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  Cultura  Jean-Michel Jarre, presumiendo de revoluciones medio siglo después en las Noches del Botánico
Cultura

Jean-Michel Jarre, presumiendo de revoluciones medio siglo después en las Noches del Botánico

julio 4, 2026
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Cinco minutos después de la hora indicada, numerosos láseres blancos apuntan al cielo y una voz realiza la cuenta atrás en español, como si el Apolo XI estuviera a punto de despegar hacia la Luna. Suenan varias capas de sintetizadores y efectos, hasta que Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) aparece por fin en el escenario y suena ‘The Opening’, su particular homenaje al compositor francés Pierre Henry, pionero de la música concreta. Tras la primera ovación y antes de que comience su desfile de robots, escenas surrealistas sacadas de un cuadro de Esther, rayos, formas geométricas en movimiento, melodías contagiosas y beats, el compositor se dirige al centro del escenario, micrófono en mano, y engatusa al público asegurando lo mucho que le han influido Dalí, Velázquez, Gaudí, Pedro Almodóvar, Albéniz y Rosalía. Populismo en clave musical. Aplauso asegurado, que aprovecha para arrancarse con ‘Magnetic Fields Part 1’, ‘Sex In The Machine’, ‘Oxymore’ y ‘Waterphone’, con esos timbres metálicos como sacados de ‘Encuentros en la tercera fase’, de un tirón. Todo suena perfecto, la verdad. El sonido es impecable y, por un momento, cuesta pensar que algunos de esos temas con ecos del futuro fueran escritos hace medio siglo.En la entrevista publicada por ABC Cultural hace dos meses , Jarre me contó que tenía «una sorpresa muy especial para esta gira por España», cuyo primer concierto en las Noches del Botánico ha agotado todas las entradas. Aseguró también que él mismo había diseñado el escenario y toda la parte visual, usando –y aquí viene la novedad en un compositor de 77 años– «la inteligencia artificial como un instrumento más». Hace dos semanas, además, un miembro de la organización reconoció en ‘petit comité’ que había visto el montaje y que era lo más impresionante que había pasado por el festival madrileño desde que se inauguró hace una década. Noticia relacionada general No No PORTADA Jean-Michel Jarre: «La IA jamás pondrá en peligro a los futuros Miles Davis y Rosalías» Israel VianaComo anzuelo no está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que hacía casi veinte años que Jarre no actuaba en Madrid. En concreto, desde que en 2008 interpretó íntegramente su icónico álbum ‘Oxygène’, el que le catapultó a la fama mundial, en el Auditorio del Parque de Atracciones. Anoche llegamos al Botánico de la Complutense con las expectativas muy altas, esperando zambullirnos en la ‘rave’ de uno de los pioneros de las ‘raves’. Lo dice él, no yo, pero cumple, porque ‘Oxygene Part 2’, ‘Arpegiator’, ‘The Architect’, ‘Zoolookology’ y ‘Equinoxe Part 7’ ponen al público a bailar y tocar las palmas. Esto es también un concierto de pop.La ‘masterclass’A continuación da otra ‘masterclass’, como si tuviera que reivindicar su cruzada a estas alturas: «La música electrónica no tiene nada que ver con Estados Unidos, el rock o el jazz. Nació aquí, en España, en Francia… en Europa». El público aplaude el logro patrio y él sigue con la lección: «Nace de nuestra herencia de la música clásica y de un permanente espíritu de innovación. Por eso esta noche quiero invitaros a entrar en lo que yo llamo ‘mi cocina’. Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica. ¡Igual que hacer una buena paella!». El chiste lo trae preparado, pero funciona. Todo lo que dice está previamente escrito en español, para que todos lo entendamos, en las dos grandes pantallas que flanquean el escenario. Suena ‘Zero Gravity’, evocando los viajes espaciales; ‘Industrial Revolution Part 2’, homenajeando las grandes transformaciones tecnológicas, y ‘Oxygene 19’. La gente se regodea especialmente con ‘Exit’, que Jarre compuso junto al dúo Pet Shop Boys, con esa letra inspirada en un discurso pronunciado por Edward Snowden, el extrabajador de la CIA acusado de espionaje y refugiado en Rusia. En realidad, podría hacer mil repertorios diferentes y todos funcionarían. No le faltan éxitos. Su currículo de más de cincuenta años y tropecientos discos le avala, así que continúa como una locomotora. Solo da pequeñas