El mensaje principal del primer gran mitin de precampaña andaluza este domingo en Córdoba con el líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de la comunidad, Juan Manuel Moreno Bonilla, es que hay que evitar por todos los medios que se repita “lo de Extremadura”. Los populares reniegan del pacto de gobierno de coalición con Vox apenas unos días después de firmarlo y el primer reclamo del PP para movilizar a su electorado en las elecciones del próximo 17 de mayo en Andalucía es, precisamente, que hay que “dejarse la piel” para que no suceda lo mismo que en los pasados comicios autonómicos. La misión, se dicen, ya no es ganar, sino evitar “el lío”, eufemismo muy consolidado internamente con el que el PP se refiere a saltarse sus líneas rojas y asumir postulados que jamás había asumido antes de que el partido escisión de extrema derecha empezase a morder en su electorado.
Moreno Bonilla: “No nos podemos permitir lo que nuestros hermanos extremeños”. Feijóo critica la falta de experiencia de gestión del partido de Abascal tras entregarles una vicepresidencia y dos consejerías
El mensaje principal del primer gran mitin de precampaña andaluza este domingo en Córdoba con el líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de la comunidad, Juan Manuel Moreno Bonilla, es que hay que evitar por todos los medios que se repita “lo de Extremadura”. Los populares reniegan del pacto de gobierno de coalición con Vox apenas unos días después de firmarlo y el primer reclamo del PP para movilizar a su electorado en las elecciones del próximo 17 de mayo en Andalucía es, precisamente, que hay que “dejarse la piel” para que no suceda lo mismo que en los pasados comicios autonómicos. La misión, se dicen, ya no es ganar, sino evitar “el lío”, eufemismo muy consolidado internamente con el que el PP se refiere a saltarse sus líneas rojas y asumir postulados que jamás había asumido antes de que el partido escisión de extrema derecha empezase a morder en su electorado.
En el entorno de Moreno Bonilla son conscientes de que la amenaza de la formación de Santiago Abascal sigue ahí, pero, al tiempo, creen que el “mal ejemplo” de Extremadura, con su baronesa desdiciéndose por escrito del rechazo solemne a las políticas de Vox que había manifestado ante las cámaras —“Yo no puedo dejar entrar en mi Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista, deshumanizan a los inmigrantes y tiran a la papelera la bandera LGTBI”, decía—, sirva para movilizar a los suyos: a los que ya tienen y a los que dudan entre su papeleta y la de Vox.
Moreno Bonilla, que sabe que ostenta una especie en extinción, la mayoría absoluta, se cuidó mucho de pronunciar las dos palabras juntas, refiriéndose en todo momento al objetivo como “mayoría de estabilidad”, pero avisó a un público entregado —alcaldes y concejales del PP en la comunidad reunidos en el Parador de Córdoba— de que, por muchas palmaditas en la espalda que le dan en la calle, y por mucho que le digan que va a “arrasar”, repetir la hazaña es “muy difícil”. Apenas unas horas después de la final de la Copa del Rey, disputada este sábado en Sevilla, el presidente andaluz recurrió a un símil futbolístico: “Que nadie crea que esto está ganado. Va a ser una final, probablemente, a penaltis”. Y a continuación, añadió: “No nos podemos permitir el lujo de nuestros hermanos extremeños, que han estado seis meses bloqueados por el capricho de otra fuerza política. Nosotros no vamos detrás de nadie. Hemos trazado nuestro propio camino”. Una senda que describió como de “moderación, concordia, sensatez y buena educación, sin broncas ni insultos, frente a otros tiempos”, subrayó, en los que su partido había “intentado imitar lo que hacían los demás”, en alusión al eterno dilema del PP sobre cómo relacionarse con Vox. “No nos podemos conformar con el sobresaliente. Necesitamos matrícula de honor para no meternos en líos”, insistió.
