
Javier Clemente (Barakaldo; 76 años) era el seleccionador de España en 1994, la otra vez que se jugó un Mundial en EE UU, de donde la Roja regresó con la desilusión de volver a perder en cuartos y el enfado de la nariz sangrante que Tassotti le reventó a Luis Enrique. Desde aquella época mantiene el cariño y la admiración por el ahora entrenador del PSG. También por otro de sus jugadores de entonces, Guardiola, recién salido del City. Más de una década antes había entrenado en el Athletic a Luis de la Fuente, el seleccionador que regresa ahora con España a un Mundial en EE UU. Juntos ganaron dos Ligas en los ochenta.
“Pep estaba todo el día hablando de fútbol y yo le decía: ‘Cállate de una vez”, recuerda el seleccionador de España en el Mundial de EE UU en 1994
Javier Clemente (Barakaldo; 76 años) era el seleccionador de España en 1994, la otra vez que se jugó un Mundial en EE UU, de donde la Roja regresó con la desilusión de volver a perder en cuartos y el enfado de la nariz sangrante que Tassotti le reventó a Luis Enrique. Desde aquella época mantiene el cariño y la admiración por el ahora entrenador del PSG. También por otro de sus jugadores de entonces, Guardiola, recién salido del City. Más de una década antes había entrenado en el Athletic a Luis de la Fuente, el seleccionador que regresa ahora con España a un Mundial en EE UU. Juntos ganaron dos Ligas en los ochenta.
Pregunta. ¿Qué recuerda del Luis de la Fuente jugador?
Respuesta. Buen chaval. Con Luis fue un proceso muy del Athletic, muy largo. Le tuve de jugador de juvenil con 16 años. Jugaba de extremo y le cambiamos a lateral. Porque de extremo le daban mucha caña. Era muy habilidoso y muy rápido. Analizando a Luis, le empezamos a enseñar cómo juega un lateral. Físicamente era muy bueno y en ataque iba muy bien. Más tarde le tuve en el Bilbao Athletic y luego me lo llevé al primer equipo. En el equipo campeón eran diez u once chavales que había tenido de críos.
P. ¿Cómo era personalmente?
R. Un chaval simpático… De joven te morías de la risa con él. Lo que pasa es que una cosa es el Luisito de la Fuente que está con nosotros y tiene confianza y otra, cuando se mete en un núcleo de gente que no conoce, o cuando tiene que tratar a periodistas. Yo con Luisito siempre he peleado para que estudiara.
P. ¿Le gustaba la fiesta?
R. Lo que no le gustaba era estudiar. Le insistía: “Este año, ¿qué vas a hacer, Luisito?”. Y me decía: “Javi, te prometo que este año empiezo”. Y yo: “Déjate de que empiezas. ¿Por qué no estudias inglés y vas una hora dos días a la semana? Estudia inglés por lo menos”. Él siempre me decía lo mismo: “Javi, te prometo que este año sí”.
P. Con el Athletic, ganaron la Liga en 1983 y en 1984. ¿Creía que aquel equipo podía hacer eso?
R. Yo siempre he dicho que sí. Tengo un criterio. ¿Vas a ganar la Liga? Sí. Bueno, razónalo. No somos los mejores, pero ¿qué partido voy a perder? Dime. Que yo sepa no voy a perder ningún partido. Entonces ganamos la Liga. Yo pienso que no voy a perder contra el Madrid ni contra el Barcelona aunque tenga una caca de equipo. Pero nuestro equipo era mucho mejor de lo que la gente creía.
P. Sin embargo le restaban mérito. Decían que no jugaba bien.
R. El periodismo no nos reconoció por la falta de espectáculo, según decían.
P. ¿Qué es jugar bien?
R. Ganar. [hace una pausa de varios segundos] Ganar. Y yo para ganarte tengo que saber lo que tú no tienes que hacer, te tengo que contrarrestar. Le voy a contar un caso. Acaba un partido del Barça en Almería y empatan. Entrevistan a Xavi y dice: “Esto es una vergüenza, no es ni fútbol ni nada. He tenido a uno todo el rato pegado a mí, solo pensando en que yo no toque el balón”. Yo estaba viendo eso y decía: “Este es tonto”. ¿Qué quieres, que te dejen libre para que tú, que juegas la hostia, le metas una tonelada de goles?
