La última vez que los Beatles tocaron juntos en directo fue en enero de 1969, en la legendaria actuación en la azotea de Saville Road que grabaron para el documental ‘Let it be’ . Pero eso en realidad no fue un concierto, porque un concierto con todas las de la ley tiene público. Del último show de verdad, el último ante el griterío primordial, se van a cumplir 60 años este verano. Fue en el Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto de 1966, una despedida de la música en vivo que llegó después de innumerables giras que, entre el cansancio físico y la frustración por los lamentables equipos de sonido de la época, llevaron a los Beatles al aburrimiento. Después de aquel día se recluyeron en el estudio de Abbey Road para componer y grabar el disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ y ya no tocarían más ante sus fans, aunque nadie lo supiera en ese momento. Jim Marshall, uno de los mejores fotógrafos de la historia del rock, tampoco sabía la trascendencia de las fotos que iba a tomar en Candlestick Park esa noche, de las que ahora ha seleccionado 150 para incluirlas en el nuevo libro ‘The Beatles by Jim Marshall: Live at Candlestick Park 1966’ , con un cincuenta por ciento de inéditas.Noticia relacionada general No No ‘The Boys of Dungeon Lane’ de Paul McCartney, el mejor pop ahora sí es país para viejos Nacho SerranoEn aquella ocasión el grupo interpretó once canciones (sin incluir nada del recién salido ‘Revolver’, por las dificultades técnicas que conllevaba su traslación al directo): ‘Rock and Roll Music’, ‘She’s a Woman’, ‘If I Needed Someone’, ‘Day Tripper’, ‘Baby’s in Black’, ‘I Feel Fine’, ‘Yesterday’, ‘I Wanna Be Your Man’, ‘Nowhere Man’ y ‘Paperback Writer’ más una versión de ‘Long Tall Sally’ de Little Richard durante poco más de media hora, ante una audiencia especialmente entregada tras haber visto a sus ídolos sufrir una campaña de acoso y derribo por parte de los sectores religiosos más fundamentalistas del país, a cuenta de las famosas declaraciones de John Lennon en las que bromeó diciendo que ya eran más famosos que Jesucristo.Fans estadounidenses en pleno ataque de Beatlemanía Jim MarshallLennon había hecho ese comentario más de seis meses antes a Maureen Cleave del London Evening Standard, cuando la periodista le preguntó por su interés en el cristianismo y las religiones, a lo que él respondió: «El cristianismo desaparecerá. Se desvanecerá. No necesito discutir sobre eso; tengo razón y se demostrará que la tengo. Ahora somos más populares que Jesús; no sé qué irá primero: el rock ‘n’ roll o el cristianismo. Jesús estaba bien, pero sus discípulos eran vulgares y ordinarios. Ellos lo distorsionaron todo, y eso es lo que me hace perder el interés». Poco antes de su llegada a Estados Unidos, la revista estadounidense para adolescentes Datebook reprodujo el artículo y se desató la indignación.La respuesta fue una ola de protestas, censura en radios y quema de discos que culminó con la exigencia de expulsión de la banda de Estados Unidos, lo cual afectó la venta de entradas de la gira según contó la prensa estadounidense de la época, que informó de «una respuesta menos entusiasta» y especuló sobre el fin de la Beatlemanía . Pero tal como puede verse en la imagen que abre este artículo, los Fab Four seguían teniendo de su lado a su hinchada, que incluso se atrevió a ironizar con lo ocurrido.Las Ronettes fueron las teloneras de los Beatles (en otros conciertos de la gira fueron The Cyrkle, Bobby Hebb y The Remains), pero Phil Spector se negó a que cantara su novia, la vocalista principal de la banda Veronica Bennett (quien se casó con el productor dos años después y adoptó el nombre de Ronnie Spector). Así que el grupo reclutó a una prima, Elaine Mayes, para que la sustituyera. Mientras tanto, entre bastidores, John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison saludaban a invitados como Joan Baez, que se llevó a sus hermanas a conocerlos.Los Beatles corriendo hacia el escenario del Candlestick Park de San Francisco; las Ronettes y Joan Baez frente a George Harrison entre bastidores A tres minutos de cumplirse las nueve y media de la noche, los Beatles aparecieron sobre el césped del estadio y ahí estuvo Jim Marshall para hacerles la foto más