Los marinos del Dédalo se negaban a dar crédito a lo que veían sus ojos. Navegaban el 6 de agosto de 1848 entre el Cabo de Buena Esperanza y la isla de Santa Elena cuando observaron a corta distancia a un animal de unos veinte metros, cuya cabeza, que recordaba a una foca, se elevaba más de un metro sobre el nivel del mar. Al menos así lo contaron con todo tipo de detalles el capitán John McQuhae y varios oficiales del buque inglés y lo divulgaron los periódicos de la época. Aquel fue uno de los más famosos avistamientos de serpientes de mar de los que se publicaban en los diarios cada verano. Aún hoy, cuando las olas arrojan a las playas alguna ballena o algún pulpo gigante, los monstruos marinos se cuelan entre las noticias, como antiguamente lo hacían en los mapas. «Las profundidades del océano, que aún permanecen en gran medida inexploradas, representan el último gran misterio de nuestro planeta y por eso, cuando una criatura abisal desconocida encalla en la costa durante el verano, nuestros cerebros modernos reaccionan exactamente igual que el de un cartógrafo renacentista: llenamos los vacíos de nuestro conocimiento con monstruos », explica Chet Van Duzer .Para el historiador estadounidense, cuyo famoso libro ‘ Monstruos marinos en mapas medievales y renacentistas ‘ ha sido recientemente editado en español por la Universidad del Rosario (Colombia), «es precisamente esa continuidad psicológica lo que hace que estos monstruos cartográficos sigan resultando tan fascinantes hoy en día». El director asociado del proyecto Lazarus, de la Universidad de Rochester, no avistó las sirenas o los dragones marinos de los que habla en su obra a bordo de ningún navío, como el Dédalo, sino a unos 300 kilómetros de la costa, en Madrid. En 2010 visitó la Biblioteca Nacional de España para consultar un manuscrito de la Geografía de Ptolomeo y descubrió que albergaba un rico repertorio de monstruos marinos de los que no se hacía mención alguna en la literatura académica. De hecho, se trata del documento que contiene la mayor colección de seres fantásticos marinos y la mayor variedad. «Hallarlos supuso una auténtica sorpresa », confiesa a ABC. La mayoría de las 476 criaturas marinas del manuscrito son serpientes marinas, lampreas, lenguados y cangrejos, pero también hay 65 criaturas exóticas y llamativas, como feroces monstruos marinos con cabeza de ave, leones, conejos y cerdos acuáticos o un delfín con cabeza humana. Van Duzer decidió escribir un artículo que, conforme avanzó en su investigación, se convirtió en un interesante libro de 214 páginas.Dos sirenas despliegan sus encantos para doblegar a la tripulación de un barco en el estrecho de Magallanes en el mapa de América de Diego Gutiérrez de 1562 Librería del Congreso, WashingtonDada la desbordante imaginación con la que se dibujaron algunos de estos seres, se podría pensar que los cartógrafos medievales y renacentistas los inventaban sobre la marcha, pero Van Duzer descubrió que, a menudo, tomaban prestados estos monstruos de fuentes que consideraban fidedignas , como las enciclopedias ilustradas de la época. Y constató que, con frecuencia, recurrían a las fuentes más recientes y autorizadas a su alcance para documentar sus criaturas. Según logró identificar este experto, el alemán Johann Schöner utilizó el ‘Hortus sanitatis’ de Johannes de Cuba (1491), el primer libro de historia natural impreso en el siglo XV, como base para los seres de su globo de 1515 y el geógrafo flamenco Gerardus Mercator recurrió a ‘De aquatilibus libri duo’ (1553), de Pierre Belon, para la mayoría de las monstruos que habitan su célebre mapamundi de 1569. «Este hallazgo transforma por completo nuestra comprensión sobre su papel en la cartografía: no eran meros elementos decorativos, sino intentos rigurosos de representar criaturas que habitaban los mares y océanos», subraya el historiador antes de añadir: « Los cartógrafos no dibujaban mitos, incorporaban ciencia a sus obras ».Un enorme monstruo ataca a una galera en el Egeo mientras los marineros tratan de repeler la embestida con