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  Cultura  La guerra de los mapas, la última fantasía del poder
Cultura

La guerra de los mapas, la última fantasía del poder

septiembre 25, 2026
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El 27 de agosto de 2026, en el Despacho Oval, Donald Trump sostuvo un mapa ante las cámaras y firmó que el lago Ontario se llamaría, desde ese instante, «Lake America» . Treinta días para borrar de los registros oficiales toda mención al nombre anterior. «Ahora solo nos falta un océano», dijo; «quizá cambiemos el Atlántico, o el Pacífico, o los dos». Año y medio antes había convertido el Golfo de México en ‘Golfo de América’. Es la forma más pura del poder: editar el mundo con una firma, sin tocar una sola piedra.Ocho días después, por la vía contraria, el mundo cambiaba de mapa de verdad. La Asamblea General de la ONU votó -164 a 1- cambiar su mapamundi oficial, basado hasta entonces en la proyección Mercator, por la Equal Earth . El único voto en contra, Estados Unidos, la describió como «proyecto ideológico radical».Durante siglos el mapa fue el hecho por excelencia: lo que Bruno Latour llamaba un ‘matter of fact’, una cuestión de hecho . Ese día dejó de serlo. Cuando ciento sesenta y cuatro países votan una proyección, el mapa entra en el parlamento: se revela como un ‘matter of concern’, un asunto -algo que se disputa- que no describe el mundo, sino que congrega un público.Que sea un asunto y no un hecho no lo rebaja a opinión. Al contrario: enseña de qué está hecho -la esfera, la curvatura, la proyección- en vez de asumirlo como verdad. Los decretos de Trump sobre el Golfo de México y el Lago Ontario no son asuntos, sino su parodia : una etiqueta que no congrega nada porque no se discute.Latour llamó a los mapas «móviles inmutables»: inscripciones que viajan sin deformarse -planas, reproducibles, idénticas en Lisboa y en Manila- y que por eso permiten gobernar lo que no se ha pisado . Se trae el mapa de la colonia a la metrópoli, y se incorpora al resto del imperio. El mapa solo puede viajar y gobernar a distancia porque es plano; y por tanto distorsionado. El poder del mapa y su falsedad son la misma operación. Gauss lo demostró en 1827 en el Theorema Egregium, que concluye que una esfera no puede aplanarse sobre un plano sin distorsión. Todo mapa plano miente; solo se elige el objetivo de la mentira -el área, la forma, la distancia-. «Corregir el mapa» o dibujar el «tamaño real» es, geométricamente, imposible.Gerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideologíaGerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideología. Su virtud es que una línea recta trazada sobre él marca un rumbo constante -el marino pone la regla, lee el ángulo y navega sin recalcular la brújula-. Para conservar los ángulos, Mercator estira el mapa en vertical tanto como la esfera lo ensancha en horizontal hacia los polos; así la escala crece con la latitud. En el ecuador el tamaño es verdadero; a sesenta grados, se cuadruplica; cerca de los polos, es monstruoso. De ahí sus célebres mentiras: Groenlandia parece tan grande como África, cuando África es catorce veces mayor; Alaska parece tan grande como Brasil, cuando este es cinco veces mayor. Mercator no encoge el sur: infla las latitudes altas. Si el mapa parece hinchado por arriba no es por la geometría, que es simétrica, sino por la geografía -el hemisferio norte concentra más masa continental en las latitudes altas- arriba, Groenlandia y Siberia; abajo, casi solo mar y la Antártida. La proyección Mercator, vilipendiada por los guerreros del Gran Sur como colonialista, nunca tuvo una ambición política. Su pecado fue el de ascender la herramienta del marino a mapamundi de aula, un papel para el que no se diseñó. Pero ahora que los instrumentos de navegación son digitales, satelitales y tridimensionales, el mapa plano adquiere un rol fundamentalmente representativo, por eso hay que discutirlo en la ONU . La proyección adoptada por votación en la ONU se llama Equal Earth, y fue creada en 2018 por Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič, y su objetivo es el de que cada región ocupe en el papel una superficie proporcional a la real. Su geometría es el reverso exacto de la de Mercator: donde aquella igualaba los dos estiramientos -a lo alto y a lo ancho- y disparaba el área, Equal Earth los enfrenta -al separar los paralelos, estrecha el mapa-. El área queda intacta; se sacrifica la forma. Lo que busca es restituir su tamaño real a los países tropicales -África, sobre todo- frente al abultamiento de las latitudes altas. No es más verdadera que Mercator: simplemente mienten en cosas distintas.La proyección Equal Earth hereda la política de la de Peters, de 1973, proclamada explícitamente anticolonial, que intentaba devolverle su superficie al Sur global a costa de la fealdad de sus contornos alargados. Equal Earth es una estetización del mapa de Peters . Bruno Latour se pasó la vida demostrando que los hechos se construyen, y acabó arrepentido de haber armado al constructivismo: