Decía don Francisco Rico —en una de sus provocaciones— que hoy Cervantes sería miembro de la Legión: seguramente, en parte porque este cuerpo de élite tiene mucho de heredero de los Tercios (ya desde el nombre original) y el escritor cumplió bien en Lepanto con la actitud heroica que era de esperar.En todo caso, dan ganas de recordar a Cervantes estos días por la crisis de Ceuta, que se está enredando sin llegar a ningún sitio, porque parece importar más la discusión sobre el nombre de la cosa y la búsqueda de culpas que la consideración de los protagonistas del suceso (ceutíes y marroquíes). En este sentido, el ejemplo cervantino permite recuperar la perspectiva humana, que nunca tiene que perderse. Y es que Cervantes viene de perlas porque —como sabe todo quisqui— fue soldado en Italia y el Mediterráneo , tras lo que cayó prisionero y pasó cinco años (1575-1580) como cautivo en Argel, una experiencia sin duda traumática que le hizo ver las cosas de otra manera: con más conocimiento de causa como mínimo, razón por la que en su obra los judíos, los moriscos y los moros —así se decía— son personajes con muchos matices. Se definen caso por caso y no sólo retratos de rasgos típicos y tópicos, como demuestran tanto el juego de Cide Hamete como la maravillosa Zoraida (‘Quijote’, 39-41) y especialmente la historia en dos tiempos del morisco Ricote (II, 54 y 63-65).Por eso, estoy seguro de que Cervantes hoy estaría con Ceuta y los ceutíes: defendería su españolidad (adquirida justo en 1580 mediante la unión con Portugal), se le llevarían los demonios por los tejemanejes del rey de Marruecos y escribiría una nueva ‘Epístola a Mateo Vázquez’ destinada a Pedro Sánchez u otro cortesano para lamentarse del abandono de la ciudad y proponer soluciones desde dentro… Y también estaría con los marroquíes, usados o manipulados por quien y por lo que sea, pero sobre todo hombres, mujeres y niños que buscan un futuro mejor y merecen ser vistos desde una óptica humana: esa es la perspectiva cervantina. Por eso, estoy convencido de que Cervantes también tendería una mano a los vecinos del sur. Decía don Francisco Rico —en una de sus provocaciones— que hoy Cervantes sería miembro de la Legión: seguramente, en parte porque este cuerpo de élite tiene mucho de heredero de los Tercios (ya desde el nombre original) y el escritor cumplió bien en Lepanto con la actitud heroica que era de esperar.En todo caso, dan ganas de recordar a Cervantes estos días por la crisis de Ceuta, que se está enredando sin llegar a ningún sitio, porque parece importar más la discusión sobre el nombre de la cosa y la búsqueda de culpas que la consideración de los protagonistas del suceso (ceutíes y marroquíes). En este sentido, el ejemplo cervantino permite recuperar la perspectiva humana, que nunca tiene que perderse. Y es que Cervantes viene de perlas porque —como sabe todo quisqui— fue soldado en Italia y el Mediterráneo , tras lo que cayó prisionero y pasó cinco años (1575-1580) como cautivo en Argel, una experiencia sin duda traumática que le hizo ver las cosas de otra manera: con más conocimiento de causa como mínimo, razón por la que en su obra los judíos, los moriscos y los moros —así se decía— son personajes con muchos matices. Se definen caso por caso y no sólo retratos de rasgos típicos y tópicos, como demuestran tanto el juego de Cide Hamete como la maravillosa Zoraida (‘Quijote’, 39-41) y especialmente la historia en dos tiempos del morisco Ricote (II, 54 y 63-65).Por eso, estoy seguro de que Cervantes hoy estaría con Ceuta y los ceutíes: defendería su españolidad (adquirida justo en 1580 mediante la unión con Portugal), se le llevarían los demonios por los tejemanejes del rey de Marruecos y escribiría una nueva ‘Epístola a Mateo Vázquez’ destinada a Pedro Sánchez u otro cortesano para lamentarse del abandono de la ciudad y proponer soluciones desde dentro… Y también estaría con los marroquíes, usados o manipulados por quien y por lo que sea, pero sobre todo hombres, mujeres y niños que buscan un futuro mejor y merecen ser vistos desde una óptica humana: esa es la perspectiva cervantina. Por eso, estoy convencido de que Cervantes también tendería una mano a los vecinos del sur.
Decía don Francisco Rico —en una de sus provocaciones— que hoy Cervantes sería miembro de la Legión: seguramente, en parte porque este cuerpo de élite tiene mucho de heredero de los Tercios (ya desde el nombre original) y el escritor cumplió bien en Lepanto … con la actitud heroica que era de esperar.
En todo caso, dan ganas de recordar a Cervantes estos días por la crisis de Ceuta, que se está enredando sin llegar a ningún sitio, porque parece importar más la discusión sobre el nombre de la cosa y la búsqueda de culpas que la consideración de los protagonistas del suceso (ceutíes y marroquíes). En este sentido, el ejemplo cervantino permite recuperar la perspectiva humana, que nunca tiene que perderse.
Y es que Cervantes viene de perlas porque —como sabe todo quisqui— fue soldado en Italia y el Mediterráneo, tras lo que cayó prisionero y pasó cinco años (1575-1580) como cautivo en Argel, una experiencia sin duda traumática que le hizo ver las cosas de otra manera: con más conocimiento de causa como mínimo, razón por la que en su obra los judíos, los moriscos y los moros —así se decía— son personajes con muchos matices. Se definen caso por caso y no sólo retratos de rasgos típicos y tópicos, como demuestran tanto el juego de Cide Hamete como la maravillosa Zoraida (‘Quijote’, 39-41) y especialmente la historia en dos tiempos del morisco Ricote (II, 54 y 63-65).
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Por eso, estoy seguro de que Cervantes hoy estaría con Ceuta y los ceutíes: defendería su españolidad (adquirida justo en 1580 mediante la unión con Portugal), se le llevarían los demonios por los tejemanejes del rey de Marruecos y escribiría una nueva ‘Epístola a Mateo Vázquez’ destinada a Pedro Sánchez u otro cortesano para lamentarse del abandono de la ciudad y proponer soluciones desde dentro… Y también estaría con los marroquíes, usados o manipulados por quien y por lo que sea, pero sobre todo hombres, mujeres y niños que buscan un futuro mejor y merecen ser vistos desde una óptica humana: esa es la perspectiva cervantina. Por eso, estoy convencido de que Cervantes también tendería una mano a los vecinos del sur.
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