Soy plenamente consciente de que el título de este artículo suena a nombre de película, concretamente a un filme de Woody Allen o de Ingmar Bergman —según se lea con voz aguda y jocosa, o grave e introspectiva—. Lo cierto es que, en este nuevo cómic de Paco Roca hay humor y drama, mientras todo gira en torno a las relaciones humanas.El tema de Paco siempre ha sido la memoria. La pérdida de la misma por culpa del Alzheimer en ‘Arrugas’; la de su padre y su madre en ‘La casa’ y ‘Regreso al Edén’; la de la historia de España en ‘Los surcos del azar’ y ‘El abismo del olvido’, etc.En esta ocasión, el historietista reflexiona sobre la memoria en un campo diferente: el de la ruptura afectiva, cuando la persona rememora una y otra vez, desde el presente, todo lo vivido con su ya expareja y no es capaz de mirar al futuro hasta encajar las piezas de nuevo en el presente. Esta es una de las ideas más bellas que se repite en los últimos cómics de Paco: la de que la memoria es siempre una memoria desde el hoy, por mucho que hunda sus raíces en el ayer; y da lo mismo que se trate de la ruptura de un proyecto de vida de dos décadas con una persona o de los cadáveres que aún permanecen en una fosa común. En ambos casos, el quid de la cuestión, o, si se prefiere, la solución que permite seguir adelante, pasa por mitigar el dolor de quien hoy sufre por ello.Noticia relacionada general No No Paco Roca «Mantener una pareja toda la vida ya no es natural; hoy preferimos cambiar antes que luchar» Carmen Burné’El Viaje’ está protagonizado por un escritor llamado Fran Gisbert, una especie de alter ego del historietista, como lo era ‘Un hombre en pijama’. Paco hilvana un relato a lo Roca o, dicho de otro modo, una ficción salpicada de sus propias vivencias. Un relato que, de algún modo, muestra cómo está conformado por dentro, qué le mueve y qué le remueve.Yo, que soy un firme creyente en el concepto de «cine de autor» que puso de moda la Nouvelle Vague, según el cual, independientemente de la trama del filme, las historias de un creador siempre giran en torno a los temas que le conmueven y definen, siempre he visto a Paco como la encarnación perfecta del concepto de « cómic de autor ». Truffaut era, en lo emocional, el niño de ‘Los 400 golpes’, y Paco es, de la misma forma, el escritor varado en la Patagonia argentina de ‘El Viaje’.’El Viaje’, de Paco Roca. AstiberriCreo que lo dicho hasta aquí es más que suficiente respecto a las vísceras del relato y su relación con quien lo ha creado, pero sería imperdonable no destacar dos aspectos más que, como siempre, en sus obras, muestran la maestría del autor que nos ocupa.El primero de ellos hace referencia a lo formal. El noveno arte tiene sus reglas narrativas y gráficas y, a pesar de que ya no es un arte nuevo, sigue siendo una disciplina creativa llena de posibilidades, recursos y campos por explorar. Paco Roca da una auténtica lección de ello en cada nuevo trabajo, y este no es una excepción.Me limitaré a nombrar un solo ejemplo: ¿cómo se explica en un cómic una idea tan compleja como el sentimiento de zozobra que se siente cuando una relación hace aguas y se produce una ruptura sentimental que una de las partes simplemente no esperaba? ¡Fácil! —Solo para Paco Roca, of course—. Fran, su personaje, compara su ruptura con una pastilla efervescente.Y Paco lo dibuja sobre ella, haciendo equilibrios para no caerse al agua (una especie de devenir del río de Heráclito, ese lugar en el que el cambio es la regla), mientras va tomando conciencia de que lo que creía que era tierra firme y segura (la relación construida con su pareja) se disuelve bajo sus pies hasta quedar en nada.El segundo aspecto que siempre está presente de forma sutil en el trabajo de Paco es el modo en que mima al niño que aún lleva dentro. Lo hace a través de guiños que salpican las páginas de sus tebeos y que me resultan tiernos y