treguas cuando quiere pronunciar otro mitin: «No deberíamos tener miedo al progreso y a la tecnología. La tecnología también puede ser poética y orgánica. Por ejemplo, hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra, todo depende del uso que hagamos de ella. Para un artista como yo puede convertirse en una oportunidad para ampliar la imaginación. Para mí la IA significa ‘imaginación aumentada’. Este espectáculo, de hecho, ha sido creado en parte con la ayuda de ella», confirma. KraftwerkJarre contagia mucho más al público cuando despliega todas esas melodías pegadizas que los asistentes tararean como si estuvieran escuchando la canción del verano. Melodías que él siempre defendió, pero que le distanciaron de esa corriente alemana liderada por Kraftwerk, un poco más experimental, en la que primaban las máquinas sobre los sentimientos. Él, sin embargo, quiere tocarnos el ‘cuore’ a cada rato, no que nos convirtamos en autómatas. Por eso él parece disfrutar más que nadie: baila animado sobre su plataforma, rodeado de teclados, aparatos de todo tipo y cables, muchos cables. No es fácil imaginarse qué debe sentir actuando para 4.000 personas, en comparación con el millón que reunió en la Plaza de la Concordia de París en 1979, cual Napoleón de la música electrónica a la conquista del mundo. Aquel día Mick Jagger dijo haberse quedado impactado. Por no hablar del millón y medio de Houston en la celebración del 25 aniversario de la NASA, en 1986, y los 3,5 millones de Moscú en 1996, la actuación más multitudinaria de la historia. Lo de anoche no debió ser nada para él, pero sonríe, jalea al público para que salte y sigue bailando en el tramo final de este corto concierto, como si se hubiera quitado varios años de encima con ‘Brutalism’, ‘Epica’ y ‘Stardust’. Música que también se contempla, como ir a ver ‘Tron’ al cine.Cerró el concierto regresando a uno de los temas esenciales de aquella primera etapa, ‘Magnetic Fields Part 2’, e invitó al público a regresar al Botánico el 10 de julio, en la que será su segunda actuación en la capital. En los próximos días también estará en Valencia (Marina Norte, 8), Marbella (Starlite Occident Festival, 13) y este domingo en la discoteca Amnesia de Ibiza para celebrar el 50 aniversario del club y de su debut, aquel ‘Oxygène’ de 1976 que despachó rápidamente 12 millones de copias. Cinco minutos después de la hora indicada, numerosos láseres blancos apuntan al cielo y una voz realiza la cuenta atrás en español, como si el Apolo XI estuviera a punto de despegar hacia la Luna. Suenan varias capas de sintetizadores y efectos, hasta que Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) aparece por fin en el escenario y suena ‘The Opening’, su particular homenaje al compositor francés Pierre Henry, pionero de la música concreta. Tras la primera ovación y antes de que comience su desfile de robots, escenas surrealistas sacadas de un cuadro de Esther, rayos, formas geométricas en movimiento, melodías contagiosas y beats, el compositor se dirige al centro del escenario, micrófono en mano, y engatusa al público asegurando lo mucho que le han influido Dalí, Velázquez, Gaudí, Pedro Almodóvar, Albéniz y Rosalía. Populismo en clave musical. Aplauso asegurado, que aprovecha para arrancarse con ‘Magnetic Fields Part 1’, ‘Sex In The Machine’, ‘Oxymore’ y ‘Waterphone’, con esos timbres metálicos como sacados de ‘Encuentros en la tercera fase’, de un tirón. Todo suena perfecto, la verdad. El sonido es impecable y, por un momento, cuesta pensar que algunos de esos temas con ecos del futuro fueran escritos hace medio siglo.En la entrevista publicada por ABC Cultural hace dos meses , Jarre me contó que tenía «una sorpresa muy especial para esta gira por España», cuyo primer concierto en las Noches del Botánico ha agotado todas las entradas. Aseguró también que él mismo había diseñado el escenario y toda la parte visual, usando –y aquí viene la novedad en un compositor de 77 años– «la inteligencia artificial como un instrumento más». Hace dos semanas, además, un miembro de la organización reconoció en ‘petit comité’ que había visto el montaje y que era lo más impresionante que había pasado por el festival madrileño desde que se inauguró hace una década. Noticia relacionada general No No PORTADA Jean-Michel Jarre: «La IA jamás pondrá en peligro a los futuros Miles Davis y Rosalías» Israel