lanzas en el mapa ‘Totius Graeciae Descriptio’ de Nikolaos Sophianos de 1545. Öffentliche Universität Bibliothek, BasileaPara Van Duzer, «hay algo enormemente satisfactorio en el momento en que reconoces en un mapa una criatura que habías visto antes en una enciclopedia del siglo XVI; es como resolver un misterio de quinientos años ». Hacia mediados de ese siglo, sin embargo, se observa un cambio. Los cartógrafos pasaron a inventarse esos seres fantásticos, que a partir de entonces tuvieron una función puramente decorativa.Sirenas y ballenasAunque los cartógrafos se limitaban a pintar o grabar las figuras, sin dar detalles sobre el temor que infundían en la época, hubo un autor sueco, Olaus Magnus , que destacó en su ‘Historia de gentibus septentrionalibus’ (1555) la peligrosidad de las ballenas y de la gran serpiente marina. Quizá eso explique por qué las primeras fueron las criaturas más frecuentemente representadas en los mapas, junto a las sirenas que ya trataron de seducir a Ulises en La Odisea . «Ambas gozaron de una extensísima vida en la literatura: las sirenas poseen la fascinación de su naturaleza semihumana, mientras que las ballenas cautivan por su descomunal tamaño, llegando a encarnar, en cierto modo, la inmensidad del océano», explica el historiador.En el Atlas Catalán de 1375, uno de los mapas más célebres de la historia, realizado por el cartógrafo judío Cresques Abraham en Mallorca, figuran sirenas, pero también dos extrañas criaturas que huyen por el conjuro de dos buscadores de perlas en el golfo Pérsico. «Se trata de una sugerente asimilación de los monstruos marinos con las inmensas riquezas de Oriente», comenta el investigador. Van Duzer también destaca dos seres fantásticos vinculados a los territorios del Imperio español en Centroamérica: «las criaturas conocidas como ‘ aloes ‘ (que se asemejan a un ganso gigante con aletas) y ‘ hoge ‘ (cuyo aspecto recuerda al de un lobo acuático)».«Tanto las criaturas de los mapas antiguos como el monstruo del lago Ness entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan» Chet Van Duzer Historiador experto en cartografía medieval y renacentistaVan Duzer no considera que los seres marinos plasmados en los mapas influyeran en relatos posteriores como el del monstruo del lago Ness o la gran serpiente marina de Gloucester, supuestamente avistada frente a las costas de Massachusetts en el verano de 1817. «Sin embargo, todas estas criaturas -tanto las de los mapas antiguos como las más recientes- entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan».Una ventana a lo invisibleGracias a los avances en inmersión y filmación, se han descubierto criaturas abisales que en la Edad Media y el Renacimiento sólo se podían imaginar. Entonces, los mapas actuaban como «una ventana a lo invisible», sacando a la superficie esos monstruos desconocidos que anidaban en sus profundidades. Según el autor de ‘ Monstruos marinos ‘, «funcionaban como un dispositivo de revelación, un lienzo donde el fondo del mar emergía a la superficie para que el espectador pudiera contemplar los secretos mejor guardados del planeta».Un ictiocentauro toca una viola en el mapa de Escandinavia del ‘Teatrum Orbis terrarum’ de Abraham Ortelius; detalle del mapamundi de Paolo Forlani de 1565 de una mujer sobre un monstruo marino que sostiene una vela y criatura del mapamundi de Donato Bertelli de 1568. Librería del Congreso y Universidad de YaleCuanto más se alejaba uno de los territorios conocidos, explica este experto, más monstruoso se volvía el mundo. De ahí que los márgenes de los mapas se convirtieran en el espacio idóneo para proyectar la ansiedad e imaginación del ser humano. «El nido submarino de monstruos situado en el Polo Sur en el mapamundi de Andrea Bianco de 1436 constituye un ejemplo paradigmático de esta tendencia», apunta.En su opinión, el estudio de las criaturas fantásticas no sólo ofrece claves relevantes para la historia de la cartografía y la ilustración zoológica marina, sino también para la historia del arte y para conocer la percepción que se tenía de los