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  Cultura  Juan Mayorga: «Mi teatro no busca reconstruir el pasado, sino un combate entre pasado y presente»
Cultura

Juan Mayorga: «Mi teatro no busca reconstruir el pasado, sino un combate entre pasado y presente»

mayo 20, 2026
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Juan Mayorga (Madrid, 1965) es, además de un autor espléndido, un incansable sabueso teatral. Lleva siempre en el bolsillo una libretita en la que apunta todo aquello (anécdotas, frases, sucesos, noticias…) que pueda ser susceptible de convertirse en obra de teatro. Hace unos años, leyó en un periódico una noticia «que se refería a la puesta en venta en un mercadillo de historiales clínicos de un psiquiátrico ; la segunda línea de la noticia me resultó todavía más impactante, y es que en esos historiales se observaba que había un número anormalmente alto de ingresos durante la Guerra Civil».Ése es el germen de ‘ El jardín quemado ‘, la obra que se estrena el jueves 27 de mayo en el Teatro de La Abadía , dirigido por el propio Juan Mayorga y un reparto que integran Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias, Mariano Llorente, Loreto Mauleón y Adriana Ozores.Aquella noticia, sigue el autor, le hizo plantearse un interrogante: «¿por qué puede haber más ingresos en un psiquiátrico en una guerra civil? Quizás haya más gente que pierda la cabeza por la propia guerra; puede que haya gente que haya sido ingresada para hacerlos pasar por locos y salvarlos. O, en tercer lugar, puede haber gente a la que se quiera dar un castigo, que para algunos puede ser peor que la muerte, al ingresarle».Noticia relacionada general No No Pepe Viyuela, Secun de la Rosa, Lorena Berdún o Juan Mayorga, protagonistas del 49 Festival de Almagro E.B. /EPImaginación A partir de esta incógnita, Mayorga empezó a imaginar una obra de teatro que, advierte, «no es una obra documental. Los personajes que aparecen son fruto de mi imaginación, no son personajes históricos». Los protagonistas, cuenta, son Benet, un joven psiquiatra que llega al psiquiátrico de San Miguel y se enfrenta con Garay, director del centro, que ya dirigía en la Guerra Civil. Hay algo de thriller en la función, ya que Benet «quiere demostrar que algo terrible sucedió en ese psiquiátrico durante la contienda».Juan Mayorga escribió ‘El jardín quemado’ hace tiempo, «pero no he dejado de reescribirla desde entonces. Un texto es una indagación, y si merece la pena no termina nunca». En estas sucesivas reescrituras ha habido, dice el autor, transformaciones fundamentales. La principal es que los personajes de Benet y Garay, estos psiquiatras que se enfrentan, son ahora mujeres, y creo que eso ha sido un hallazgo que se confirma en los extraordinarios trabajos de Adriana Ozores y Loreto Mauleón . Tengo la impresión de que estaba esperándolas a ellas, de que sin saberlo estaba escribiendo para ellas».Aunque la noticia que encendió la chispa de ‘El jardín quemado’ se refería a la Guerra Civil española, en la obra no se menciona España ni a nuestra contienda. «En la primera versión -sigue Mayorga-, la acción sucedía durante la transición española. El espectador que quiera encontrar ese momento, y la propia Guerra Civil, lo hará. Pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que la obra podía tener un carácter más universal, y que lo que relata podía haber sucedido en Yugoslavia, en Ucrania o en las guerras mundiales. De algún modo, San Miguel es un espacio denso en lo narrativo y en lo moral».«La ‘zona gris’, como decía Primo Levi, es ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja; es teatral y moralmente el más interesante»Revela Juan Mayorga que la obra habla principalmente de tres asuntos: «Por un lado, la imprevisibilidad del pasado. Nadie sabe el pasado que le espera, lo que nos deparará. La obra habla sobre ese misterio del tiempo. Habla también de la locura; quien más quien menos conoce ese lugar o estuvo allí. Y en tercer lugar, habla sobre la zona gris, a mi juicio la más interesante teatral y moralmente». Cuando habla de «la noción de zona gris», dice el autor que «estoy citando implícitamente a Primo Levi , que habla de ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja».Quitar las referencias histórica y temporal responde al espíritu conciliador de Juan Mayorga. «Soy proclive al diálogo y la escucha, o intento serlo. El teatro es el arte del conflicto, pero en torno a este conflicto podemos abrir una conversación y podemos escucharnos. Espero que esta obra fomente una conversación apasionada pero al mismo tiempo respetuosa; quizás sobre nuestro pasado, pero también sobre el pasado en general».Poesía e historiaEl