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  Cultura  Calder, el funambulista del arte, regresa a París un siglo después
Cultura

Calder, el funambulista del arte, regresa a París un siglo después

abril 18, 2026
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Llevaba el arte en el ADN: su madre era pintora, su padre y su abuelo, escultores. «No me criaron, me enmarcaron», decía. Sin embargo, se graduó en ingeniería mecánica. Pero como los genes tiran mucho era inevitable su vocación artística. Se formó en la Arts Students League de Nueva York. Alexander Calder (Filadelfia, 1898-Nueva York, 1976) , « escultor del viento, herrero lunar , poeta guiado por los instintos de un científico», como le han definido, regresa a París, adonde llegó en 1926 cargado de ilusiones y brillantes ideas. Muy pronto se integró en la comunidad artística del efervescente Montparnasse de la época.¿Por qué el arte debe ser estático?, se preguntaba Calder. No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverseBajo el título ‘Soñar en equilibrio’ , una excepcional retrospectiva en la Fundación Louis Vuitton de París conmemora un doble aniversario: los cien años de la llegada de Calder a la capital francesa, en 1926, y los cincuenta de su muerte, en 1976. Los celebérrimos móviles de Calder parecen flotar en los espacios creados por Frank Gehry , transformando la exposición en una hermosa danza coreografiada. «Nada es fijo», rezaba el credo del escultor, quien un día se preguntó: ¿Por qué el arte debe ser estático? No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverse. El arte del siglo XX echó a andar. Calder esculpió el movimiento.Siempre destacó la modernidad radical de su pensamiento y su práctica artística. Su poderosa influencia en las generaciones posteriores sigue aún vigente. Es una de las exposiciones más completas hasta la fecha de este creador inclasificable, y ha habido muchas en todo el mundo (la que le dedicó el MoMA en 1943 lo consagró como uno de los maestros del arte moderno). Las cifras hablan por sí solas: 317 obras (135 esculturas, 20 pinturas, 30 trabajos sobre papel, 51 joyas, 34 fotografías y cuatro audiovisuales) ocupan todos los espacios del edificio de Gehry ( más de 3.000 metros cuadrados ), incluido por primera vez el jardín, donde se exhiben dos esculturas monumentales: ‘Black Flag’ (Bandera negra) y ‘Five Swords’ (Cinco espadas). En el vestíbulo de la fundación recibe al visitante el móvil ‘Rouge triomphant’, de la colección Nahmad. Noticia relacionada general No No Un nuevo informe del ‘Guernica’ elaborado por el Reina Sofía «desaconseja su traslado» Natividad PulidoCalder, el artista norteamericano más francés, no está solo en este emocionante viaje de regreso a París. Le acompañan colegas y amigos como Miró, Arp, Picasso, Kandinsky, Klee, Léger, Barbara Hepworth, Mondrian, Hélion… y un grupo de célebres fotógrafos que inmortalizaron al artista y documentaron su proceso de trabajo: Cartier-Bresson, André Kertész, Ugo Mulas, Arnold Newman, Irving Penn, Man Ray o Garry Winogrand, entre otros. Corpulento y con cara de mal genio en la mayoría de las instantáneas, cuentan que tenía un gran sentido del humor. Y talento, a raudales. Móviles y estables de Calder, en una sala de la muestra. EfeEl imponente edificio de Gehry en el Bois de Boulogne parisino desvela, hasta el 16 de agosto, todas las facetas del creador norteamericano y todas sus etapas, desde finales de la década de 1920 hasta sus esculturas monumentales para espacios públicos de los 60 y 70. Los comisarios, Suzanne Pagé, Dieter Buchhart y Anna Karina Hofbauer, plantean un recorrido cronológico y temático. En colaboración con la Fundación Calder (principal prestadora, la preside Alexander S. C. Rower , nieto del artista), y con obras cedidas por los museos más señeros del mundo y colecciones privadas con pedigrí, destaca un préstamo excepcional del Whitney Museum de Nueva York, que ha cedido el Circo Calder , una delicia con la que arranca la muestra en una sala con paredes oscuras. Apenas suele prestarse. Considerado el antecedente de la performance y el happening , este circo en miniatura, a caballo entre el arte y el teatro, entre el cabaret dadaísta y el music-hall, fue el laboratorio donde pudo experimentar sus ideas más locas. Se convirtió en todo un acontecimiento en la capital, cautivando a la vanguardia parisina. Acudieron a ver sus representaciones Le Corbusier, Karl Einstein, Fernand Léger, Piet Mondrian, Jean Cocteau, Theo van Doesburg… Lo comenzó en 1926 en su estudio de la rue Daguerre y lo completó cinco años después, en 1931. Dio vida a