Una pregunta lleva semanas circulando: ¿hay hueco para un partido de centro en España? La responsable es la abogada Miriam González, esposa de Nick Clegg, antiguo viceprimer ministro liberal de Reino Unido, que ha registrado una formación, Democracia 21, con la que medita presentarse a las generales. La respuesta sobre las perspectivas de un proyecto de centro que se desprende de los datos demoscópicos no es alentadora para ningún emprendedor en ese espacio, ya que muestran que el centro sociológico existe, sí, pero ni su tamaño es tan grande como se suele decir ni presenta una fuerte demanda de un partido que se ubicase entre el PSOE y el PP, visión que también se impone entre los investigadores en sociología y ciencia política.
Albert Rivera no augura éxito a Democracia 21
«Estoy fuera de la política de verdad, para siempre», asegura Albert Rivera (Barcelona, 46 años), expresidente de Ciudadanos, partido con el que en abril de 2019 logró más de 4 millones de votos, quedándose a menos de un punto del PP. Fue el techo de una formación que empezó a caer hasta su casi desaparición de facto. Ahora, reinventado como formador de líderes, ni milita en Ciudadanos ni tiene —asegura— relación con Democracia 21. Rivera no le augura éxito al proyecto, porque —afirma— a las dificultades que impone el sistema electoral a las fuerzas que se presentan en toda España sin el poderío de un PSOE o un PP se suma una «coyuntura» desfavorable, marcada por la «polarización», que empuja al «voto útil».
Aunque «sociológicamente» hay una «minoría mayoritaria en el centro», Rivera no ve que sea «el momento más oportuno» para un proyecto así ni por clima político ni por «estrategia». «Dividir el voto entre el centro, centro derecha, podría ser un tiro en el pie», señala por teléfono. Cree que el caso de Cs era distinto, analiza. Entonces «la crisis de Cataluña» fue «un catalizador para buscar una alternativa constitucionalista». «Y si bien la corrupción está latente igual o más que cuando surgimos nosotros a nivel nacional, la polarización hoy hace que haya mucho voto útil», añade.
En cuanto a las causas del derrumbamiento de Cs, afirma que son «muchísimas» y cita la «polarización» y los «seis o siete reveses» que sufrió su partido en las urnas tras su marcha (salida que se produjo tras bajar su partido de 57 a 10 escaños en noviembre de 2019). ¿Y no fue un error decantarse por los pactos con la derecha, a veces incluyendo a Vox, en detrimento del papel de bisagra? Tras recordar que Cs también pactó con socialistas como Susana Díaz o Emiliano García-Page, Rivera mira al presidente del Gobierno. «El factor Sánchez lo cambió todo», afirma en relación lo que llama su «pacto de hierro» con «Bildu y [Carles] Puigdemont». «Ese acuerdo sigue vivo. Ese es el gran cambio de la política nacional. El PSOE, que era un partido de Estado de centro-izquierda, tomó la decisión estratégica de aliarse con radicales de izquierdas y separatistas, lo que lo hizo incompatible con Ciudadanos».
Los datos demoscópicos y el contexto de polarización y tensión electoral estrechan el margen para una fuerza centrista
Una pregunta lleva semanas circulando: ¿hay hueco para un partido de centro en España? La responsable es la abogada Miriam González, esposa de Nick Clegg, antiguo viceprimer ministro liberal de Reino Unido, que ha registrado una formación, Democracia 21, con la que medita presentarse a las generales. La respuesta sobre las perspectivas de un proyecto de centro que se desprende de los datos demoscópicos no es alentadora para ningún emprendedor en ese espacio, ya que muestran que el centro sociológico existe, sí, pero ni su tamaño es tan grande como se suele decir ni presenta una fuerte demanda de un partido que se ubicase entre el PSOE y el PP, visión que también se impone entre los investigadores en sociología y ciencia política.
Albert Rivera no augura éxito a Democracia 21
«Estoy fuera de la política de verdad, para siempre», asegura Albert Rivera (Barcelona, 46 años), expresidente de Ciudadanos, partido con el que en abril de 2019 logró más de 4 millones de votos, quedándose a menos de un punto del PP. Fue el techo de una formación que empezó a caer hasta su casi desaparición de facto. Ahora, reinventado como formador de líderes, ni milita en Ciudadanos ni tiene —asegura— relación con Democracia 21. Rivera no le augura éxito al proyecto, porque —afirma— a las dificultades que impone el sistema electoral a las fuerzas que se presentan en toda España sin el poderío de un PSOE o un PP se suma una «coyuntura» desfavorable, marcada por la «polarización», que empuja al «voto útil».
Aunque «sociológicamente» hay una «minoría mayoritaria en el centro», Rivera no ve que sea «el momento más oportuno» para un proyecto así ni por clima político ni por «estrategia». «Dividir el voto entre el centro, centro derecha, podría ser un tiro en el pie», señala por teléfono. Cree que el caso de Cs era distinto, analiza. Entonces «la crisis de Cataluña» fue «un catalizador para buscar una alternativa constitucionalista». «Y si bien la corrupción está latente igual o más que cuando surgimos nosotros a nivel nacional, la polarización hoy hace que haya mucho voto útil», añade.
En cuanto a las causas del derrumbamiento de Cs, afirma que son «muchísimas» y cita la «polarización» y los «seis o siete reveses» que sufrió su partido en las urnas tras su marcha (salida que se produjo tras bajar su partido de 57 a 10 escaños en noviembre de 2019). ¿Y no fue un error decantarse por los pactos con la derecha, a veces incluyendo a Vox, en detrimento del papel de bisagra? Tras recordar que Cs también pactó con socialistas como Susana Díaz o Emiliano García-Page, Rivera mira al presidente del Gobierno. «El factor Sánchez lo cambió todo», afirma en relación lo que llama su «pacto de hierro» con «Bildu y [Carles] Puigdemont». «Ese acuerdo sigue vivo. Ese es el gran cambio de la política nacional. El PSOE, que era un partido de Estado de centro-izquierda, tomó la decisión estratégica de aliarse con radicales de izquierdas y separatistas, lo que lo hizo incompatible con Ciudadanos».
