Acorralado por una corrupción que ya no admite disimulo, el Gobierno ha encontrado una coartada que repiten al unísono Moncloa y los medios afines: los poderes fácticos de la derecha tratan de derribar a un Ejecutivo que está mejorando las condiciones materiales de vida de los españoles . Para apuntalar ese relato, el propio Pedro Sánchez ha difundido en sus redes sociales un gráfico según el cual el salario medio creció un 23% entre 2018 y 2024 (por encima de una inflación del 19%) y los salarios más bajos lo hicieron un 42%, duplicando los precios. La realidad, viene a decir, frente al ruido mediático.Pero, aun cuando diéramos por buenas las cifras de Sánchez, su triunfalismo está injustificado. Si el salario medio sube un 23% y los precios un 19,3%, la ganancia real acumulada del trabajador promedio no llega al 3,3%. Y atención: no al 3,3% anual, sino al 3,3% acumulado a lo largo de seis años. Medio punto al año. Y si tomamos el salario mediano (que no se distorsiona por los valores extremos de la distribución), el panorama empeora: creció un 22% nominal, de modo que, descontada la inflación, deja una revalorización real de apenas el 2% en seis ejercicios.Pero esas cifras todavía deben corregirse en dos direcciones. La primera, como ha señalado el profesor Santiago Calvo (de la Universidad de las Hespérides), es que Sánchez está hablando en términos de salarios brutos, antes de cotizaciones e impuestos. Si atendemos al salario neto real (la renta que de verdad percibe el trabajado)— ni siquiera cabe hablar de ganancia raquítica: el salario promedio neto real pasó de 19.228 euros en 2018 a 19.123 en 2024. Una caída del 0,5%. Estancamiento, o ligero empeoramiento, tras dos legislaturas.La segunda trampa consiste en aplicar una misma tasa de inflación a todos los niveles de renta. Como simplificación resulta admisible (el INE no calcula un IPC diferenciado por renta), pero se vuelve engañosa cuando se nos quiere vender que los más pobres han prosperado extraordinariamente durante los últimos años. Es bastante habitual que las rentas bajas soporten una inflación superior a las rentas altas, porque en su cesta pesan más rubros como la alimentación y la vivienda, bienes que más se han encarecido especialmente durante los últimos años. Por ejemplo, los alimentos un 36,3% y los alquileres en torno al 35%. Si la inflación efectiva de las rentas bajas hubiese rondado, por ejemplo, el 30%, la subida real de los salarios más bajos apenas habría sido del 9% antes de impuestos. a lo largo de seis años. Poco de lo que sacar pecho cuando el resto de la distribución salarial o se ha estancado o ha caído.Con todo, lo más deplorable del gráfico del PSOE no es ninguna de sus inexactitudes. Es la pretensión de blandirlo para tapar su masiva corrupción. Sánchez podría ser el mejor gobernante del mundo —que no lo es— y, aun así, si él o los suyos se han corrompido, debería rendir cuentas. La corrupción no se expía ni echando pestes contra la fachosfera ni colgando en las redes un gráfico amañado. Acorralado por una corrupción que ya no admite disimulo, el Gobierno ha encontrado una coartada que repiten al unísono Moncloa y los medios afines: los poderes fácticos de la derecha tratan de derribar a un Ejecutivo que está mejorando las condiciones materiales de vida de los españoles . Para apuntalar ese relato, el propio Pedro Sánchez ha difundido en sus redes sociales un gráfico según el cual el salario medio creció un 23% entre 2018 y 2024 (por encima de una inflación del 19%) y los salarios más bajos lo hicieron un 42%, duplicando los precios. La realidad, viene a decir, frente al ruido mediático.Pero, aun cuando diéramos por buenas las cifras de Sánchez, su triunfalismo está injustificado. Si el salario medio sube un 23% y los precios un 19,3%, la ganancia real acumulada del trabajador promedio no llega al 3,3%. Y atención: no al 3,3% anual, sino al 3,3% acumulado a lo largo de seis años. Medio punto al año. Y si tomamos el salario mediano (que no se distorsiona por los valores extremos de la distribución), el panorama empeora: creció un 22% nominal, de modo que, descontada la inflación, deja una revalorización real de apenas el 2% en seis ejercicios.Pero esas cifras todavía deben corregirse en dos direcciones. La primera, como ha señalado el profesor Santiago Calvo (de la Universidad de las Hespérides), es que Sánchez está hablando en términos de salarios brutos, antes de cotizaciones e impuestos. Si atendemos al salario neto real (la renta que de verdad percibe el trabajado)— ni siquiera cabe hablar de ganancia