había afilado las armas de quienes niegan la evolución o el cambio climático. Hoy las empuñan también quienes niegan la otra mitad de Darwin -la herencia-, declaran el sexo un espectro y vuelven indiscutibles la autodeterminación y los pronombres. No todas las construcciones son iguales. La proyección del mapamundi está disciplinada por la geometría: cada distorsión es medible, y por eso se discute en un parlamento. El decreto y el sentimiento no tienen disciplina. El ‘Lake America’ y aquellos «hechos alternativos» de Kellyanne Conway ocupan el mismo lugar que el sexo autoconstruido y la tabla rasa genética que ecualiza a la especie. Trump y los ‘wokes’ fijan la realidad por decreto, por afecto o por imperativo moral, a salvo de toda discusión.Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arribaEn 1943, Buckminster Fuller inventó su maravillosa proyección Dymaxion, realizada sobre un icosaedro que luego se desplegaba en el plano. Era un mapa sin centro, sin arriba, sin país en el medio, con la distorsión repartida hasta casi desaparecer. Quiso abolir la política a través de la geometría. Lo consiguió, y por eso fracasó: El mapa Dymaxion carece de orientación, y por eso nadie sabe leerlo salvo algunos arquitectos que aún no entendemos por qué este no es ya el mapa de la ONU. Quizá la neutralidad perfecta es inhabitable.Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arriba -de ahí la palabra: orientarse es poner el Oriente en lo alto- con Jerusalén en el centro del mundo. Al-Idrisi , que cartografió el orbe para Roger II de Sicilia en 1154, lo dibujó con el sur arriba, según la costumbre islámica. El ‘norte arriba’ que nos parece natural no tiene ninguna razón astronómica: es una pura convención. Todo mapa pone a alguien en el centro y a alguien arriba. Ninguno mira desde fuera como Fuller pretendió.La ONU y Trump hacen, en apariencia, lo mismo: politizar la imagen del mundo . Pero de forma totalmente opuesta: la proyección, por mucha ideología que arrastre, es una discusión sobre geometría -una transformación rigurosa cuyos costes fija la geometría esférica-. El decreto no tiene geometría ninguna: es la etiqueta sin territorio, la palabra sin materia, la disputa sin esfera. Una proyección se argumenta; un decreto se obedece o se revoca; al sentimiento y al imperativo moral, ni eso. La ONU trae una esfera a la asamblea; Trump, solo su firma -los ‘wokes’ sus sentimientos-. Es la última fantasía del poder, o de la superioridad moral del lado correcto de la historia, cuando ya no tiene una realidad que ofrecer, solo etiquetas que pegar. Ahora solo les falta un océano.Antonio Zahera-Polo Arquitecto El 27 de agosto de 2026, en el Despacho Oval, Donald Trump sostuvo un mapa ante las cámaras y firmó que el lago Ontario se llamaría, desde ese instante, «Lake America» . Treinta días para borrar de los registros oficiales toda mención al nombre anterior. «Ahora solo nos falta un océano», dijo; «quizá cambiemos el Atlántico, o el Pacífico, o los dos». Año y medio antes había convertido el Golfo de México en ‘Golfo de América’. Es la forma más pura del poder: editar el mundo con una firma, sin tocar una sola piedra.Ocho días después, por la vía contraria, el mundo cambiaba de mapa de verdad. La Asamblea General de la ONU votó -164 a 1- cambiar su mapamundi oficial, basado hasta entonces en la proyección Mercator, por la Equal Earth . El único voto en contra, Estados Unidos, la describió como «proyecto ideológico radical».Durante siglos el mapa fue el hecho por excelencia: lo que Bruno Latour llamaba un ‘matter of fact’, una cuestión de hecho . Ese día dejó de serlo. Cuando ciento sesenta y cuatro países votan una proyección, el mapa entra en el parlamento: se revela como un ‘matter of concern’, un asunto -algo que se disputa- que no describe el mundo, sino que congrega un público.Que sea un asunto y no un hecho no lo rebaja a opinión. Al contrario: enseña de qué está hecho -la esfera, la curvatura, la proyección- en vez de asumirlo como verdad. Los decretos de Trump sobre el Golfo de México y el Lago Ontario no son asuntos, sino su parodia : una etiqueta que no congrega nada porque no se discute.Latour llamó a los mapas «móviles inmutables»: inscripciones que viajan sin deformarse -planas, reproducibles, idénticas en Lisboa y en Manila- y que por eso permiten gobernar lo que no se ha pisado . Se trae el mapa de la colonia a la metrópoli, y se incorpora al resto del imperio. El mapa solo puede viajar y gobernar a distancia porque es plano; y por tanto distorsionado. El poder del mapa y su falsedad son la misma operación. Gauss lo demostró en 1827 en el Theorema Egregium, que concluye que una esfera no puede aplanarse sobre un plano sin distorsión. Todo mapa plano miente; solo se elige el objetivo de la mentira -el área, la forma, la distancia-. «Corregir el mapa» o dibujar el «tamaño real» es, geométricamente, imposible.Gerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideologíaGerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideología. Su virtud es que una