de trenes diarios que conducían a los campos de exterminio. Pusieron el ferrocarril al servicio de la ‘Endlösung’, la Solución Final, planificada en Wannsee bajo los auspicios de Hitler y Himmler.

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