Mientras EE.UU. e Irán se enredan en unas negociaciones que por el momento parecen enquistadas, sigue el goteo de indicadores oficiales que advierten de que, si el estrecho de Ormuz no se abre pronto, el mundo se enfrentará a una crisis inflacionaria muy parecida a la que ya sufrió allá por 2022, cuando Rusia invadió Ucrania. Si hace unos días el IPC ya dio el primer aviso, con una subida mensual del 1,2% en marzo -el primer mes completo tras el arranque del conflicto en Oriente Próximo- que supuso el mayor dato desde junio de 2022, hoy el Índice de Precios Industriales (IPRI) del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma la tendencia en el caso de la industria y, más concretamente, del sector energético, que se anota un repunte mensual superior al que se vivió ya no en 2022, sino allá por 1980, cuando la caída del sha de Persia derivó en la segunda crisis del petróleo. Suben los precios +6,5% El petróleo arrastra a la industria Los precios del crudo han llevado al sector industrial a su mayor encarecimiento histórico, aunque, descontado el efecto de la energía, se evidencia que aún no hay un efecto contagio severoEl IPRI, que es un indicador que mide la evolución de los precios de los productos fabricados por la industria para el mercado interior (incluida la energía) avanzó un 6,5% entre el primer y el último día del mes pasado , el mayor registro desde el +6,7% de marzo de 2022. Sin embargo, la clave no está tanto en la cifra general como en la ‘energía’, un capítulo en el que Estadística incluye el precio de salida de la producción, transporte y distribución de energía eléctrica, gas y petróleo. En marzo, este indicador avanzó un 20,7%, el valor más alto desde que el INE toma los datos. Como ya se ha avanzado, ni siquiera en los ochenta hubo un alza mayor, pues entonces el pico fue un +20,5%, en febrero de 1980. Noticia relacionada general No No Trump anuncia que Israel y el Líbano extienden su tregua otras tres semanas Javier AnsorenaSi se afina aún más el análisis, se descubre algo que en todo caso no es una sorpresa, y es que el alza se concentra más en el petróleo que en la electricidad, que se encareció un 13% mensual, en línea con otros vaivenes observados en el último lustro. Por el contrario, las actividades de refino de petróleo -solo las que se desarrollan en nuestro país- se encarecieron un 42% anual y un 46% mensual; es decir, que los carburantes, lubricantes y otros derivados del petróleo son casi un 50% más caros para las industrias que los compran. Si se toma el resultado mes a mes, se trata del mayor avance en toda la serie del INE, que empieza en 1975; de nuevo, el único dato que se acerca es el +25% de febrero de 1980. Las inversiones de 2008-2011 amortiguan el golpeEste impacto de precios industriales, lastrados por los altos costes del petróleo y, por tanto, trasladado desde la actividad del refino, podría haber sido mucho peor de no contar en España con un sistema robusto y con gran flexibilidad. Así lo aseguran fuentes del sector petrolero a este periódico al señalar que ha habido «un ciclo inversor clave que se produjo entre 2008 y 2011, en plena crisis financiera, cuando el sector destinó más de 4.000 millones de euros a modernizar sus instalaciones y adaptarlas a un cambio estructural en la demanda energética».Insisten las fuentes consultadas en que «esta transformación permitió a las refinerías incorporar tecnologías de conversión avanzada capaces de maximizar el rendimiento del crudo y producir combustibles más demandados, como diésel o queroseno, aumentando su eficiencia y flexibilidad operativa». Ha sido, destacan, esa capacidad de eficientar los procesos lo que –en cierto modo– ha amortiguado el golpe.