Un millón al que encuentre un solo enganchón en la primera faena de Perera. Qué poso y reposo del extremeño, dueño de temple absoluto desde los lances de saludo al primero, un toro sin exageraciones y de inercias, al que el extremeño multiplicó su fondo bravo. Lo midió mucho en el peto y se recreó en dos tafalleras (sin molestar) y un trébol de cordobinas. Todo al paso, con compás. Y sin incordiar el quite a la verónica de Galván, con una media primorosa. Miguel Ángel brindó a Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro, y Carmen Lorenzo, su suegra. Cómo lo gozarían por las cámaras de OneToro. Y también se acongojarían. Porque Miguel Ángel salió con la yerba en la boca, con hambre novilleril, pese a sus dos décadas de alternativa. En los medios se plantó de hinojos con dos pendulares y toreando de rodillas de verdad. Templadísimo, con la limpieza de las camisas lavadas en la panera del pueblo de la abuela: nadie las deja tan blancas y puras. Magnífica su lección de tiempos, sabedor de que había que administrar el fondo, y de terrenos. ¡Y distancias! Largas las concedió en las dos primeras tandas diestras, luciendo mucho al animal. Las redujo con la zurda, por donde a Tallista le costaba más. Y las acortó mediada su asentada labor hasta paladear un cambio de mano. Para pintores fue. Quiso catar de nuevo la zurda, con unas luquecinas intercaladas, antes de enterrar la espada, algo desprendida. Rodó el animal y le concedieron una oreja con fuerte petición de otra. Si esa faena llega a ser la del cuarto, caen. No pudo empezar mejor la tarde, con la obra del magisterio, con esa obra esculpida con supremo temple a Tallista.Aarón Palacio se siente en el sexto toro ArjonaLo ovacionaron en el arrastre, como a toda la corrida, salvo al quinto. Del Parque de los Alcornocales venían los toros de Santiago Domecq , donde más que fundas necesitaron botas este invierno. Bíblico el temporal en tierras gaditanas, con las pezuñas hundidas en el fango. Como se hundían los cascos de los caballos. El trabajo del mayoral y los vaqueros fue imparable. Y del propio ganadero, pendiente de sus animales de día y de noche: el vallado roto y las piedras arrastradas bien podían esperar. Lo único que importaba era la vida de las reses, con el fango convertido en trampa mortal para los neonatos mientras los veteranos tiraban de picaresca: hubo un semental que se refugió en una casona vieja. Quizá era uno de los que había puesto su semilla en tan notable corrida, con la divisa negra en memoria de Ana María Bohórquez. Noticia relacionada general No No Aarón Palacio: «El toro ha estado cumbre y lo he sentido y disfrutado muchísimo» Sergio A. ÁvilaLa emoción grande vino en aquel principio y en el final, cuando el reloj escarbaba las nueve de la anochecida. Cómo conectó el toreo de Aarón Palacio en el sexto. Todos felices en su debut como matador, cuyos paseíllos se cuentan por triunfos. Va a dar mucho que hablar el torero de las Cinco Villas. A Ángel le alegraría su convalecencia en el hospital cuando echó la pata p’alante a la verónica y más aún en esa apertura de rodillas con ayudados por alto. Cómo cala el toreo a dos manos en norte y sur. Hermosísimo el broche zurdo. ¿Dónde estaba la música? Tardó en enterarse la banda, pero sí lo hacían los tendidos, entregados al dispuestísimo joven, con ganas de ser. Y que será. Cuando lo sacaba de las tablas, una zancadilla le arrancó la manoletina. Naturalmente se la puso de nuevo, que no quería faena descalza. Y entonces aquello trepó cuando toreó a placer con la zocata -qué despaciosos algunos-, con ese giro quebrado de muñeca de los dedos que cuentan billetes. Que ya llegarán. Puso mucho con el buen toro Aarón: más que cortijos, pide desde su apellido Palacios. Entusiasmada estaba Sevilla con el aragonés, como una vez lo estuvo con su apoderado, El Tato. Pidiendo tablas acabó el enclasado Cumbreño, al que despidió como lo saludó: a dos manos. Se cayó la espada y la petición quedó en una oreja. El maño volvió a sellar un nuevo impacto. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Miércoles, 15 de abril de 2026. Quinta de abono. Casi dos tercios de entrada. Toros de Santiago Domecq, bien presentados y de buen juego en conjunto, con movilidad, aplaudidos todos en el arrastre, salvo el 5º. Miguel Ángel Perera, de turquesa y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); buena estocada (saludos). David Galván, de tabaco y oro: estocada arriba pelín trasera (oreja); estocada trasera (silencio). Aarón Palacio, de negro y oro: estocada trasera perpendicular y seis descabellos (saludos); estocada caída (oreja). De doble solicitud solo hubo la de Perera. En el primer toro, contado está. Con la dificultad que entraña, con lo que eso pesa en una joya como la Maestranza. Hubo empate de trofeos, pues David Galván también arrancó uno al notable segundo. Qué guapo era y qué calidad portaba su embestida. A media alturita -donde se siente como pez en el agua- planteó su faena el de San Fernando, que caló por naturales de exquisito mimo. Despacito, vertical, con mucha expresión en la zurda y saliendo con gusto de la cara de Malalengua. Torerísima la firma final por abajo, rematada con un volapié, de perfecta ejecución.Con un farol de rodillas había recibido Aarón al tercero, que descolgó pronto su generoso cuello y picado muy trasero. Pronto se metió la gente en harina con la ambición del torero, cuyo lema es querer y querer. Y, después, querer. Tantas eran las ganas que faltó cierta serenidad frente al galope de Clérigo, al que no era fácil cogerle el aire por el zurdo, más rebricandito. Hubo parón de música, pero creció la conexión con la mano de la cuchara, que era el lado de un toro que nunca perdió su movilidad. Marró con el descabello y saludó una ovación. Otra tributaron al de Santi Domecq. La expresión zurda de David Galván con el enclasado y humillador segundo ArjonaUn tacazo era el cuarto, acapachado y de toreras hechuras. Cómo humilló en la lidia de Duarte tras un aplaudido tercio de varas. Brindó Perera en los medios y dejó la montera en la segunda raya. A derechas cosió la embestida, con mucha clase en el embroque, pero más rebrincadito de mitad de viaje en adelante, a menos. Como tropezó las telas, la banda -menuda es- se puso en huelga. La gente le pidió que le diera matarile en una tarde en la que Perera trajo la espada afinada. Se tragó la muerte Chistoso, ovacionado como Perera.Hubo un paréntesis cuando salió el quinto, montado y silleto, con la manos por delante, perdidas en el giro en banderillas. Obediente era, con tanta bondad como constante calamocheo. Galván, especialista en la media altura de la que ha sido capitán general Ponce, lo trató de esa guisa, sin atosigarlo, imprimiéndole confianza. Descosido quería, pero carecía de los pespuntes del poder. Y por primera y única vez hubo un toro que se arrastró en silencio. Pronto se transformaría en el berreo de los ‘biennn’ en el último capítulo, con Cumbreño y Palacio, que cerraron por todo lo alto una tarde de máximo interés, una buena corrida de toros, una tarde de buen toreo, esculpido con impecable temple por Perera cuando sonaban los primeros clarines. Un millón al que encuentre un solo enganchón en la primera faena de Perera. Qué poso y reposo del extremeño, dueño de temple absoluto desde los lances de saludo al primero, un toro sin exageraciones y de inercias, al que el extremeño multiplicó su fondo bravo. Lo midió mucho en el peto y se recreó en dos tafalleras (sin molestar) y un trébol de cordobinas. Todo al paso, con compás. Y sin incordiar el quite a la verónica de Galván, con una media primorosa. Miguel Ángel brindó a Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro, y Carmen Lorenzo, su suegra. Cómo lo gozarían por las cámaras de OneToro. Y también se acongojarían. Porque Miguel Ángel salió con la yerba en la boca, con hambre novilleril, pese a sus dos décadas de alternativa. En los medios se plantó de hinojos con dos pendulares y toreando de rodillas de verdad. Templadísimo, con la limpieza de las camisas lavadas en la panera del pueblo de la abuela: nadie las deja tan blancas y puras. Magnífica su lección de tiempos, sabedor de que había que administrar el fondo, y de terrenos. ¡Y distancias! Largas las concedió en las dos primeras tandas diestras, luciendo mucho al animal. Las redujo con la zurda, por donde a Tallista le costaba más. Y las acortó