Hoy, probablemente, tras estos últimos días de reflexión , sabremos si finalmente el presidente del Gobierno decide adelantar las elecciones generales. Tras un fin de semana en el que lo único que hemos podido leer fueron argumentos muy bien construidos en uno y otro sentido, hoy, por fin, sabremos por lo que se decanta Sánchez. Su conocida afición de hacer de la necesidad virtud, puede que ahora le lleve a tratar de coger este atajo porque básicamente no hay ninguno bueno para sus intereses. Otra cosa son los intereses del resto. En contra de lo que puedan pensar muchos, no hay una estrategia predefinida. Solo una carambola que ya veremos si aprovecha y que de ninguna manera -y esto tampoco es consenso porque nos tiene con la moral comida- va a modificar el resultado que anticipan los que saben de esto. Por lo tanto, un eventual adelanto electoral sería una buena noticia para el mercado porque adelantaría el desenlace previsto: el cambio de gobierno. Normalmente los mercados recelan de los cambios de rumbo . No va a ser este el caso, todo lo contrario. El gobierno de Sánchez ha sido plomo en las alas de una economía con el viento de cola. Ausencia de política económica y fiscal, inseguridad jurídica y arbitrariedades han sido la marca de la casa. A nada que los que lleguen hagan las cosas medio bien -y no es pedir mucho-, tendremos ciclo para rato. Hay margen en política económica -no es necesario recordar que llevamos toda la legislatura sin presupuestos- y más si cabe en política fiscal. Y las oportunidades son muchas en campos tan distintos como la industria automovilística, los centros de datos u otros sectores electro intensivos. La construcción va a seguir acompañando. Y una política de vivienda orientada a atajar los problemas de oferta acabará teniendo efectos en este grave problema social. Además, y como ya hemos comentado por aquí en alguna otra ocasión no es un tema menor, la salida de Sánchez va a suponer una notable reducción del nivel de encabronamiento. Hoy la cosa política en general y Pedro Sánchez en concreto tiene al personal hablando solo. Su salida de nuestras vidas relanzaría inmediatamente los ‘animal spirits’. En estas circunstancias, los activos españoles deberían seguir comportándose bien. Lo han hecho estos últimos años a pesar de este Gobierno aciago que hemos padecido durante más tiempo del que hubiera sido deseable. Ahora lo harán con más razón.Así las cosas, cuanto antes mejor, señor presidente. Descansaremos todos OportunidadSiempre pasa igual. Tiene mucho que ver con como afectan las emociones a las decisiones de inversión. Muchos de los inversores que hace pocas semanas se lamentaban de no haberse subido a la bolsa española cuando se fue por encima de los 20.000 puntos, ahora se les encoge el brazo y se aferran a cualquiera de las excusas que siempre están en el repertorio. Y recordarles que hace muy poco tiempo querían comprar la bolsa algo más cara resulta completamente ocioso. Somos muy malos tomando decisiones , lo sabemos, pero no por saberlo somos capaces de ponerle remedio. La bolsa española lo ha hecho muy bien estos últimos años por razones que hemos desgranado aquí semanalmente. Estas razones siguen absolutamente vigentes y, como veíamos antes, puede que todavía lo estén más si se precipitan las cosas en la política . La economía, y lo comprobamos con cada dato, va bien, mucho mejor que el resto de países comparables y, lo que es más importante, así va a seguir. El ladrillo, el turismo, la balanza de pagos, y el precio de la energía van a seguir apuntalando ese mejor desempeño.Los beneficios empresariales van a seguir recogiendo este mejor comportamiento de la economía y van a seguir batiendo nuevos récords. A la bolsa española no la han regalado nada. El espectacular comportamiento de estos últimos años ha venido de la mano de la fortísima recuperación de los resultados de las compañías cotizadas y eso es lo que, salvo