El título de MotoGP se juega este fin de semana en zona de guerra, con la inmensa mayoría del paddock resignado en Qatar. En el desierto más desértico que se recuerda, bajo la noche de Lusail amenazada por la incertidumbre de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, Marc Márquez aspira a rematar otro hito histórico en su palmarés: la octava corona de MotoGP, que le igualaría con Giacomo Agostini, y el décimo campeonato en el motociclismo de velocidad, cifra que le permitiría superar a Valentino Rossi en el recuento total.
El piloto de Ducati aspira a revalidar el título en Lusail, donde los trabajadores de los equipos han comparecido resignados a pesar del conflicto entre EE UU, Israel e Irán, superar a Valentino Rossi e igualar con ocho mundiales a Giacomo Agostini
El piloto de Ducati aspira a revalidar el título en Lusail, donde los trabajadores de los equipos han comparecido resignados a pesar del conflicto entre EE UU, Israel e Irán, superar a Valentino Rossi e igualar con ocho mundiales a Giacomo Agostini


El título de MotoGP se juega este fin de semana en zona de guerra, con la inmensa mayoría del paddock resignado en Qatar. En el desierto más desértico que se recuerda, bajo la noche de Lusail amenazada por la incertidumbre de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, Marc Márquez aspira a rematar otro hito histórico en su palmarés: la octava corona de MotoGP, que le igualaría con Giacomo Agostini, y el décimo campeonato en el motociclismo de velocidad, cifra que le permitiría superar a Valentino Rossi en el recuento total.
“Preferiría estar en otro sitio. He llegado en el vuelo más tardío y me iré en el primero que fue posible reservar”, contestó a la única pregunta que le hicieron los periodistas en la rueda de prensa oficial del evento. La mayoría de prensa que cubre la especialidad se ha quedado en casa –se cuentan con una mano los reporteros in situ y con otro par los comentaristas televisivos– ante la recomendación de la mayoría de países del mundo a sus ciudadanos, instándoles a evitar cualquier viaje a Oriente Próximo ante la incertidumbre sobre los próximos movimientos en Washington D.C. y Teherán.
La organizadora del certamen, la estadounidense Liberty Media, ha defendido a capa y espada que disputar el gran premio es seguro a día de hoy, con serias amenazas de sanciones económicas y deportivas a todos los trabajadores –fábricas, equipos, pilotos y otros empleados del certamen– atados a su palabra por contrato. Desde MotoGP Sports Entertainment Group (MGPSEG), encabezada por los españoles Carmelo y Carlos Ezpeleta, han justificado su posición amparándose en las garantías ofrecidas por el gobierno de Qatar, uno de sus socios más lucrativos desde que el país entró en el calendario del Mundial en 2004.
A pesar de la negativa a anular la antepenúltima cita del calendario, aplazada ya en abril por la guerra, la fábrica japonesa Yamaha se ha atrevido a dar el plante a la organización, amparándose en una política de empresa que prohíbe poner en riesgo a sus trabajadores haciéndoles viajar a zonas en conflicto. A Qatar no han viajado sus dos equipos y cuatro pilotos, además del resto del grupo humano que conforma una de las escuadras más icónicas de las dos ruedas. Sus colegas de otras fábricas celebran, entre bambalinas, un gesto atrevido que sitúa por delante la vida al espectáculo.
“No se dijo gran cosa, pero se avisó de que habría penalizaciones altas. La verdad, no ha habido margen para decidir. Se ha dicho ‘hay que ir’, y punto”, comparte un integrante de un equipo puntero a EL PAÍS. A la baja de Yamaha se pueden contar unas pocas de individuos que han preferido ausentarse de la cita a pesar del perjuicio profesional que esta decisión pueda conllevarles: tres miembros habituales en el taller de Honda y otro en el garaje del compañero de Márquez en Ducati, el italiano Pecco Bagnaia.
“Estaba un poco preocupado, no puedo ocultar lo que he sentido al llegar aquí. Pero he decidido depositar mi confianza en la organización y en el gobierno local. Pienso que no hay que temer por un bombardeo en el circuito, el único temor es que cierren el aeropuerto”, valoraba el bicampeón de MotoGP. “No pasará nada, pero la tensión de que haya una guerra de por medio y tú estés metido ahí dentro… Para la gente que trabaja alrededor no es el ambiente perfecto. Creo que ha habido mucha suerte con que la cosa haya cambiado un poco con el tema político. Al final no hay tanta alarma”, opinaba Raúl Fernández, atento al resultado de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.
Márquez sabe que tiene bola de campeonato, pero prefiere no pensar en ello. Debe sacarle 30 puntos a Jorge Martín, que volverá a intentar competir dos semanas después de romperse la muñeca en Phillip Island, y ocho a Marco Bezzecchi, los dos aspirantes de Aprilia que quedan vivos en la batalla. El año pasado, el puntal de Ducati arrasó con la pole y el pleno de 37 puntos en las carreras disputadas en este mismo escenario.
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