mediada su asentada labor hasta paladear un cambio de mano. Para pintores fue. Quiso catar de nuevo la zurda, con unas luquecinas intercaladas, antes de enterrar la espada, algo desprendida. Rodó el animal y le concedieron una oreja con fuerte petición de otra. Si esa faena llega a ser la del cuarto, caen. No pudo empezar mejor la tarde, con la obra del magisterio, con esa obra esculpida con supremo temple a Tallista.Aarón Palacio se siente en el sexto toro ArjonaLo ovacionaron en el arrastre, como a toda la corrida, salvo al quinto. Del Parque de los Alcornocales venían los toros de Santiago Domecq , donde más que fundas necesitaron botas este invierno. Bíblico el temporal en tierras gaditanas, con las pezuñas hundidas en el fango. Como se hundían los cascos de los caballos. El trabajo del mayoral y los vaqueros fue imparable. Y del propio ganadero, pendiente de sus animales de día y de noche: el vallado roto y las piedras arrastradas bien podían esperar. Lo único que importaba era la vida de las reses, con el fango convertido en trampa mortal para los neonatos mientras los veteranos tiraban de picaresca: hubo un semental que se refugió en una casona vieja. Quizá era uno de los que había puesto su semilla en tan notable corrida, con la divisa negra en memoria de Ana María Bohórquez. Noticia relacionada general No No Aarón Palacio: «El toro ha estado cumbre y lo he sentido y disfrutado muchísimo» Sergio A. ÁvilaLa emoción grande vino en aquel principio y en el final, cuando el reloj escarbaba las nueve de la anochecida. Cómo conectó el toreo de Aarón Palacio en el sexto. Todos felices en su debut como matador, cuyos paseíllos se cuentan por triunfos. Va a dar mucho que hablar el torero de las Cinco Villas. A Ángel le alegraría su convalecencia en el hospital cuando echó la pata p’alante a la verónica y más aún en esa apertura de rodillas con ayudados por alto. Cómo cala el toreo a dos manos en norte y sur. Hermosísimo el broche zurdo. ¿Dónde estaba la música? Tardó en enterarse la banda, pero sí lo hacían los tendidos, entregados al dispuestísimo joven, con ganas de ser. Y que será. Cuando lo sacaba de las tablas, una zancadilla le arrancó la manoletina. Naturalmente se la puso de nuevo, que no quería faena descalza. Y entonces aquello trepó cuando toreó a placer con la zocata -qué despaciosos algunos-, con ese giro quebrado de muñeca de los dedos que cuentan billetes. Que ya llegarán. Puso mucho con el buen toro Aarón: más que cortijos, pide desde su apellido Palacios. Entusiasmada estaba Sevilla con el aragonés, como una vez lo estuvo con su apoderado, El Tato. Pidiendo tablas acabó el enclasado Cumbreño, al que despidió como lo saludó: a dos manos. Se cayó la espada y la petición quedó en una oreja. El maño volvió a sellar un nuevo impacto. Feria de Abril Real Maestranza de Sevilla Miércoles, 15 de abril de 2026. Quinta de abono. Casi dos tercios de entrada. Toros de Santiago Domecq, bien presentados y de buen juego en conjunto, con movilidad, aplaudidos todos en el arrastre, salvo el 5º. Miguel Ángel Perera, de turquesa y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); buena estocada (saludos). David Galván, de tabaco y oro: estocada arriba pelín trasera (oreja); estocada trasera (silencio). Aarón Palacio, de negro y oro: estocada trasera perpendicular y seis descabellos (saludos); estocada caída (oreja). De doble solicitud solo hubo la de Perera. En el primer toro, contado está. Con la dificultad que entraña, con lo que eso pesa en una joya como la Maestranza. Hubo empate de trofeos, pues David Galván también arrancó uno al notable segundo. Qué guapo era y qué calidad portaba su embestida. A media alturita -donde se siente como pez en el agua- planteó su faena el de San Fernando, que caló por naturales de exquisito mimo. Despacito, vertical, con mucha expresión en la zurda y saliendo con gusto de la cara de Malalengua. Torerísima la firma final por abajo, rematada con un volapié, de perfecta ejecución.Con un farol de rodillas había recibido Aarón al tercero, que descolgó pronto su generoso cuello y picado muy trasero. Pronto se metió la gente en harina con la ambición del torero, cuyo lema es querer y querer. Y, después, querer. Tantas