océanos y cómo ha evolucionado la relación humana con lo desconocido. «Cuando el ser humano describe o plasma aquello que le resulta ignoto -afirma Van Duzer- revela siempre mucho más sobre sí mismo y su propia cultura que sobre el objeto que intenta retratar». «Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica»El historiador, que ahora trabaja en un libro infantil de monstruos marinos, muestra en su obra más de un centenar de imágenes tomadas de cartografías europeas. Aunque existen algunos islámicos que incorporan monstruos marinos y se conserva un mapa chino del siglo XII que también los incluye, explica que estas criaturas son notablemente menos comunes en las tradiciones cartográficas extraeuropeas. Uno de sus monstruos predilectos es el que ataca a una embarcación en el mapa de Grecia de Nikolaos Sophianos. «La escena es extraordinariamente dinámica y está concebida con un gran detallismo, casi cinematográfico: se puede ver a los marineros blandiendo lanzas para repeler a la colosal criatura, que se dispone a destrozar la popa de su navío de un mordisco», relata.Aunque ocasionalmente se encuentran monstruos marinos en mapas actuales que rescatan las viejas tradiciones cartográficas, hoy carecen de la intencionalidad y la convicción que poseían en el pasado. Chet Van Duzer reflexiona, sin embargo, sobre las «fascinantes posibilidades» que ofrecerían: « Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica ». Los marinos del Dédalo se negaban a dar crédito a lo que veían sus ojos. Navegaban el 6 de agosto de 1848 entre el Cabo de Buena Esperanza y la isla de Santa Elena cuando observaron a corta distancia a un animal de unos veinte metros, cuya cabeza, que recordaba a una foca, se elevaba más de un metro sobre el nivel del mar. Al menos así lo contaron con todo tipo de detalles el capitán John McQuhae y varios oficiales del buque inglés y lo divulgaron los periódicos de la época. Aquel fue uno de los más famosos avistamientos de serpientes de mar de los que se publicaban en los diarios cada verano. Aún hoy, cuando las olas arrojan a las playas alguna ballena o algún pulpo gigante, los monstruos marinos se cuelan entre las noticias, como antiguamente lo hacían en los mapas. «Las profundidades del océano, que aún permanecen en gran medida inexploradas, representan el último gran misterio de nuestro planeta y por eso, cuando una criatura abisal desconocida encalla en la costa durante el verano, nuestros cerebros modernos reaccionan exactamente igual que el de un cartógrafo renacentista: llenamos los vacíos de nuestro conocimiento con monstruos », explica Chet Van Duzer .Para el historiador estadounidense, cuyo famoso libro ‘ Monstruos marinos en mapas medievales y renacentistas ‘ ha sido recientemente editado en español por la Universidad del Rosario (Colombia), «es precisamente esa continuidad psicológica lo que hace que estos monstruos cartográficos sigan resultando tan fascinantes hoy en día». El director asociado del proyecto Lazarus, de la Universidad de Rochester, no avistó las sirenas o los dragones marinos de los que habla en su obra a bordo de ningún navío, como el Dédalo, sino a unos 300 kilómetros de la costa, en Madrid. En 2010 visitó la Biblioteca Nacional de España para consultar un manuscrito de la Geografía de Ptolomeo y descubrió que albergaba un rico repertorio de monstruos marinos de los que no se hacía mención alguna en la literatura académica. De hecho, se trata del documento que contiene la mayor colección de seres fantásticos marinos y la mayor variedad. «Hallarlos supuso una auténtica sorpresa », confiesa a ABC. La mayoría de las 476 criaturas marinas del manuscrito son serpientes marinas, lampreas, lenguados y cangrejos, pero también hay 65 criaturas exóticas y llamativas, como feroces monstruos marinos con cabeza de ave, leones, conejos y cerdos acuáticos o un delfín con cabeza humana. Van Duzer decidió escribir un artículo que, conforme avanzó en su investigación, se convirtió en un interesante libro de 214 páginas.Dos sirenas despliegan sus encantos para doblegar