Cuando el filósofo de origen sefardí Baruch Spinoza fue acusado de ‘opiniones monstruosas’ -él, que explicaba la ética según el orden geométrico- sufrió uno de los más violentos ‘herem’ o excomunión que se han dictado desde la doxa judía: «maldito de día, maldito de noche, maldito al acostarse y al levantarse…» Su respuesta fue la de un filósofo, tranquila; siguió puliendo lentes e ideas hasta alcanzar una de las cumbres del racionalismo. Pero se han dado la vuelta las tornas y ahora son los filósofos los inquisidores. Y además esa costumbre de pulir las ideas ha decaído tanto que varios intelectuales ‘comprometidos’ de la España de hoy -Paul B. Preciado, Alana S. Portero, Inés Hernand (sic) y Rodrigo Sorogoyen, entre otros- han logrado excomulgar económicamente al patrocinador del célebre Festival de las Ideas de Madrid, Allianz seguros, declarándolo ‘maldito de día, maldito de noche etc., etc., por sus inversiones en bonos de Israel durante los últimos años, que la ONU ha documentado.Allianz hizo posible el festival que desde 2024 llevó debates filosóficos a las plazas madrileñas y a varias instituciones. Allí la escritora francoisraelí Eva Illouz sufrió un escrache y no pasó esto. Lo vi con mis propios ojos. Todo el mundo se expresó libremente, como en un festival de ideas puede uno esperar que suceda. Pero la excomunión de este año no se detiene en detalles y los citados ‘filósofos’ ahora son la tribu que destierra, por una buena causa, algunas ideas y cambia los patrocinios. Con la aquiescencia del Círculo de Bellas Artes y de La Fábrica, organizadores del evento. Por su parte, el poder político-cultural que representa, a su pesar, el ministro Ernest Urtasun, ya ha declarado su alegría por esta limpieza, porque «la presencia de empresas vinculadas a Israel en la cultura no me gusta». Con esa declaración y el presupuesto que maneja, el Gobierno podrá remendar el roto de 150.000 euros, que son los que ponía Allianz. Así nace el Festival de (unas pocas menos) Ideas y más sintonizado con el ministro de Cultura. ¿Debe uno participar en estas condiciones?El mundo de las letras está lleno de matices. Debatir se puede debatir todo, pero convertirse en inquisidores es algo puramente vocacional. Y en la España de hoy no nos faltan estas vocaciones. Cualquier ceremonia del señalamiento produce víctimas y vanaglorias. Lo mismo que intentaba hacer la inquisición. Eppur si muove. Por señalar algún otro matiz, otra visión, recordemos que Salman Rushdie sabe que hay otro lado donde la solidaridad no echa raíces, y la ‘fetwa’ -la intransigencia- afila cuchillos, no ideas. Pero las ‘fetwas’ y los excesos de la república islámica contra la vida y la libertad de civiles o escritores desarmados nunca llevaron al ‘compromiso’ de la izquierda a mover un dedo. Al menos Rushdie conserva un ojo y, como dice el refrán, podría ser rey en el país de los nuestros, los abajofirmantes. Cuando el filósofo de origen sefardí Baruch Spinoza fue acusado de ‘opiniones monstruosas’ -él, que explicaba la ética según el orden geométrico- sufrió uno de los más violentos ‘herem’ o excomunión que se han dictado desde la doxa judía: «maldito de día, maldito de noche, maldito al acostarse y al levantarse…» Su respuesta fue la de un filósofo, tranquila; siguió puliendo lentes e ideas hasta alcanzar una de las cumbres del racionalismo. Pero se han dado la vuelta las tornas y ahora son los filósofos los inquisidores. Y además esa costumbre de pulir las ideas ha decaído tanto que varios intelectuales ‘comprometidos’ de la España de hoy -Paul B. Preciado, Alana S. Portero, Inés Hernand (sic) y Rodrigo Sorogoyen, entre otros- han logrado excomulgar económicamente al patrocinador del célebre Festival de las Ideas de Madrid, Allianz seguros, declarándolo ‘maldito de día, maldito de noche etc., etc., por sus inversiones en bonos de Israel durante los últimos años, que la ONU ha documentado.Allianz hizo posible el festival que desde 2024 llevó debates filosóficos a las plazas madrileñas y a varias instituciones. Allí la escritora francoisraelí Eva Illouz sufrió un escrache y no pasó esto. Lo vi con mis propios ojos. Todo el mundo se expresó libremente, como en un festival de ideas puede uno esperar que suceda. Pero la excomunión de este año no se detiene en detalles y los citados ‘filósofos’ ahora son la tribu que destierra, por una buena causa, algunas ideas y cambia los