diminutos acróbatas, payasos, domadores, equilibristas, bailarinas…, realizados con mimo con materiales humildes como alambre, tela, cuerda, caucho o corcho. Calder es el maestro de ceremonias. El inventario del Whitney atesora 69 personajes y animales, ocho sistemas mecánicos, noventa accesorios (telas, alfombras, lámparas), elementos para los efectos de sonido y cinco maletas para su transporte. En una película de Carlos Vilardebó, de 1961, vemos a Calder accionando su circo. Es increíble verlo en acción.Un hombre observa uno de los hermosos móviles de Calder. EfeLos trabajos expuestos a través de una docena de galerías en distintas plantas de la Fundación Louis Vuitton abarcan medio siglo de creación y abordan todas las preocupaciones artísticas de Calder: el movimiento, la luz, los materiales humildes, el sonido, la gravedad, el espacio… Hay en la muestra una apabullante selección de sus famosos móviles (de todos los tamaños y formas): ‘Eucalyptus’, ‘Peacock’, ‘Lily of Force’, ‘Blizzard’… Son muy fotogénicos. Al comienzo eran accionados manual o mecánicamente; más tarde, cobraban vida con solo una ráfaga de aire. El término ‘móviles’ fue acuñado por Duchamp en 1931. También están presentes sus ‘stabiles’ (estables): así fueron bautizabas por Arp sus piezas estáticas de los años 30, siguiendo el vocabulario duchampiano. Durante el recorrido admiramos sus exquisitos retratos en alambre , cuya sombra se refleja en las paredes. Calder dibujó con alambre en el espacio. Quiso eliminar la masa de la escultura con un material flexible y ligero que le permitía incorporar movimientos a sus esculturas. Retrata a personajes como Kiki de Montparnasse, a la que vemos posando para el suyo en una película, o Joséphine Baker, musas ambas del París canalla de los locos años 20. Calder los denominó ‘dibujos lineales tridimensionales’ y le valieron el sobrenombre del ‘rey del alambre’ . Su universo creativo está repleto de materiales humildes, sencillos, encontrados, desechados y reciclados. Una escultura monumental de Calder, maqueta de ‘La grande vitesse’. EfeCuelgan en una de las salas sus pinturas abstractas. En octubre de 1930, Calder visitó el estudio parisino de Piet Mondrian. Fue para él un shock. Quedó profundamente conmovido por el espacio de trabajo de este pionero del arte abstracto. Su trabajo dio un giro radical hacia la abstracción. «Esa visita me impactó profundamente y fue el punto de partida», recordaba el artista tiempo después. Durante las dos semanas siguientes produjo una serie de pinturas libres de referencias figurativas. Continuamos la visita y nos topamos con peces que parecen nadar por una de las salas (son el motivo de una docena de móviles suspendidos que realizó en los años 40 y 50); esculturas en bronce, gongs (móviles con elementos sonoros) y torres (construcciones arquitectónicas de alambre articuladas a lo largo de un eje diagonal), ‘Constelaciones’ (realizadas en su estudio de Roxbury en madera tallada y alambre y presentadas en 1943 en la galería Pierre Matisse de Nueva York, son ensamblajes que parecen trepar por las paredes), ‘Crags & Critters’ (criaturas fantásticas que semejan duendes juguetones, en metal negro recortado)… En una de las galerías se muestran sus exquisitas joyas (unas en vitrinas, otras en maniquíes). En 1906 creó sus primera piezas de joyería para las muñecas de su hermana Peggy. Desde finales de la década de 1920 elaboró obras únicas utilizando alambre con fragmentos de cristal o cerámica. Más tarde usaría plata e incluso oro. Son concebidas como esculturas portátiles. Se exhiben pulseras, pendientes, anillos, cinturones, collares, broches, tiaras y coronas… Hizo joyas para su esposa, Louisa, para Charlotte Perriand, Jeanne Buñuel, Peggy Guggenheim, Georgia O’Keeffe, Bella Chagall o Elisa Breton. No faltan esculturas monumentales como la maqueta en metal rojo de ‘La grande vitesse’, que realizó para Grand Rapids en Michigan. Algunos de los exquisitos retratos en alambre realizados por Calder. EfeOtra de las atracciones de la muestra es la maqueta (a escala 1:3) de su ‘Fuente de mercurio’ , que se exhibió junto al ‘ Guernica’ en la Exposición Internacional del 37 en París . Es un préstamo de la Fundación Calder. El artista fue invitado por el arquitecto Josep Lluís Sert para diseñar una fuente en el pabellón español de la República española. Utilizó mercurio (un material altamente tóxico) de las minas de Almadén. Simbolizó la resistencia republicana durante la Guerra Civil. El mercurio fluía por las formas redondeadas por Calder y, al entrar en la fuente, movía la parte inferior del móvil, donde la