icónica de la velada, con el grupo corriendo entre el rugido del público y con los flashes iluminando las gradas.El último concierto de los Beatles no tuvo ‘sold out’: se quedaron 7.000 entradas sin vender Como los cuatro de Liverpool sabían que sería su último concierto, quizá para siempre, o al menos durante mucho tiempo, se preocuparon de dejar el mejor registro posible. Además de Marshall hubo otros cuatro fotógrafos y McCartney le pidió a su agente de prensa Tony Barrow que hiciera una grabación de audio que, sin embargo, nunca fue publicada oficialmente y terminaría circulando en ‘bootlegs’ (discos pirata).El último concierto de los Beatles, paradójicamente, no tuvo ‘sold out’. Tocaron ante una audiencia de 25.000 personas dejando 7.000 entradas sin vender. Con ese batacazo, y la obligación de pagar a los Beatles su tarifa de actuación previamente acordada de 50.000 dólares, además de tener que contratar una orquesta para satisfacer al sindicato local de músicos, el espectáculo generó pérdidas a la empresa promotora, Tempo Productions. Un dato que, a la vista del furor actual con la música en directo, resulta de lo más curioso.MÁS INFORMACIÓN Opinión El final de los Beatles, en primera persona: «El grupo tenía que autodestruirse. Era como una camisa de fuerza»Después del concierto, los Beatles fueron llevados rápidamente al aeropuerto en un coche blindado para volar de San Francisco a Los Ángeles. Durante el vuelo, dicen que se oyó a Harrison decir: «Bueno, pues eso ha sido todo, entonces. Ya no soy un Beatle». La última vez que los Beatles tocaron juntos en directo fue en enero de 1969, en la legendaria actuación en la azotea de Saville Road que grabaron para el documental ‘Let it be’ . Pero eso en realidad no fue un concierto, porque un concierto con todas las de la ley tiene público. Del último show de verdad, el último ante el griterío primordial, se van a cumplir 60 años este verano. Fue en el Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto de 1966, una despedida de la música en vivo que llegó después de innumerables giras que, entre el cansancio físico y la frustración por los lamentables equipos de sonido de la época, llevaron a los Beatles al aburrimiento. Después de aquel día se recluyeron en el estudio de Abbey Road para componer y grabar el disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ y ya no tocarían más ante sus fans, aunque nadie lo supiera en ese momento. Jim Marshall, uno de los mejores fotógrafos de la historia del rock, tampoco sabía la trascendencia de las fotos que iba a tomar en Candlestick Park esa noche, de las que ahora ha seleccionado 150 para incluirlas en el nuevo libro ‘The Beatles by Jim Marshall: Live at Candlestick Park 1966’ , con un cincuenta por ciento de inéditas.Noticia relacionada general No No ‘The Boys of Dungeon Lane’ de Paul McCartney, el mejor pop ahora sí es país para viejos Nacho SerranoEn aquella ocasión el grupo interpretó once canciones (sin incluir nada del recién salido ‘Revolver’, por las dificultades técnicas que conllevaba su traslación al directo): ‘Rock and Roll Music’, ‘She’s a Woman’, ‘If I Needed Someone’, ‘Day Tripper’, ‘Baby’s in Black’, ‘I Feel Fine’, ‘Yesterday’, ‘I Wanna Be Your Man’, ‘Nowhere Man’ y ‘Paperback Writer’ más una versión de ‘Long Tall Sally’ de Little Richard durante poco más de media hora, ante una audiencia especialmente entregada tras haber visto a sus ídolos sufrir una campaña de acoso y derribo por parte de los sectores religiosos más fundamentalistas del país, a cuenta de las famosas declaraciones de John Lennon en las que bromeó diciendo que ya eran más famosos que Jesucristo.Fans estadounidenses en pleno ataque de Beatlemanía Jim MarshallLennon había hecho ese comentario más de seis meses antes a Maureen Cleave del London Evening Standard, cuando la periodista le preguntó por su interés en el cristianismo y las religiones, a lo que él respondió: «El cristianismo desaparecerá. Se desvanecerá. No necesito discutir sobre eso; tengo razón y se demostrará que la tengo. Ahora somos más populares que Jesús; no sé qué irá primero: el rock ‘n’ roll o el cristianismo. Jesús estaba bien, pero sus discípulos eran vulgares y ordinarios. Ellos lo distorsionaron todo, y eso es lo que me hace perder