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Cultura

Los Borbones entran en la Real Armería con los arcabuceros de Madrid

abril 10, 2026
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« La teníamos en el almacén y era un crimen porque esta colección forma parte de la historia de Madrid», asegura Álvaro Soler mientras muestra las tres nuevas vitrinas que se han incorporado a la exposición permanente de la Real Armería del Palacio Real de Madrid en su reapertura. Tras una reforma que ha durado un año, un nuevo lucernario permite observar ahora detalles antes imperceptibles en las magníficas armaduras de Carlos V o Felipe II en la estancia principal. Y en la planta inferior, unas excepcionales armas de fuego de época borbónica entran por primera vez en el recorrido, entre las salas de las colecciones de los Austrias. Fueron hechas por los arcabuceros reales de Madrid cuando la capital española era «el mejor centro de producción del siglo XVIII en toda Europa de armas de lujo para caza », destaca el conservador de la Real Armería.La avanzada técnica de las escopetas madrileñas, que permitía más potencia de fuego, sumada a una delicada decoración inspirada en la moda francesa de Luis XIV, convirtió a estas armas de fuego en uno de los principales regalos diplomáticos de la corte española. La alta calidad de las armas de fuego forjadas en Madrid tenía « fama mundial » y hubo espías ingleses que trataron de conocer los métodos de los arcabuceros españoles, así como franceses y rusos que intentaron copiar su trabajo, según apunta el experto. Para su custodia, Carlos III creó en 1767 una segunda Real Armería, conocida como la Armería de la Real Ballestería , que llegó a guardar 400 armas antes de ser saqueada por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y destruida por orden de José Bonaparte en 1814. Las que ahora se pueden observar tras los cristales son algunas de las 83 escopetas y catorce pistolas que se lograron salvar del expolio en un curioso robo en 1812.Noticia relacionada No No Este año Un extraordinario Velázquez será el invitado de honor de la Galería de las Colecciones Reales Mónica Arrizabalaga«Las tenemos porque en uno de los enfrentamientos entre las tropas francesas y las de Wellington en Guadarrama, se reduce la guarnición militar de Madrid y un comando de empleados -literalmente un comando- entra en la Armería, toma todas las cajas de arcabuces que puede, las mete en tres carros y huye», relata apasionadamente Soler. Según el experto, se conserva un documento en el que se dice: «Escapamos y llegamos a Cuenca». «Aquí ya no nos pillan», debieron pensar, a juicio de Soler, sus arrojados antecesores. Las armas salvadas del expolio fueron entregadas a las Cortes constituyentes de Cádiz en la Isla de León, como tesoro real para su custodia y actualmente se conservan 35 en la Real Armería. «Estas escopetas forman parte de la historia del constitucionalismo español », resalta el conservador. Para llegar a convertirse en arcabuceros reales y disfrutar de los privilegios que alcanzaban (incluso a su muerte, el rey proporcionaba una pensión vitalicia y vivienda a sus familias al entregar el punzón de su firma), los aspirantes debían ejercitarse para alcanzar el nivel exigido y confeccionaban armas de caza para particulares de la alta burguesía y la nobleza. «Madrid era una ciudad con gente cazadora que tenía escopetas estupendas y que se liaron a tiros con los soldados franceses», comenta Soler antes de recordar algunas descripciones de Mesonero Romanos, como la de «un vecino que sacó su escopeta y disparó a dos dragones, uno tras otro». La Guerra de la Independencia, sin embargo, supuso el final de la arcabucería madrileña . Las tropas napoleónicas persiguieron y destruyeron los talleres y, aunque con Fernando VII hubo intentos de retomar la actividad, se toparon con la desidia de un monarca al que no le gustaba la caza. Los centros vascos tomarían el relevo en la manufactura de armas de lujo española.Detalles en los cuadros de GoyaAnte las armas de arcabuceros reales como Isidro Soler, Francisco López o José Cano, el experto recuerda que Francisco de Goya tenía amistad con algunos de ellos y llevó su trabajo a sus cuadros. Soler anima a observar en el Museo del Prado, por ejemplo, los trazos amarillos que el artista pintó en el cañón de la escopeta del ‘ Cazador al lado de una fuente ‘. Con esa marca y contramarca de Madrid, «Goya parece decir: «ojo, esto es madrileño!»», señala Soler, que aún apunta una curiosidad más: Goya se dedicaba a la compraventa de armas, que adquiría en las testamentarías de la Familia Real y después vendía junto a su amigo Zapater.Vista de la sala principal, de la planta inferior y de algunas de las armaduras de la Real Armería Patrimonio NacionalAdemás del cambio en estas vitrinas, las únicas tapizadas del azul de la Casa de Borbón, la Real Armería ha sustituido una bandera por unas piezas turcas en la sección que recuerda la batalla de Lepanto. También ha incorporado en los expositores una reconstrucción del kabuto de samurái que fue regalado por una embajada japonesa a Felipe II en 1584 y se quemó en un incendio en 1884.Un nuevo lucernarioGracias a la nueva iluminación LED de este espacio único en el mundo, los visitantes podrán observar esta recreación junto al casco medieval original al detalle, al igual que el resto de las cerca de 2.500 piezas que ya se exponían. El edificio de la Real Armería, inaugurado en 1893 tras el incendio de la primera sede que hizo construir Felipe II, contaba en su pieza principal con un lucernario que fue cegado en el siglo XX y ahora ha sido recreado con paneles LED y telas ignífugas. Además de suponer un ahorro energético del 47%, con este sistema la luz baña de nuevo las armaduras sin crear sombras y permite admirar sus artísticos grabados. Además, se puede modular su tonalidad, según las circunstancias lo requieran. « La luz se convierte en una herramienta museográfica de primer orden », ha destacado el director de Inmuebles y Medio Natural, Luis Pérez de Prada, en la presentación de esta reforma en la que Patrimonio Nacional ha invertido 1.060.000 euros, procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea. Para Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, «la intervención, además de mejorar la conservación, cambia la forma de acercarse a la colección, con un recorrido más completo y