P. ¿Le gusta cómo juega la selección de Luis de la Fuente?
R. Cuando tienen el día, que no hay mucha pérdida de balón, entonces me gusta, porque son rápidos. Luis es muy bueno.
P. ¿Qué técnicos le gustan?
R. Me gusta Pep [Guardiola], me gusta Luis Enrique. Se parecen muy poco, pero sí se parecen en algunas cosas. Los dos pierden poco el balón. Pero, claro, tienen unos equipos que te cagas. Y Luis Enrique juega a una velocidad de ataque a la que pocos juegan.
P. Entrenó a ambos en la selección. ¿Pensaba que serían entrenadores?
R. Solo Pep. Era un obseso del fútbol. Estaba todo el día hablando de fútbol. Y yo le decía: “Pero oye, cállate de una vez ya de fútbol”. Acababa de jugar y se estaba acordando de que había fallado un pase de 15 metros. Y decía: “¿Cómo puedo fallar?”. Ese es Pep.
P. ¿Qué sensaciones tenía con la selección antes de ir al Mundial de 1994?
R. Que íbamos a ser campeones. Éramos el equipo más temido que había en el mundo. Llevábamos una racha de victorias…

P. ¿Qué era lo mejor que tenían?
R. El grupo. La fuerza y la velocidad con la que jugaban. Eran rapidísimos.
P. La ilusión se acabó con el codazo de Tassotti a Luis Enrique. ¿Cómo lo recuerda?
R. El business de la FIFA creo que sigue existiendo. En EE UU, si llegaba a la final Italia, había dos millones de italianos en Nueva York. Y nosotros llevábamos a 200. A Tassotti le sancionaron con siete partidos y al árbitro le dieron la final. Aquello no tuvo sentido. Chorreaba sangre… Y yo le decía a Villar: “Ángel, tú dices que controlas el tema arbitral de la FIFA, pero no controlas nada”. Ángel no se mojaba en nada.
P. Con aquel equipo se inventó el 4-2-3-1.
R. ¿A que no sabe por qué? Para arropar a Pep. Unas veces le ponía al lado a Nadal, otras a Hierro, o a Alkorta. Pep era un jugador de voy, dámela y distribuyo. Pero físicamente no era muy fuerte. Digo: “Este, a la media hora está con la lengua fuera, y si no hemos solucionado el partido, pues lo tenemos jodido. Tengo que buscarle a uno”. Eso se me ocurrió a mí.
P. A usted se le ha pintado como tosco tácticamente.
R. Patapum p’arriba, decía el de la tele. Yo solía decir: “A ver, chavales, diferenciad lo que es un patapum p’arriba y un pase largo”. Un patapum es cuando uno le pega una hostia de 60 metros y no va nadie a por el balón. Y un pase largo, cuando os tiran un balón de esos y hay alguien que va. El mérito está en el que va, no en el que lo tira. Ya sabéis lo que tenéis que hacer: cada vez que tiren un balón, ir para que no le silben al otro.
P. En la clasificación para ese Mundial, cuando necesitaba ganar a Irlanda en Dublín, jugó con siete centrales. ¿Por qué?
R. Fue una de las genialidades por las que me dijeron que estaba loco. Estuve toda la semana pensando en aquel partido porque Irlanda no había perdido en casa en ocho años.
P. ¿Cómo puede ser más fácil ganar con siete centrales?
R. Si quieres ganar un partido, no puedes dejar que el contrario juegue. Si un equipo tiene una virtud, por ejemplo, que van muy bien de cabeza en los córners, y no lo contrarrestamos, solo con tres córners nos puede meter tres goles. Esa es la táctica. Por ejemplo, yo traje a España la defensa en línea.
P. ¿Cómo fue eso?
R. Yo estaba en el Bilbao Athletic y fui a Ipswich Town, un equipo que no teníamos ni idea de quién era, pero que había ganado la UEFA en 1981. Un pueblo como de 100.000 habitantes. ¿Estos tíos de Ipswich Town cómo van a ganar la UEFA, con los alemanes, el City, el Liverpool, todos esos…? Tienen que tener algo. Los había visto por la tele y me llamaron la atención los cuatro en línea, defendiendo en zona. En aquella época en España se marcaba al hombre. Después de uno de los entrenamientos Bobby Robson me lo estuvo explicando en la pizarra con un intérprete.
P. Y le convenció.
R. Joder que si me convenció. Lo empecé a hacer en el Bilbao Athletic y cuando entro al primer equipo lo empezamos a hacer en Primera División. Acabaron haciéndolo todos. Yo pienso mucho en fútbol. En los espacios y todo eso. Yo soy un romántico del fútbol. Pero práctico; no filosofía de esa. Yo lo que busco es la efectividad. El contrarrestar.
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