En estos tiempos de la IA, basada en modelos de lenguaje, es muy buena noticia la vuelta a las raíces que nos ofrece la Real Academia Española . Estaremos de acuerdo en que el primer modelo de lenguaje fue el diccionario . Y desde el tesoro de Covarruvias en el XVII, pasando por Autoridades, donde cada palabra contenía los rastros literarios y jurídicos de su historia, hoy asistimos al nacimiento de la vigésimo cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española, que así se llama ahora. Julio Cortázar, que llamaba cementerio al antiguo DRAE, y lo hacía porque veía cierto afán entomológico en en el empeño de coleccionar las palabras con las acepciones extendidas como mariposas pinchadas y sin vida, no tenía razón. La lengua está viva y la Academia la sigue de cerca, en la actualidad con herramientas digitales inverosímiles hace solo unos años. Pero la digitalización de la RAE es una vocación, como todas sus obras, colectiva, y tiene más de treinta años. La caducidad es cambiante y ahora que los agentes de la IA se cuentan entre los hablantes más leídos, la continua actualización incluye esas herramientas. El ‘aggiornamiento’ académico incansable se mira en los modelos del lenguaje que nos hablan del futuro. El diccionario es un esfuerzo central en nuestra cultura, donde la tecnología nos hace perdernos en las ramas en lugar de vincularnos con el tronco común. Ahí está este DLE, un tronco lleno de anillos y de historia, por el que la savia de la lengua llega a los labios de todos los hablantes. En estos tiempos de la IA, basada en modelos de lenguaje, es muy buena noticia la vuelta a las raíces que nos ofrece la Real Academia Española . Estaremos de acuerdo en que el primer modelo de lenguaje fue el diccionario . Y desde el tesoro de Covarruvias en el XVII, pasando por Autoridades, donde cada palabra contenía los rastros literarios y jurídicos de su historia, hoy asistimos al nacimiento de la vigésimo cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española, que así se llama ahora. Julio Cortázar, que llamaba cementerio al antiguo DRAE, y lo hacía porque veía cierto afán entomológico en en el empeño de coleccionar las palabras con las acepciones extendidas como mariposas pinchadas y sin vida, no tenía razón. La lengua está viva y la Academia la sigue de cerca, en la actualidad con herramientas digitales inverosímiles hace solo unos años. Pero la digitalización de la RAE es una vocación, como todas sus obras, colectiva, y tiene más de treinta años. La caducidad es cambiante y ahora que los agentes de la IA se cuentan entre los hablantes más leídos, la continua actualización incluye esas herramientas. El ‘aggiornamiento’ académico incansable se mira en los modelos del lenguaje que nos hablan del futuro. El diccionario es un esfuerzo central en nuestra cultura, donde la tecnología nos hace perdernos en las ramas en lugar de vincularnos con el tronco común. Ahí está este DLE, un tronco lleno de anillos y de historia, por el que la savia de la lengua llega a los labios de todos los hablantes.
En estos tiempos de la IA, basada en modelos de lenguaje, es muy buena noticia la vuelta a las raíces que nos ofrece la Real Academia Española. Estaremos de acuerdo en que el primer modelo de lenguaje fue el diccionario.
Y desde el … tesoro de Covarruvias en el XVII, pasando por Autoridades, donde cada palabra contenía los rastros literarios y jurídicos de su historia, hoy asistimos al nacimiento de la vigésimo cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española, que así se llama ahora.
Julio Cortázar, que llamaba cementerio al antiguo DRAE, y lo hacía porque veía cierto afán entomológico en en el empeño de coleccionar las palabras con las acepciones extendidas como mariposas pinchadas y sin vida, no tenía razón. La lengua está viva y la Academia la sigue de cerca, en la actualidad con herramientas digitales inverosímiles hace solo unos años. Pero la digitalización de la RAE es una vocación, como todas sus obras, colectiva, y tiene más de treinta años.
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La caducidad es cambiante y ahora que los agentes de la IA se cuentan entre los hablantes más leídos, la continua actualización incluye esas herramientas. El ‘aggiornamiento’ académico incansable se mira en los modelos del lenguaje que nos hablan del futuro.
El diccionario es un esfuerzo central en nuestra cultura, donde la tecnología nos hace perdernos en las ramas en lugar de vincularnos con el tronco común. Ahí está este DLE, un tronco lleno de anillos y de historia, por el que la savia de la lengua llega a los labios de todos los hablantes.
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