teatro de Juan Mayorga no se basa habitualmente en sesudas investigaciones. «Es cierto que buena parte de mi teatro se ocupa del pasado: ‘Cartas de amor a Stalin’, ‘Himmelveg’, ‘El cartógrafo’, ‘Reikiavik’, ‘La lengua en pedazos’… Pero todas podrían ser inmediatamente impugnadas por cualquier historiador, que me podría decir que lo que presento en escena nunca sucedió así. Pero de algún modo parte de mi trabajo consiste en presentar lo que podríamos llamar ‘pasados posibles’, que nos pueden hacer pensar sobre el pasado que sí ocurrió. Me gusta, en este sentido, recordar lo que decía Aristóteles: ‘el poeta está más cerca del filósofo que el historiador’; éste se ocupa de lo que ha pasado, pero el poeta se ocupa de lo que podría pasar o podría haber pasado». «Cuando hacemos teatro sobre el pasado -continúa Mayorga-, no tratamos tanto de reconstruirlo, cosa por cierto siempre imposible, cuanto de construir una cita peligrosa entre el presente y el pasado ; que de algún modo, pasado y presente se desestabilicen, que se produzca un combate entre el presente y el pasado». Lo que le preocupa de este viaje en el tiempo, asegura el dramaturgo y académico, es siempre que el espectador diga: ‘Ahí estoy yo’. Yo podría ser Garay o podría ser Benet». La obra -que se estrenó hace diez años en la localidad italiana de Verona- se presenta por primera vez en la versión con las dos protagonistas femeninas. «Se ofreció también en Canarias hace cuatro años, en un montaje que no llegó a Madrid -dice Mayorga-. Se ha estudiado mucho, y algunos de los que me hacen el honor de interesarse por mi teatro la consideran especialmente significativa. Por supuesto, esa conversación ha alimentado mi reflexión; cuando decidí que Benet y Garay debían ser mujeres, el texto se ha agitado y se ha agitado también la puesta en escena de una forma fascinante para mí; tengo unas actrices y unos actores tan inteligentes que han descubierto sentidos en la obra y en sus personajes que yo no había entrevisto».En ‘El jardín quemado’ hay, confiesa, «una permanente negociación entre el realismo y y la poesía. Es algo que se da en la palabra misma; está servida con extraordinaria naturalidad, pero los personajes no dicen cualquier cosa porque están en una situación moral extraordinariamente intensa. Desde el título mismo, ‘El jardín quemado’, se genera una tensión alegórica que aparece una y otra vez. Hay muchos elementos, la ceniza misma del jardín, que probablemente algunos espectadores convertirán en alegorías». Juan Mayorga (Madrid, 1965) es, además de un autor espléndido, un incansable sabueso teatral. Lleva siempre en el bolsillo una libretita en la que apunta todo aquello (anécdotas, frases, sucesos, noticias…) que pueda ser susceptible de convertirse en obra de teatro. Hace unos años, leyó en un periódico una noticia «que se refería a la puesta en venta en un mercadillo de historiales clínicos de un psiquiátrico ; la segunda línea de la noticia me resultó todavía más impactante, y es que en esos historiales se observaba que había un número anormalmente alto de ingresos durante la Guerra Civil».Ése es el germen de ‘ El jardín quemado ‘, la obra que se estrena el jueves 27 de mayo en el Teatro de La Abadía , dirigido por el propio Juan Mayorga y un reparto que integran Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias, Mariano Llorente, Loreto Mauleón y Adriana Ozores.Aquella noticia, sigue el autor, le hizo plantearse un interrogante: «¿por qué puede haber más ingresos en un psiquiátrico en una guerra civil? Quizás haya más gente que pierda la cabeza por la propia guerra; puede que haya gente que haya sido ingresada para hacerlos pasar por locos y salvarlos. O, en tercer lugar, puede haber gente a la que se quiera dar un castigo, que para algunos puede ser peor que la muerte, al ingresarle».Noticia relacionada general No No Pepe Viyuela, Secun de la Rosa, Lorena Berdún o Juan Mayorga, protagonistas del 49 Festival de Almagro E.B. /EPImaginación A partir de esta incógnita, Mayorga empezó a imaginar una obra de teatro que, advierte, «no es una obra documental. Los personajes que aparecen son fruto de mi imaginación, no son personajes históricos». Los protagonistas, cuenta, son Benet, un joven psiquiatra que llega al psiquiátrico de San Miguel y se enfrenta con Garay, director del centro, que ya dirigía en la Guerra Civil. Hay algo de thriller en la función, ya que Benet «quiere demostrar que algo terrible sucedió en ese psiquiátrico durante la contienda».Juan Mayorga escribió ‘El jardín quemado’ hace tiempo, «pero no he dejado de reescribirla desde entonces. Un texto es una indagación, y si merece la pena no termina nunca». En estas sucesivas