«Podría haber sido peor» 4.000 millones Las refinerías llegan preparadas a la crisis Fuentes del sector aseguran que el ciclo inversor que se produjo entre 2008 y 2011, con 4.000 millones en inversiones para modernizar instalaciones, ha evitado un impacto mayorHistóricamente, España presentaba un desequilibrio entre su capacidad de producción y su consumo de determinados combustibles, especialmente diésel, lo que obligaba a recurrir a importaciones con impacto en la balanza comercial. Algo que ahora se ha podido mitigar. Una situación necesaria puesto que el diésel, en los mercados internacionales, ha sido de los productos que más han escaseado. Por eso se ha producido su gran subida de precios. En este contexto, las fuentes consultadas se reafirman en que «España cuenta hoy con una red de refinerías altamente eficientes, capaces de responder con mayor flexibilidad a los cambios y dinámicas del mercado energético».Sea como fuere, el temor a esta hora es para con el efecto de estos datos sobre los precios industriales en general, y en este aspecto hay margen para el optimismo. Por el momento, la crisis inflacionaria queda circunscrita a los insumos energéticos, pues, si se eliminan el gas, la luz y el petróleo del análisis, la evolución del IPRI queda en un 0,4% en términos mensuales y un 1,2% anual, aunque hay que decir que en este último caso es el dato más alto desde finales de 2023. Aun así, las empresas que fabrican bienes manufacturados consiguieron contener los precios en marzo, con un avance de entre el 0 y el 0,3%, a excepción de las que producen los llamados ‘bienes intermedios’ (materias primas, productos químicos o materiales de construcción), que vendieron un 1% más caro con respecto a febrero, un avance no visto desde 2022. Mientras EE.UU. e Irán se enredan en unas negociaciones que por el momento parecen enquistadas, sigue el goteo de indicadores oficiales que advierten de que, si el estrecho de Ormuz no se abre pronto, el mundo se enfrentará a una crisis inflacionaria muy parecida a la que ya sufrió allá por 2022, cuando Rusia invadió Ucrania. Si hace unos días el IPC ya dio el primer aviso, con una subida mensual del 1,2% en marzo -el primer mes completo tras el arranque del conflicto en Oriente Próximo- que supuso el mayor dato desde junio de 2022, hoy el Índice de Precios Industriales (IPRI) del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma la tendencia en el caso de la industria y, más concretamente, del sector energético, que se anota un repunte mensual superior al que se vivió ya no en 2022, sino allá por 1980, cuando la caída del sha de Persia derivó en la segunda crisis del petróleo. Suben los precios +6,5% El petróleo arrastra a la industria Los precios del crudo han llevado al sector industrial a su mayor encarecimiento histórico, aunque, descontado el efecto de la energía, se evidencia que aún no hay un efecto contagio severoEl IPRI, que es un indicador que mide la evolución de los precios de los productos fabricados por la industria para el mercado interior (incluida la energía) avanzó un 6,5% entre el primer y el último día del mes pasado , el mayor registro desde el +6,7% de marzo de 2022. Sin embargo, la clave no está tanto en la cifra general como en la ‘energía’, un capítulo en el que Estadística incluye el precio de salida de la producción, transporte y distribución de energía eléctrica, gas y petróleo. En marzo, este indicador avanzó un 20,7%, el valor más alto desde que el INE toma los datos. Como ya se ha avanzado, ni siquiera en los ochenta hubo un alza mayor, pues entonces el pico fue un +20,5%, en febrero de 1980. Noticia relacionada general No No Trump anuncia que Israel y el Líbano extienden su tregua otras tres semanas Javier AnsorenaSi se afina aún más el análisis, se descubre algo que en todo caso no es una sorpresa, y es que el alza se concentra más en el petróleo que en la electricidad, que se encareció un 13% mensual, en línea con otros vaivenes observados en el último lustro. Por el contrario, las actividades de refino de petróleo -solo las que se desarrollan en nuestro país- se encarecieron un 42% anual y un 46% mensual; es decir, que los carburantes, lubricantes