línea recta trazada sobre él marca un rumbo constante -el marino pone la regla, lee el ángulo y navega sin recalcular la brújula-. Para conservar los ángulos, Mercator estira el mapa en vertical tanto como la esfera lo ensancha en horizontal hacia los polos; así la escala crece con la latitud. En el ecuador el tamaño es verdadero; a sesenta grados, se cuadruplica; cerca de los polos, es monstruoso. De ahí sus célebres mentiras: Groenlandia parece tan grande como África, cuando África es catorce veces mayor; Alaska parece tan grande como Brasil, cuando este es cinco veces mayor. Mercator no encoge el sur: infla las latitudes altas. Si el mapa parece hinchado por arriba no es por la geometría, que es simétrica, sino por la geografía -el hemisferio norte concentra más masa continental en las latitudes altas- arriba, Groenlandia y Siberia; abajo, casi solo mar y la Antártida. La proyección Mercator, vilipendiada por los guerreros del Gran Sur como colonialista, nunca tuvo una ambición política. Su pecado fue el de ascender la herramienta del marino a mapamundi de aula, un papel para el que no se diseñó. Pero ahora que los instrumentos de navegación son digitales, satelitales y tridimensionales, el mapa plano adquiere un rol fundamentalmente representativo, por eso hay que discutirlo en la ONU . La proyección adoptada por votación en la ONU se llama Equal Earth, y fue creada en 2018 por Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič, y su objetivo es el de que cada región ocupe en el papel una superficie proporcional a la real. Su geometría es el reverso exacto de la de Mercator: donde aquella igualaba los dos estiramientos -a lo alto y a lo ancho- y disparaba el área, Equal Earth los enfrenta -al separar los paralelos, estrecha el mapa-. El área queda intacta; se sacrifica la forma. Lo que busca es restituir su tamaño real a los países tropicales -África, sobre todo- frente al abultamiento de las latitudes altas. No es más verdadera que Mercator: simplemente mienten en cosas distintas.La proyección Equal Earth hereda la política de la de Peters, de 1973, proclamada explícitamente anticolonial, que intentaba devolverle su superficie al Sur global a costa de la fealdad de sus contornos alargados. Equal Earth es una estetización del mapa de Peters . Bruno Latour se pasó la vida demostrando que los hechos se construyen, y acabó arrepentido de haber armado al constructivismo: había afilado las armas de quienes niegan la evolución o el cambio climático. Hoy las empuñan también quienes niegan la otra mitad de Darwin -la herencia-, declaran el sexo un espectro y vuelven indiscutibles la autodeterminación y los pronombres. No todas las construcciones son iguales. La proyección del mapamundi está disciplinada por la geometría: cada distorsión es medible, y por eso se discute en un parlamento. El decreto y el sentimiento no tienen disciplina. El ‘Lake America’ y aquellos «hechos alternativos» de Kellyanne Conway ocupan el mismo lugar que el sexo autoconstruido y la tabla rasa genética que ecualiza a la especie. Trump y los ‘wokes’ fijan la realidad por decreto, por afecto o por imperativo moral, a salvo de toda discusión.Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arribaEn 1943, Buckminster Fuller inventó su maravillosa proyección Dymaxion, realizada sobre un icosaedro que luego se desplegaba en el plano. Era un mapa sin centro, sin arriba, sin país en el medio, con la distorsión repartida hasta casi desaparecer. Quiso abolir la política a través de la geometría. Lo consiguió, y por eso fracasó: El mapa Dymaxion carece de orientación, y por eso nadie sabe leerlo salvo algunos arquitectos que aún no entendemos por qué este no es ya el mapa de la ONU. Quizá la neutralidad perfecta es inhabitable.Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arriba -de ahí la palabra: orientarse es poner el Oriente en lo alto- con Jerusalén en el centro del mundo. Al-Idrisi , que cartografió el orbe para Roger II de Sicilia en 1154, lo dibujó con el sur arriba, según la costumbre islámica. El ‘norte arriba’ que nos parece natural no tiene ninguna razón astronómica: es una pura convención. Todo mapa pone a alguien en el centro y a alguien arriba. Ninguno mira desde fuera como Fuller pretendió.La ONU y Trump hacen, en apariencia, lo mismo: politizar la imagen del mundo . Pero de forma totalmente opuesta: la proyección, por mucha ideología que arrastre, es una discusión sobre geometría -una transformación rigurosa cuyos costes fija la geometría esférica-. El decreto no tiene geometría ninguna: es la etiqueta sin territorio, la palabra sin materia, la disputa sin esfera. Una proyección se argumenta; un decreto se obedece o se revoca; al sentimiento y al imperativo moral, ni eso. La ONU trae una esfera a la asamblea; Trump, solo su firma -los ‘wokes’ sus sentimientos-. Es la última fantasía del poder, o de la superioridad moral del lado correcto de la historia, cuando ya no tiene una realidad que ofrecer, solo etiquetas que pegar. Ahora solo les falta un océano.Antonio Zahera-Polo Arquitecto  