estructura de alambre que cuelga arriba y que reza ‘Almadén’, junto con el disco rojo, vibran constantemente. Calder donó la pieza a la Fundación Miró de Barcelona. Una maqueta se exhibe en el Reina Sofía, a unos metros del ‘Guernica’. Una fotografía de Hugo P. Herdeg inmortalizó a Calder junto a su fuente ante el ‘Guernica’. Sartre fue el mejor crítico de la obra de Alexander Calder. «No conozco arte menos falso que el suyo. Sus esculturas son extrañas criaturas, a medio camino entre la materia y la vida. Sus móviles son a la vez invenciones líricas, combinaciones técnicas, casi matemáticas, y el símbolo tangible de la naturaleza. Son objetos definidos por su movimiento e inexistentes sin él. Se alimentan del aire, lo respiran y toman su vida de la atmósfera». La participación del espectador es fundamental para completar su obra. Durante un tiempo se permitía al público tocar sus esculturas en las exposiciones. En una organizada por el MoMA en 1943 colgaba un letrero que decía: ‘Por favor, toque’. Lo mismo ocurrió en otra celebrada en la Tate en 1962. Pero las cosas se descontrolaron dos años después en el Guggenheim de Nueva York. Peces parecen nadar por una de las salas de la exposición. EfeGran premio de Escultura en la Bienal de Venecia de 1952 , Alexander Calder no conocía límites. Hizo escenografías móviles para un ballet de Martha Graham y para un drama sinfónico de Erik Satie. Aceptó el reto de pintar un BMW, que compitió en Las 24 Horas de Le Mans. Fue un encargo del piloto Hervé Poulain en 1975. ‘Art Car. BMW 3.0 CLS’ pudo verse en la exposición que le dedicó a Calder el Centro Botín de Santander en 2019. En 1973, se atrevió a pintar un avión de pasajeros para Braniff International Airways. Se llamó ‘Flying Colors of the United States’. Es la obra en movimiento más grande de la Historia. Bernard Arnault, presidente de la Fundación Luis Vuitton , subraya que «Calder se muestra más contemporáneo y con mayor visión de futuro que nunca. Creó un universo propio donde la vida alza el vuelo y los sueños dialogan con el espacio y el tiempo. Es un artista fascinante y cautivador . Durante la construcción de la Fundación Louis Vuitton, mi asesor Jean-Paul Claverie y yo solíamos hablar de lo increíble que sería ver algún día los espacios diseñados por Frank Gehry acoger las esculturas de Calder. Ese sueño se ha hecho realidad». Es, sin duda, una de las grandes atracciones de la temporada artística parisina. Llevaba el arte en el ADN: su madre era pintora, su padre y su abuelo, escultores. «No me criaron, me enmarcaron», decía. Sin embargo, se graduó en ingeniería mecánica. Pero como los genes tiran mucho era inevitable su vocación artística. Se formó en la Arts Students League de Nueva York. Alexander Calder (Filadelfia, 1898-Nueva York, 1976) , « escultor del viento, herrero lunar , poeta guiado por los instintos de un científico», como le han definido, regresa a París, adonde llegó en 1926 cargado de ilusiones y brillantes ideas. Muy pronto se integró en la comunidad artística del efervescente Montparnasse de la época.¿Por qué el arte debe ser estático?, se preguntaba Calder. No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverseBajo el título ‘Soñar en equilibrio’ , una excepcional retrospectiva en la Fundación Louis Vuitton de París conmemora un doble aniversario: los cien años de la llegada de Calder a la capital francesa, en 1926, y los cincuenta de su muerte, en 1976. Los celebérrimos móviles de Calder parecen flotar en los espacios creados por Frank Gehry , transformando la exposición en una hermosa danza coreografiada. «Nada es fijo», rezaba el credo del escultor, quien un día se preguntó: ¿Por qué el arte debe ser estático? No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverse. El arte del siglo XX echó a andar. Calder esculpió el movimiento.Siempre destacó la modernidad radical de su pensamiento y su práctica artística. Su poderosa influencia en las generaciones posteriores sigue aún vigente. Es una de las exposiciones más completas hasta la fecha de este creador inclasificable, y ha habido muchas en todo el mundo (la que le dedicó el MoMA en 1943 lo consagró como uno de los maestros del arte moderno). Las cifras hablan por sí solas: 317 obras (135 esculturas, 20 pinturas, 30 trabajos sobre papel, 51 joyas, 34 fotografías y cuatro audiovisuales) ocupan todos los espacios del edificio de Gehry ( más de 3.000 metros cuadrados ), incluido por primera vez el jardín, donde se exhiben dos esculturas monumentales: ‘Black Flag’ (Bandera negra) y ‘Five Swords’ (Cinco espadas). En el vestíbulo de la fundación recibe al visitante