La policía belga ha detenido a Shah C., joven sicario que presuntamente asesinó a un hombre en Fuengirola (Málaga, 83.226 habitantes) en diciembre de 2024. Se trata de su segundo arresto después de que, tras el primero, la pasada primavera la justicia española lo dejase en libertad al cumplir el máximo legal de nueve meses en un centro de menores —tenía 17 años cuando apretó el gatillo— y se fugase del país.
Tras su primera detención, el joven pasó nueve meses en un centro de menores en España, pero fue puesto en libertad en primavera, se fugó del país y ahora ha vuelto a ser arrestado
La policía belga ha detenido a Shah C., joven sicario que presuntamente asesinó a un hombre en Fuengirola (Málaga, 83.226 habitantes) en diciembre de 2024. Se trata de su segundo arresto después de que, tras el primero, la pasada primavera la justicia española lo dejase en libertad al cumplir el máximo legal de nueve meses en un centro de menores —tenía 17 años cuando apretó el gatillo— y se fugase del país.
El chaval, nacido en Bélgica y ahora con 19 años, ha sido atrapado en la localidad de Laarne —al este de Gante y con unos 12.000 habitantes— gracias a una Orden Europea de Detención y Entrega dictada por Países Bajos, donde será extraditado. También será juzgado allí junto al resto de implicados en el asesinato, porque tanto ellos como la víctima tienen esa nacionalidad.
Todo ocurrió a finales de 2024. Shah viajó a la Costa del Sol con la misión de matar a un ciudadano de Países Bajos. Contó con el apoyo de varias personas: tanto de los hombres que le esperaban para recibirlo y ayudarlo en la logística como de las mujeres que trasladaron en coche hasta Málaga el fusil Tokarev que utilizó la madrugada del 7 de diciembre. Permaneció agazapado a las puertas de un club cannábico de Fuengirola y, cuando vio a quien supuestamente era su objetivo, lo acribilló.
Le disparó 18 veces, tiró el arma de guerra debajo de un coche y escapó de la escena en bicicleta para, poco después, tomar un avión de vuelta a su país, Bélgica. Era la primera vez que un sicario menor de edad conseguía matar en la provincia malagueña. Y los hechos se enmarcaron en un ajuste de cuentas entre bandas.
La Policía Nacional actuó rápido. En los días siguientes se sucedieron los arrestos gracias al trabajo del Grupo II de Udyco de la Policía Nacional en Málaga. El primero en caer fue un colaborador en Torremolinos; después, otro implicado falleció en un tiroteo con la policía en Ámsterdam. En enero hubo otra detención y en junio fue el turno de las mujeres que llevaron el arma desde París hasta Málaga en un coche. El último fue el sicario, arrestado el 20 de junio de 2025 en Gante, su localidad natal. Desde allí fue extraditado a España, donde iba a ser juzgado porque el asesinato se produjo en suelo español. El resto, todos neerlandeses, serían sometidos a juicio en Países Bajos tras un acuerdo entre los países.
La puesta en libertad durante la pasada primavera de Shah fue una sorpresa. Había cumplido nueve meses en el centro de menores donde fue recluido, el máximo legal que un menor de edad investigado, sospechoso o acusado puede pasar internado de manera preventiva si antes no se ha podido celebrar el juicio. “Nadie pidió medidas cautelares”, según fuentes jurídicas. No lo hizo la Fiscalía ni la acusación particular, así que el joven salió libre y sin ningún tipo de control. Rápidamente se le perdió la pista.
“Ilocalizable”, señalaban desde el juzgado, que pidió a la policía que diese con su paradero. Mientras, el consulado belga en España mostró sus quejas a las autoridades españolas por la fuga. Miembros de la Policía Nacional consultados por EL PAÍS entendieron esa reclamación porque no comprendían tampoco cómo se le había dejado marchar con tanta facilidad. “Es un despropósito”, aseguraban.
Los investigadores que dieron con él la primera vez no confiaban en volver a verlo, pero el presunto sicario fue localizado durante la jornada del 25 de junio en Laarne, una pequeña localidad cercana a Gante. Gracias a un operativo coordinado por la Policía Federal belga y las autoridades locales, pudo ser arrestado, como ha adelantado el diario Sur este jueves. Y ha podido ser así gracias a que Países Bajos había emitido una Orden Europa de Detención y Entrega que España nunca llegó a lanzar. De no haber sido por la iniciativa neerlandesa, habría vuelto a escapar. De hecho, la Fiscalía de aquel país ha conseguido, tras un acuerdo con la Fiscalía de Menores de Málaga, transferir el procedimiento completo para que sea juzgado allí junto al resto de implicados en el asesinato.
También se da la circunstancia de que la policía considera que la víctima que murió tiroteada no era realmente el objetivo de Shah. La hipótesis con más peso es que el chaval disparó por error a Jasin Ajar, quien a sus 25 años había viajado a Málaga para pasar un año sabático y había encontrado trabajo en el centro cannábico. Y tuvo la mala suerte de que la persona a la que quería matar el sicario estaba también dentro del local a última hora de la noche y se confundió de objetivo.