El 27 de agosto de 2026, en el Despacho Oval, Donald Trump sostuvo un mapa ante las cámaras y firmó que el lago Ontario se llamaría, desde ese instante, «Lake America». Treinta días para borrar de los registros oficiales toda mención al nombre anterior. « … Ahora solo nos falta un océano», dijo; «quizá cambiemos el Atlántico, o el Pacífico, o los dos». Año y medio antes había convertido el Golfo de México en ‘Golfo de América’. Es la forma más pura del poder: editar el mundo con una firma, sin tocar una sola piedra.

Ocho días después, por la vía contraria, el mundo cambiaba de mapa de verdad. La Asamblea General de la ONU votó -164 a 1- cambiar su mapamundi oficial, basado hasta entonces en la proyección Mercator, por la Equal Earth. El único voto en contra, Estados Unidos, la describió como «proyecto ideológico radical».

De Mercator a Equal Earth:

Una nueva visión del mundo

El pasado viernes 4 de septiembre

la ONU votó a favor de utilizar

un mapamundi que refleje con mayor

precisión el tamaño real de los continentes

A favor

En contra (EE.UU.)

Abstenciones

Comparativa de proyecciones

La iniciativa de la Unión Africana reclamó a través de la campaña internacional “Correct the Map”, que la representación

de Mercator infla visualmente los territorios del hemisferio norte

Mercator

Equal Earth

Fuente:ONU/ ABC / J. Torres

De Mercator a Equal Earth:

Una nueva visión del mundo

El pasado viernes 4 de septiembre la ONU votó a favor

de utilizar un mapamundi que refleje con mayor

precisión el tamaño real de los continentes

A favor

En contra (EE.UU.)

Abstenciones

Comparativa de proyecciones

La iniciativa de la Unión Africana reclamó a través de la campaña

internacional “Correct the Map”, que la representación

de Mercator infla visualmente los territorios del hemisferio norte

Mercator

Equal Earth

Fuente:ONU/ ABC / J. Torres

Durante siglos el mapa fue el hecho por excelencia: lo que Bruno Latour llamaba un ‘matter of fact’, una cuestión de hecho. Ese día dejó de serlo. Cuando ciento sesenta y cuatro países votan una proyección, el mapa entra en el parlamento: se revela como un ‘matter of concern’, un asunto -algo que se disputa- que no describe el mundo, sino que congrega un público.