el móvil ‘Rouge triomphant’, de la colección Nahmad. Noticia relacionada general No No Un nuevo informe del ‘Guernica’ elaborado por el Reina Sofía «desaconseja su traslado» Natividad PulidoCalder, el artista norteamericano más francés, no está solo en este emocionante viaje de regreso a París. Le acompañan colegas y amigos como Miró, Arp, Picasso, Kandinsky, Klee, Léger, Barbara Hepworth, Mondrian, Hélion… y un grupo de célebres fotógrafos que inmortalizaron al artista y documentaron su proceso de trabajo: Cartier-Bresson, André Kertész, Ugo Mulas, Arnold Newman, Irving Penn, Man Ray o Garry Winogrand, entre otros. Corpulento y con cara de mal genio en la mayoría de las instantáneas, cuentan que tenía un gran sentido del humor. Y talento, a raudales. Móviles y estables de Calder, en una sala de la muestra. EfeEl imponente edificio de Gehry en el Bois de Boulogne parisino desvela, hasta el 16 de agosto, todas las facetas del creador norteamericano y todas sus etapas, desde finales de la década de 1920 hasta sus esculturas monumentales para espacios públicos de los 60 y 70. Los comisarios, Suzanne Pagé, Dieter Buchhart y Anna Karina Hofbauer, plantean un recorrido cronológico y temático. En colaboración con la Fundación Calder (principal prestadora, la preside Alexander S. C. Rower , nieto del artista), y con obras cedidas por los museos más señeros del mundo y colecciones privadas con pedigrí, destaca un préstamo excepcional del Whitney Museum de Nueva York, que ha cedido el Circo Calder , una delicia con la que arranca la muestra en una sala con paredes oscuras. Apenas suele prestarse. Considerado el antecedente de la performance y el happening , este circo en miniatura, a caballo entre el arte y el teatro, entre el cabaret dadaísta y el music-hall, fue el laboratorio donde pudo experimentar sus ideas más locas. Se convirtió en todo un acontecimiento en la capital, cautivando a la vanguardia parisina. Acudieron a ver sus representaciones Le Corbusier, Karl Einstein, Fernand Léger, Piet Mondrian, Jean Cocteau, Theo van Doesburg… Lo comenzó en 1926 en su estudio de la rue Daguerre y lo completó cinco años después, en 1931. Dio vida a diminutos acróbatas, payasos, domadores, equilibristas, bailarinas…, realizados con mimo con materiales humildes como alambre, tela, cuerda, caucho o corcho. Calder es el maestro de ceremonias. El inventario del Whitney atesora 69 personajes y animales, ocho sistemas mecánicos, noventa accesorios (telas, alfombras, lámparas), elementos para los efectos de sonido y cinco maletas para su transporte. En una película de Carlos Vilardebó, de 1961, vemos a Calder accionando su circo. Es increíble verlo en acción.Un hombre observa uno de los hermosos móviles de Calder. EfeLos trabajos expuestos a través de una docena de galerías en distintas plantas de la Fundación Louis Vuitton abarcan medio siglo de creación y abordan todas las preocupaciones artísticas de Calder: el movimiento, la luz, los materiales humildes, el sonido, la gravedad, el espacio… Hay en la muestra una apabullante selección de sus famosos móviles (de todos los tamaños y formas): ‘Eucalyptus’, ‘Peacock’, ‘Lily of Force’, ‘Blizzard’… Son muy fotogénicos. Al comienzo eran accionados manual o mecánicamente; más tarde, cobraban vida con solo una ráfaga de aire. El término ‘móviles’ fue acuñado por Duchamp en 1931. También están presentes sus ‘stabiles’ (estables): así fueron bautizabas por Arp sus piezas estáticas de los años 30, siguiendo el vocabulario duchampiano. Durante el recorrido admiramos sus exquisitos retratos en alambre , cuya sombra se refleja en las paredes. Calder dibujó con alambre en el espacio. Quiso eliminar la masa de la escultura con un material flexible y ligero que le permitía incorporar movimientos a sus esculturas. Retrata a personajes como Kiki de Montparnasse, a la que vemos posando para el suyo en una película, o Joséphine Baker, musas ambas del París canalla de los locos años 20. Calder los denominó ‘dibujos lineales tridimensionales’ y le valieron el sobrenombre del ‘rey del alambre’ . Su universo creativo está repleto de materiales humildes, sencillos, encontrados, desechados y reciclados. Una escultura monumental de Calder, maqueta de ‘La grande vitesse’. EfeCuelgan en una de las salas sus pinturas abstractas. En octubre de 1930, Calder visitó el estudio parisino de Piet Mondrian. Fue para él un shock. Quedó profundamente conmovido por el espacio de trabajo de este pionero del arte abstracto. Su trabajo dio un giro radical hacia la abstracción. «Esa visita me impactó profundamente y fue el punto de partida», recordaba el