reescrituras ha habido, dice el autor, transformaciones fundamentales. La principal es que los personajes de Benet y Garay, estos psiquiatras que se enfrentan, son ahora mujeres, y creo que eso ha sido un hallazgo que se confirma en los extraordinarios trabajos de Adriana Ozores y Loreto Mauleón . Tengo la impresión de que estaba esperándolas a ellas, de que sin saberlo estaba escribiendo para ellas».Aunque la noticia que encendió la chispa de ‘El jardín quemado’ se refería a la Guerra Civil española, en la obra no se menciona España ni a nuestra contienda. «En la primera versión -sigue Mayorga-, la acción sucedía durante la transición española. El espectador que quiera encontrar ese momento, y la propia Guerra Civil, lo hará. Pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que la obra podía tener un carácter más universal, y que lo que relata podía haber sucedido en Yugoslavia, en Ucrania o en las guerras mundiales. De algún modo, San Miguel es un espacio denso en lo narrativo y en lo moral».«La ‘zona gris’, como decía Primo Levi, es ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja; es teatral y moralmente el más interesante»Revela Juan Mayorga que la obra habla principalmente de tres asuntos: «Por un lado, la imprevisibilidad del pasado. Nadie sabe el pasado que le espera, lo que nos deparará. La obra habla sobre ese misterio del tiempo. Habla también de la locura; quien más quien menos conoce ese lugar o estuvo allí. Y en tercer lugar, habla sobre la zona gris, a mi juicio la más interesante teatral y moralmente». Cuando habla de «la noción de zona gris», dice el autor que «estoy citando implícitamente a Primo Levi , que habla de ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja».Quitar las referencias histórica y temporal responde al espíritu conciliador de Juan Mayorga. «Soy proclive al diálogo y la escucha, o intento serlo. El teatro es el arte del conflicto, pero en torno a este conflicto podemos abrir una conversación y podemos escucharnos. Espero que esta obra fomente una conversación apasionada pero al mismo tiempo respetuosa; quizás sobre nuestro pasado, pero también sobre el pasado en general».Poesía e historiaEl teatro de Juan Mayorga no se basa habitualmente en sesudas investigaciones. «Es cierto que buena parte de mi teatro se ocupa del pasado: ‘Cartas de amor a Stalin’, ‘Himmelveg’, ‘El cartógrafo’, ‘Reikiavik’, ‘La lengua en pedazos’… Pero todas podrían ser inmediatamente impugnadas por cualquier historiador, que me podría decir que lo que presento en escena nunca sucedió así. Pero de algún modo parte de mi trabajo consiste en presentar lo que podríamos llamar ‘pasados posibles’, que nos pueden hacer pensar sobre el pasado que sí ocurrió. Me gusta, en este sentido, recordar lo que decía Aristóteles: ‘el poeta está más cerca del filósofo que el historiador’; éste se ocupa de lo que ha pasado, pero el poeta se ocupa de lo que podría pasar o podría haber pasado». «Cuando hacemos teatro sobre el pasado -continúa Mayorga-, no tratamos tanto de reconstruirlo, cosa por cierto siempre imposible, cuanto de construir una cita peligrosa entre el presente y el pasado ; que de algún modo, pasado y presente se desestabilicen, que se produzca un combate entre el presente y el pasado». Lo que le preocupa de este viaje en el tiempo, asegura el dramaturgo y académico, es siempre que el espectador diga: ‘Ahí estoy yo’. Yo podría ser Garay o podría ser Benet». La obra -que se estrenó hace diez años en la localidad italiana de Verona- se presenta por primera vez en la versión con las dos protagonistas femeninas. «Se ofreció también en Canarias hace cuatro años, en un montaje que no llegó a Madrid -dice Mayorga-. Se ha estudiado mucho, y algunos de los que me hacen el honor de interesarse por mi teatro la consideran especialmente significativa. Por supuesto, esa conversación ha alimentado mi reflexión; cuando decidí que Benet y Garay debían ser mujeres, el texto se ha agitado y se ha agitado también la puesta en escena de una forma fascinante para mí; tengo unas actrices y unos actores tan inteligentes que han descubierto sentidos en la obra y en sus personajes que yo no había entrevisto».En ‘El jardín quemado’ hay, confiesa, «una permanente negociación entre el realismo y y la poesía. Es algo que se da en la palabra misma; está servida con extraordinaria naturalidad, pero los personajes no dicen cualquier cosa porque están en una situación moral extraordinariamente intensa. Desde el título mismo, ‘El jardín quemado’, se genera una tensión alegórica que aparece una y otra vez. Hay muchos elementos, la ceniza misma del jardín, que probablemente algunos espectadores convertirán en alegorías».  