eran las ganas que faltó cierta serenidad frente al galope de Clérigo, al que no era fácil cogerle el aire por el zurdo, más rebricandito. Hubo parón de música, pero creció la conexión con la mano de la cuchara, que era el lado de un toro que nunca perdió su movilidad. Marró con el descabello y saludó una ovación. Otra tributaron al de Santi Domecq. La expresión zurda de David Galván con el enclasado y humillador segundo ArjonaUn tacazo era el cuarto, acapachado y de toreras hechuras. Cómo humilló en la lidia de Duarte tras un aplaudido tercio de varas. Brindó Perera en los medios y dejó la montera en la segunda raya. A derechas cosió la embestida, con mucha clase en el embroque, pero más rebrincadito de mitad de viaje en adelante, a menos. Como tropezó las telas, la banda -menuda es- se puso en huelga. La gente le pidió que le diera matarile en una tarde en la que Perera trajo la espada afinada. Se tragó la muerte Chistoso, ovacionado como Perera.Hubo un paréntesis cuando salió el quinto, montado y silleto, con la manos por delante, perdidas en el giro en banderillas. Obediente era, con tanta bondad como constante calamocheo. Galván, especialista en la media altura de la que ha sido capitán general Ponce, lo trató de esa guisa, sin atosigarlo, imprimiéndole confianza. Descosido quería, pero carecía de los pespuntes del poder. Y por primera y única vez hubo un toro que se arrastró en silencio. Pronto se transformaría en el berreo de los ‘biennn’ en el último capítulo, con Cumbreño y Palacio, que cerraron por todo lo alto una tarde de máximo interés, una buena corrida de toros, una tarde de buen toreo, esculpido con impecable temple por Perera cuando sonaban los primeros clarines.
Un millón al que encuentre un solo enganchón en la primera faena de Perera. Qué poso y reposo del extremeño, dueño de temple absoluto desde los lances de saludo al primero, un toro sin exageraciones y de inercias, al que el extremeño multiplicó su fondo … bravo. Lo midió mucho en el peto y se recreó en dos tafalleras (sin molestar) y un trébol de cordobinas. Todo al paso, con compás. Y sin incordiar el quite a la verónica de Galván, con una media primorosa. Miguel Ángel brindó a Alfonso Vázqauez, mayoral de Fuente Ymbro, y Carmen Lorenzo, su suegra. Cómo lo gozarían por las cámaras de OneToro. Y también se acongojarían. Porque Miguel Ángel salió con la yerba en la boca, con el hambre novilleril pese a sus dos décadas de alternativa. En los medios se plantó de hinojos con dos pendulares y toreando de rodillas de verdad. Templadísimo, con la limpieza de las camisas lavadas en la panera del pueblo de la abuela: nadie las deja tan blancas y puras.
Magnífica su lección de tiempos, sabedor de que había que administrar el fondo, y de terrenos. ¡Y distancias! Largas las concedió en las dos primeras tandas diestras, luciendo mucho al animal. Las redujo con la zurda, por donde a Tallista le costaba más. Y las acortó mediada su asentada labor hasta paladear un cambio de mano. Para pintores fue. Quiso catar de nuevo la zurda, con unas luquecinas intercaladas, antes de enterrar la espada, algo desprendida. Rodó el animal y le concedieron una oreja con fuerte petición de otra. Si esa faena llega a ser la del cuarto, caen. No pudo empezar mejor la tarde, con la obra del magisterio, con esa obra esculpida con supremo temple a Tallista.
Lo ovacionaron en el arrastre, como a toda la corrida, salvo al quinto. Del Parque de los Alcornocales venían los toros de Santiago Domecq, donde más que fundas necesitaron botas este invierno. Bíblico el temporal en tierras gaditanas, con las pezuñas hundidas en el fango. Como se hundían los cascos de los caballos. El trabajo del mayoral y los vaqueros fue imparable. Y del propio ganadero, pendiente de sus animales de día y de noche: el vallado roto y las piedras arrastradas bien podían esperar. Lo único que importaba era la vida de las reses, con el fango convertido en trampa mortal para los neonatos mientras los veteranos tiraban de picaresca: hubo un semental que se refugió en una casona vieja. Quizá era uno de los que había puesto su semilla en tan notable corrida, con la divisa negra en memoria de Ana María Bohórquez.
