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  Cultura  Carmen Laffón en el Thyssen: sentido y sensibilidad
Cultura

Carmen Laffón en el Thyssen: sentido y sensibilidad

junio 20, 2026
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En 2021 nos dejó una de las mejores y más personales pintoras españolas contemporáneas. La sevillana Carmen Laffón fallecía en su casa de La Jara , en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), un paisaje y una luz que se colaron en muchos de sus lienzos y dibujos. Pertenece a una generación de creadoras que, gracias a importantes retrospectivas, van ocupando el lugar que merecen. Así ocurrió con Amalia Avia en la Sala Alcalá 31, con Isabel Quintanilla en el Museo Thyssen o hace tan solo unos días con María Moreno en el Museo del Realismo Español Contemporáneo de Almería. De nuevo es el Thyssen el que exhuma, por vez primera tras su muerte, a esta espléndida artista, la más abstracta de las figurativas de nuestro país y cuya pintura es tan sutil, discreta, elegante, exquisita y de gran sensibilidad como lo era ella misma. Eso que hoy llamamos ‘lujo silencioso’. Su trabajo es poético y sentimental, transmite calma y paz. Carmen Laffón, 1960. Archivo Familia LaffónMientras se ultima el montaje de la exposición, que se abre al público del 23 de junio al 27 de septiembre , recorremos las salas junto con la comisaria, Paula Luengo, jefa de exposiciones del Museo Thyssen. Más que una muestra, es un homenaje a la artista. Reúne 77 obras , entre óleos, carboncillos y esculturas (desde 1990, Laffón también esculpe). Entre los prestadores, muchos coleccionistas privados -cuenta con fieles y entusiastas seguidores-, especialmente su familia, encabezada por su sobrino Manuel. El título de la muestra, ‘Carmen Laffón. Variaciones’, explica la forma en la que trabajaba la artista, siempre en series. Quizá este gusto por las variaciones le venga de la música. Desde muy pequeña estudió piano.Pinta objetos cotidianos (una canasta con ropa blanca, una máquina de coser); también, armarios, repisas y alacenasSus temas recurrentes protagonizan las nueve secciones en que está distribuida la muestra, que se centra en la naturaleza muerta y el paisaje . No hay retratos. Sus hermosos paisajes son tanto interiores como exteriores. Comienza la exposición con los primeros y, concretamente, con una sección dedicada a la infancia : la muñeca Marcelina (su primera serie, de los años 60), que encuentra en casa de una amiga y pinta seis veces. Cuelgan dos: una sombría y más onírica, otra más luminosa. También se exhiben dos de las cunas, de gran formato. Indaga en ellas la vulnerabilidad de los recién nacidos. En una, de 1995, pinta a su sobrina nieta Inés. Son obras íntimas, de su entorno más cercano. Explica Paula Luego que la atmósfera onírica de estas primeras obras «evocan el realismo mágico, como algunas pinturas de la primera etapa de Antonio López ».  Noticia relacionada No No Hammershøi, el pintor del silencio, enmudece el Thyssen Natividad PulidoDe ahí pasamos a sus bodegones o naturalezas muertas, que suelen ser al principio horizontales y divididos en dos planos. El entorno suele aparecer difuminado. Años después aparecería el formato vertical, el paisaje como fondo… Se cuela en la sala un cuadro-escultura con hojas de parra. Le gusta pintar objetos cotidianos que hay en su casa: canastas con ropa blanca y con flores, tres máquinas de coser… Dos están tapadas. Son muy distintas de la que pintó Isabel Quintanilla, que vimos en estas mismas salas. Le interesa el juego de mostrar y ocultar. También cuelgan armarios, repisas y alacenas: unos abiertos, otros entreabiertos o cerrados; en blanco, en negro y en color. Parecen flotar en el espacio. Algunas de sus obras se hallan a medio camino entre la pintura y la escultura. «Para mi labor pictórica fue un