Se acuerda uno sobre todo de las cosas que no recuerdan a nadie. Vaya, eso de no recordar a nadie parece que hoy no tiene su peso o validez, pues vivimos en tiempos en los que todos, incluso los llamados artistas, recuerdan a otros de tal manera que parecen imitarlos. Ni que decir tiene, ningún torero va a decir que imita, pero una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen. Ahondando incluso en estos terrenos, puedo afirmar que no hay nada malo en eso de recordar, pero sí y mucho en querer parecerse, que es distinto. Yo creo que los toreros actuales han visto demasiados videos y fotografías, y han estudiado excesivamente a Belmonte, a Joselito, a Chicuelo, a Pepe Luis, a Pepín, a Ordóñez, a Romero, a Paula… Con la diferencia de que ésos… no se parecían a nadie. Y vaya por delante, Belmonte bebió de las fuentes de Antonio Montes, ¡al que nunca vio!, por mor de su banderillero José María Calderón, por ello lo de Belmonte, aun siguiendo las normas de Montes, alcanzaba otras cotas. José bebió del Guerra, al que trató y mucho en charlas, e incluso llegó a torear con él algún tentadero, pero no llegó a verlo de luces, y tampoco se parecía en nada salvo en el poderío y en el mandar. Pepe Luis sí que recordaba a Chicuelo, pero una cosa es recordar y otra parecerse, pues cada cual… tenía su ángel. Tanto Romero como Paula bebieron de Ordóñez, pero ni que decir tiene, ninguno se parecía al rondeño ni por asomo, salvo en el concepto del clasicismo. He aquí el milagro (de aquel que lo tiene): beber de la fuente para hacer un agua sólo suya. ¿Dónde ha quedado eso de la personalidad? Porque yo no la veo. Veo a muchos que se parecen o quieren parecerse, en esa impostura de lo impostado, y claro, a algunos, aunque seamos pocos, no nos la dan. Resulta que lo impostado ha cobrado peso, y no sólo no desmerece, sino que se le da credibilidad de ser. Y es que sólo cuando las cosas son lo que son, todo lo demás deja de ser. Se acuerda uno sobre todo de las cosas que no recuerdan a nadie. Vaya, eso de no recordar a nadie parece que hoy no tiene su peso o validez, pues vivimos en tiempos en los que todos, incluso los llamados artistas, recuerdan a otros de tal manera que parecen imitarlos. Ni que decir tiene, ningún torero va a decir que imita, pero una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen. Ahondando incluso en estos terrenos, puedo afirmar que no hay nada malo en eso de recordar, pero sí y mucho en querer parecerse, que es distinto. Yo creo que los toreros actuales han visto demasiados videos y fotografías, y han estudiado excesivamente a Belmonte, a Joselito, a Chicuelo, a Pepe Luis, a Pepín, a Ordóñez, a Romero, a Paula… Con la diferencia de que ésos… no se parecían a nadie. Y vaya por delante, Belmonte bebió de las fuentes de Antonio Montes, ¡al que nunca vio!, por mor de su banderillero José María Calderón, por ello lo de Belmonte, aun siguiendo las normas de Montes, alcanzaba otras cotas. José bebió del Guerra, al que trató y mucho en charlas, e incluso llegó a torear con él algún tentadero, pero no llegó a verlo de luces, y tampoco se parecía en nada salvo en el poderío y en el mandar. Pepe Luis sí que recordaba a Chicuelo, pero una cosa es recordar y otra parecerse, pues cada cual… tenía su ángel. Tanto Romero como Paula bebieron de Ordóñez, pero ni que decir tiene, ninguno se parecía al rondeño ni por asomo, salvo en el concepto del clasicismo. He aquí el milagro (de aquel que lo tiene): beber de la fuente para hacer un agua sólo suya. ¿Dónde ha quedado eso de la personalidad? Porque yo no la veo. Veo a muchos que se parecen o quieren parecerse, en esa impostura de lo impostado, y claro, a algunos, aunque seamos pocos, no nos la dan. Resulta que lo impostado ha cobrado peso, y no sólo no desmerece, sino que se le da credibilidad de ser. Y es que sólo cuando las cosas son lo que son, todo lo demás deja de ser.
Jesús Soto de Paula
Se acuerda uno sobre todo de las cosas que no recuerdan a nadie. Vaya, eso de no recordar a nadie parece que hoy no tiene su peso o validez, pues vivimos en tiempos en los que todos, incluso los llamados artistas, recuerdan a otros de … tal manera que parecen imitarlos. Ni que decir tiene, ningún torero va a decir que imita, pero una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen. Ahondando incluso en estos terrenos, puedo afirmar que no hay nada malo en eso de recordar, pero sí y mucho en querer parecerse, que es distinto. Yo creo que los toreros actuales han visto demasiados videos y fotografías, y han estudiado excesivamente a Belmonte, a Joselito, a Chicuelo, a Pepe Luis, a Pepín, a Ordóñez, a Romero, a Paula… Con la diferencia de que ésos… no se parecían a nadie. Y vaya por delante, Belmonte bebió de las fuentes de Antonio Montes, ¡al que nunca vio!, por mor de su banderillero José María Calderón, por ello lo de Belmonte, aun siguiendo las normas de Montes, alcanzaba otras cotas. José bebió del Guerra, al que trató y mucho en charlas, e incluso llegó a torear con él algún tentadero, pero no llegó a verlo de luces, y tampoco se parecía en nada salvo en el poderío y en el mandar. Pepe Luis sí que recordaba a Chicuelo, pero una cosa es recordar y otra parecerse, pues cada cual… tenía su ángel. Tanto Romero como Paula bebieron de Ordóñez, pero ni que decir tiene, ninguno se parecía al rondeño ni por asomo, salvo en el concepto del clasicismo. He aquí el milagro (de aquel que lo tiene): beber de la fuente para hacer un agua sólo suya. ¿Dónde ha quedado eso de la personalidad? Porque yo no la veo. Veo a muchos que se parecen o quieren parecerse, en esa impostura de lo impostado, y claro, a algunos, aunque seamos pocos, no nos la dan. Resulta que lo impostado ha cobrado peso, y no sólo no desmerece, sino que se le da credibilidad de ser. Y es que sólo cuando las cosas son lo que son, todo lo demás deja de ser.
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