catástrofe, va a seguir pasando. Las valoraciones de la bolsa española siguen siendo atractivas en absoluto pero mucho más en el relativo por una razón muy sencilla: los resultados de las compañías que cotizan en la bolsa española son mucho más previsibles. Y, por último, son pocos los que se han subido al carro. No se puede pedir más. Pero las emociones nos van a seguir lastrando. La mejor recomendación es que las dejen de lado y que superen esos sesgos que fundamentalmente les paralizan. No van a tener muchas oportunidades para poder comprar la bolsa española a estos niveles si este breve análisis está bien tirado.Otro debate hurtadoEl problema con la vivienda es que el Gobierno no puede derogar la ley de la oferta y la demanda. Esta reflexión para todo el que la haya podido hacer sacando la cabeza de la centrifugadora del día a día cae por su propio peso. La demanda medida por ejemplo en la creación de nuevos hogares no para de crecer. Y la oferta no levanta cabeza tras muchos años bajo mínimos. Además, las soluciones que se plantean acentúan los problemas de oferta. Este análisis, para el que no hace falta ser doctor en economía, se entierra en el momento en el que el debate se impone la demagogia de chino de la esquina y las consignas lo ciegan todo. Si hay algún tema en el que las soluciones fáciles a problemas complejos calan, es precisamente este. Todo el mundo quiere una casa y al poder ser rápido y barata. Y lo peor es que en el partido socialista también lo saben. Lo sabe el presidente, que aunque su tesis doctoral esté más que cuestionada, tiene algunas nociones básicas de economía. Lo sabe, desde luego, su vicepresidente económico, que el otro día en la rueda de prensa del aciago Cnsejo de Ministros, el del «cacao» , no era capaz de levantar la cabeza de sus papeles a medida que la ministra del ramo con cada afirmación se enfangaba más. Y lo saben también los alcaldes o concejales socialistas con algo de responsabilidad sobre el tema. Sin embargo, no se ha podido debatir nada. No se han confrontado ideas porque lo único que se buscaba era el conmigo o contra mí. El eslogan, la consigna . Y supongo que entra dentro de la lógica política, más en el momento actual en el que todo pasa por etiquetar a buenos y malos, pero no tiene pase desde la lógica económica ni siquiera moral. La vivienda, la educación -mucho más desde el resultado de los informes PISA que constatan la deriva española en algo absolutamente capital- o incluso la política exterior requieren de consensos de Estado. Hoy no son posibles y probablemente nos tengamos que conformar que los que lleguen, esperemos que sea antes que después, lo dicho, presidente, cuanto antes, mejor, tiren por el camino correcto. Hoy, probablemente, tras estos últimos días de reflexión , sabremos si finalmente el presidente del Gobierno decide adelantar las elecciones generales. Tras un fin de semana en el que lo único que hemos podido leer fueron argumentos muy bien construidos en uno y otro sentido, hoy, por fin, sabremos por lo que se decanta Sánchez. Su conocida afición de hacer de la necesidad virtud, puede que ahora le lleve a tratar de coger este atajo porque básicamente no hay ninguno bueno para sus intereses. Otra cosa son los intereses del resto. En contra de lo que puedan pensar muchos, no hay una estrategia predefinida. Solo una carambola que ya veremos si aprovecha y que de ninguna manera -y esto tampoco es consenso porque nos tiene con la moral comida- va a modificar el resultado que anticipan los que saben de esto. Por lo tanto, un eventual adelanto electoral sería una buena noticia para el mercado porque adelantaría el desenlace previsto: el cambio de gobierno. Normalmente los mercados recelan de los cambios de rumbo . No va a ser este el caso, todo lo contrario. El gobierno de Sánchez ha sido plomo en las alas de una economía con el viento de cola. Ausencia de política económica y fiscal, inseguridad