El modelo está en Ormuz, pero es de aplicación universal. En el nuevo desorden internacional regido por la fuerza ‘no siempre el grande se come al chico’, cuando el chico cuenta con palancas para defenderse e incluso imponerse sobre quien tiene más poder y recursos. Estados Unidos está comprobándolo frente a Irán en su disputa por el control de un pasillo marítimo crucial para la economía mundial. Ahí es donde el presidente estadounidense, Donald Trump, puede perder las elecciones de noviembre e incluso su hegemonía en Oriente Próximo.
El nuevo desorden internacional se rige ahora por la fuerza de ‘no siempre el grande se come al chico’
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos
El nuevo desorden internacional se rige ahora por la fuerza de ‘no siempre el grande se come al chico’

El modelo está en Ormuz, pero es de aplicación universal. En el nuevo desorden internacional regido por la fuerza ‘no siempre el grande se come al chico’, cuando el chico cuenta con palancas para defenderse e incluso imponerse sobre quien tiene más poder y recursos. Estados Unidos está comprobándolo frente a Irán en su disputa por el control de un pasillo marítimo crucial para la economía mundial. Ahí es donde el presidente estadounidense, Donald Trump, puede perder las elecciones de noviembre e incluso su hegemonía en Oriente Próximo.
La ecuación funciona entre Marruecos y España, aun sin guerra cinética de por medio. Es la baza del pobre frente al rico, el déspota frente a la democracia, quien fue colonizado frente a la antigua metrópolis. Forma parte del arsenal de los conflictos asimétricos y de las guerras híbridas, en las que no cuentan los daños que sufre cada parte sino la capacidad de sufrimiento de los contendientes: en muertos, en miseria e incluso en un desprestigio internacional que apenas afecta a quien nunca lo ha tenido.
Aunque la fórmula está proliferando en tiempos trumpistas, no hay novedad alguna en ella. Pertenece al repertorio de la disuasión asimétrica del pequeño al grande, a la que también se adscribe el terrorismo más crudo. Basta la exhibición de un pequeño arsenal nuclear, capaz de desencadenar una escalada en el intercambio de cabezas atómicas, para mantener a raya a las mayores superpotencias. Es el caso de Corea del Norte, que ya posee el arma atómica. Y ahora de Irán, que alcanzó el umbral nuclear, provisionalmente frenado por los ataques de Israel y Estados Unidos, pero ha encontrado en la geografía de Ormuz un arma equivalente.
La debilidad geopolítica de España es una preocupante evidencia que no tiene la consecuente reflexión colectiva ni el imprescindible consenso en política exterior que merece. Ceuta y Melilla, naturalmente. También las Islas Canarias. El control sobre el estrecho de Gibraltar. La fosa de desigualdad de riqueza, demografía y expectativas de vida decente que separa las dos orillas mediterráneas. La política exterior trumpista, que alinea al rey marroquí, Mohamed VI, con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en los Pactos de Abraham. La antigua y arraigada apuesta de Washington por Marruecos frente a Argelia, enervada por la quiebra del lazo transatlántico. Incluso la acción militante y proselitista de la internacional negra y dorada de Trump y su vicepresidente, J. D. Vance, frente al benévolo progresismo europeo representado por el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez.
Las mejores estrategias asimétricas aprovechan momentos de transición e inestabilidad. Lo demostró Hasan II, el padre del actual rey, con la Marcha Verde cuando Franco estaba ya en las últimas. Funcionan en los relevos electorales, especialmente interesantes para quienes no dependen del voto de los ciudadanos y sin embargo pueden influir en las elecciones. Quienes saben moverse en estas aguas turbulentas —la diplomacia secreta, el espionaje, la guerra híbrida…— huelen la sangre y golpean cuando menos se espera. O lanzan pruebas preliminares, antes del ataque definitivo. Puede que sean las mafias, como ha dicho Sánchez, pero perfectamente conectadas con el Estado profundo marroquí. Ormuz tiene futuro.
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