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    • Geopolítica: en el centro del plano

Que sea un asunto y no un hecho no lo rebaja a opinión. Al contrario: enseña de qué está hecho -la esfera, la curvatura, la proyección- en vez de asumirlo como verdad. Los decretos de Trump sobre el Golfo de México y el Lago Ontario no son asuntos, sino su parodia: una etiqueta que no congrega nada porque no se discute.

Latour llamó a los mapas «móviles inmutables»: inscripciones que viajan sin deformarse -planas, reproducibles, idénticas en Lisboa y en Manila- y que por eso permiten gobernar lo que no se ha pisado. Se trae el mapa de la colonia a la metrópoli, y se incorpora al resto del imperio. El mapa solo puede viajar y gobernar a distancia porque es plano; y por tanto distorsionado.

El poder del mapa y su falsedad son la misma operación. Gauss lo demostró en 1827 en el Theorema Egregium, que concluye que una esfera no puede aplanarse sobre un plano sin distorsión. Todo mapa plano miente; solo se elige el objetivo de la mentira -el área, la forma, la distancia-. «Corregir el mapa» o dibujar el «tamaño real» es, geométricamente, imposible.

Gerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideología

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Gerardus Mercator publicó su mapa en 1569, y no era un mapa de pared: era un instrumento náutico sin ideología. Su virtud es que una línea recta trazada sobre él marca un rumbo constante -el marino pone la regla, lee el ángulo y navega sin recalcular la brújula-.

Para conservar los ángulos, Mercator estira el mapa en vertical tanto como la esfera lo ensancha en horizontal hacia los polos; así la escala crece con la latitud. En el ecuador el tamaño es verdadero; a sesenta grados, se cuadruplica; cerca de los polos, es monstruoso. De ahí sus célebres mentiras: Groenlandia parece tan grande como África, cuando África es catorce veces mayor; Alaska parece tan grande como Brasil, cuando este es cinco veces mayor. Mercator no encoge el sur: infla las latitudes altas.

MERCATOR (1569)

Fue presentada por Gerardus Mercator en 1569. Es una proyección cartográfica cilíndrica conforme creada para mostrar rumbos de brújula precisos para la navegación marítima.

El sistema de coordenadas Web Mercator, es el estándar de facto para mapas web y servicios en línea como

Google Maps o Open Street Maps.

Distorsión de

áreas extremadamente

exageradas lejos del ecuador

Ecuador

Áreas cercanas al

Ecuador más realistas

Meridianos y paralelos

rectos y perpendiculares

La proyección cilíndrica

de Mercator

Para dibujar nuestro planeta esférico en un papel plano, este método clásico envuelve la Tierra en un cilindro virtual que luego se desenrolla. El resultado es un mapa rectangular cuyos territorios se estiran al alejarse del ecuador

Proyección

cilíndrica

Esfera

terrestre

Ecuador

Punto de

luz

Proyección

cilíndrica

Proyección

en plano

Ecuador

Paralelos

Meridianos

Fuente: Enciclopedia Británica, ArcGis,

OSM y elaboración propia/ ABC / J. Torres

MERCATOR (1569)

Fue presentada por Gerardus Mercator en 1569. Es una proyección cartográfica cilíndrica conforme creada para mostrar rumbos de brújula precisos para la navegación marítima.

El sistema de coordenadas Web Mercator, es el estándar de facto para mapas web y servicios en línea como

Google Maps o Open Street Maps.

Distorsión de

áreas extremadamente

exageradas lejos del ecuador

Ecuador

Áreas cercanas al

Ecuador más realistas

Meridianos y paralelos

rectos y perpendiculares

La proyección cilíndrica de Mercator

Para dibujar nuestro planeta esférico en un papel plano, este método clásico envuelve la Tierra en un cilindro virtual que luego se desenrolla. El resultado es un mapa rectangular cuyos territorios se estiran al alejarse del ecuador

Proyección

cilíndrica

Proyección

en plano

Esfera

terrestre

Ecuador

Punto de

luz

Paralelos

Meridianos

Fuente: Enciclopedia Británica, ArcGis, OSM y elaboración propia/ ABC / J. Torres

Si el mapa parece hinchado por arriba no es por la geometría, que es simétrica, sino por la geografía -el hemisferio norte concentra más masa continental en las latitudes altas- arriba, Groenlandia y Siberia; abajo, casi solo mar y la Antártida.