y otros derivados del petróleo son casi un 50% más caros para las industrias que los compran. Si se toma el resultado mes a mes, se trata del mayor avance en toda la serie del INE, que empieza en 1975; de nuevo, el único dato que se acerca es el +25% de febrero de 1980. Las inversiones de 2008-2011 amortiguan el golpeEste impacto de precios industriales, lastrados por los altos costes del petróleo y, por tanto, trasladado desde la actividad del refino, podría haber sido mucho peor de no contar en España con un sistema robusto y con gran flexibilidad. Así lo aseguran fuentes del sector petrolero a este periódico al señalar que ha habido «un ciclo inversor clave que se produjo entre 2008 y 2011, en plena crisis financiera, cuando el sector destinó más de 4.000 millones de euros a modernizar sus instalaciones y adaptarlas a un cambio estructural en la demanda energética».Insisten las fuentes consultadas en que «esta transformación permitió a las refinerías incorporar tecnologías de conversión avanzada capaces de maximizar el rendimiento del crudo y producir combustibles más demandados, como diésel o queroseno, aumentando su eficiencia y flexibilidad operativa». Ha sido, destacan, esa capacidad de eficientar los procesos lo que –en cierto modo– ha amortiguado el golpe.«Podría haber sido peor» 4.000 millones Las refinerías llegan preparadas a la crisis Fuentes del sector aseguran que el ciclo inversor que se produjo entre 2008 y 2011, con 4.000 millones en inversiones para modernizar instalaciones, ha evitado un impacto mayorHistóricamente, España presentaba un desequilibrio entre su capacidad de producción y su consumo de determinados combustibles, especialmente diésel, lo que obligaba a recurrir a importaciones con impacto en la balanza comercial. Algo que ahora se ha podido mitigar. Una situación necesaria puesto que el diésel, en los mercados internacionales, ha sido de los productos que más han escaseado. Por eso se ha producido su gran subida de precios. En este contexto, las fuentes consultadas se reafirman en que «España cuenta hoy con una red de refinerías altamente eficientes, capaces de responder con mayor flexibilidad a los cambios y dinámicas del mercado energético».Sea como fuere, el temor a esta hora es para con el efecto de estos datos sobre los precios industriales en general, y en este aspecto hay margen para el optimismo. Por el momento, la crisis inflacionaria queda circunscrita a los insumos energéticos, pues, si se eliminan el gas, la luz y el petróleo del análisis, la evolución del IPRI queda en un 0,4% en términos mensuales y un 1,2% anual, aunque hay que decir que en este último caso es el dato más alto desde finales de 2023. Aun así, las empresas que fabrican bienes manufacturados consiguieron contener los precios en marzo, con un avance de entre el 0 y el 0,3%, a excepción de las que producen los llamados ‘bienes intermedios’ (materias primas, productos químicos o materiales de construcción), que vendieron un 1% más caro con respecto a febrero, un avance no visto desde 2022.
Mientras EE.UU. e Irán se enredan en unas negociaciones que por el momento parecen enquistadas, sigue el goteo de indicadores oficiales que advierten de que, si el estrecho de Ormuz no se abre pronto, el mundo se enfrentará a una crisis inflacionaria muy … parecida a la que ya sufrió allá por 2022, cuando Rusia invadió Ucrania.
Si hace unos días el IPC ya dio el primer aviso, con una subida mensual del 1,2% en marzo -el primer mes completo tras el arranque del conflicto en Oriente Próximo- que supuso el mayor dato desde junio de 2022, hoy el Índice de Precios Industriales (IPRI) del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma la tendencia en el caso de la industria y, más concretamente, del sector energético, que se anota un repunte mensual superior al que se vivió ya no en 2022, sino allá por 1980, cuando la caída del sha de Persia derivó en la segunda crisis del petróleo.