jurídica y arbitrariedades han sido la marca de la casa. A nada que los que lleguen hagan las cosas medio bien -y no es pedir mucho-, tendremos ciclo para rato. Hay margen en política económica -no es necesario recordar que llevamos toda la legislatura sin presupuestos- y más si cabe en política fiscal. Y las oportunidades son muchas en campos tan distintos como la industria automovilística, los centros de datos u otros sectores electro intensivos. La construcción va a seguir acompañando. Y una política de vivienda orientada a atajar los problemas de oferta acabará teniendo efectos en este grave problema social. Además, y como ya hemos comentado por aquí en alguna otra ocasión no es un tema menor, la salida de Sánchez va a suponer una notable reducción del nivel de encabronamiento. Hoy la cosa política en general y Pedro Sánchez en concreto tiene al personal hablando solo. Su salida de nuestras vidas relanzaría inmediatamente los ‘animal spirits’. En estas circunstancias, los activos españoles deberían seguir comportándose bien. Lo han hecho estos últimos años a pesar de este Gobierno aciago que hemos padecido durante más tiempo del que hubiera sido deseable. Ahora lo harán con más razón.Así las cosas, cuanto antes mejor, señor presidente. Descansaremos todos OportunidadSiempre pasa igual. Tiene mucho que ver con como afectan las emociones a las decisiones de inversión. Muchos de los inversores que hace pocas semanas se lamentaban de no haberse subido a la bolsa española cuando se fue por encima de los 20.000 puntos, ahora se les encoge el brazo y se aferran a cualquiera de las excusas que siempre están en el repertorio. Y recordarles que hace muy poco tiempo querían comprar la bolsa algo más cara resulta completamente ocioso. Somos muy malos tomando decisiones , lo sabemos, pero no por saberlo somos capaces de ponerle remedio. La bolsa española lo ha hecho muy bien estos últimos años por razones que hemos desgranado aquí semanalmente. Estas razones siguen absolutamente vigentes y, como veíamos antes, puede que todavía lo estén más si se precipitan las cosas en la política . La economía, y lo comprobamos con cada dato, va bien, mucho mejor que el resto de países comparables y, lo que es más importante, así va a seguir. El ladrillo, el turismo, la balanza de pagos, y el precio de la energía van a seguir apuntalando ese mejor desempeño.Los beneficios empresariales van a seguir recogiendo este mejor comportamiento de la economía y van a seguir batiendo nuevos récords. A la bolsa española no la han regalado nada. El espectacular comportamiento de estos últimos años ha venido de la mano de la fortísima recuperación de los resultados de las compañías cotizadas y eso es lo que, salvo catástrofe, va a seguir pasando. Las valoraciones de la bolsa española siguen siendo atractivas en absoluto pero mucho más en el relativo por una razón muy sencilla: los resultados de las compañías que cotizan en la bolsa española son mucho más previsibles. Y, por último, son pocos los que se han subido al carro. No se puede pedir más. Pero las emociones nos van a seguir lastrando. La mejor recomendación es que las dejen de lado y que superen esos sesgos que fundamentalmente les paralizan. No van a tener muchas oportunidades para poder comprar la bolsa española a estos niveles si este breve análisis está bien tirado.Otro debate hurtadoEl problema con la vivienda es que el Gobierno no puede derogar la ley de la oferta y la demanda. Esta reflexión para todo el que la haya podido hacer sacando la cabeza de la centrifugadora del día a día cae por su propio peso. La demanda medida por ejemplo en la creación de nuevos hogares no para de crecer. Y la oferta no levanta cabeza tras muchos años bajo mínimos. Además, las soluciones que se plantean acentúan los problemas de oferta. Este análisis, para el que no hace falta ser doctor en economía, se entierra en el momento en el que el debate se impone la demagogia