La proyección Mercator, vilipendiada por los guerreros del Gran Sur como colonialista, nunca tuvo una ambición política. Su pecado fue el de ascender la herramienta del marino a mapamundi de aula, un papel para el que no se diseñó. Pero ahora que los instrumentos de navegación son digitales, satelitales y tridimensionales, el mapa plano adquiere un rol fundamentalmente representativo, por eso hay que discutirlo en la ONU.

La proyección adoptada por votación en la ONU se llama Equal Earth, y fue creada en 2018 por Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič, y su objetivo es el de que cada región ocupe en el papel una superficie proporcional a la real. Su geometría es el reverso exacto de la de Mercator: donde aquella igualaba los dos estiramientos -a lo alto y a lo ancho- y disparaba el área, Equal Earth los enfrenta -al separar los paralelos, estrecha el mapa-. El área queda intacta; se sacrifica la forma. Lo que busca es restituir su tamaño real a los países tropicales -África, sobre todo- frente al abultamiento de las latitudes altas. No es más verdadera que Mercator: simplemente mienten en cosas distintas.

EQUAL EARTH (2018)

Es una proyección pseudocilíndrica de áreas equivalentes para mapamundis. Ofrece una apariencia agradable de las masas terrestres y su forma. Fue desarrollada conjuntamente por Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič en 2018

Ecuador

El dilema de África y Groenlandia

La exageración de la superficie cuando los territorios se acercan a los polos toma su máxima expresión en la sobredimensión de Groenlandia en el mapa

Groenlandia

2.166.086

km²

África

30.272.922

km²

En Mercator

En Equal Earth

Se equilibran las superficies

El nuevo planteamiento corrige la distorsión histórica de Mercator y devuelve a los países del hemisferio norte su tamaño real y proporcional

17.098.246

km²

Canadá

9.984.670

km²

Estados Unidos

9.596.960

km²

9.525.067

km²

Corrección europea

Diferencia de representación de los dos continentes en las diferentes proyecciones

Países

nórdicos

estirados

Europa

sobredi-

mensionada

África

achatada

Mercator

Equal Earth

Fuente:OSM y elaboración propia/ ABC / J. Torres

EQUAL EARTH (2018)

Es una proyección pseudocilíndrica de áreas equivalentes para mapamundis. Ofrece una apariencia agradable de las masas terrestres y su forma. Fue desarrollada conjuntamente por Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič en 2018

Ecuador

El dilema de África y Groenlandia

La exageración de la superficie cuando los territorios se acercan a los polos toma su máxima expresión en la sobredimensión de Groenlandia en el mapa

Groenlandia

2.166.086

km²

África

30.272.922

km²

En Mercator

En Equal Earth

Se equilibran las superficies

El nuevo planteamiento corrige la distorsión histórica de Mercator y devuelve a los países del hemisferio norte su tamaño real y proporcional

Canadá

17.098.246

km²

9.984.670

km²

Estados Unidos

9.596.960

km²

9.525.067

km²

Corrección europea

Diferencia de representación de los dos continentes en las diferentes proyecciones

Países

nórdicos

estirados

Europa

sobredimensionada

África

achatada

Mercator

Equal Earth

Fuente: ArcGis, OSM y elaboración propia/ ABC / J. Torres

La proyección Equal Earth hereda la política de la de Peters, de 1973, proclamada explícitamente anticolonial, que intentaba devolverle su superficie al Sur global a costa de la fealdad de sus contornos alargados. Equal Earth es una estetización del mapa de Peters.

Bruno Latour se pasó la vida demostrando que los hechos se construyen, y acabó arrepentido de haber armado al constructivismo: había afilado las armas de quienes niegan la evolución o el cambio climático. Hoy las empuñan también quienes niegan la otra mitad de Darwin -la herencia-, declaran el sexo un espectro y vuelven indiscutibles la autodeterminación y los pronombres. No todas las construcciones son iguales.

