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  Nacional  El Satisfyer siete años después: “El robot rompió la brecha orgásmica, pero perjudicó a la masturbación más libre”
Nacional

El Satisfyer siete años después: “El robot rompió la brecha orgásmica, pero perjudicó a la masturbación más libre”

agosto 4, 2026
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Fue el regalo estrella de las Navidades prepándemicas y ahí resiste, guardado en mi mesita de noche y en la de millones de españolas. Hace siete años, las mujeres de mi entorno se obsesionaron con él. Era “lo mejor” en sobremesas, en los pódcasts de las chicas listas, en grupos de WhatsApp y en la publicidad segmentada de Instagram. El Satisfyer, el succionador de clítoris, supuso un antes y después en el goce de las españolas. No solo por desterrar a la penetración en la ecuación del orgasmo femenino. Su facilidad de uso y el poco tiempo que requería para llegar al clímax fueron clave para convencer hasta las más reacias.

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 El regalo estrella de los amigos invisibles y las Navidades prepándemicas llevó en masa al orgasmo clitoriano, pero delegó el autoplacer femenino a la eficiencia técnica  

Fue el regalo estrella de las Navidades prepándemicas y ahí resiste, guardado en mi mesita de noche y en la de millones de españolas. Hace siete años, las mujeres de mi entorno se obsesionaron con él. Era “lo mejor” en sobremesas, en los pódcasts de las chicas listas, en grupos de WhatsApp y en la publicidad segmentada de Instagram. El Satisfyer, el succionador de clítoris, supuso un antes y después en el goce de las españolas. No solo por desterrar a la penetración en la ecuación del orgasmo femenino. Su facilidad de uso y el poco tiempo que requería para llegar al clímax fueron clave para convencer hasta las más reacias.

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Tal fue el entusiasmo por el estimulador que en S Moda decidimos reflexionar sobre el porqué de esta nueva obsesión. Adictas al Satisfyer: por qué las millennials liquidan sus orgasmos en dos minutos fue uno de los artículos más leídos de la revista femenina de EL PAÍS en 2019… y me llevó a silenciar la palabra “Satisfyer” en Twitter ante la avalancha de menciones que recibí. Todo el mundo tenía una opinión o un chiste malo que soltarme por el bendito invento. ¿Qué queda de aquel aparato que pasó de agotarse en minutos en la web especializada de PlatanoMelon (zona cero del fenómeno), a venderse en el MediaMarkt y hasta en algún que otro estanco? Da la sensación de que ni la freidora de aire, el otro robot estrella en lo que va de siglo, haya sido adoptada con tanta ilusión en los hogares españoles.

Así es el Satisfyer Pro 2.

Su huella cultural es innegable. La revolución del orgasmo clitoriano traspasó fronteras y ha llegado hasta los cines con El placer es mío, una reciente comedia francesa sobre la invención del aparato que, lejos de ofrecer un debate estimulante sobre el deseo femenino, deja a las Escenas de Matrimonio de Pepa y Avelino a la altura de las de Bergman. Más allá de visiones caducas en el cine, siete años después de aquella locura ¿siguen las mujeres encaprichadas con él o lo tienen cogiendo polvo en el cajón?

“Miedo a insensibilizarme”

“Ya no soy capaz de masturbarme sin usarlo porque me ha cambiado absolutamente la manera de relacionarme conmigo misma. Antes me corría más rápido, ahora tardo bastante más y, sin él, muchísimo más”, explica una usuaria que no lo usa con su pareja porque “son mundos separados”. Otra consultada apunta a una de las consecuencias y debates que han surgido tras su normalización orgásmica: la insensibilización por alta tolerancia. “Yo ahora lo combino con varios cacharros. Para el orgasmo exprés es imbatible, pero me da miedo a insensibilizarme, he tenido épocas en las que el Satisfyer no me satisfacía como tal aunque cumplía con su objetivo”, cuenta. En menor medida, están las que lo han abandonado pero no por rechazo, sino para ampliar horizontes con vibradores de doble estimulación.

Contactless Clitoral Stimulator Satisfyer Vibrator
Desde 2019, el mercado se ha inundado de nuevos estimuladores de clítoris. Vershinin (Getty Images/iStockphoto)

La tendencia se confirma en tiendas. “El Satisfyer ya no se agota por varias razones: la mayoría ya tiene alguno, el mercado está colapsado de nuevas marcas y muchas se han pasado a la doble estimulación con vibradores que penetran y succionan”, explica el dependiente de Sexyland, la tienda erótica de la calle Còrsega de Barcelona que en 2019 tenía que reponer cada semana decenas de Satifsfyer Pro 2.

En 2026, el modelo que colapsaría el mercado ya va por su tercera generación con tecnología liquid air para imitar “la oleada sensual del agua en movimiento”. A mayor intensidad, mayor rapidez para el orgasmo. En 2019 constaba de 11 velocidades, ahora ofrece 21.

El robot que trajo tareas

En su ensayo Un nuevo contrato sexual (Ariel, 2026), la antropóloga y Doctora en Sociología Andrea García Santesmases recuerda que el primer vibrador electromecánico, patentado en 1880 por un médico británico, se diseñó para tratar la histeria femenina y que, desde sus inicios, la masturbación femenina se enfocó dentro de la idea “un cuerpo-mente defectuoso”. En la época de las duchas vaginales por prescripción médica, nadie se molestó en atender a la brecha orgásmica heterosexual, que es como se llama a la diferencia en la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el orgasmo durante las relaciones sexuales, siendo mucho menor en ellas.

Consultada por el impacto del estimulador de clítoris, la ensayista apunta al “realismo doméstico” de Helen Hester, donde se defiende la idea de que “es más fácil imaginar un robot que solucione el reparto desigual de tareas que pensar una división real e igualitaria” en el mundo de la pareja heterosexual.

Para la autora, con el Satisfyer ha pasado algo similar a la llegada de la lavadora: lo que prometía acortar tiempos en tareas, acabó dando más trabajo por aprender a hacer varios tipos de colada o especializar el cuidado de las prendas.

Santesmases asegura que la solución inmediata del orgasmo rápido y eficiente ha generado, paradójicamente, nuevas prescripciones y rituales —“cómo colocarlo, cuál elegir, dónde y cuándo usarlo”—, convirtiéndolo casi en una tarea más a asumir. “El robot sexual ha podido llegar a restar espontaneidad y naturalidad en la masturbación, transformando algo que debería ser libre en algo estructurado y de precisión técnica“, lamenta. Y advierte de lo reduccionista de todo este asunto: “Hemos depositado en un pequeño aparato una enorme carga de responsabilidades que, en realidad, tienen más que ver con la negociación del placer y el deseo de nuestros cuerpos”.

 

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