de chino de la esquina y las consignas lo ciegan todo. Si hay algún tema en el que las soluciones fáciles a problemas complejos calan, es precisamente este. Todo el mundo quiere una casa y al poder ser rápido y barata. Y lo peor es que en el partido socialista también lo saben. Lo sabe el presidente, que aunque su tesis doctoral esté más que cuestionada, tiene algunas nociones básicas de economía. Lo sabe, desde luego, su vicepresidente económico, que el otro día en la rueda de prensa del aciago Cnsejo de Ministros, el del «cacao» , no era capaz de levantar la cabeza de sus papeles a medida que la ministra del ramo con cada afirmación se enfangaba más. Y lo saben también los alcaldes o concejales socialistas con algo de responsabilidad sobre el tema. Sin embargo, no se ha podido debatir nada. No se han confrontado ideas porque lo único que se buscaba era el conmigo o contra mí. El eslogan, la consigna . Y supongo que entra dentro de la lógica política, más en el momento actual en el que todo pasa por etiquetar a buenos y malos, pero no tiene pase desde la lógica económica ni siquiera moral. La vivienda, la educación -mucho más desde el resultado de los informes PISA que constatan la deriva española en algo absolutamente capital- o incluso la política exterior requieren de consensos de Estado. Hoy no son posibles y probablemente nos tengamos que conformar que los que lleguen, esperemos que sea antes que después, lo dicho, presidente, cuanto antes, mejor, tiren por el camino correcto.
Hoy, probablemente, tras estos últimos días de reflexión, sabremos si finalmente el presidente del Gobierno decide adelantar las elecciones generales. Tras un fin de semana en el que lo único que hemos podido leer fueron argumentos muy bien construidos en uno y otro sentido, … hoy, por fin, sabremos por lo que se decanta Sánchez. Su conocida afición de hacer de la necesidad virtud, puede que ahora le lleve a tratar de coger este atajo porque básicamente no hay ninguno bueno para sus intereses. Otra cosa son los intereses del resto.
En contra de lo que puedan pensar muchos, no hay una estrategia predefinida. Solo una carambola que ya veremos si aprovecha y que de ninguna manera -y esto tampoco es consenso porque nos tiene con la moral comida- va a modificar el resultado que anticipan los que saben de esto.
Por lo tanto, un eventual adelanto electoral sería una buena noticia para el mercado porque adelantaría el desenlace previsto: el cambio de gobierno. Normalmente los mercados recelan de los cambios de rumbo. No va a ser este el caso, todo lo contrario.
El gobierno de Sánchez ha sido plomo en las alas de una economía con el viento de cola. Ausencia de política económica y fiscal, inseguridad jurídica y arbitrariedades han sido la marca de la casa. A nada que los que lleguen hagan las cosas medio bien -y no es pedir mucho-, tendremos ciclo para rato.
Hay margen en política económica -no es necesario recordar que llevamos toda la legislatura sin presupuestos- y más si cabe en política fiscal. Y las oportunidades son muchas en campos tan distintos como la industria automovilística, los centros de datos u otros sectores electro intensivos. La construcción va a seguir acompañando. Y una política de vivienda orientada a atajar los problemas de oferta acabará teniendo efectos en este grave problema social.
Además, y como ya hemos comentado por aquí en alguna otra ocasión no es un tema menor, la salida de Sánchez va a suponer una notable reducción del nivel de encabronamiento. Hoy la cosa política en general y Pedro Sánchez en concreto tiene al personal hablando solo. Su salida de nuestras vidas relanzaría inmediatamente los ‘animal spirits’.
Newsletter
En estas circunstancias, los activos españoles deberían seguir comportándose bien. Lo han hecho estos últimos años a pesar de este Gobierno aciago que hemos padecido durante más tiempo del que hubiera sido deseable. Ahora lo harán con más razón.