patrocinios. Con la aquiescencia del Círculo de Bellas Artes y de La Fábrica, organizadores del evento. Por su parte, el poder político-cultural que representa, a su pesar, el ministro Ernest Urtasun, ya ha declarado su alegría por esta limpieza, porque «la presencia de empresas vinculadas a Israel en la cultura no me gusta». Con esa declaración y el presupuesto que maneja, el Gobierno podrá remendar el roto de 150.000 euros, que son los que ponía Allianz. Así nace el Festival de (unas pocas menos) Ideas y más sintonizado con el ministro de Cultura. ¿Debe uno participar en estas condiciones?El mundo de las letras está lleno de matices. Debatir se puede debatir todo, pero convertirse en inquisidores es algo puramente vocacional. Y en la España de hoy no nos faltan estas vocaciones. Cualquier ceremonia del señalamiento produce víctimas y vanaglorias. Lo mismo que intentaba hacer la inquisición. Eppur si muove. Por señalar algún otro matiz, otra visión, recordemos que Salman Rushdie sabe que hay otro lado donde la solidaridad no echa raíces, y la ‘fetwa’ -la intransigencia- afila cuchillos, no ideas. Pero las ‘fetwas’ y los excesos de la república islámica contra la vida y la libertad de civiles o escritores desarmados nunca llevaron al ‘compromiso’ de la izquierda a mover un dedo. Al menos Rushdie conserva un ojo y, como dice el refrán, podría ser rey en el país de los nuestros, los abajofirmantes.
Cuando el filósofo de origen sefardí Baruch Spinoza fue acusado de ‘opiniones monstruosas’ -él, que explicaba la ética según el orden geométrico- sufrió uno de los más violentos ‘herem’ o excomunión que se han dictado desde la doxa judía: «maldito de día, maldito de noche, … maldito al acostarse y al levantarse…» Su respuesta fue la de un filósofo, tranquila; siguió puliendo lentes e ideas hasta alcanzar una de las cumbres del racionalismo. Pero se han dado la vuelta las tornas y ahora son los filósofos los inquisidores. Y además esa costumbre de pulir las ideas ha decaído tanto que varios intelectuales ‘comprometidos’ de la España de hoy -Paul B. Preciado, Alana S. Portero, Inés Hernand (sic) y Rodrigo Sorogoyen, entre otros- han logrado excomulgar económicamente al patrocinador del célebre Festival de las Ideas de Madrid, Allianz seguros, declarándolo ‘maldito de día, maldito de noche etc., etc., por sus inversiones en bonos de Israel durante los últimos años, que la ONU ha documentado.
Allianz hizo posible el festival que desde 2024 llevó debates filosóficos a las plazas madrileñas y a varias instituciones. Allí la escritora francoisraelí Eva Illouz sufrió un escrache y no pasó esto. Lo vi con mis propios ojos. Todo el mundo se expresó libremente, como en un festival de ideas puede uno esperar que suceda. Pero la excomunión de este año no se detiene en detalles y los citados ‘filósofos’ ahora son la tribu que destierra, por una buena causa, algunas ideas y cambia los patrocinios. Con la aquiescencia del Círculo de Bellas Artes y de La Fábrica, organizadores del evento.
Por su parte, el poder político-cultural que representa, a su pesar, el ministro Ernest Urtasun, ya ha declarado su alegría por esta limpieza, porque «la presencia de empresas vinculadas a Israel en la cultura no me gusta». Con esa declaración y el presupuesto que maneja, el Gobierno podrá remendar el roto de 150.000 euros, que son los que ponía Allianz.
Así nace el Festival de (unas pocas menos) Ideas y más sintonizado con el ministro de Cultura. ¿Debe uno participar en estas condiciones?
El mundo de las letras está lleno de matices. Debatir se puede debatir todo, pero convertirse en inquisidores es algo puramente vocacional. Y en la España de hoy no nos faltan estas vocaciones. La ceremonia del señalamiento produce víctimas y vanaglorias. Como hacía la inquisición. Eppur si muove.
Por señalar algún otro matiz, otra visión, recordemos que Salman Rushdie sabe que hay otro lado donde la solidaridad no echan raíces, y la ‘fetwa’ -la intransigencia- afila cuchillos, no ideas. Pero las ‘fetwas’ y los excesos de la república islámica contra la vida y la libertad de civiles o escritores desarmados nunca llevaron al ‘compromiso’ de la izquierda a mover un dedo.
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Al menos Rushdie conserva un ojo y, como dice el refrán, podría ser rey en el país de los nuestros, los abajofirmantes.
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