Juan Mayorga (Madrid, 1965) es, además de un autor espléndido, un incansable sabueso teatral. Lleva siempre en el bolsillo una libretita en la que apunta todo aquello (anécdotas, frases, sucesos, noticias…) que pueda ser susceptible de convertirse en obra de teatro. Hace unos años, … leyó en un periódico una noticia «que se refería a la puesta en venta en un mercadillo de historiales clínicos de un psiquiátrico; la segunda línea de la noticia me resultó todavía más impactante, y es que en esos historiales se observaba que había un número anormalmente alto de ingresos durante la Guerra Civil».

Ése es el germen de ‘El jardín quemado‘, la obra que se estrena el jueves 27 de mayo en el Teatro de La Abadía, dirigido por el propio Juan Mayorga y un reparto que integran Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias, Mariano Llorente, Loreto Mauleón y Adriana Ozores.

Aquella noticia, sigue el autor, le hizo plantearse un interrogante: «¿por qué puede haber más ingresos en un psiquiátrico en una guerra civil? Quizás haya más gente que pierda la cabeza por la propia guerra; puede que haya gente que haya sido ingresada para hacerlos pasar por locos y salvarlos. O, en tercer lugar, puede haber gente a la que se quiera dar un castigo, que para algunos puede ser peor que la muerte, al ingresarle».

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    E.B. /EP

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 A partir de esta incógnita, Mayorga empezó a imaginar una obra de teatro que, advierte, «no es una obra documental. Los personajes que aparecen son fruto de mi imaginación, no son personajes históricos». Los protagonistas, cuenta, son Benet, un joven psiquiatra que llega al psiquiátrico de San Miguel y se enfrenta con Garay, director del centro, que ya dirigía en la Guerra Civil. Hay algo de thriller en la función, ya que Benet «quiere demostrar que algo terrible sucedió en ese psiquiátrico durante la contienda».

Juan Mayorga escribió ‘El jardín quemado’ hace tiempo, «pero no he dejado de reescribirla desde entonces. Un texto es una indagación, y si merece la pena no termina nunca». En estas sucesivas reescrituras ha habido, dice el autor, transformaciones fundamentales. La principal es que los personajes de Benet y Garay, estos psiquiatras que se enfrentan, son ahora mujeres, y creo que eso ha sido un hallazgo que se confirma en los extraordinarios trabajos de Adriana Ozores y Loreto Mauleón. Tengo la impresión de que estaba esperándolas a ellas, de que sin saberlo estaba escribiendo para ellas».