inagotable caudal de sugerencias», dijo Carmen Laffón sobre el Coto de DoñanaCarmen Laffón sale de la intimidad de la casa y pinta paisajes urbanos : azoteas, terrazas y vistas de su Sevilla natal, Madrid (la terraza de la casa donde vivía, en María de Molina esquina con Serrano), Sanlúcar de Barrameda o el Coto de Doñana , «un paraje natural que tanto amaba», dice Paula Luengo. «Es el entorno con el que la artista desarrolló un vínculo personal más fuerte. Con el tiempo pasa de ser un tema a ser una razón de ser. Hace suyo el paisaje del Coto a través del sentimiento». Lo explicaba así la propia artista: «La variación continua de este paisaje, la sorpresa que ocasiona a cada hora, sus rumores, sus olores de piedras mojadas, de algas y del mar de Poniente, fueron, y siguen siendo para mi labor pictórica, un inagotable caudal de sugerencias ». Al igual que maestros abstractos como Rothko , Laffón pinta «poéticas manchas de color», algunas en colores pastel; otras en intensos rojos y azules. Y al igual que antes hicieron artistas como Turner, Monet o Seurat, ella plasmaba en sus obras los cambios de luz a lo largo del día, los fenómenos atmosféricos, las distintas estaciones… Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘El Coto desde Sanlucar I’, 2005. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Inés Laffón en la cuna’, 1995. Colección privada. A la derecha, ‘Máquina de coser al uso’, 1966-1967. Colección privada. © Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026Conforme cumplía años, se hacía más abstracta, más moderna. Le interesaba mucho el arte contemporáneo. De sus últimos 25 años son las series que dedica a la cal y a la sal , en las que el color blanco inunda sus lienzos. Entre 2011 y 2015 pinta (y esculpe) utensilios y herramientas que usan los encaladores en un cortijo situado entre Sevilla y Málaga (carretillas, bidones, cubos…) y muros encalados. No aparecen personas. Tampoco en la última de sus series, entre 2017 y 2020, que dedica a las salinas de Bonanza , cerca de su casa y su taller de Sanlúcar. Cuelgan en la muestra siete lienzos de esta serie y un bajorrelieve en escayola. Son sus obras más abstractas . Las montañas de sal semejan icebergs. Para Paula Luego, los blancos de las salinas de Carmen Laffón tienen que ver con los trabajos de artistas como Robert Ryman y Agnes Martin. En la sala final cuelga su célebre ‘Sevilla desde el río’ (aparecen la Torre del Oro y la Giralda), préstamo de la Fundación Cajasol. «Carmen Laffón demuestra una exquisita sensibilidad y delicadeza hacia la luz y el color» Paula Luego Comisaria de la exposiciónPero no acaba ahí la exposición. Continúa en el vestíbulo del Thyssen, fuera de la sala de exposiciones, con sus obras dedicadas a la viña (una serie realizada entre 2006 y 2007). Se vio por vez primera en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Al igual que un tema central en Antonio López es el membrillo (inspirado en un membrillero que hay en su casa), en el caso de Carmen es la viña que había junto a su estudio en Sanlúcar. Cuelgan ‘Vistas de la viña’ (cuatro paneles de madera pintados con carboncillo y témpera, de gran tamaño) y la instalación escultórica ‘Espuertas cargadas con uvas’ (hay 26). Esta serie, dice la comisaria, «es un ejemplo más de la exquisita sensibilidad y delicadeza que Carmen Laffón demuestra hacia la luz y el color a través de sutiles variaciones tonales. Posee una capacidad innata para percibir y contemplar un espacio tan próximo a ella que luego transmite con verdadera emoción». También en el vestíbulo se muestran ‘Orilla desde Bonanza’ y ‘La bajamar’. Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘La sal. Salinas de Bonanza (montaña horadada)’, 2020. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Bidón y carretilla con cubo de cal’, 2012-2013. Colección privada. A la derecha, ‘Vista de la viña I’, 2006-2007. Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla. © Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026Explicaba así la artista que su pintura iba a contracorriente : «Siempre me di cuenta de que pintura era otra cosa, de que yo no podía entrar en las vanguardias con mi mundo figurativo. Entonces, en Madrid, esta opción tenía su rechazo en el mundo artístico. Era estar en contra de corriente. Pero yo tenía un gran entusiasmo con mis cuadros y seguía trabajando». Para la comisaria, «a pesar de mantenerse fiel al arte figurativo, Laffón va a ser receptiva o enormemente sensible al informalismo o la abstracción, como por ejemplo a la pintura lírica de Zóbel o a la de Gerardo Rueda , con quienes mantendrá una gran amistad de por vida». Su lenguaje artístico, prosigue, no es fácil de definir o clasificar: «Pinta la atmósfera. Sus características composiciones están pintadas a base de veladuras o manchas difuminadas y de contornos borrosos, indefinidos , con un colorido cuidadosamente elegido y aplicado. Carmen posee un sentido muy delicado en las luces, una sutileza en los colores y un refinamiento en la materia pictórica sin igual». Fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, tras la mezzosoprano Teresa BerganzaNacida en Sevilla en 1934, fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando , tras la mezzosoprano Teresa Berganza. En ella coincidió el último año con el grupo de realistas de Madrid (Antonio López, Amalia Avia), con los que entabló una gran amistad. También la tuvo con los miembros del grupo El Paso y el grupo de Cuenca. Expuso en las galerías Biosca, Juana Mordó y Leandro Navarro. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982 e Hija Predilecta de Andalucía en 2013, recibió en 2017 la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. El Reina Sofía le dedicó en 1992 una gran retrospectiva. Pocos días antes de recibir el doctorado ‘honoris causa’ por la Universidad de Jaén, falleció en 2021 a causa de un ictus. En 2021 nos dejó una de las mejores y más personales pintoras españolas contemporáneas. La sevillana Carmen Laffón fallecía en su casa de La Jara , en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), un paisaje y una luz que se colaron en muchos de sus lienzos y dibujos. Pertenece a una generación de creadoras que, gracias a importantes retrospectivas, van ocupando el lugar que merecen. Así ocurrió con Amalia Avia en la Sala Alcalá 31, con Isabel Quintanilla en el Museo Thyssen o hace tan solo unos días con María Moreno en el Museo del Realismo Español Contemporáneo de Almería. De nuevo es el Thyssen el que exhuma, por vez primera tras su muerte, a esta espléndida artista, la más abstracta de las figurativas de nuestro país y cuya pintura es tan sutil, discreta, elegante, exquisita y de gran sensibilidad como lo era ella misma. Eso que hoy llamamos ‘lujo silencioso’. Su trabajo es poético y sentimental, transmite calma y paz. Carmen Laffón, 1960. Archivo Familia LaffónMientras se ultima el montaje de la exposición, que se abre al público del 23 de junio al 27 de septiembre , recorremos las salas junto con la comisaria, Paula Luengo, jefa de exposiciones del Museo Thyssen. Más que una muestra, es un homenaje a la artista. Reúne 77 obras , entre óleos, carboncillos y esculturas (desde 1990, Laffón también esculpe). Entre los prestadores, muchos coleccionistas privados -cuenta con fieles y entusiastas seguidores-, especialmente su familia, encabezada por su sobrino Manuel. El título de la muestra, ‘Carmen Laffón. Variaciones’, explica la forma en la que trabajaba la artista, siempre en series. Quizá este gusto por las variaciones le venga de la música. Desde muy pequeña estudió piano.Pinta objetos cotidianos (una canasta con ropa blanca, una máquina de coser); también, armarios, repisas