a la tripulación de un barco en el estrecho de Magallanes en el mapa de América de Diego Gutiérrez de 1562 Librería del Congreso, WashingtonDada la desbordante imaginación con la que se dibujaron algunos de estos seres, se podría pensar que los cartógrafos medievales y renacentistas los inventaban sobre la marcha, pero Van Duzer descubrió que, a menudo, tomaban prestados estos monstruos de fuentes que consideraban fidedignas , como las enciclopedias ilustradas de la época. Y constató que, con frecuencia, recurrían a las fuentes más recientes y autorizadas a su alcance para documentar sus criaturas. Según logró identificar este experto, el alemán Johann Schöner utilizó el ‘Hortus sanitatis’ de Johannes de Cuba (1491), el primer libro de historia natural impreso en el siglo XV, como base para los seres de su globo de 1515 y el geógrafo flamenco Gerardus Mercator recurrió a ‘De aquatilibus libri duo’ (1553), de Pierre Belon, para la mayoría de las monstruos que habitan su célebre mapamundi de 1569. «Este hallazgo transforma por completo nuestra comprensión sobre su papel en la cartografía: no eran meros elementos decorativos, sino intentos rigurosos de representar criaturas que habitaban los mares y océanos», subraya el historiador antes de añadir: « Los cartógrafos no dibujaban mitos, incorporaban ciencia a sus obras ».Un enorme monstruo ataca a una galera en el Egeo mientras los marineros tratan de repeler la embestida con lanzas en el mapa ‘Totius Graeciae Descriptio’ de Nikolaos Sophianos de 1545. Öffentliche Universität Bibliothek, BasileaPara Van Duzer, «hay algo enormemente satisfactorio en el momento en que reconoces en un mapa una criatura que habías visto antes en una enciclopedia del siglo XVI; es como resolver un misterio de quinientos años ». Hacia mediados de ese siglo, sin embargo, se observa un cambio. Los cartógrafos pasaron a inventarse esos seres fantásticos, que a partir de entonces tuvieron una función puramente decorativa.Sirenas y ballenasAunque los cartógrafos se limitaban a pintar o grabar las figuras, sin dar detalles sobre el temor que infundían en la época, hubo un autor sueco, Olaus Magnus , que destacó en su ‘Historia de gentibus septentrionalibus’ (1555) la peligrosidad de las ballenas y de la gran serpiente marina. Quizá eso explique por qué las primeras fueron las criaturas más frecuentemente representadas en los mapas, junto a las sirenas que ya trataron de seducir a Ulises en La Odisea . «Ambas gozaron de una extensísima vida en la literatura: las sirenas poseen la fascinación de su naturaleza semihumana, mientras que las ballenas cautivan por su descomunal tamaño, llegando a encarnar, en cierto modo, la inmensidad del océano», explica el historiador.En el Atlas Catalán de 1375, uno de los mapas más célebres de la historia, realizado por el cartógrafo judío Cresques Abraham en Mallorca, figuran sirenas, pero también dos extrañas criaturas que huyen por el conjuro de dos buscadores de perlas en el golfo Pérsico. «Se trata de una sugerente asimilación de los monstruos marinos con las inmensas riquezas de Oriente», comenta el investigador. Van Duzer también destaca dos seres fantásticos vinculados a los territorios del Imperio español en Centroamérica: «las criaturas conocidas como ‘ aloes ‘ (que se asemejan a un ganso gigante con aletas) y ‘ hoge ‘ (cuyo aspecto recuerda al de un lobo acuático)».«Tanto las criaturas de los mapas antiguos como el monstruo del lago Ness entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan» Chet Van Duzer Historiador experto en cartografía medieval y renacentistaVan Duzer no considera que los seres marinos plasmados en los mapas influyeran en relatos posteriores como el del monstruo del lago Ness o la gran serpiente marina de Gloucester, supuestamente avistada frente a las costas de Massachusetts en el verano de 1817. «Sin embargo, todas estas criaturas -tanto las de los mapas antiguos como las más recientes- entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan».Una ventana a lo invisibleGracias a los avances en inmersión y