El tamaño real de África

La recomendación de la ONU no tiene carácter legislativo ni prohíbe el uso de los mapas tradicionales, sino que funciona como una declaración de intenciones ética y educativa. Su objetivo es invitar formalmente a gobiernos, sistemas escolares y medios de comunicación a adoptar alternativas más justas y proporcionales. Acabando así con el sesgo tradicional que ha tenido África en sus representaciones cartográficas

Irlanda

Portugal

África

Alemania

Francia

España

Italia

Europa del Este

Estados Unidos

Alaska

Países Bajos

Bélgica

Reino Unido

Comparativa

de superfice equivalente

MERCATOR

Noruega, Suecia y Finlandia

Groenlandia

Canadá

África

EQUAL EARTH

30.350.000 km2

30.210.000 km2

Fuente:The True Size of Africa (Kai Krause)

y elaboración propia/ ABC / M. Jiménez

El tamaño real de África

La recomendación de la ONU no tiene carácter legislativo ni prohíbe el uso de los mapas tradicionales, sino que funciona como una declaración de intenciones ética y educativa. Su objetivo es invitar formalmente a gobiernos, sistemas escolares y medios de comunicación a adoptar alternativas más justas y proporcionales.

Acabando así con el sesgo tradicional que ha tenido África en sus representaciones cartográficas

Irlanda

África

Alemania

Portugal

Francia

España

Italia

Europa del Este

Estados Unidos

Alaska

Países Bajos

Bélgica

Reino Unido

Comparativa de superfice equivalente

Mercator

Equal Earth

Noruega, Suecia y Finlandia

Groenlandia

Canadá

30.350.000 km2

África

30.210.000 km2

Fuente:The True Size of Africa (Kai Krause)

y elaboración propia/ ABC / M. Jiménez

La proyección del mapamundi está disciplinada por la geometría: cada distorsión es medible, y por eso se discute en un parlamento. El decreto y el sentimiento no tienen disciplina. El ‘Lake America’ y aquellos «hechos alternativos» de Kellyanne Conway ocupan el mismo lugar que el sexo autoconstruido y la tabla rasa genética que ecualiza a la especie. Trump y los ‘wokes’ fijan la realidad por decreto, por afecto o por imperativo moral, a salvo de toda discusión.

Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arriba

En 1943, Buckminster Fuller inventó su maravillosa proyección Dymaxion, realizada sobre un icosaedro que luego se desplegaba en el plano. Era un mapa sin centro, sin arriba, sin país en el medio, con la distorsión repartida hasta casi desaparecer. Quiso abolir la política a través de la geometría. Lo consiguió, y por eso fracasó: El mapa Dymaxion carece de orientación, y por eso nadie sabe leerlo salvo algunos arquitectos que aún no entendemos por qué este no es ya el mapa de la ONU. Quizá la neutralidad perfecta es inhabitable.

Orientarse es, siempre, tomar partido. Los mapamundi medievales ponían el este arriba -de ahí la palabra: orientarse es poner el Oriente en lo alto- con Jerusalén en el centro del mundo. Al-Idrisi, que cartografió el orbe para Roger II de Sicilia en 1154, lo dibujó con el sur arriba, según la costumbre islámica. El ‘norte arriba’ que nos parece natural no tiene ninguna razón astronómica: es una pura convención. Todo mapa pone a alguien en el centro y a alguien arriba. Ninguno mira desde fuera como Fuller pretendió.

La ONU y Trump hacen, en apariencia, lo mismo: politizar la imagen del mundo. Pero de forma totalmente opuesta: la proyección, por mucha ideología que arrastre, es una discusión sobre geometría -una transformación rigurosa cuyos costes fija la geometría esférica-. El decreto no tiene geometría ninguna: es la etiqueta sin territorio, la palabra sin materia, la disputa sin esfera. Una proyección se argumenta; un decreto se obedece o se revoca; al sentimiento y al imperativo moral, ni eso. La ONU trae una esfera a la asamblea; Trump, solo su firma -los ‘wokes’ sus sentimientos-. Es la última fantasía del poder, o de la superioridad moral del lado correcto de la historia, cuando ya no tiene una realidad que ofrecer, solo etiquetas que pegar. Ahora solo les falta un océano.

Antonio Zahera-Polo

Arquitecto y co-fundador de Alejandro Zaera-Polo y Maider Llaguno Architecture

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