y alacenasSus temas recurrentes protagonizan las nueve secciones en que está distribuida la muestra, que se centra en la naturaleza muerta y el paisaje . No hay retratos. Sus hermosos paisajes son tanto interiores como exteriores. Comienza la exposición con los primeros y, concretamente, con una sección dedicada a la infancia : la muñeca Marcelina (su primera serie, de los años 60), que encuentra en casa de una amiga y pinta seis veces. Cuelgan dos: una sombría y más onírica, otra más luminosa. También se exhiben dos de las cunas, de gran formato. Indaga en ellas la vulnerabilidad de los recién nacidos. En una, de 1995, pinta a su sobrina nieta Inés. Son obras íntimas, de su entorno más cercano. Explica Paula Luego que la atmósfera onírica de estas primeras obras «evocan el realismo mágico, como algunas pinturas de la primera etapa de Antonio López ».  Noticia relacionada No No Hammershøi, el pintor del silencio, enmudece el Thyssen Natividad PulidoDe ahí pasamos a sus bodegones o naturalezas muertas, que suelen ser al principio horizontales y divididos en dos planos. El entorno suele aparecer difuminado. Años después aparecería el formato vertical, el paisaje como fondo… Se cuela en la sala un cuadro-escultura con hojas de parra. Le gusta pintar objetos cotidianos que hay en su casa: canastas con ropa blanca y con flores, tres máquinas de coser… Dos están tapadas. Son muy distintas de la que pintó Isabel Quintanilla, que vimos en estas mismas salas. Le interesa el juego de mostrar y ocultar. También cuelgan armarios, repisas y alacenas: unos abiertos, otros entreabiertos o cerrados; en blanco, en negro y en color. Parecen flotar en el espacio. Algunas de sus obras se hallan a medio camino entre la pintura y la escultura. «Para mi labor pictórica fue un inagotable caudal de sugerencias», dijo Carmen Laffón sobre el Coto de DoñanaCarmen Laffón sale de la intimidad de la casa y pinta paisajes urbanos : azoteas, terrazas y vistas de su Sevilla natal, Madrid (la terraza de la casa donde vivía, en María de Molina esquina con Serrano), Sanlúcar de Barrameda o el Coto de Doñana , «un paraje natural que tanto amaba», dice Paula Luengo. «Es el entorno con el que la artista desarrolló un vínculo personal más fuerte. Con el tiempo pasa de ser un tema a ser una razón de ser. Hace suyo el paisaje del Coto a través del sentimiento». Lo explicaba así la propia artista: «La variación continua de este paisaje, la sorpresa que ocasiona a cada hora, sus rumores, sus olores de piedras mojadas, de algas y del mar de Poniente, fueron, y siguen siendo para mi labor pictórica, un inagotable caudal de sugerencias ». Al igual que maestros abstractos como Rothko , Laffón pinta «poéticas manchas de color», algunas en colores pastel; otras en intensos rojos y azules. Y al igual que antes hicieron artistas como Turner, Monet o Seurat, ella plasmaba en sus obras los cambios de luz a lo largo del día, los fenómenos atmosféricos, las distintas estaciones… Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘El Coto desde Sanlucar I’, 2005. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Inés Laffón en la cuna’, 1995. Colección privada. A la derecha, ‘Máquina de coser al uso’, 1966-1967. Colección privada. © Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026Conforme cumplía años, se hacía más abstracta, más moderna. Le interesaba mucho el arte contemporáneo. De sus últimos 25 años son las series que dedica a la cal y a la sal , en las que el color blanco inunda sus lienzos. Entre 2011 y 2015 pinta (y esculpe) utensilios y herramientas que usan los encaladores en un cortijo situado entre Sevilla y Málaga (carretillas, bidones, cubos…) y muros encalados. No aparecen personas. Tampoco en la última de sus series, entre 2017 y 2020, que dedica a las salinas de Bonanza , cerca de su casa y su