raquítica: el salario promedio neto real pasó de 19.228 euros en 2018 a 19.123 en 2024. Una caída del 0,5%. Estancamiento, o ligero empeoramiento, tras dos legislaturas.La segunda trampa consiste en aplicar una misma tasa de inflación a todos los niveles de renta. Como simplificación resulta admisible (el INE no calcula un IPC diferenciado por renta), pero se vuelve engañosa cuando se nos quiere vender que los más pobres han prosperado extraordinariamente durante los últimos años. Es bastante habitual que las rentas bajas soporten una inflación superior a las rentas altas, porque en su cesta pesan más rubros como la alimentación y la vivienda, bienes que más se han encarecido especialmente durante los últimos años. Por ejemplo, los alimentos un 36,3% y los alquileres en torno al 35%. Si la inflación efectiva de las rentas bajas hubiese rondado, por ejemplo, el 30%, la subida real de los salarios más bajos apenas habría sido del 9% antes de impuestos. a lo largo de seis años. Poco de lo que sacar pecho cuando el resto de la distribución salarial o se ha estancado o ha caído.Con todo, lo más deplorable del gráfico del PSOE no es ninguna de sus inexactitudes. Es la pretensión de blandirlo para tapar su masiva corrupción. Sánchez podría ser el mejor gobernante del mundo —que no lo es— y, aun así, si él o los suyos se han corrompido, debería rendir cuentas. La corrupción no se expía ni echando pestes contra la fachosfera ni colgando en las redes un gráfico amañado.
Acorralado por una corrupción que ya no admite disimulo, el Gobierno ha encontrado una coartada que repiten al unísono Moncloa y los medios afines: los poderes fácticos de la derecha tratan de derribar a un Ejecutivo que está mejorando las condiciones materiales de vida de los españoles … . Para apuntalar ese relato, el propio Pedro Sánchez ha difundido en sus redes sociales un gráfico según el cual el salario medio creció un 23% entre 2018 y 2024 (por encima de una inflación del 19%) y los salarios más bajos lo hicieron un 42%, duplicando los precios. La realidad, viene a decir, frente al ruido mediático.
Pero, aun cuando diéramos por buenas las cifras de Sánchez, su triunfalismo está injustificado. Si el salario medio sube un 23% y los precios un 19,3%, la ganancia real acumulada del trabajador promedio no llega al 3,3%. Y atención: no al 3,3% anual, sino al 3,3% acumulado a lo largo de seis años. Medio punto al año. Y si tomamos el salario mediano (que no se distorsiona por los valores extremos de la distribución), el panorama empeora: creció un 22% nominal, de modo que, descontada la inflación, deja una revalorización real de apenas el 2% en seis ejercicios.
Pero esas cifras todavía deben corregirse en dos direcciones. La primera, como ha señalado el profesor Santiago Calvo (de la Universidad de las Hespérides), es que Sánchez está hablando en términos de salarios brutos, antes de cotizaciones e impuestos. Si atendemos al salario neto real (la renta que de verdad percibe el trabajado)— ni siquiera cabe hablar de ganancia raquítica: el salario promedio neto real pasó de 19.228 euros en 2018 a 19.123 en 2024. Una caída del 0,5%. Estancamiento, o ligero empeoramiento, tras dos legislaturas.
La segunda trampa consiste en aplicar una misma tasa de inflación a todos los niveles de renta. Como simplificación resulta admisible (el INE no calcula un IPC diferenciado por renta), pero se vuelve engañosa cuando se nos quiere vender que los más pobres han prosperado extraordinariamente durante los últimos años. Es bastante habitual que las rentas bajas soporten una inflación superior a las rentas altas, porque en su cesta pesan más rubros como la alimentación y la vivienda, bienes que más se han encarecido especialmente durante los últimos años. Por ejemplo, los alimentos un 36,3% y los alquileres en torno al 35%. Si la inflación efectiva de las rentas bajas hubiese rondado, por ejemplo, el 30%, la subida real de los salarios más bajos apenas habría sido del 9% antes de impuestos. a lo largo de seis años. Poco de lo que sacar pecho cuando el resto de la distribución salarial o se ha estancado o ha caído.
Con todo, lo más deplorable del gráfico del PSOE no es ninguna de sus inexactitudes. Es la pretensión de blandirlo para tapar su masiva corrupción. Sánchez podría ser el mejor gobernante del mundo —que no lo es— y, aun así, si él o los suyos se han corrompido, debería rendir cuentas. La corrupción no se expía ni echando pestes contra la fachosfera ni colgando en las redes un gráfico amañado.
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