artista tiempo después. Durante las dos semanas siguientes produjo una serie de pinturas libres de referencias figurativas. Continuamos la visita y nos topamos con peces que parecen nadar por una de las salas (son el motivo de una docena de móviles suspendidos que realizó en los años 40 y 50); esculturas en bronce, gongs (móviles con elementos sonoros) y torres (construcciones arquitectónicas de alambre articuladas a lo largo de un eje diagonal), ‘Constelaciones’ (realizadas en su estudio de Roxbury en madera tallada y alambre y presentadas en 1943 en la galería Pierre Matisse de Nueva York, son ensamblajes que parecen trepar por las paredes), ‘Crags & Critters’ (criaturas fantásticas que semejan duendes juguetones, en metal negro recortado)… En una de las galerías se muestran sus exquisitas joyas (unas en vitrinas, otras en maniquíes). En 1906 creó sus primera piezas de joyería para las muñecas de su hermana Peggy. Desde finales de la década de 1920 elaboró obras únicas utilizando alambre con fragmentos de cristal o cerámica. Más tarde usaría plata e incluso oro. Son concebidas como esculturas portátiles. Se exhiben pulseras, pendientes, anillos, cinturones, collares, broches, tiaras y coronas… Hizo joyas para su esposa, Louisa, para Charlotte Perriand, Jeanne Buñuel, Peggy Guggenheim, Georgia O’Keeffe, Bella Chagall o Elisa Breton. No faltan esculturas monumentales como la maqueta en metal rojo de ‘La grande vitesse’, que realizó para Grand Rapids en Michigan. Algunos de los exquisitos retratos en alambre realizados por Calder. EfeOtra de las atracciones de la muestra es la maqueta (a escala 1:3) de su ‘Fuente de mercurio’ , que se exhibió junto al ‘ Guernica’ en la Exposición Internacional del 37 en París . Es un préstamo de la Fundación Calder. El artista fue invitado por el arquitecto Josep Lluís Sert para diseñar una fuente en el pabellón español de la República española. Utilizó mercurio (un material altamente tóxico) de las minas de Almadén. Simbolizó la resistencia republicana durante la Guerra Civil. El mercurio fluía por las formas redondeadas por Calder y, al entrar en la fuente, movía la parte inferior del móvil, donde la estructura de alambre que cuelga arriba y que reza ‘Almadén’, junto con el disco rojo, vibran constantemente. Calder donó la pieza a la Fundación Miró de Barcelona. Una maqueta se exhibe en el Reina Sofía, a unos metros del ‘Guernica’. Una fotografía de Hugo P. Herdeg inmortalizó a Calder junto a su fuente ante el ‘Guernica’. Sartre fue el mejor crítico de la obra de Alexander Calder. «No conozco arte menos falso que el suyo. Sus esculturas son extrañas criaturas, a medio camino entre la materia y la vida. Sus móviles son a la vez invenciones líricas, combinaciones técnicas, casi matemáticas, y el símbolo tangible de la naturaleza. Son objetos definidos por su movimiento e inexistentes sin él. Se alimentan del aire, lo respiran y toman su vida de la atmósfera». La participación del espectador es fundamental para completar su obra. Durante un tiempo se permitía al público tocar sus esculturas en las exposiciones. En una organizada por el MoMA en 1943 colgaba un letrero que decía: ‘Por favor, toque’. Lo mismo ocurrió en otra celebrada en la Tate en 1962. Pero las cosas se descontrolaron dos años después en el Guggenheim de Nueva York. Peces parecen nadar por una de las salas de la exposición. EfeGran premio de Escultura en la Bienal de Venecia de 1952 , Alexander Calder no conocía límites. Hizo escenografías móviles para un ballet de Martha Graham y para un drama sinfónico de Erik Satie. Aceptó el reto de pintar un BMW, que compitió en Las 24 Horas de Le Mans. Fue un encargo del piloto Hervé Poulain en 1975. ‘Art Car. BMW 3.0 CLS’ pudo verse en la exposición que le dedicó a Calder el Centro Botín de Santander en 2019. En 1973, se atrevió a pintar un avión de pasajeros para Braniff International Airways. Se llamó ‘Flying Colors of the United States’. Es la obra en movimiento más grande de la Historia. Bernard Arnault, presidente de la Fundación Luis Vuitton , subraya que «Calder se muestra más contemporáneo y con mayor visión de futuro que nunca. Creó un universo propio donde la vida alza el vuelo y los sueños dialogan con el espacio y el tiempo. Es un artista fascinante y cautivador . Durante la construcción de la Fundación Louis Vuitton, mi asesor Jean-Paul Claverie y yo solíamos hablar de lo increíble que sería ver algún día los espacios diseñados por Frank Gehry acoger las esculturas de Calder. Ese sueño se ha hecho realidad». Es, sin duda, una de las grandes atracciones de la temporada artística parisina.  