taller de Sanlúcar. Cuelgan en la muestra siete lienzos de esta serie y un bajorrelieve en escayola. Son sus obras más abstractas . Las montañas de sal semejan icebergs. Para Paula Luego, los blancos de las salinas de Carmen Laffón tienen que ver con los trabajos de artistas como Robert Ryman y Agnes Martin. En la sala final cuelga su célebre ‘Sevilla desde el río’ (aparecen la Torre del Oro y la Giralda), préstamo de la Fundación Cajasol. «Carmen Laffón demuestra una exquisita sensibilidad y delicadeza hacia la luz y el color» Paula Luego Comisaria de la exposiciónPero no acaba ahí la exposición. Continúa en el vestíbulo del Thyssen, fuera de la sala de exposiciones, con sus obras dedicadas a la viña (una serie realizada entre 2006 y 2007). Se vio por vez primera en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Al igual que un tema central en Antonio López es el membrillo (inspirado en un membrillero que hay en su casa), en el caso de Carmen es la viña que había junto a su estudio en Sanlúcar. Cuelgan ‘Vistas de la viña’ (cuatro paneles de madera pintados con carboncillo y témpera, de gran tamaño) y la instalación escultórica ‘Espuertas cargadas con uvas’ (hay 26). Esta serie, dice la comisaria, «es un ejemplo más de la exquisita sensibilidad y delicadeza que Carmen Laffón demuestra hacia la luz y el color a través de sutiles variaciones tonales. Posee una capacidad innata para percibir y contemplar un espacio tan próximo a ella que luego transmite con verdadera emoción». También en el vestíbulo se muestran ‘Orilla desde Bonanza’ y ‘La bajamar’. Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘La sal. Salinas de Bonanza (montaña horadada)’, 2020. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Bidón y carretilla con cubo de cal’, 2012-2013. Colección privada. A la derecha, ‘Vista de la viña I’, 2006-2007. Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla. © Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026Explicaba así la artista que su pintura iba a contracorriente : «Siempre me di cuenta de que pintura era otra cosa, de que yo no podía entrar en las vanguardias con mi mundo figurativo. Entonces, en Madrid, esta opción tenía su rechazo en el mundo artístico. Era estar en contra de corriente. Pero yo tenía un gran entusiasmo con mis cuadros y seguía trabajando». Para la comisaria, «a pesar de mantenerse fiel al arte figurativo, Laffón va a ser receptiva o enormemente sensible al informalismo o la abstracción, como por ejemplo a la pintura lírica de Zóbel o a la de Gerardo Rueda , con quienes mantendrá una gran amistad de por vida». Su lenguaje artístico, prosigue, no es fácil de definir o clasificar: «Pinta la atmósfera. Sus características composiciones están pintadas a base de veladuras o manchas difuminadas y de contornos borrosos, indefinidos , con un colorido cuidadosamente elegido y aplicado. Carmen posee un sentido muy delicado en las luces, una sutileza en los colores y un refinamiento en la materia pictórica sin igual». Fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, tras la mezzosoprano Teresa BerganzaNacida en Sevilla en 1934, fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando , tras la mezzosoprano Teresa Berganza. En ella coincidió el último año con el grupo de realistas de Madrid (Antonio López, Amalia Avia), con los que entabló una gran amistad. También la tuvo con los miembros del grupo El Paso y el grupo de Cuenca. Expuso en las galerías Biosca, Juana Mordó y Leandro Navarro. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982 e Hija Predilecta de Andalucía en 2013, recibió en 2017 la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. El Reina Sofía le dedicó en 1992 una gran retrospectiva. Pocos días antes de recibir el doctorado ‘honoris causa’ por la Universidad de Jaén, falleció en 2021 a causa de un ictus.  