filmación, se han descubierto criaturas abisales que en la Edad Media y el Renacimiento sólo se podían imaginar. Entonces, los mapas actuaban como «una ventana a lo invisible», sacando a la superficie esos monstruos desconocidos que anidaban en sus profundidades. Según el autor de ‘ Monstruos marinos ‘, «funcionaban como un dispositivo de revelación, un lienzo donde el fondo del mar emergía a la superficie para que el espectador pudiera contemplar los secretos mejor guardados del planeta».Un ictiocentauro toca una viola en el mapa de Escandinavia del ‘Teatrum Orbis terrarum’ de Abraham Ortelius; detalle del mapamundi de Paolo Forlani de 1565 de una mujer sobre un monstruo marino que sostiene una vela y criatura del mapamundi de Donato Bertelli de 1568. Librería del Congreso y Universidad de YaleCuanto más se alejaba uno de los territorios conocidos, explica este experto, más monstruoso se volvía el mundo. De ahí que los márgenes de los mapas se convirtieran en el espacio idóneo para proyectar la ansiedad e imaginación del ser humano. «El nido submarino de monstruos situado en el Polo Sur en el mapamundi de Andrea Bianco de 1436 constituye un ejemplo paradigmático de esta tendencia», apunta.En su opinión, el estudio de las criaturas fantásticas no sólo ofrece claves relevantes para la historia de la cartografía y la ilustración zoológica marina, sino también para la historia del arte y para conocer la percepción que se tenía de los océanos y cómo ha evolucionado la relación humana con lo desconocido. «Cuando el ser humano describe o plasma aquello que le resulta ignoto -afirma Van Duzer- revela siempre mucho más sobre sí mismo y su propia cultura que sobre el objeto que intenta retratar». «Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica»El historiador, que ahora trabaja en un libro infantil de monstruos marinos, muestra en su obra más de un centenar de imágenes tomadas de cartografías europeas. Aunque existen algunos islámicos que incorporan monstruos marinos y se conserva un mapa chino del siglo XII que también los incluye, explica que estas criaturas son notablemente menos comunes en las tradiciones cartográficas extraeuropeas. Uno de sus monstruos predilectos es el que ataca a una embarcación en el mapa de Grecia de Nikolaos Sophianos. «La escena es extraordinariamente dinámica y está concebida con un gran detallismo, casi cinematográfico: se puede ver a los marineros blandiendo lanzas para repeler a la colosal criatura, que se dispone a destrozar la popa de su navío de un mordisco», relata.Aunque ocasionalmente se encuentran monstruos marinos en mapas actuales que rescatan las viejas tradiciones cartográficas, hoy carecen de la intencionalidad y la convicción que poseían en el pasado. Chet Van Duzer reflexiona, sin embargo, sobre las «fascinantes posibilidades» que ofrecerían: « Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica ».
Los marinos del Dédalo se negaban a dar crédito a lo que veían sus ojos. Navegaban el 6 de agosto de 1848 entre el Cabo de Buena Esperanza y la isla de Santa Elena cuando observaron a corta distancia a un animal de unos veinte … metros, cuya cabeza, que recordaba a una foca, se elevaba más de un metro sobre el nivel del mar. Al menos así lo contaron con todo tipo de detalles el capitán John McQuhae y varios oficiales del buque inglés y lo divulgaron los periódicos de la época. Aquel fue uno de los más famosos avistamientos de serpientes de mar de los que se publicaban en los diarios cada verano.
Aún hoy, cuando las olas arrojan a las playas alguna ballena o algún pulpo gigante, los monstruos marinos se cuelan entre las noticias, como antiguamente lo hacían en los mapas. «Las profundidades del océano, que aún permanecen en gran medida inexploradas, representan el último gran misterio de nuestro planeta y por eso, cuando una criatura abisal desconocida encalla en la costa durante el verano, nuestros cerebros modernos reaccionan exactamente igual que el de un cartógrafo renacentista: llenamos los vacíos de nuestro conocimiento con monstruos», explica Chet Van Duzer.