Llevaba el arte en el ADN: su madre era pintora, su padre y su abuelo, escultores. «No me criaron, me enmarcaron», decía. Sin embargo, se graduó en ingeniería mecánica. Pero como los genes tiran mucho era inevitable su vocación artística. Se formó en la Arts … Students League de Nueva York. Alexander Calder (Filadelfia, 1898-Nueva York, 1976), «escultor del viento, herrero lunar, poeta guiado por los instintos de un científico», como le han definido, regresa a París, adonde llegó en 1926 cargado de ilusiones y brillantes ideas. Muy pronto se integró en la comunidad artística del efervescente Montparnasse de la época.

¿Por qué el arte debe ser estático?, se preguntaba Calder. No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverse

Bajo el título ‘Soñar en equilibrio’, una excepcional retrospectiva en la Fundación Louis Vuitton de París conmemora un doble aniversario: los cien años de la llegada de Calder a la capital francesa, en 1926, y los cincuenta de su muerte, en 1976. Los celebérrimos móviles de Calder parecen flotar en los espacios creados por Frank Gehry, transformando la exposición en una hermosa danza coreografiada. «Nada es fijo», rezaba el credo del escultor, quien un día se preguntó: ¿Por qué el arte debe ser estático? No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverse. El arte del siglo XX echó a andar. Calder esculpió el movimiento.

Siempre destacó la modernidad radical de su pensamiento y su práctica artística. Su poderosa influencia en las generaciones posteriores sigue aún vigente. Es una de las exposiciones más completas hasta la fecha de este creador inclasificable, y ha habido muchas en todo el mundo (la que le dedicó el MoMA en 1943 lo consagró como uno de los maestros del arte moderno). Las cifras hablan por sí solas: 317 obras (135 esculturas, 20 pinturas, 30 trabajos sobre papel, 51 joyas, 34 fotografías y cuatro audiovisuales) ocupan todos los espacios del edificio de Gehry (más de 3.000 metros cuadrados), incluido por primera vez el jardín, donde se exhiben dos esculturas monumentales: ‘Black Flag’ (Bandera negra) y ‘Five Swords’ (Cinco espadas). En el vestíbulo de la fundación recibe al visitante el móvil ‘Rouge triomphant’, de la colección Nahmad.

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Calder, el artista norteamericano más francés, no está solo en este emocionante viaje de regreso a París. Le acompañan colegas y amigos como Miró, Arp, Picasso, Kandinsky, Klee, Léger, Barbara Hepworth, Mondrian, Hélion… y un grupo de célebres fotógrafos que inmortalizaron al artista y documentaron su proceso de trabajo: Cartier-Bresson, André Kertész, Ugo Mulas, Arnold Newman, Irving Penn, Man Ray o Garry Winogrand, entre otros. Corpulento y con cara de mal genio en la mayoría de las instantáneas, cuentan que tenía un gran sentido del humor. Y talento, a raudales.