En 2021 nos dejó una de las mejores y más personales pintoras españolas contemporáneas. La sevillana Carmen Laffón fallecía en su casa de La Jara, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), un paisaje y una luz que se colaron en muchos de sus lienzos y … dibujos. Pertenece a una generación de creadoras que, gracias a importantes retrospectivas, van ocupando el lugar que merecen. Así ocurrió con Amalia Avia en la Sala Alcalá 31, con Isabel Quintanilla en el Museo Thyssen o hace tan solo unos días con María Moreno en el Museo del Realismo Español Contemporáneo de Almería. De nuevo es el Thyssen el que exhuma, por vez primera tras su muerte, a esta espléndida artista, la más abstracta de las figurativas de nuestro país y cuya pintura es tan sutil, discreta, elegante, exquisita y de gran sensibilidad como lo era ella misma. Eso que hoy llamamos ‘lujo silencioso’. Su trabajo es poético y sentimental, transmite calma y paz.

Carmen Laffón, 1960.
Carmen Laffón, 1960.
(Archivo Familia Laffón)

Mientras se ultima el montaje de la exposición, que se abre al público del 23 de junio al 27 de septiembre, recorremos las salas junto con la comisaria, Paula Luengo, jefa de exposiciones del Museo Thyssen. Más que una muestra, es un homenaje a la artista. Reúne 77 obras, entre óleos, carboncillos y esculturas (desde 1990, Laffón también esculpe). Entre los prestadores, muchos coleccionistas privados -cuenta con fieles y entusiastas seguidores-, especialmente su familia, encabezada por su sobrino Manuel. El título de la muestra, ‘Carmen Laffón. Variaciones’, explica la forma en la que trabajaba la artista, siempre en series. Quizá este gusto por las variaciones le venga de la música. Desde muy pequeña estudió piano.

Pinta objetos cotidianos (una canasta con ropa blanca, una máquina de coser); también, armarios, repisas y alacenas

Sus temas recurrentes protagonizan las nueve secciones en que está distribuida la muestra, que se centra en la naturaleza muerta y el paisaje. No hay retratos. Sus hermosos paisajes son tanto interiores como exteriores. Comienza la exposición con los primeros y, concretamente, con una sección dedicada a la infancia: la muñeca Marcelina (su primera serie, de los años 60), que encuentra en casa de una amiga y pinta seis veces. Cuelgan dos: una sombría y más onírica, otra más luminosa. También se exhiben dos de las cunas, de gran formato. Indaga en ellas la vulnerabilidad de los recién nacidos. En una, de 1995, pinta a su sobrina nieta Inés. Son obras íntimas, de su entorno más cercano. Explica Paula Luego que la atmósfera onírica de estas primeras obras «evocan el realismo mágico, como algunas pinturas de la primera etapa de Antonio López».

 

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«Para mi labor pictórica fue un inagotable caudal de sugerencias», dijo Carmen Laffón sobre el Coto de Doñana

Carmen Laffón sale de la intimidad de la casa y pinta paisajes urbanos: azoteas, terrazas y vistas de su Sevilla natal, Madrid (la terraza de la casa donde vivía, en María de Molina esquina con Serrano), Sanlúcar de Barrameda o el Coto de Doñana, «un paraje natural que tanto amaba», dice Paula Luengo. «Es el entorno con el que la artista desarrolló un vínculo personal más fuerte. Con el tiempo pasa de ser un tema a ser una razón de ser. Hace suyo el paisaje del Coto a través del sentimiento». Lo explicaba así la propia artista: «La variación continua de este paisaje, la sorpresa que ocasiona a cada hora, sus rumores, sus olores de piedras mojadas, de algas y del mar de Poniente, fueron, y siguen siendo para mi labor pictórica, un inagotable caudal de sugerencias».