Feijóo sí pronunció las dos palabras juntas, “mayoría absoluta”, para recordar las cuatro que cosechó en Galicia y reivindicarse ante el público —este domingo en Córdoba el más reclamado para los selfis era el presidente andaluz, no el aspirante a La Moncloa— tras fracasar en su primer intento de desalojar a Sánchez del Gobierno. El líder del PP retomó el símil futbolístico empleado por Moreno Bonilla para decir que era “el mejor portero” que podía tener Andalucía, pero, al igual que el candidato a revalidar la presidencia de la Junta, insistió en que “el partido no puede darse por ganado”. “La gente es libre de votar a quien quiera”, añadió, “pero el lío no resuelve nada. Solo retrasa las soluciones”.
Al contrario que en otros mítines de campaña electoral de los últimos meses, el candidato del PP no aludió a los grandes hits de Vox, a los que una parte del partido atribuye buena parte de la pérdida de votos. No aparecieron en su discurso ni la inmigración ni las habituales batallas culturales de la extrema derecha que los populares asumen de tanto en tanto, según interpreten las encuestas. “Nosotros sabemos hacer algo más que señalar el problema. Sabemos resolverlo. No tenemos varitas mágicas, tenemos buenos equipos”, declaró Moreno Bonilla. “¿Usted ha gestionado alguna vez algo?“, preguntó Feijóo desde el escenario a un imaginario miembro de Vox. ”Yo no quiero que me opere el médico que no ha operado a nadie antes», añadió, obviando que en Extremadura acaban de entregarles tres quirófanos: una vicepresidencia y las consejerías de Desregulación, Servicios Sociales y Familia, por un lado, y la de Agricultura, Ganadería y Medio Natural, por otro.
El presidente andaluz no incluyó en su balance la crisis de cribados de cáncer en su región, aunque admitió que las “listas de espera son altas [están por encima de la media española]”. Sí presumió de las bajadas de impuestos aprobadas y las que quedan por venir. Feijóo, por si acaso, quiso añadir posteriormente, durante su intervención: “Es perfectamente compatible tener servicios públicos que funcionan y pagar menos impuestos. ¿Dónde se demuestra eso? En Andalucía». Los habitantes de la comunidad son, sin embargo, los españoles que peor nota ponen a su sistema de salud, según el último Barómetro sanitario del CIS: solo un 38,8% lo valora positivamente, casi 13 puntos por debajo de la media nacional. Centra, el estudio de opinión del Gobierno andaluz, también recoge que la sanidad es el primer problema en la región, por encima del desempleo.
La política fiscal acaparó buena parte de las intervenciones de Feijóo y Moreno Bonilla, porque, además de ser marca de la casa y clásico de campaña, permite a los populares atacar a la contrincante socialista, María Jesús Montero, exvicepresidenta primera del Gobierno y exministra de Hacienda. Feijóo acusó al Gobierno central de practicar un “ensañamiento recaudatorio” que hace que los españoles se pregunten “si merece la pena trabajar”. “Y las recetas de Sánchez”, añadió, “las cocina muy bien Montero. Ese es el menú que quieren para Andalucía”. El líder del PP auguró que los socialistas tocarán suelo en las elecciones del próximo 17 de mayo y que su candidata “volverá a Madrid”. Moreno Bonilla criticó a su rival por no haber hecho más por su comunidad mientras estuvo en el Ejecutivo central pese a ser andaluza e incluso bromeó con Feijóo que era más conveniente que no le hiciera vicepresidente del Gobierno porque él estaría siempre “dando la cara por Andalucía”. Acto seguido, se autodescartó para cualquier carrera sucesoria: “Yo no me voy a mover de Andalucía en la vida”. La socialista Montero, por cierto, evitó recientemente comprometerse a anular las bajadas de impuestos aprobadas por el PP en la comunidad si logra gobernar. Oficialmente, se llama precampaña electoral, pero todos los candidatos llevan tiempo ya inmersos en la campaña permanente, donde el objetivo primordial es no pisar callos. Y sobre todo, no meterse en líos.
