Todas las noches me digo que debo comprar un despertador analógico en vez de poner la alarma en el móvil: lo tienes después tan cerca que acabas desbloqueando el teléfono de nuevo como una resistencia a que se acabe el día. La pantalla al encenderse vuelve más oscura la madrugada. Reviso los mensajes y en un grupo archivado alguien ha enviado una imagen: un helado con la forma de un niño que sonríe bobalicón. Tiene un gorro de chocolate en punta, los ojos y la boca son rosa fresa y la nariz es una bola verde de chicle. Mikoboy se llama esa criatura bidimensional que me mira sobre la frase: ¿Te acuerdas de la última vez que lo tomaste? No, nunca lo tomé. Empiezo a observar el resto de helados que salen por detrás en el viejo cartel de Miko y reconozco mi preferido, que ya no se fabrica. Me pregunto si somos capaces de saber cuándo es la última vez que hacemos algo, y no solo el último helado infantil: un partido al futbolín con ese amigo, una copa de vino, un baño en el mar, un gol de tu jugador favorito, ¿sabías que había sido el último?
Me pregunto si algún seguidor del Madrid pensaba en el regreso de Mourinho. Los culés no verán más a Lewandowski arañar goles, ni el Athletic a Valverde
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Me pregunto si algún seguidor del Madrid pensaba en el regreso de Mourinho. Los culés no verán más a Lewandowski arañar goles, ni el Athletic a Valverde

Marta San Miguel
Todas las noches me digo que debo comprar un despertador analógico en vez de poner la alarma en el móvil: lo tienes después tan cerca que acabas desbloqueando el teléfono de nuevo como una resistencia a que se acabe el día. La pantalla al encenderse vuelve más oscura la madrugada. Reviso los mensajes y en un grupo archivado alguien ha enviado una imagen: un helado con la forma de un niño que sonríe bobalicón. Tiene un gorro de chocolate en punta, los ojos y la boca son rosa fresa y la nariz es una bola verde de chicle. Mikoboy se llama esa criatura bidimensional que me mira sobre la frase: ¿Te acuerdas de la última vez que lo tomaste? No, nunca lo tomé. Empiezo a observar el resto de helados que salen por detrás en el viejo cartel de Miko y reconozco mi preferido, que ya no se fabrica. Me pregunto si somos capaces de saber cuándo es la última vez que hacemos algo, y no solo el último helado infantil: un partido al futbolín con ese amigo, una copa de vino, un baño en el mar, un gol de tu jugador favorito, ¿sabías que había sido el último?
El fútbol es una suma de finales trágicos e inicios esperanzadores, vamos, como agosto. Quizá lean esto de vacaciones, o quizá lo hagan en la oficina, en el metro o esperando a recoger a sus hijos en la puerta de algún campus infantil; pero estos días en los que fue noticia que Vinicius había borrado todas sus fotos de Instagram, me quedo con los quehaceres que borramos nosotros de nuestra vida sin saber que algún día volverán a aparecer como una foto de WhatsApp a medianoche.
El cartel de Miko contiene los helados de aquellos veranos pretéritos, de transistor a pilas y horario para bañarse por hacer la digestión. Sus nombres ahí colocados son tan familiares como la alineación de tu equipo en el campo. No añoro su sabor, sino todo lo que rodeaba el hecho de abrirlos, por eso hay ciertos regresos que tienen ese regusto como a milagro, a resurrección. Los aficionados de cada equipo tendrán en su memoria los partidos y las jugadas que nunca pensaron que serían las últimas, pero solo el tiempo confirma los finales. Ahora que está a punto de empezar la Liga, me pregunto si algún seguidor del Real Madrid pensaba que Mourinho volvería a sentarse en el banquillo del Bernabéu, después de despedirse con tanta paz como llevó; o quién nos iba a decir a los que vimos el último partido del Racing en Primera, allá por mayo de 2012 contra Osasuna, que íbamos a pasar 14 años entre Segunda y el abismo hasta su vuelta a la máxima categoría.
Por volver, ha vuelto hasta Ted Lasso, el bondadoso entrenador de Apple TV, que hizo del vestuario del Richmond (un equipo ficticio de la Premier League) el escenario de una de las series de mayor éxito de la plataforma. Habían cerrado la trama de las tres temporadas con un punto final redondo; su protagonista y creador (Jason Sudeikis) se había despedido del personaje, y sin embargo este agosto ha regresado con una nueva temporada para entrenar a un equipo de fútbol femenino.
Los finales son el principio más difícil, y no es un juego de palabras, es que ahora que termina lo que llevamos todo el año esperando, las vacaciones, empieza otra vez el paso del tiempo. Los culés, por ejemplo, no verán más a Lewandowski arañar goles a final de los partidos, y en el Athletic ya no estará Valverde para guiar el timón de la Gabarra, y sin embargo asumir que otros vendrán y sustituirán su recuerdo es tan triste como inevitable.
En estas estamos ahora, entre seguir eligiendo helados con la piel tirante por el sol o ponernos la camiseta de nuestro equipo para sumirnos en la rutina que vuelva comprensible todas las pérdidas, sobre todo aquellas que no vimos venir.
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