el interés». Poco antes de su llegada a Estados Unidos, la revista estadounidense para adolescentes Datebook reprodujo el artículo y se desató la indignación.La respuesta fue una ola de protestas, censura en radios y quema de discos que culminó con la exigencia de expulsión de la banda de Estados Unidos, lo cual afectó la venta de entradas de la gira según contó la prensa estadounidense de la época, que informó de «una respuesta menos entusiasta» y especuló sobre el fin de la Beatlemanía . Pero tal como puede verse en la imagen que abre este artículo, los Fab Four seguían teniendo de su lado a su hinchada, que incluso se atrevió a ironizar con lo ocurrido.Las Ronettes fueron las teloneras de los Beatles (en otros conciertos de la gira fueron The Cyrkle, Bobby Hebb y The Remains), pero Phil Spector se negó a que cantara su novia, la vocalista principal de la banda Veronica Bennett (quien se casó con el productor dos años después y adoptó el nombre de Ronnie Spector). Así que el grupo reclutó a una prima, Elaine Mayes, para que la sustituyera. Mientras tanto, entre bastidores, John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison saludaban a invitados como Joan Baez, que se llevó a sus hermanas a conocerlos.Los Beatles corriendo hacia el escenario del Candlestick Park de San Francisco; las Ronettes y Joan Baez frente a George Harrison entre bastidores A tres minutos de cumplirse las nueve y media de la noche, los Beatles aparecieron sobre el césped del estadio y ahí estuvo Jim Marshall para hacerles la foto más icónica de la velada, con el grupo corriendo entre el rugido del público y con los flashes iluminando las gradas.El último concierto de los Beatles no tuvo ‘sold out’: se quedaron 7.000 entradas sin vender Como los cuatro de Liverpool sabían que sería su último concierto, quizá para siempre, o al menos durante mucho tiempo, se preocuparon de dejar el mejor registro posible. Además de Marshall hubo otros cuatro fotógrafos y McCartney le pidió a su agente de prensa Tony Barrow que hiciera una grabación de audio que, sin embargo, nunca fue publicada oficialmente y terminaría circulando en ‘bootlegs’ (discos pirata).El último concierto de los Beatles, paradójicamente, no tuvo ‘sold out’. Tocaron ante una audiencia de 25.000 personas dejando 7.000 entradas sin vender. Con ese batacazo, y la obligación de pagar a los Beatles su tarifa de actuación previamente acordada de 50.000 dólares, además de tener que contratar una orquesta para satisfacer al sindicato local de músicos, el espectáculo generó pérdidas a la empresa promotora, Tempo Productions. Un dato que, a la vista del furor actual con la música en directo, resulta de lo más curioso.MÁS INFORMACIÓN Opinión El final de los Beatles, en primera persona: «El grupo tenía que autodestruirse. Era como una camisa de fuerza»Después del concierto, los Beatles fueron llevados rápidamente al aeropuerto en un coche blindado para volar de San Francisco a Los Ángeles. Durante el vuelo, dicen que se oyó a Harrison decir: «Bueno, pues eso ha sido todo, entonces. Ya no soy un Beatle».
La última vez que los Beatles tocaron juntos en directo fue en enero de 1969, en la legendaria actuación en la azote de Saville Road que grabaron para el documental ‘Let it be’. Pero eso en realidad no fue un concierto, porque un … concierto con todas las de la ley tiene público. Y de ese último show se van a cumplir 60 años este verano.
Fue en el Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto de 1966, una despedida de la música en vivo que llegó después de innumerables giras que, entre el cansancio físico y la frustración por los lamentables equipos de sonido de la época, llevaron a los Beatles al aburrimiento. Después de aquel día se recluyeron en el estudio de Abbey Road para componer y grabar el disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ y ya no tocarían más ante sus fans, aunque nadie lo supiera en ese momento.
Jim Marshall, uno de los mejores fotógrafos de la historia del rock, tampoco sabía la trascendencia de las fotos que iba a tomar en Candlestick Park esa noche, de las que ahora ha seleccionado 150 para incluirlas en el nuevo libro ‘The Beatles by Jim Marshall: Live at Candlestick Park 1966’, con un cincuenta por ciento de inéditas.