Móviles y estables de Calder, en una sala de la muestra.
Móviles y estables de Calder, en una sala de la muestra.
(Efe)

El imponente edificio de Gehry en el Bois de Boulogne parisino desvela, hasta el 16 de agosto, todas las facetas del creador norteamericano y todas sus etapas, desde finales de la década de 1920 hasta sus esculturas monumentales para espacios públicos de los 60 y 70. Los comisarios, Suzanne Pagé, Dieter Buchhart y Anna Karina Hofbauer, plantean un recorrido cronológico y temático. En colaboración con la Fundación Calder (principal prestadora, la preside Alexander S. C. Rower, nieto del artista), y con obras cedidas por los museos más señeros del mundo y colecciones privadas con pedigrí, destaca un préstamo excepcional del Whitney Museum de Nueva York, que ha cedido el Circo Calder, una delicia con la que arranca la muestra en una sala con paredes oscuras. Apenas suele prestarse.

Considerado el antecedente de la performance y el happening, este circo en miniatura, a caballo entre el arte y el teatro, entre el cabaret dadaísta y el music-hall, fue el laboratorio donde pudo experimentar sus ideas más locas. Se convirtió en todo un acontecimiento en la capital, cautivando a la vanguardia parisina. Acudieron a ver sus representaciones Le Corbusier, Karl Einstein, Fernand Léger, Piet Mondrian, Jean Cocteau, Theo van Doesburg… Lo comenzó en 1926 en su estudio de la rue Daguerre y lo completó cinco años después, en 1931. Dio vida a diminutos acróbatas, payasos, domadores, equilibristas, bailarinas…, realizados con mimo con materiales humildes como alambre, tela, cuerda, caucho o corcho. Calder es el maestro de ceremonias. El inventario del Whitney atesora 69 personajes y animales, ocho sistemas mecánicos, noventa accesorios (telas, alfombras, lámparas), elementos para los efectos de sonido y cinco maletas para su transporte. En una película de Carlos Vilardebó, de 1961, vemos a Calder accionando su circo. Es increíble verlo en acción.

Un hombre observa uno de los hermosos móviles de Calder.
Un hombre observa uno de los hermosos móviles de Calder.
(Efe)

Los trabajos expuestos a través de una docena de galerías en distintas plantas de la Fundación Louis Vuitton abarcan medio siglo de creación y abordan todas las preocupaciones artísticas de Calder: el movimiento, la luz, los materiales humildes, el sonido, la gravedad, el espacio… Hay en la muestra una apabullante selección de sus famosos móviles (de todos los tamaños y formas): ‘Eucalyptus’, ‘Peacock’, ‘Lily of Force’, ‘Blizzard’… Son muy fotogénicos. Al comienzo eran accionados manual o mecánicamente; más tarde, cobraban vida con solo una ráfaga de aire. El término ‘móviles’ fue acuñado por Duchamp en 1931. También están presentes sus ‘stabiles’ (estables): así fueron bautizabas por Arp sus piezas estáticas de los años 30, siguiendo el vocabulario duchampiano.

Durante el recorrido admiramos sus exquisitos retratos en alambre, cuya sombra se refleja en las paredes. Calder dibujó con alambre en el espacio. Quiso eliminar la masa de la escultura con un material flexible y ligero que le permitía incorporar movimientos a sus esculturas. Retrata a personajes como Kiki de Montparnasse, a la que vemos posando para el suyo en una película, o Joséphine Baker, musas ambas del París canalla de los locos años 20. Calder los denominó ‘dibujos lineales tridimensionales’ y le valieron el sobrenombre del ‘rey del alambre’. Su universo creativo está repleto de materiales humildes, sencillos, encontrados, desechados y reciclados.

Una escultura monumental de Calder, maqueta de 'La grande vitesse'.
Una escultura monumental de Calder, maqueta de ‘La grande vitesse’.
(Efe)

Cuelgan en una de las salas sus pinturas abstractas. En octubre de 1930, Calder visitó el estudio parisino de Piet Mondrian. Fue para él un shock. Quedó profundamente conmovido por el espacio de trabajo de este pionero del arte abstracto. Su trabajo dio un giro radical hacia la abstracción. «Esa visita me impactó profundamente y fue el punto de partida», recordaba el artista tiempo después. Durante las dos semanas siguientes produjo una serie de pinturas libres de referencias figurativas.