cómplices y son, además, el contrapunto dulce en momentos amargos del relato.Uno de los más logrados en ‘El Viaje’ es su modo de mostrar gráficamente el deseo de viajar en el tiempo al pasado para reparar aquello que se hizo mal y así, quizá, evitar la ruptura. Y no hay mejor modo de hacer dicho viaje que con ‘La máquina del tiempo’ de H. G. Wells, o, más exactamente, con el diseño de dicha máquina que aparece en el maravilloso filme El tiempo en sus manos (1960), de George Pal, que parece haberse grabado en la memoria infantil de Paco de un modo tan indeleble como en la mía.En resumen, estamos ante otra obra maestra que fascinará a todo el mundo, salvo quizá a las aerolíneas argentinas y a las autoridades encargadas del turismo en la Patagonia. En el relato de Paco, este bello territorio aparece como algo lúgubre y sombrío. En cierto modo, es una suerte de infierno del que el protagonista necesita escapar para superar la ruptura, y lo hace gracias a una estupenda mujer argentina que, como Virgilio con Dante en ‘La divina comedia’, le guía a través de su peculiar purgatorio para llegar al único paraíso posible que, en este caso, es simple y llanamente la aceptación, asunción y superación de la ruptura que le permite retomar y continuar con su vida. Soy plenamente consciente de que el título de este artículo suena a nombre de película, concretamente a un filme de Woody Allen o de Ingmar Bergman —según se lea con voz aguda y jocosa, o grave e introspectiva—. Lo cierto es que, en este nuevo cómic de Paco Roca hay humor y drama, mientras todo gira en torno a las relaciones humanas.El tema de Paco siempre ha sido la memoria. La pérdida de la misma por culpa del Alzheimer en ‘Arrugas’; la de su padre y su madre en ‘La casa’ y ‘Regreso al Edén’; la de la historia de España en ‘Los surcos del azar’ y ‘El abismo del olvido’, etc.En esta ocasión, el historietista reflexiona sobre la memoria en un campo diferente: el de la ruptura afectiva, cuando la persona rememora una y otra vez, desde el presente, todo lo vivido con su ya expareja y no es capaz de mirar al futuro hasta encajar las piezas de nuevo en el presente. Esta es una de las ideas más bellas que se repite en los últimos cómics de Paco: la de que la memoria es siempre una memoria desde el hoy, por mucho que hunda sus raíces en el ayer; y da lo mismo que se trate de la ruptura de un proyecto de vida de dos décadas con una persona o de los cadáveres que aún permanecen en una fosa común. En ambos casos, el quid de la cuestión, o, si se prefiere, la solución que permite seguir adelante, pasa por mitigar el dolor de quien hoy sufre por ello.Noticia relacionada general No No Paco Roca «Mantener una pareja toda la vida ya no es natural; hoy preferimos cambiar antes que luchar» Carmen Burné’El Viaje’ está protagonizado por un escritor llamado Fran Gisbert, una especie de alter ego del historietista, como lo era ‘Un hombre en pijama’. Paco hilvana un relato a lo Roca o, dicho de otro modo, una ficción salpicada de sus propias vivencias. Un relato que, de algún modo, muestra cómo está conformado por dentro, qué le mueve y qué le remueve.Yo, que soy un firme creyente en el concepto de «cine de autor» que puso de moda la Nouvelle Vague, según el cual, independientemente de la trama del filme, las historias de un creador siempre giran en torno a los temas que le conmueven y definen, siempre he visto a Paco como la encarnación perfecta del concepto de « cómic de autor ». Truffaut era, en lo emocional, el niño de ‘Los 400 golpes’, y Paco es, de la misma forma, el escritor varado en la Patagonia argentina de ‘El Viaje’.’El Viaje’, de Paco Roca. AstiberriCreo que lo dicho hasta aquí es más que suficiente respecto a las vísceras del relato y su relación con quien lo ha creado, pero sería imperdonable no destacar dos aspectos más que, como siempre, en sus obras, muestran la maestría del autor que