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En aquella ocasión el grupo interpretó once canciones (sin incluir nada del recién salido ‘Revolver’, por las dificultades técnicas que conllevaba su traslación al directo): ‘Rock and Roll Music’, ‘She’s a Woman’, ‘If I Needed Someone’, ‘Day Tripper’, ‘Baby’s in Black’, ‘I Feel Fine’, ‘Yesterday’, ‘I Wanna Be Your Man’, ‘Nowhere Man’ y ‘Paperback Writer’ más una versión de ‘Long Tall Sally’ de Little Richard durante poco más de media hora, ante una audiencia especialmente entregada tras haber visto a sus ídolos sufrir una campaña de acoso y derribo por parte de los sectores religiosos más fundamentalistas del país, a cuenta de las famosas declaraciones de John Lennon en las que bromeó diciendo que ya eran más famosos que Jesucristo.

(Jim Marshall)
Lennon había hecho ese comentario más de seis meses antes a Maureen Cleave del London Evening Standard, cuando la periodista le preguntó por su interés en el cristianismo y las religiones, a lo que él respondió: «El cristianismo desaparecerá. Se desvanecerá. No necesito discutir sobre eso; tengo razón y se demostrará que la tengo. Ahora somos más populares que Jesús; no sé qué irá primero: el rock ‘n’ roll o el cristianismo. Jesús estaba bien, pero sus discípulos eran vulgares y ordinarios. Ellos lo distorsionaron todo, y eso es lo que me hace perder el interés». Poco antes de su llegada a Estados Unidos, la revista estadounidense para adolescentes Datebook reprodujo el artículo y se desató la indignación.
La respuesta fue una ola de protestas, censura en radios y quema de discos que culminó con la exigencia de expulsión de la banda de Estados Unidos, lo cual afectó la venta de entradas de la gira según contó la prensa estadounidense de la época, que informó de «una respuesta menos entusiasta» y especuló sobre el fin de la Beatlemanía. Pero tal como puede verse en la imagen que abre este artículo, los Fab Four seguían teniendo de su lado a su hinchada, que incluso se atrevió a ironizar con lo ocurrido.
Las Ronettes fueron las teloneras de los Beatles (en otros conciertos de la gira fueron The Cyrkle, Bobby Hebb y The Remains), pero Phil Spector se negó a que cantara su novia, la vocalista principal de la banda Veronica Bennett (quien se casó con el productor dos años después y adoptó el nombre de Ronnie Spector). Así que el grupo reclutó a una prima, Elaine Mayes, para que la sustituyera. Mientras tanto, entre bastidores, John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison saludaban a invitados como Joan Baez, que se llevó a sus hermanas a conocerlos.
A tres minutos de cumplirse las nueve y media de la noche, los Beatles aparecieron sobre el césped del estadio y ahí estuvo Jim Marshall para hacerles la foto más icónica de la velada, con el grupo corriendo entre el rugido del público y con los flashes iluminando las gradas.

El último concierto de los Beatles no tuvo ‘sold out’: se quedaron 7.000 entradas sin vender
Como los cuatro de Liverpool sabían que sería su último concierto, quizá para siempre, o al menos durante mucho tiempo, se preocuparon de dejar el mejor registro posible. Además de Marshall hubo otros cuatro fotógrafos y McCartney le pidió a su agente de prensa Tony Barrow que hiciera una grabación de audio que, sin embargo, nunca fue publicada oficialmente y terminaría circulando en ‘bootlegs’ (discos pirata).
El último concierto de los Beatles, paradójicamente, no tuvo ‘sold out’. Tocaron ante una audiencia de 25.000 personas dejando 7.000 entradas sin vender. Con ese batacazo, y la obligación de pagar a los Beatles su tarifa de actuación previamente acordada de 50.000 dólares, además de tener que contratar una orquesta para satisfacer al sindicato local de músicos, el espectáculo generó pérdidas a la empresa promotora, Tempo Productions. Un dato que, a la vista del furor actual con la música en directo, resulta de lo más curioso.
Después del concierto, los Beatles fueron llevados rápidamente al aeropuerto en un coche blindado para volar de San Francisco a Los Ángeles. Durante el vuelo, dicen que se oyó a Harrison decir: «Bueno, pues eso ha sido todo, entonces. Ya no soy un Beatle».
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