Así las cosas, cuanto antes mejor, señor presidente. Descansaremos todos
Oportunidad
Siempre pasa igual. Tiene mucho que ver con como afectan las emociones a las decisiones de inversión. Muchos de los inversores que hace pocas semanas se lamentaban de no haberse subido a la bolsa española cuando se fue por encima de los 20.000 puntos, ahora se les encoge el brazo y se aferran a cualquiera de las excusas que siempre están en el repertorio. Y recordarles que hace muy poco tiempo querían comprar la bolsa algo más cara resulta completamente ocioso. Somos muy malos tomando decisiones, lo sabemos, pero no por saberlo somos capaces de ponerle remedio.
La bolsa española lo ha hecho muy bien estos últimos años por razones que hemos desgranado aquí semanalmente. Estas razones siguen absolutamente vigentes y, como veíamos antes, puede que todavía lo estén más si se precipitan las cosas en la política.
La economía, y lo comprobamos con cada dato, va bien, mucho mejor que el resto de países comparables y, lo que es más importante, así va a seguir. El ladrillo, el turismo, la balanza de pagos, y el precio de la energía van a seguir apuntalando ese mejor desempeño.
Los beneficios empresariales van a seguir recogiendo este mejor comportamiento de la economía y van a seguir batiendo nuevos récords. A la bolsa española no la han regalado nada. El espectacular comportamiento de estos últimos años ha venido de la mano de la fortísima recuperación de los resultados de las compañías cotizadas y eso es lo que, salvo catástrofe, va a seguir pasando.
Las valoraciones de la bolsa española siguen siendo atractivas en absoluto pero mucho más en el relativo por una razón muy sencilla: los resultados de las compañías que cotizan en la bolsa española son mucho más previsibles.
Y, por último, son pocos los que se han subido al carro.
No se puede pedir más. Pero las emociones nos van a seguir lastrando. La mejor recomendación es que las dejen de lado y que superen esos sesgos que fundamentalmente les paralizan. No van a tener muchas oportunidades para poder comprar la bolsa española a estos niveles si este breve análisis está bien tirado.
Otro debate hurtado
El problema con la vivienda es que el Gobierno no puede derogar la ley de la oferta y la demanda. Esta reflexión para todo el que la haya podido hacer sacando la cabeza de la centrifugadora del día a día cae por su propio peso. La demanda medida por ejemplo en la creación de nuevos hogares no para de crecer. Y la oferta no levanta cabeza tras muchos años bajo mínimos. Además, las soluciones que se plantean acentúan los problemas de oferta.
Este análisis, para el que no hace falta ser doctor en economía, se entierra en el momento en el que el debate se impone la demagogia de chino de la esquina y las consignas lo ciegan todo. Si hay algún tema en el que las soluciones fáciles a problemas complejos calan, es precisamente este. Todo el mundo quiere una casa y al poder ser rápido y barata.
Y lo peor es que en el partido socialista también lo saben. Lo sabe el presidente, que aunque su tesis doctoral esté más que cuestionada, tiene algunas nociones básicas de economía. Lo sabe, desde luego, su vicepresidente económico, que el otro día en la rueda de prensa del aciago Cnsejo de Ministros, el del «cacao», no era capaz de levantar la cabeza de sus papeles a medida que la ministra del ramo con cada afirmación se enfangaba más. Y lo saben también los alcaldes o concejales socialistas con algo de responsabilidad sobre el tema.
Sin embargo, no se ha podido debatir nada. No se han confrontado ideas porque lo único que se buscaba era el conmigo o contra mí. El eslogan, la consigna. Y supongo que entra dentro de la lógica política, más en el momento actual en el que todo pasa por etiquetar a buenos y malos, pero no tiene pase desde la lógica económica ni siquiera moral.
La vivienda, la educación -mucho más desde el resultado de los informes PISA que constatan la deriva española en algo absolutamente capital- o incluso la política exterior requieren de consensos de Estado. Hoy no son posibles y probablemente nos tengamos que conformar que los que lleguen, esperemos que sea antes que después, lo dicho, presidente, cuanto antes, mejor, tiren por el camino correcto.
RSS de noticias de economia