nos ocupa.El primero de ellos hace referencia a lo formal. El noveno arte tiene sus reglas narrativas y gráficas y, a pesar de que ya no es un arte nuevo, sigue siendo una disciplina creativa llena de posibilidades, recursos y campos por explorar. Paco Roca da una auténtica lección de ello en cada nuevo trabajo, y este no es una excepción.Me limitaré a nombrar un solo ejemplo: ¿cómo se explica en un cómic una idea tan compleja como el sentimiento de zozobra que se siente cuando una relación hace aguas y se produce una ruptura sentimental que una de las partes simplemente no esperaba? ¡Fácil! —Solo para Paco Roca, of course—. Fran, su personaje, compara su ruptura con una pastilla efervescente.Y Paco lo dibuja sobre ella, haciendo equilibrios para no caerse al agua (una especie de devenir del río de Heráclito, ese lugar en el que el cambio es la regla), mientras va tomando conciencia de que lo que creía que era tierra firme y segura (la relación construida con su pareja) se disuelve bajo sus pies hasta quedar en nada.El segundo aspecto que siempre está presente de forma sutil en el trabajo de Paco es el modo en que mima al niño que aún lleva dentro. Lo hace a través de guiños que salpican las páginas de sus tebeos y que me resultan tiernos y cómplices y son, además, el contrapunto dulce en momentos amargos del relato.Uno de los más logrados en ‘El Viaje’ es su modo de mostrar gráficamente el deseo de viajar en el tiempo al pasado para reparar aquello que se hizo mal y así, quizá, evitar la ruptura. Y no hay mejor modo de hacer dicho viaje que con ‘La máquina del tiempo’ de H. G. Wells, o, más exactamente, con el diseño de dicha máquina que aparece en el maravilloso filme El tiempo en sus manos (1960), de George Pal, que parece haberse grabado en la memoria infantil de Paco de un modo tan indeleble como en la mía.En resumen, estamos ante otra obra maestra que fascinará a todo el mundo, salvo quizá a las aerolíneas argentinas y a las autoridades encargadas del turismo en la Patagonia. En el relato de Paco, este bello territorio aparece como algo lúgubre y sombrío. En cierto modo, es una suerte de infierno del que el protagonista necesita escapar para superar la ruptura, y lo hace gracias a una estupenda mujer argentina que, como Virgilio con Dante en ‘La divina comedia’, le guía a través de su peculiar purgatorio para llegar al único paraíso posible que, en este caso, es simple y llanamente la aceptación, asunción y superación de la ruptura que le permite retomar y continuar con su vida.
Soy plenamente consciente de que el título de este artículo suena a nombre de película, concretamente a un filme de Woody Allen o de Ingmar Bergman —según se lea con voz aguda y jocosa, o grave e introspectiva—. Lo cierto es que, en este nuevo … cómic de Paco Roca hay humor y drama, mientras todo gira en torno a las relaciones humanas.
El tema de Paco siempre ha sido la memoria. La pérdida de la misma por culpa del Alzheimer en ‘Arrugas’; la de su padre y su madre en ‘La casa’ y ‘Regreso al Edén’; la de la historia de España en ‘Los surcos del azar’ y ‘El abismo del olvido’, etc.
En esta ocasión, el historietista reflexiona sobre la memoria en un campo diferente: el de la ruptura afectiva, cuando la persona rememora una y otra vez, desde el presente, todo lo vivido con su ya expareja y no es capaz de mirar al futuro hasta encajar las piezas de nuevo en el presente. Esta es una de las ideas más bellas que se repite en los últimos cómics de Paco: la de que la memoria es siempre una memoria desde el hoy, por mucho que hunda sus raíces en el ayer; y da lo mismo que se trate de la ruptura de un proyecto de vida de dos décadas con una persona o de los cadáveres que aún permanecen en una fosa común. En ambos casos, el quid de la cuestión, o, si se prefiere, la solución que permite seguir adelante, pasa por mitigar el dolor de quien hoy sufre por ello.
