“Los ataques de la pasada noche [por el martes] contra los agentes de policía de Southampton fueron una vergüenza y algo completamente inaceptable”, denunciaba este miércoles en el Parlamento el primer ministro británico, Keir Stamer. La violencia callejera espoleada por el asesinato a puñaladas del joven Henry Nowak han hecho que laboristas y conservadores carguen contra el populista de derechas, Nigel Farage, al que acusan de usar el caso para incitar el odio.
Los enfrentamientos incitados por Farage provocan la indignación en el Reino Unido. El Gobierno revisa la normativa policial derivada del movimiento Black Lives Matter
“Los ataques de la pasada noche [por el martes] contra los agentes de policía de Southampton fueron una vergúenza y algo completamente inaceptable”, denunciaba este miércoles en el Parlamento el primer ministro británico, Keir Stamer. La violencia callejera espoleada por el asesinato a puñaladas del joven Henry Nowak han hecho que laboristas y conservadores carguen contra el populista de derechas, Nigel Farage, al que acusan de usar el caso para incitar el odio.
Farage tiene un rictus desagradable que los fotógrafos de prensa llevan años explotando, como el de alguien que se ha tragado por sorpresa el jugo de un limón. Normalmente, sin embargo, es una expresión que también denota satisfacción consigo mismo. Excepto este miércoles, durante la sesión parlamentaria de preguntas al primer ministro (el formato en el que se inspiró la sesión de control al Gobierno del Congreso español). La cara del político populista, que lleva más de una década incendiando el debate público del Reino Unido, era en esta ocasión la de quien sabe que debe tragarse el sapo que le mantiene vivo. Los abucheos y gritos del resto de diputados, de todos los colores, mostraban un desprecio evidente al personaje, cuando el líder de ultraderecha volvía a agitar las aguas con el asesinato de Nowak, apuñalado por un hombre sij en la localidad de Southampton el pasado diciembre.
“Ha quedado claro para millones de personas en este país que vivimos bajo un régimen policial de doble rasero (…) Los agentes reciben instrucciones para tratar de modo diferente a diferentes grupos étnicos”, reclamó Farage. Se refería a los agentes que esposaron a Nowak después de haber recibido tres puñaladas de manos de Vickrum Digwa, un hombre sij de 23 años que mintió a los agentes, al afirmar que había sido él quien sufrió los ataques racistas del joven. Nowak murió agonizando en la escena del crimen, a pesar de los intentos de los agentes de reanimarlo después de darse cuenta de su error. Digwa fue condenado el jueves por un juez a prisión permanente revisable, después de acusarle de deshonrar con sus mentiras a su familia, su comunidad y su religión.
“La rabia y las circunstancias de su muerte, la furia que se vio anoche [por el martes] en las calles de Southampton corre peligro de ir a más”, pretendió advertir Farage en la Cámara de los Comunes, al referirse a los violentos enfrentamientos de centenares de personas contra agentes de policía frente a la comisaría de Southampton. Habían sido convocados por el agitador ultraderechista Tommy Robinson. Pero horas antes, fue el propio Farage quien pidió a sus seguidores una respuesta de “pura rabia fría” ante el caso Nowak.

“¡Condena la violencia! ¡Vergüenza! ¡Condena los disturbios!”, han exigido a gritos a Farage muchos diputados, al escuchar el cinismo que encerraba su intervención. Los incidentes de la noche del martes acabaron con 11 agentes heridos y dos manifestantes arrestados.
El gesto de contrariedad de Farage no se le escapó a nadie. A quien menos, al primer ministro, Keir Starmer, que aprovechó para arremeter con dureza contra el líder de ultraderecha. “Los padres de Henry Nowak han dado un ejemplo de dignidad, al pedirnos que nos comportemos como seres humanos y no explotemos el caso”, afirmó Starmer. “Y su respuesta [la de Farage] ha sido la de hacer un llamamiento a la rabia (…) Ha sido explotar esta tragedia para crear división. Cuando la familia ha pedido expresamente que no se haga algo así, resulta imperdonable”.
Llamamiento a la calma
El Partido Laborista, hoy al frente del Gobierno, y el Partido Conservador han desplegado una imagen de unidad poco común ante las reacciones provocadas por este crimen. La líder tory, Kemi Badenoch, evitó que el asunto fuera el tema central de su enfrentamiento parlamentario con el primer ministro y hacía una petición general de calma. “Las circunstancias que han rodeado su trágico asesinato y erróneo arresto deben ser una llamada de atención para todo el país y sus instituciones, para que entendamos que ‘todas las vidas importan’ y que todos los miembros de esta Cámara tenemos la responsabilidad de unir a los ciudadanos, y no de dividirlos”, aseguró.
Pero ni Badenoch ni el Gobierno de Starmer han podido evitar sucumbir al marco de discusión creado por la extrema derecha. Al decir que “todas las vidas importan”, la líder conservadora expresó su rechazo al movimiento Black Lives Matter, que surgió tras la muerte del ciudadano negro George Floyd en Minneapolis en 2020. Sus gritos de “no puedo respirar”, bajo la rodilla de un agente policial, han sonado como un eco trágico en el caso del joven Nowak. También él repitió la misma frase, hasta nueve veces, mientras los agentes le esposaban y dudaban de sus quejas. El símil perfecto para Farage y todos sus seguidores, que llevan años extendiendo la idea incendiaria de que la policía británica utiliza un doble rasero para tratar a las minorías étnicas.

Da lo mismo que las estadísticas oficiales dejen claro que los grupos raciales minoritarios del Reino Unido tienen muchas más probabilidades de sufrir abusos policiales, o que acaban detenidos hasta cuatro veces más que los ciudadanos blancos en procesos de arresto y registro. El Gobierno de Starmer ha ordenado la revisión del llamado Police Race Action Plan (Plan de Actuación Policial ante el Racismo), un plan de recomendaciones aprobado por las autoridades policiales británicas en 2024 (durante el último Gobierno conservador), que surgió precisamente al calor del movimiento Black Lives Matter, y que reclamaba a los agentes no tratar del mismo modo (colour blind, o sin distinción de color) situaciones que eran injustamente diferentes.
“No creemos que el lenguaje utilizado [en el plan] fuera el correcto. Es necesario, y es importante, afirmar que existe un largo historial de racismo en la policía que debe ser reconocido, y debemos asegurarnos de que desaparezca (…) Pero este documento [en referencia al plan policial] no parece la vía correcta, y es lógico que sea revisado”, ha admitido este miércoles Sarah Jones, la secretaria de Estado de Seguridad del Gobierno de Starmer.
Farage, superado por la derecha
La deriva de Farage, que en ocasiones anteriores ha tenido mucho cuidado de no verse salpicado por extremismos como el del activista y agitador Robinson, se explica por la amenaza que le ha surgido en su flanco derecho. Años de agitación ultra han creado una clientela que ya no tolera las tibiezas.
Rupert Lowe, quien fuera miembro de Reform UK, el partido de Farage, hasta su expulsión de la formación el año pasado, puso en marcha un nuevo partido, Restore, que ha logrado dominar los mensajes y narrativas más virulentos de las redes sociales, y fragmentar el voto de la ultraderecha lo suficiente como para debilitar la estrategia de Farage y su sueño de alcanzar algún día Downing Street. La respuesta del político populista, a quien todos sus rivales reconocen la astucia, ha sido la de incitar la violencia xenófoba con el asesinato del joven Nowak.
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