Para el historiador estadounidense, cuyo famoso libro ‘Monstruos marinos en mapas medievales y renacentistas‘ ha sido recientemente editado en español por la Universidad del Rosario (Colombia), «es precisamente esa continuidad psicológica lo que hace que estos monstruos cartográficos sigan resultando tan fascinantes hoy en día».
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El director asociado del proyecto Lazarus, de la Universidad de Rochester, no avistó las sirenas o los dragones marinos de los que habla en su obra a bordo de ningún navío, como el Dédalo, sino a unos 300 kilómetros de la costa, en Madrid. En 2010 visitó la Biblioteca Nacional de España para consultar un manuscrito de la Geografía de Ptolomeo y descubrió que albergaba un rico repertorio de monstruos marinos de los que no se hacía mención alguna en la literatura académica. De hecho, se trata del documento que contiene la mayor colección de seres fantásticos marinos y la mayor variedad. «Hallarlos supuso una auténtica sorpresa», confiesa a ABC. La mayoría de las 476 criaturas marinas del manuscrito son serpientes marinas, lampreas, lenguados y cangrejos, pero también hay 65 criaturas exóticas y llamativas, como feroces monstruos marinos con cabeza de ave, leones, conejos y cerdos acuáticos o un delfín con cabeza humana. Van Duzer decidió escribir un artículo que, conforme avanzó en su investigación, se convirtió en un interesante libro de 214 páginas.

(Librería del Congreso, Washington)
Dada la desbordante imaginación con la que se dibujaron algunos de estos seres, se podría pensar que los cartógrafos medievales y renacentistas los inventaban sobre la marcha, pero Van Duzer descubrió que, a menudo, tomaban prestados estos monstruos de fuentes que consideraban fidedignas, como las enciclopedias ilustradas de la época. Y constató que, con frecuencia, recurrían a las fuentes más recientes y autorizadas a su alcance para documentar sus criaturas. Según logró identificar este experto, el alemán Johann Schöner utilizó el ‘Hortus sanitatis’ de Johannes de Cuba (1491), el primer libro de historia natural impreso en el siglo XV, como base para los seres de su globo de 1515 y el geógrafo flamenco Gerardus Mercator recurrió a ‘De aquatilibus libri duo’ (1553), de Pierre Belon, para la mayoría de las monstruos que habitan su célebre mapamundi de 1569.
«Este hallazgo transforma por completo nuestra comprensión sobre su papel en la cartografía: no eran meros elementos decorativos, sino intentos rigurosos de representar criaturas que habitaban los mares y océanos», subraya el historiador antes de añadir: «Los cartógrafos no dibujaban mitos, incorporaban ciencia a sus obras».

(Öffentliche Universität Bibliothek, Basilea)
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Para Van Duzer, «hay algo enormemente satisfactorio en el momento en que reconoces en un mapa una criatura que habías visto antes en una enciclopedia del siglo XVI; es como resolver un misterio de quinientos años». Hacia mediados de ese siglo, sin embargo, se observa un cambio. Los cartógrafos pasaron a inventarse esos seres fantásticos, que a partir de entonces tuvieron una función puramente decorativa.
Sirenas y ballenas
Aunque los cartógrafos se limitaban a pintar o grabar las figuras, sin dar detalles sobre el temor que infundían en la época, hubo un autor sueco, Olaus Magnus, que destacó en su ‘Historia de gentibus septentrionalibus’ (1555) la peligrosidad de las ballenas y de la gran serpiente marina. Quizá eso explique por qué las primeras fueron las criaturas más frecuentemente representadas en los mapas, junto a las sirenas que ya trataron de seducir a Ulises en La Odisea. «Ambas gozaron de una extensísima vida en la literatura: las sirenas poseen la fascinación de su naturaleza semihumana, mientras que las ballenas cautivan por su descomunal tamaño, llegando a encarnar, en cierto modo, la inmensidad del océano», explica el historiador.