una iluminación que realza las piezas, permite apreciar sus detalles e invita a redescubrirlas ». « La teníamos en el almacén y era un crimen porque esta colección forma parte de la historia de Madrid», asegura Álvaro Soler mientras muestra las tres nuevas vitrinas que se han incorporado a la exposición permanente de la Real Armería del Palacio Real de Madrid en su reapertura. Tras una reforma que ha durado un año, un nuevo lucernario permite observar ahora detalles antes imperceptibles en las magníficas armaduras de Carlos V o Felipe II en la estancia principal. Y en la planta inferior, unas excepcionales armas de fuego de época borbónica entran por primera vez en el recorrido, entre las salas de las colecciones de los Austrias. Fueron hechas por los arcabuceros reales de Madrid cuando la capital española era «el mejor centro de producción del siglo XVIII en toda Europa de armas de lujo para caza », destaca el conservador de la Real Armería.La avanzada técnica de las escopetas madrileñas, que permitía más potencia de fuego, sumada a una delicada decoración inspirada en la moda francesa de Luis XIV, convirtió a estas armas de fuego en uno de los principales regalos diplomáticos de la corte española. La alta calidad de las armas de fuego forjadas en Madrid tenía « fama mundial » y hubo espías ingleses que trataron de conocer los métodos de los arcabuceros españoles, así como franceses y rusos que intentaron copiar su trabajo, según apunta el experto. Para su custodia, Carlos III creó en 1767 una segunda Real Armería, conocida como la Armería de la Real Ballestería , que llegó a guardar 400 armas antes de ser saqueada por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y destruida por orden de José Bonaparte en 1814. Las que ahora se pueden observar tras los cristales son algunas de las 83 escopetas y catorce pistolas que se lograron salvar del expolio en un curioso robo en 1812.Noticia relacionada No No Este año Un extraordinario Velázquez será el invitado de honor de la Galería de las Colecciones Reales Mónica Arrizabalaga«Las tenemos porque en uno de los enfrentamientos entre las tropas francesas y las de Wellington en Guadarrama, se reduce la guarnición militar de Madrid y un comando de empleados -literalmente un comando- entra en la Armería, toma todas las cajas de arcabuces que puede, las mete en tres carros y huye», relata apasionadamente Soler. Según el experto, se conserva un documento en el que se dice: «Escapamos y llegamos a Cuenca». «Aquí ya no nos pillan», debieron pensar, a juicio de Soler, sus arrojados antecesores. Las armas salvadas del expolio fueron entregadas a las Cortes constituyentes de Cádiz en la Isla de León, como tesoro real para su custodia y actualmente se conservan 35 en la Real Armería. «Estas escopetas forman parte de la historia del constitucionalismo español », resalta el conservador. Para llegar a convertirse en arcabuceros reales y disfrutar de los privilegios que alcanzaban (incluso a su muerte, el rey proporcionaba una pensión vitalicia y vivienda a sus familias al entregar el punzón de su firma), los aspirantes debían ejercitarse para alcanzar el nivel exigido y confeccionaban armas de caza para particulares de la alta burguesía y la nobleza. «Madrid era una ciudad con gente cazadora que tenía escopetas estupendas y que se liaron a tiros con los soldados franceses», comenta Soler antes de recordar algunas descripciones de Mesonero Romanos, como la de «un vecino que sacó su escopeta y disparó a dos dragones, uno tras otro». La Guerra de la Independencia, sin embargo, supuso el final de la arcabucería madrileña . Las tropas napoleónicas persiguieron y destruyeron los talleres y, aunque con Fernando VII hubo intentos de retomar la actividad, se toparon con la desidia de un monarca al que no le gustaba la caza. Los centros vascos tomarían el relevo en la manufactura de armas de lujo española.Detalles en los cuadros de GoyaAnte las armas de arcabuceros reales como Isidro Soler, Francisco López o José Cano, el experto recuerda que Francisco de Goya tenía amistad con algunos de ellos y llevó su trabajo a sus cuadros. Soler anima a observar en el Museo del Prado, por ejemplo, los trazos amarillos que el artista pintó en el cañón de la escopeta del ‘ Cazador al lado de una fuente ‘. Con esa marca y contramarca de Madrid, «Goya parece decir: «ojo, esto es madrileño!»», señala Soler, que aún apunta una curiosidad más: Goya se dedicaba a la compraventa de armas, que adquiría en las testamentarías de la Familia Real y después vendía junto a su amigo Zapater.Vista de la sala principal, de la planta inferior y de algunas de las armaduras de la Real Armería Patrimonio NacionalAdemás del cambio en estas vitrinas, las únicas tapizadas del azul de la Casa de Borbón, la Real Armería ha sustituido una bandera por unas piezas turcas en la sección que recuerda la batalla de Lepanto. También ha incorporado en los expositores una reconstrucción del kabuto de samurái que fue regalado por una embajada japonesa a Felipe II en 1584 y se quemó en un incendio en 1884.Un nuevo lucernarioGracias a la nueva iluminación LED de este espacio único en el mundo, los visitantes podrán observar esta recreación junto al casco medieval original al detalle, al igual que el resto de las cerca de 2.500 piezas que ya se exponían. El edificio de la Real Armería, inaugurado en 1893 tras el incendio de la primera sede que hizo construir Felipe II, contaba en su pieza principal con un lucernario que fue cegado en el siglo XX y ahora ha sido recreado con paneles LED y telas ignífugas. Además de suponer un ahorro energético del 47%, con este sistema la luz baña de nuevo las armaduras sin crear sombras y permite admirar sus artísticos grabados. Además, se puede modular su tonalidad, según las circunstancias lo requieran. « La luz se convierte en una herramienta museográfica de primer orden », ha destacado el director de Inmuebles y Medio Natural, Luis Pérez de Prada, en la presentación de esta reforma en la que Patrimonio Nacional ha invertido 1.060.000 euros, procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea. Para Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, «la intervención, además de mejorar la conservación, cambia la forma de acercarse a la colección, con un recorrido más completo y una iluminación que realza las piezas, permite apreciar sus detalles e invita a redescubrirlas ».  