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Al igual que maestros abstractos como Rothko, Laffón pinta «poéticas manchas de color», algunas en colores pastel; otras en intensos rojos y azules. Y al igual que antes hicieron artistas como Turner, Monet o Seurat, ella plasmaba en sus obras los cambios de luz a lo largo del día, los fenómenos atmosféricos, las distintas estaciones…

Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘El Coto desde Sanlucar I’, 2005. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Inés Laffón en la cuna’, 1995. Colección privada. A la derecha, ‘Máquina de coser al uso’, 1966-1967. Colección privada..
(© Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026)

Conforme cumplía años, se hacía más abstracta, más moderna. Le interesaba mucho el arte contemporáneo. De sus últimos 25 años son las series que dedica a la cal y a la sal, en las que el color blanco inunda sus lienzos. Entre 2011 y 2015 pinta (y esculpe) utensilios y herramientas que usan los encaladores en un cortijo situado entre Sevilla y Málaga (carretillas, bidones, cubos…) y muros encalados. No aparecen personas. Tampoco en la última de sus series, entre 2017 y 2020, que dedica a las salinas de Bonanza, cerca de su casa y su taller de Sanlúcar. Cuelgan en la muestra siete lienzos de esta serie y un bajorrelieve en escayola. Son sus obras más abstractas. Las montañas de sal semejan icebergs. Para Paula Luego, los blancos de las salinas de Carmen Laffón tienen que ver con los trabajos de artistas como Robert Ryman y Agnes Martin. En la sala final cuelga su célebre ‘Sevilla desde el río’ (aparecen la Torre del Oro y la Giralda), préstamo de la Fundación Cajasol.

«Carmen Laffón demuestra una exquisita sensibilidad y delicadeza hacia la luz y el color»

Paula Luego

Comisaria de la exposición

Pero no acaba ahí la exposición. Continúa en el vestíbulo del Thyssen, fuera de la sala de exposiciones, con sus obras dedicadas a la viña (una serie realizada entre 2006 y 2007). Se vio por vez primera en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Al igual que un tema central en Antonio López es el membrillo (inspirado en un membrillero que hay en su casa), en el caso de Carmen es la viña que había junto a su estudio en Sanlúcar. Cuelgan ‘Vistas de la viña’ (cuatro paneles de madera pintados con carboncillo y témpera, de gran tamaño) y la instalación escultórica ‘Espuertas cargadas con uvas’ (hay 26). Esta serie, dice la comisaria, «es un ejemplo más de la exquisita sensibilidad y delicadeza que Carmen Laffón demuestra hacia la luz y el color a través de sutiles variaciones tonales. Posee una capacidad innata para percibir y contemplar un espacio tan próximo a ella que luego transmite con verdadera emoción». También en el vestíbulo se muestran ‘Orilla desde Bonanza’ y ‘La bajamar’.

Tres obras de Carmen Laffón. Arriba, ‘La sal. Salinas de Bonanza (montaña horadada)’, 2020. Colección privada. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Bidón y carretilla con cubo de cal’, 2012-2013. Colección privada. A la derecha, ‘Vista de la viña I’, 2006-2007. Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla..
(© Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 2026)

Explicaba así la artista que su pintura iba a contracorriente: «Siempre me di cuenta de que pintura era otra cosa, de que yo no podía entrar en las vanguardias con mi mundo figurativo. Entonces, en Madrid, esta opción tenía su rechazo en el mundo artístico. Era estar en contra de corriente. Pero yo tenía un gran entusiasmo con mis cuadros y seguía trabajando». Para la comisaria, «a pesar de mantenerse fiel al arte figurativo, Laffón va a ser receptiva o enormemente sensible al informalismo o la abstracción, como por ejemplo a la pintura lírica de Zóbel o a la de Gerardo Rueda, con quienes mantendrá una gran amistad de por vida». Su lenguaje artístico, prosigue, no es fácil de definir o clasificar: «Pinta la atmósfera. Sus características composiciones están pintadas a base de veladuras o manchas difuminadas y de contornos borrosos, indefinidos, con un colorido cuidadosamente elegido y aplicado. Carmen posee un sentido muy delicado en las luces, una sutileza en los colores y un refinamiento en la materia pictórica sin igual».

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