Continuamos la visita y nos topamos con peces que parecen nadar por una de las salas (son el motivo de una docena de móviles suspendidos que realizó en los años 40 y 50); esculturas en bronce, gongs (móviles con elementos sonoros) y torres (construcciones arquitectónicas de alambre articuladas a lo largo de un eje diagonal), ‘Constelaciones’ (realizadas en su estudio de Roxbury en madera tallada y alambre y presentadas en 1943 en la galería Pierre Matisse de Nueva York, son ensamblajes que parecen trepar por las paredes), ‘Crags & Critters’ (criaturas fantásticas que semejan duendes juguetones, en metal negro recortado)…

En una de las galerías se muestran sus exquisitas joyas (unas en vitrinas, otras en maniquíes). En 1906 creó sus primera piezas de joyería para las muñecas de su hermana Peggy. Desde finales de la década de 1920 elaboró obras únicas utilizando alambre con fragmentos de cristal o cerámica. Más tarde usaría plata e incluso oro. Son concebidas como esculturas portátiles. Se exhiben pulseras, pendientes, anillos, cinturones, collares, broches, tiaras y coronas… Hizo joyas para su esposa, Louisa, para Charlotte Perriand, Jeanne Buñuel, Peggy Guggenheim, Georgia O’Keeffe, Bella Chagall o Elisa Breton. No faltan esculturas monumentales como la maqueta en metal rojo de ‘La grande vitesse’, que realizó para Grand Rapids en Michigan.

Algunos de los exquisitos retratos en alambre realizados por Calder.
Algunos de los exquisitos retratos en alambre realizados por Calder.
(Efe)

Otra de las atracciones de la muestra es la maqueta (a escala 1:3) de su ‘Fuente de mercurio’, que se exhibió junto al ‘Guernica’ en la Exposición Internacional del 37 en París. Es un préstamo de la Fundación Calder. El artista fue invitado por el arquitecto Josep Lluís Sert para diseñar una fuente en el pabellón español de la República española. Utilizó mercurio (un material altamente tóxico) de las minas de Almadén. Simbolizó la resistencia republicana durante la Guerra Civil. El mercurio fluía por las formas redondeadas por Calder y, al entrar en la fuente, movía la parte inferior del móvil, donde la estructura de alambre que cuelga arriba y que reza ‘Almadén’, junto con el disco rojo, vibran constantemente. Calder donó la pieza a la Fundación Miró de Barcelona. Una maqueta se exhibe en el Reina Sofía, a unos metros del ‘Guernica’. Una fotografía de Hugo P. Herdeg inmortalizó a Calder junto a su fuente ante el ‘Guernica’.

Sartre fue el mejor crítico de la obra de Alexander Calder. «No conozco arte menos falso que el suyo. Sus esculturas son extrañas criaturas, a medio camino entre la materia y la vida. Sus móviles son a la vez invenciones líricas, combinaciones técnicas, casi matemáticas, y el símbolo tangible de la naturaleza. Son objetos definidos por su movimiento e inexistentes sin él. Se alimentan del aire, lo respiran y toman su vida de la atmósfera». La participación del espectador es fundamental para completar su obra. Durante un tiempo se permitía al público tocar sus esculturas en las exposiciones. En una organizada por el MoMA en 1943 colgaba un letrero que decía: ‘Por favor, toque’. Lo mismo ocurrió en otra celebrada en la Tate en 1962. Pero las cosas se descontrolaron dos años después en el Guggenheim de Nueva York.

Peces parecen nadar por una de las salas de la exposición.
Peces parecen nadar por una de las salas de la exposición.
(Efe)

Gran premio de Escultura en la Bienal de Venecia de 1952, Alexander Calder no conocía límites. Hizo escenografías móviles para un ballet de Martha Graham y para un drama sinfónico de Erik Satie. Aceptó el reto de pintar un BMW, que compitió en Las 24 Horas de Le Mans. Fue un encargo del piloto Hervé Poulain en 1975. ‘Art Car. BMW 3.0 CLS’ pudo verse en la exposición que le dedicó a Calder el Centro Botín de Santander en 2019. En 1973, se atrevió a pintar un avión de pasajeros para Braniff International Airways. Se llamó ‘Flying Colors of the United States’. Es la obra en movimiento más grande de la Historia.

Bernard Arnault, presidente de la Fundación Luis Vuitton, subraya que «Calder se muestra más contemporáneo y con mayor visión de futuro que nunca. Creó un universo propio donde la vida alza el vuelo y los sueños dialogan con el espacio y el tiempo. Es un artista fascinante y cautivador. Durante la construcción de la Fundación Louis Vuitton, mi asesor Jean-Paul Claverie y yo solíamos hablar de lo increíble que sería ver algún día los espacios diseñados por Frank Gehry acoger las esculturas de Calder. Ese sueño se ha hecho realidad». Es, sin duda, una de las grandes atracciones de la temporada artística parisina.

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