«La teníamos en el almacén y era un crimen porque esta colección forma parte de la historia de Madrid», asegura Álvaro Soler mientras muestra las tres nuevas vitrinas que se han incorporado a la exposición permanente de la Real Armería del Palacio Real … de Madrid en su reapertura. Tras una reforma que ha durado un año, un nuevo lucernario permite observar ahora detalles antes imperceptibles en las magníficas armaduras de Carlos V o Felipe II en la estancia principal. Y en la planta inferior, unas excepcionales armas de fuego de época borbónica entran por primera vez en el recorrido, entre las salas de las colecciones de los Austrias. Fueron hechas por los arcabuceros reales de Madrid cuando la capital española era «el mejor centro de producción del siglo XVIII en toda Europa de armas de lujo para caza», destaca el conservador de la Real Armería.

La avanzada técnica de las escopetas madrileñas, que permitía más potencia de fuego, sumada a una delicada decoración inspirada en la moda francesa de Luis XIV, convirtió a estas armas de fuego en uno de los principales regalos diplomáticos de la corte española. La alta calidad de las armas de fuego forjadas en Madrid tenía «fama mundial» y hubo espías ingleses que trataron de conocer los métodos de los arcabuceros españoles, así como franceses y rusos que intentaron copiar su trabajo, según apunta el experto.

