Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde con mayor número de mandatos de Sevilla (entre 1999 y 2011), ha fallecido este lunes a los 69 años tras una larga enfermedad. Profundamente comprometido con el municipalismo, desde que ocupara el cargo de presidente de la Diputación, fue el responsable de la modernización de la capital andaluza tras la Expo del 92, un empeño que el tiempo se ha encargado de confirmar, pero que, durante su ejecución contó con numerosos detractores que no terminaban de comulgar con su visión, en ocasiones, arriesgada de unas obras y proyectos que transformaron la ciudad.
El regidor, el más longevo al frente de la alcaldía hispalense, ha fallecido tras una larga enfermedad
El regidor, el más longevo al frente de la alcaldía hispalense, ha fallecido tras una larga enfermedad


Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde con mayor número de mandatos de Sevilla (entre 1999 y 2011), ha fallecido este lunes a los 69 años tras una larga enfermedad. Profundamente comprometido con el municipalismo, desde que ocupara el cargo de presidente de la Diputación, fue el responsable de la modernización de la capital andaluza tras la Expo del 92, un empeño que el tiempo se ha encargado de confirmar, pero que, durante su ejecución contó con numerosos detractores que no terminaban de comulgar con su visión, en ocasiones, arriesgada de unas obras y proyectos que transformaron la ciudad.
Quizás uno de esos ejemplos más paradigmáticos sea el Parasol Metropol, conocido como Las Setas de Sevilla, cuya inauguración sirvió también como despedida simbólica de su mandato. El proyecto, una plaza mirador construida enteramente de madera y diseñada por el arquitecto alemán Jurgen Mayer, fue muy criticada durante su construcción por el coste, el tiempo en levantarla -se dilató por el complejo arqueológico que se halló bajo la plaza de La Encarnación donde se ubica la estructura- y el impacto que suponía en relación con el resto de la ciudad. Quince años después, el edificio se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad y está perfectamente integrado en el día a día de los sevillanos, que se mezclan con los turistas y utilizan su espacio como punto de encuentro y zona recreativa y de ocio.
Monteseirín defendió este proyecto como “una moderna catedral urbana en el centro del casco histórico de Europa” y lo comparó con la pirámide del Louvre de París. La iniciativa se ha convertido en uno de los principales hitos de su afán, que nunca ocultó, por convertirse en el alcalde que se atrevió a modernizar Sevilla.
En esa senda también se encuentra la peatonalización del centro histórico, que cambió y revolucionó la movilidad de la capital andaluza y que también suscitó muchísimo rechazo. La red de carril bici o el tranvía en el centro, también muy discutido políticamente, y que él impulsó, también contribuyeron a cambiar la forma de moverse por la ciudad y su almendra central
También forma parte de su legado la remodelación de la Alameda de Hércules, que pasó de ser una zona deprimida a uno de los focos de ocio de Sevilla o la Torre Pelli, que él autorízó, aunque se construyó tras dejar la alcaldía y que es otro símbolo del impulso y modernización de otra parte de la ciudad, el barrio de La Cartuja.
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