VianaComo anzuelo no está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que hacía casi veinte años que Jarre no actuaba en Madrid. En concreto, desde que en 2008 interpretó íntegramente su icónico álbum ‘Oxygène’, el que le catapultó a la fama mundial, en el Auditorio del Parque de Atracciones. Anoche llegamos al Botánico de la Complutense con las expectativas muy altas, esperando zambullirnos en la ‘rave’ de uno de los pioneros de las ‘raves’. Lo dice él, no yo, pero cumple, porque ‘Oxygene Part 2’, ‘Arpegiator’, ‘The Architect’, ‘Zoolookology’ y ‘Equinoxe Part 7’ ponen al público a bailar y tocar las palmas. Esto es también un concierto de pop.La ‘masterclass’A continuación da otra ‘masterclass’, como si tuviera que reivindicar su cruzada a estas alturas: «La música electrónica no tiene nada que ver con Estados Unidos, el rock o el jazz. Nació aquí, en España, en Francia… en Europa». El público aplaude el logro patrio y él sigue con la lección: «Nace de nuestra herencia de la música clásica y de un permanente espíritu de innovación. Por eso esta noche quiero invitaros a entrar en lo que yo llamo ‘mi cocina’. Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica. ¡Igual que hacer una buena paella!». El chiste lo trae preparado, pero funciona. Todo lo que dice está previamente escrito en español, para que todos lo entendamos, en las dos grandes pantallas que flanquean el escenario. Suena ‘Zero Gravity’, evocando los viajes espaciales; ‘Industrial Revolution Part 2’, homenajeando las grandes transformaciones tecnológicas, y ‘Oxygene 19’. La gente se regodea especialmente con ‘Exit’, que Jarre compuso junto al dúo Pet Shop Boys, con esa letra inspirada en un discurso pronunciado por Edward Snowden, el extrabajador de la CIA acusado de espionaje y refugiado en Rusia. En realidad, podría hacer mil repertorios diferentes y todos funcionarían. No le faltan éxitos. Su currículo de más de cincuenta años y tropecientos discos le avala, así que continúa como una locomotora. Solo da pequeñas treguas cuando quiere pronunciar otro mitin: «No deberíamos tener miedo al progreso y a la tecnología. La tecnología también puede ser poética y orgánica. Por ejemplo, hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra, todo depende del uso que hagamos de ella. Para un artista como yo puede convertirse en una oportunidad para ampliar la imaginación. Para mí la IA significa ‘imaginación aumentada’. Este espectáculo, de hecho, ha sido creado en parte con la ayuda de ella», confirma. KraftwerkJarre contagia mucho más al público cuando despliega todas esas melodías pegadizas que los asistentes tararean como si estuvieran escuchando la canción del verano. Melodías que él siempre defendió, pero que le distanciaron de esa corriente alemana liderada por Kraftwerk, un poco más experimental, en la que primaban las máquinas sobre los sentimientos. Él, sin embargo, quiere tocarnos el ‘cuore’ a cada rato, no que nos convirtamos en autómatas. Por eso él parece disfrutar más que nadie: baila animado sobre su plataforma, rodeado de teclados, aparatos de todo tipo y cables, muchos cables. No es fácil imaginarse qué debe sentir actuando para 4.000 personas, en comparación con el millón que reunió en la Plaza de la Concordia de París en 1979, cual Napoleón de la música electrónica a la conquista del mundo. Aquel día Mick Jagger dijo haberse quedado impactado. Por no hablar del millón y medio de Houston en la celebración del 25 aniversario de la NASA, en 1986, y los 3,5 millones de Moscú en 1996, la actuación más multitudinaria de la historia. Lo de anoche no debió ser nada para él, pero sonríe, jalea al público para que salte y sigue bailando en el tramo final de este corto concierto, como si se hubiera quitado varios años de encima con ‘Brutalism’, ‘Epica’ y ‘Stardust’. Música que también se contempla, como ir a ver ‘Tron’ al cine.Cerró el concierto regresando a uno de los temas esenciales de aquella primera etapa, ‘Magnetic Fields Part 2’, e invitó al público a regresar al Botánico el 10 de julio, en la que será su segunda actuación en la capital. En los próximos días también estará en Valencia (Marina Norte, 8), Marbella (Starlite Occident Festival, 13) y este domingo en la discoteca Amnesia de Ibiza para celebrar el 50 aniversario del club y de su debut, aquel ‘Oxygène’ de 1976 que despachó rápidamente 12 millones de copias.  