Para su custodia, Carlos III creó en 1767 una segunda Real Armería, conocida como la Armería de la Real Ballestería, que llegó a guardar 400 armas antes de ser saqueada por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y destruida por orden de José Bonaparte en 1814. Las que ahora se pueden observar tras los cristales son algunas de las 83 escopetas y catorce pistolas que se lograron salvar del expolio en un curioso robo en 1812.

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«Las tenemos porque en uno de los enfrentamientos entre las tropas francesas y las de Wellington en Guadarrama, se reduce la guarnición militar de Madrid y un comando de empleados -literalmente un comando- entra en la Armería, toma todas las cajas de arcabuces que puede, las mete en tres carros y huye», relata apasionadamente Soler. Según el experto, se conserva un documento en el que se dice: «Escapamos y llegamos a Cuenca». «Aquí ya no nos pillan», debieron pensar, a juicio de Soler, sus arrojados antecesores. Las armas salvadas del expolio fueron entregadas a las Cortes constituyentes de Cádiz en la Isla de León, como tesoro real para su custodia y actualmente se conservan 35 en la Real Armería. «Estas escopetas forman parte de la historia del constitucionalismo español», resalta el conservador.

Para llegar a convertirse en arcabuceros reales y disfrutar de los privilegios que alcanzaban (incluso a su muerte, el rey proporcionaba una pensión vitalicia y vivienda a sus familias al entregar el punzón de su firma), los aspirantes debían ejercitarse para alcanzar el nivel exigido y confeccionaban armas de caza para particulares de la alta burguesía y la nobleza. «Madrid era una ciudad con gente cazadora que tenía escopetas estupendas y que se liaron a tiros con los soldados franceses», comenta Soler antes de recordar algunas descripciones de Mesonero Romanos, como la de «un vecino que sacó su escopeta y disparó a dos dragones, uno tras otro».

La Guerra de la Independencia, sin embargo, supuso el final de la arcabucería madrileña. Las tropas napoleónicas persiguieron y destruyeron los talleres y, aunque con Fernando VII hubo intentos de retomar la actividad, se toparon con la desidia de un monarca al que no le gustaba la caza. Los centros vascos tomarían el relevo en la manufactura de armas de lujo española.

Detalles en los cuadros de Goya

Ante las armas de arcabuceros reales como Isidro Soler, Francisco López o José Cano, el experto recuerda que Francisco de Goya tenía amistad con algunos de ellos y llevó su trabajo a sus cuadros. Soler anima a observar en el Museo del Prado, por ejemplo, los trazos amarillos que el artista pintó en el cañón de la escopeta del ‘Cazador al lado de una fuente‘. Con esa marca y contramarca de Madrid, «Goya parece decir: «ojo, esto es madrileño!»», señala Soler, que aún apunta una curiosidad más: Goya se dedicaba a la compraventa de armas, que adquiría en las testamentarías de la Familia Real y después vendía junto a su amigo Zapater.

Vista de la sala principal, de la planta inferior y de algunas de las armaduras de la Real Armería .
(Patrimonio Nacional)

Además del cambio en estas vitrinas, las únicas tapizadas del azul de la Casa de Borbón, la Real Armería ha sustituido una bandera por unas piezas turcas en la sección que recuerda la batalla de Lepanto. También ha incorporado en los expositores una reconstrucción del kabuto de samurái que fue regalado por una embajada japonesa a Felipe II en 1584 y se quemó en un incendio en 1884.

Un nuevo lucernario

Gracias a la nueva iluminación LED de este espacio único en el mundo, los visitantes podrán observar esta recreación junto al casco medieval original al detalle, al igual que el resto de las cerca de 2.500 piezas que ya se exponían. El edificio de la Real Armería, inaugurado en 1893 tras el incendio de la primera sede que hizo construir Felipe II, contaba en su pieza principal con un lucernario que fue cegado en el siglo XX y ahora ha sido recreado con paneles LED y telas ignífugas.

Además de suponer un ahorro energético del 47%, con este sistema la luz baña de nuevo las armaduras sin crear sombras y permite admirar sus artísticos grabados. Además, se puede modular su tonalidad, según las circunstancias lo requieran. «La luz se convierte en una herramienta museográfica de primer orden», ha destacado el director de Inmuebles y Medio Natural, Luis Pérez de Prada, en la presentación de esta reforma en la que Patrimonio Nacional ha invertido 1.060.000 euros, procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea.

Para Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, «la intervención, además de mejorar la conservación, cambia la forma de acercarse a la colección, con un recorrido más completo y una iluminación que realza las piezas, permite apreciar sus detalles e invita a redescubrirlas».

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