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Paco Roca
Carmen Burné
‘El Viaje’ está protagonizado por un escritor llamado Fran Gisbert, una especie de alter ego del historietista, como lo era ‘Un hombre en pijama’. Paco hilvana un relato a lo Roca o, dicho de otro modo, una ficción salpicada de sus propias vivencias. Un relato que, de algún modo, muestra cómo está conformado por dentro, qué le mueve y qué le remueve.
Yo, que soy un firme creyente en el concepto de «cine de autor» que puso de moda la Nouvelle Vague, según el cual, independientemente de la trama del filme, las historias de un creador siempre giran en torno a los temas que le conmueven y definen, siempre he visto a Paco como la encarnación perfecta del concepto de «cómic de autor». Truffaut era, en lo emocional, el niño de ‘Los 400 golpes’, y Paco es, de la misma forma, el escritor varado en la Patagonia argentina de ‘El Viaje’.

(Astiberri)
Creo que lo dicho hasta aquí es más que suficiente respecto a las vísceras del relato y su relación con quien lo ha creado, pero sería imperdonable no destacar dos aspectos más que, como siempre, en sus obras, muestran la maestría del autor que nos ocupa.
El primero de ellos hace referencia a lo formal. El noveno arte tiene sus reglas narrativas y gráficas y, a pesar de que ya no es un arte nuevo, sigue siendo una disciplina creativa llena de posibilidades, recursos y campos por explorar. Paco Roca da una auténtica lección de ello en cada nuevo trabajo, y este no es una excepción.
Me limitaré a nombrar un solo ejemplo: ¿cómo se explica en un cómic una idea tan compleja como el sentimiento de zozobra que se siente cuando una relación hace aguas y se produce una ruptura sentimental que una de las partes simplemente no esperaba? ¡Fácil! —Solo para Paco Roca, of course—. Fran, su personaje, compara su ruptura con una pastilla efervescente.
Y Paco lo dibuja sobre ella, haciendo equilibrios para no caerse al agua (una especie de devenir del río de Heráclito, ese lugar en el que el cambio es la regla), mientras va tomando conciencia de que lo que creía que era tierra firme y segura (la relación construida con su pareja) se disuelve bajo sus pies hasta quedar en nada.
El segundo aspecto que siempre está presente de forma sutil en el trabajo de Paco es el modo en que mima al niño que aún lleva dentro. Lo hace a través de guiños que salpican las páginas de sus tebeos y que me resultan tiernos y cómplices y son, además, el contrapunto dulce en momentos amargos del relato.
Uno de los más logrados en ‘El Viaje’ es su modo de mostrar gráficamente el deseo de viajar en el tiempo al pasado para reparar aquello que se hizo mal y así, quizá, evitar la ruptura. Y no hay mejor modo de hacer dicho viaje que con ‘La máquina del tiempo’ de H. G. Wells, o, más exactamente, con el diseño de dicha máquina que aparece en el maravilloso filme El tiempo en sus manos (1960), de George Pal, que parece haberse grabado en la memoria infantil de Paco de un modo tan indeleble como en la mía.
En resumen, estamos ante otra obra maestra que fascinará a todo el mundo, salvo quizá a las aerolíneas argentinas y a las autoridades encargadas del turismo en la Patagonia. En el relato de Paco, este bello territorio aparece como algo lúgubre y sombrío. En cierto modo, es una suerte de infierno del que el protagonista necesita escapar para superar la ruptura, y lo hace gracias a una estupenda mujer argentina que, como Virgilio con Dante en ‘La divina comedia’, le guía a través de su peculiar purgatorio para llegar al único paraíso posible que, en este caso, es simple y llanamente la aceptación, asunción y superación de la ruptura que le permite retomar y continuar con su vida.
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