Cinco minutos después de la hora indicada, numerosos láseres blancos apuntan al cielo y una voz realiza la cuenta atrás en español, como si el Apolo XI estuviera a punto de despegar hacia la Luna. Suenan varias capas de sintetizadores y efectos, hasta que Jean- … Michel Jarre (Lyon, 1948) aparece por fin en el escenario y suena ‘The Opening’, su particular homenaje al compositor francés Pierre Henry, pionero de la música concreta. Tras la primera ovación y antes de que comience su desfile de robots, escenas surrealistas sacadas de un cuadro de Esther, rayos, formas geométricas en movimiento, melodías contagiosas y beats, el compositor se dirige al centro del escenario, micrófono en mano, y engatusa al público asegurando lo mucho que le han influido Dalí, Velázquez, Gaudí, Pedro Almodóvar, Albéniz y Rosalía.

Populismo en clave musical. Aplauso asegurado, que aprovecha para arrancarse con ‘Magnetic Fields Part 1’, ‘Sex In The Machine’, ‘Oxymore’ y ‘Waterphone’, con esos timbres metálicos como sacados de ‘Encuentros en la tercera fase’, de un tirón. Todo suena perfecto, la verdad. El sonido es impecable y, por un momento, cuesta pensar que algunos de esos temas con ecos del futuro fueran escritos hace medio siglo.

En la entrevista publicada por ABC Cultural hace dos meses, Jarre me contó que tenía «una sorpresa muy especial para esta gira por España», cuyo primer concierto en las Noches del Botánico ha agotado todas las entradas. Aseguró también que él mismo había diseñado el escenario y toda la parte visual, usando –y aquí viene la novedad en un compositor de 77 años– «la inteligencia artificial como un instrumento más». Hace dos semanas, además, un miembro de la organización reconoció en ‘petit comité’ que había visto el montaje y que era lo más impresionante que había pasado por el festival madrileño desde que se inauguró hace una década.

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Como anzuelo no está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que hacía casi veinte años que Jarre no actuaba en Madrid. En concreto, desde que en 2008 interpretó íntegramente su icónico álbum ‘Oxygène’, el que le catapultó a la fama mundial, en el Auditorio del Parque de Atracciones. Anoche llegamos al Botánico de la Complutense con las expectativas muy altas, esperando zambullirnos en la ‘rave’ de uno de los pioneros de las ‘raves’. Lo dice él, no yo, pero cumple, porque ‘Oxygene Part 2’, ‘Arpegiator’, ‘The Architect’, ‘Zoolookology’ y ‘Equinoxe Part 7’ ponen al público a bailar y tocar las palmas. Esto es también un concierto de pop.

A continuación da otra ‘masterclass’, como si tuviera que reivindicar su cruzada a estas alturas: «La música electrónica no tiene nada que ver con Estados Unidos, el rock o el jazz. Nació aquí, en España, en Francia… en Europa». El público aplaude el logro patrio y él sigue con la lección: «Nace de nuestra herencia de la música clásica y de un permanente espíritu de innovación. Por eso esta noche quiero invitaros a entrar en lo que yo llamo ‘mi cocina’. Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica. ¡Igual que hacer una buena paella!».

El chiste lo trae preparado, pero funciona. Todo lo que dice está previamente escrito en español, para que todos lo entendamos, en las dos grandes pantallas que flanquean el escenario. Suena ‘Zero Gravity’, evocando los viajes espaciales; ‘Industrial Revolution Part 2’, homenajeando las grandes transformaciones tecnológicas, y ‘Oxygene 19’. La gente se regodea especialmente con ‘Exit’, que Jarre compuso junto al dúo Pet Shop Boys, con esa letra inspirada en un discurso pronunciado por Edward Snowden, el extrabajador de la CIA acusado de espionaje y refugiado en Rusia.

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En realidad, podría hacer mil repertorios diferentes y todos funcionarían. No le faltan éxitos. Su currículo de más de cincuenta años y tropecientos discos le avala, así que continúa como una locomotora. Solo da pequeñas treguas cuando quiere pronunciar otro mitin: «No deberíamos tener miedo al progreso y a la tecnología. La tecnología también puede ser poética y orgánica. Por ejemplo, hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra, todo depende del uso que hagamos de ella. Para un artista como yo puede convertirse en una oportunidad para ampliar la imaginación. Para mí la IA significa ‘imaginación aumentada’. Este espectáculo, de hecho, ha sido creado en parte con la ayuda de ella», confirma.

Jarre contagia mucho más al público cuando despliega todas esas melodías pegadizas que los asistentes tararean como si estuvieran escuchando la canción del verano. Melodías que él siempre defendió, pero que le distanciaron de esa corriente alemana liderada por Kraftwerk, un poco más experimental, en la que primaban las máquinas sobre los sentimientos. Él, sin embargo, quiere tocarnos el ‘cuore’ a cada rato, no que nos convirtamos en autómatas. Por eso él parece disfrutar más que nadie: baila animado sobre su plataforma, rodeado de teclados, aparatos de todo tipo y cables, muchos cables.

No es fácil imaginarse qué debe sentir actuando para 4.000 personas, en comparación con el millón que reunió en la Plaza de la Concordia de París en 1979, cual Napoleón de la música electrónica a la conquista del mundo. Aquel día Mick Jagger dijo haberse quedado impactado. Por no hablar del millón y medio de Houston en la celebración del 25 aniversario de la NASA, en 1986, y los 3,5 millones de Moscú en 1996, la actuación más multitudinaria de la historia. Lo de anoche no debió ser nada para él, pero sonríe, jalea al público para que salte y sigue bailando en el tramo final de este corto concierto, como si se hubiera quitado varios años de encima con ‘Brutalism’, ‘Epica’ y ‘Stardust’. Música que también se contempla, como ir a ver ‘Tron’ al cine.

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