Suben los precios
+6,5%
El petróleo arrastra a la industria
Los precios del crudo han llevado al sector industrial a su mayor encarecimiento histórico, aunque, descontado el efecto de la energía, se evidencia que aún no hay un efecto contagio severo
El IPRI, que es un indicador que mide la evolución de los precios de los productos fabricados por la industria para el mercado interior (incluida la energía) avanzó un 6,5% entre el primer y el último día del mes pasado, el mayor registro desde el +6,7% de marzo de 2022. Sin embargo, la clave no está tanto en la cifra general como en la ‘energía’, un capítulo en el que Estadística incluye el precio de salida de la producción, transporte y distribución de energía eléctrica, gas y petróleo. En marzo, este indicador avanzó un 20,7%, el valor más alto desde que el INE toma los datos. Como ya se ha avanzado, ni siquiera en los ochenta hubo un avance mayor, pues entonces el pico fue un +20,5%, en febrero de 1980.
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Si se afina aún más el análisis, se descubre algo que en todo caso no es una sorpresa, y es que el alza se concentra más en el petróleo que en la electricidad, que se encareció un 13% mensual, en línea con otros vaivenes observados en el último lustro. Por el contrario, las actividades de refino de petróleo -solo las que se desarrollan en nuestro país- se encarecieron un 42% anual y un 46% mensual. Si se toma el resultado mes a mes, se trata del mayor avance en toda la serie del INE, que empieza en 1975; de nuevo, el único dato que se acerca es el +25% de febrero de 1980.
Las inversiones de 2008-2011 amortiguan el golpe
Este impacto de precios industriales, lastrados por los altos costes del petróleo y, por tanto, trasladado desde la actividad del refino, podría haber sido mucho peor de no contar en España con un sistema robusto y con gran flexibilidad. Así lo aseguran fuentes del sector petrolero a este periódico al señalar que ha habido «un ciclo inversor clave que se produjo entre 2008 y 2011, en plena crisis financiera, cuando el sector destinó más de 4.000 millones de euros a modernizar sus instalaciones y adaptarlas a un cambio estructural en la demanda energética».
Insisten las fuentes consultadas en que «esta transformación permitió a las refinerías incorporar tecnologías de conversión avanzada capaces de maximizar el rendimiento del crudo y producir combustibles más demandados, como diésel o queroseno, aumentando su eficiencia y flexibilidad operativa». Ha sido, destacan, esa capacidad de eficientar los procesos lo que –en cierto modo– ha amortiguado el golpe.
«Podría haber sido peor»
4.000 millones
Las refinerías llegan preparadas a la crisis
Fuentes del sector aseguran que el ciclo inversor que se produjo entre 2008 y 2011, con 4.000 millones en inversiones para modernizar instalaciones, ha evitado un impacto mayor
Históricamente, España presentaba un desequilibrio entre su capacidad de producción y su consumo de determinados combustibles, especialmente diésel, lo que obligaba a recurrir a importaciones con impacto en la balanza comercial. Algo que ahora se ha podido mitigar. Una situación necesaria puesto que el diésel, en los mercados internacionales, ha sido de los productos que más han escaseado. Por eso se ha producido su gran subida de precios. En este contexto, las fuentes consultadas se reafirman en que «España cuenta hoy con una red de refinerías altamente eficientes, capaces de responder con mayor flexibilidad a los cambios y dinámicas del mercado energético».
Sea como fuere, el temor a esta hora es para con el efecto de estos datos sobre los precios industriales en general, y en este aspecto hay margen para el optimismo. Por el momento, la crisis inflacionaria queda circunscrita a los insumos energéticos, pues, si se eliminan el gas, la luz y el petróleo del análisis, la evolución del IPRI queda en un 0,4% en términos mensuales y un 1,2% anual, aunque hay que decir que en este último caso es el dato más alto desde finales de 2023. Aun así, las industrias que fabrican bienes manufacturados consiguieron contener los precios en marzo, con un avance de entre el 0 y el 0,3%, a excepción de las que producen los llamados ‘bienes intermedios’ (materias primas, productos químicos o materiales de construcción), que vendieron un 1% más caro con respecto a febrero, un avance no visto desde 2022.
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