Aunque la noticia que encendió la chispa de ‘El jardín quemado’ se refería a la Guerra Civil española, en la obra no se menciona España ni a nuestra contienda. «En la primera versión -sigue Mayorga-, la acción sucedía durante la transición española. El espectador que quiera encontrar ese momento, y la propia Guerra Civil, lo hará. Pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que la obra podía tener un carácter más universal, y que lo que relata podía haber sucedido en Yugoslavia, en Ucrania o en las guerras mundiales. De algún modo, San Miguel es un espacio denso en lo narrativo y en lo moral».

«La ‘zona gris’, como decía Primo Levi, es ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja; es teatral y moralmente el más interesante»

Revela Juan Mayorga que la obra habla principalmente de tres asuntos: «Por un lado, la imprevisibilidad del pasado. Nadie sabe el pasado que le espera, lo que nos deparará. La obra habla sobre ese misterio del tiempo. Habla también de la locura; quien más quien menos conoce ese lugar o estuvo allí. Y en tercer lugar, habla sobre la zona gris, a mi juicio la más interesante teatral y moralmente». Cuando habla de «la noción de zona gris», dice el autor que «estoy citando implícitamente a Primo Levi, que habla de ese lugar liminar donde la frontera entre la víctima y el verdugo se desdibuja».

Quitar las referencias histórica y temporal responde al espíritu conciliador de Juan Mayorga. «Soy proclive al diálogo y la escucha, o intento serlo. El teatro es el arte del conflicto, pero en torno a este conflicto podemos abrir una conversación y podemos escucharnos. Espero que esta obra fomente una conversación apasionada pero al mismo tiempo respetuosa; quizás sobre nuestro pasado, pero también sobre el pasado en general».

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El teatro de Juan Mayorga no se basa habitualmente en sesudas investigaciones. «Es cierto que buena parte de mi teatro se ocupa del pasado: ‘Cartas de amor a Stalin’, ‘Himmelveg’, ‘El cartógrafo’, ‘Reikiavik’, ‘La lengua en pedazos’… Pero todas podrían ser inmediatamente impugnadas por cualquier historiador, que me podría decir que lo que presento en escena nunca sucedió así. Pero de algún modo parte de mi trabajo consiste en presentar lo que podríamos llamar ‘pasados posibles’, que nos pueden hacer pensar sobre el pasado que sí ocurrió. Me gusta, en este sentido, recordar lo que decía Aristóteles: ‘el poeta está más cerca del filósofo que el historiador’; éste se ocupa de lo que ha pasado, pero el poeta se ocupa de lo que podría pasar o podría haber pasado».

«Cuando hacemos teatro sobre el pasado -continúa Mayorga-, no tratamos tanto de reconstruirlo, cosa por cierto siempre imposible, cuanto de construir una cita peligrosa entre el presente y el pasado; que de algún modo, pasado y presente se desestabilicen, que se produzca un combate entre el presente y el pasado». Lo que le preocupa de este viaje en el tiempo, asegura el dramaturgo y académico, es siempre que el espectador diga: ‘Ahí estoy yo’. Yo podría ser Garay o podría ser Benet».

La obra -que se estrenó hace diez años en la localidad italiana de Verona- se presenta por primera vez en la versión con las dos protagonistas femeninas. «Se ofreció también en Canarias hace cuatro años, en un montaje que no llegó a Madrid -dice Mayorga-. Se ha estudiado mucho, y algunos de los que me hacen el honor de interesarse por mi teatro la consideran especialmente significativa. Por supuesto, esa conversación ha alimentado mi reflexión; cuando decidí que Benet y Garay debían ser mujeres, el texto se ha agitado y se ha agitado también la puesta en escena de una forma fascinante para mí; tengo unas actrices y unos actores tan inteligentes que han descubierto sentidos en la obra y en sus personajes que yo no había entrevisto».

En ‘El jardín quemado’ hay, confiesa, «una permanente negociación entre el realismo y y la poesía. Es algo que se da en la palabra misma; está servida con extraordinaria naturalidad, pero los personajes no dicen cualquier cosa porque están en una situación moral extraordinariamente intensa. Desde el título mismo, ‘El jardín quemado’, se genera una tensión alegórica que aparece una y otra vez. Hay muchos elementos, la ceniza misma del jardín, que probablemente algunos espectadores convertirán en alegorías».

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