En el Atlas Catalán de 1375, uno de los mapas más célebres de la historia, realizado por el cartógrafo judío Cresques Abraham en Mallorca, figuran sirenas, pero también dos extrañas criaturas que huyen por el conjuro de dos buscadores de perlas en el golfo Pérsico. «Se trata de una sugerente asimilación de los monstruos marinos con las inmensas riquezas de Oriente», comenta el investigador. Van Duzer también destaca dos seres fantásticos vinculados a los territorios del Imperio español en Centroamérica: «las criaturas conocidas como ‘aloes‘ (que se asemejan a un ganso gigante con aletas) y ‘hoge‘ (cuyo aspecto recuerda al de un lobo acuático)».
«Tanto las criaturas de los mapas antiguos como el monstruo del lago Ness entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan»
Chet Van Duzer
Historiador experto en cartografía medieval y renacentista
Van Duzer no considera que los seres marinos plasmados en los mapas influyeran en relatos posteriores como el del monstruo del lago Ness o la gran serpiente marina de Gloucester, supuestamente avistada frente a las costas de Massachusetts en el verano de 1817. «Sin embargo, todas estas criaturas -tanto las de los mapas antiguos como las más recientes- entroncan con nuestros temores más atávicos y con la fascinación que nos producen las profundidades abisales y los seres que las habitan».
Una ventana a lo invisible
Gracias a los avances en inmersión y filmación, se han descubierto criaturas abisales que en la Edad Media y el Renacimiento sólo se podían imaginar. Entonces, los mapas actuaban como «una ventana a lo invisible», sacando a la superficie esos monstruos desconocidos que anidaban en sus profundidades. Según el autor de ‘Monstruos marinos‘, «funcionaban como un dispositivo de revelación, un lienzo donde el fondo del mar emergía a la superficie para que el espectador pudiera contemplar los secretos mejor guardados del planeta».
(Librería del Congreso y Universidad de Yale)
Cuanto más se alejaba uno de los territorios conocidos, explica este experto, más monstruoso se volvía el mundo. De ahí que los márgenes de los mapas se convirtieran en el espacio idóneo para proyectar la ansiedad e imaginación del ser humano. «El nido submarino de monstruos situado en el Polo Sur en el mapamundi de Andrea Bianco de 1436 constituye un ejemplo paradigmático de esta tendencia», apunta.
En su opinión, el estudio de las criaturas fantásticas no sólo ofrece claves relevantes para la historia de la cartografía y la ilustración zoológica marina, sino también para la historia del arte y para conocer la percepción que se tenía de los océanos y cómo ha evolucionado la relación humana con lo desconocido. «Cuando el ser humano describe o plasma aquello que le resulta ignoto -afirma Van Duzer- revela siempre mucho más sobre sí mismo y su propia cultura que sobre el objeto que intenta retratar».
«Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica»
El historiador, que ahora trabaja en un libro infantil de monstruos marinos, muestra en su obra más de un centenar de imágenes tomadas de cartografías europeas. Aunque existen algunos islámicos que incorporan monstruos marinos y se conserva un mapa chino del siglo XII que también los incluye, explica que estas criaturas son notablemente menos comunes en las tradiciones cartográficas extraeuropeas. Uno de sus monstruos predilectos es el que ataca a una embarcación en el mapa de Grecia de Nikolaos Sophianos. «La escena es extraordinariamente dinámica y está concebida con un gran detallismo, casi cinematográfico: se puede ver a los marineros blandiendo lanzas para repeler a la colosal criatura, que se dispone a destrozar la popa de su navío de un mordisco», relata.
Aunque ocasionalmente se encuentran monstruos marinos en mapas actuales que rescatan las viejas tradiciones cartográficas, hoy carecen de la intencionalidad y la convicción que poseían en el pasado. Chet Van Duzer reflexiona, sin embargo, sobre las «fascinantes posibilidades» que ofrecerían: «Sería magnífico ver un Google Maps amenizado con criaturas marinas animadas jugueteando en mares y ríos o utilizarlas de manera funcional para advertir a los usuarios sobre zonas marítimas de protección ecológica».
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