La emoción grande vino en aquel principio y en el final, cuando el reloj escarbaba las nueve de la anochecida. Cómo conectó el toreo de Aarón Palacio en el sexto. Todos felices en su debut como matador, cuyos paseíllos se cuentan por triunfos. Va a dar mucho que hablar el torero de las Cinco Villas. A Ángel le alegraría su convalecencia en el hospital cuando echó la pata p’alante a la verónica y más aún en esa apertura de rodillas con ayudados por alto. Cómo cala el toreo a dos manos en norte y sur. Hermosísimo el broche zurdo. ¿Dónde estaba la música? Tardó en enterarse la banda, pero sí lo hacían los tendidos, entregados al dispuestísimo joven, con ganas de ser. Y que será. Cuando lo sacaba de las tablas, una zancadilla le arrancó la manoletina. Naturalmente se la puso de nuevo, que no quería faena descalza. Y entonces aquello trepó cuando toreó a placer con la zocata -qué despaciosos algunos-, con ese giro quebrado de muñeca de los dedos que cuentan billetes. Que ya llegarán. Puso mucho con el buen toro Aarón: más que cortijos, pide desde su apellido Palacios. Entusiasmada estaba Sevilla con el aragonés, como una vez lo estuvo con su apoderado, El Tato. Pidiendo tablas acabó el enclasado Cumbreño, al que despidió como lo saludó: a dos manos. Se cayó la espada y la petición quedó en una oreja. El maño volvió a sellar un nuevo impacto.
De doble solicitud solo hubo la de Perera. En el primer toro, contado está. Con la dificultad que entraña, con lo que eso pesa en una joya como la Maestranza. Hubo empate de trofeos, pues David Galván también arrancó uno al notable segundo. Qué guapo era y qué calidad portaba su embestida. A media alturita -donde se siente como pez en el agua- planteó su faena el de San Fernando, que caló por naturales de exquisito mimo. Despacito, vertical, con mucha expresión en la zurda y saliendo con gusto de la cara de Malalengua. Torerísima la firma final por abajo, rematada con un volapié, de perfecta ejecución.
Con un farol de rodillas había recibido Aarón al tercero, que descolgó pronto su generoso cuello y picado muy trasero. Pronto se metió la gente en harina con la ambición del torero, cuyo lema es querer y querer. Y, después, querer. Tantas eran las ganas que faltó cierta serenidad frente al galope de Clérigo, al que no era fácil cogerle el aire por el zurdo, más rebricandito. Hubo parón de música, pero creció la conexión con la mano de la cuchara, que era el lado de un toro que nunca perdió su movilidad. Marró con el descabello y saludó una ovación. Otra tributaron al de Santi Domecq.
Un tacazo era el cuarto, acapachado y de toreras hechuras. Cómo humilló en la lidia de Duarte tras un aplaudido tercio de varas. Brindó Perera en los medios y dejó la montera en la segunda raya. A derechas cosió la embestida, con mucha clase en el embroque, pero más rebrincadito de mitad de viaje en adelante, a menos. Como tropezó las telas, la banda -menuda es- se puso en huelga. La gente le pidió que le diera matarile en una tarde en la que Perera trajo la espada afinada. Se tragó la muerte Chistoso, ovacionado como Perera.
Hubo un paréntesis cuando salió el quinto, montado y silleto, con la manos por delante, perdidas en el giro en banderillas. Obediente era, con tanta bondad como constante calamocheo. Galván, especialista en la media altura de la que ha sido capitán general Ponce, lo trató de esa guisa, sin atosigarlo, imprimiéndole confianza. Descosido quería, pero carecía de los pespuntes del poder. Y por primera y única vez hubo un toro que se arrastró en silencio.
Pronto se transformaría en el berreo de los ‘biennn’ en el último capítulo, con Cumbreño y Palacio, que cerraron por todo lo alto una tarde de máximo interés, una buena corrida de toros, una tarde de buen toreo, esculpido con impecable temple por Perera cuando sonaban los primeros clarines.
Feria de Abril
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Real Maestranza de Sevilla
Miércoles, 15 de abril de 2026. Quinta de abono. Casi dos tercios de entrada. Toros de Santiago Domecq, bien presentados y de buen juego en conjunto, aplaudidos todos en el arrastre, salvo el 5º.
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Miguel Ángel Perera,
de turquesa y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); buena estocada (saludos). -
David Galván,
de tabaco y oro: estocada arriba pelín trasera (oreja); estocada trasera (silencio). -
Aarón Palacio,
de negro y oro: estocada trasera perpendicular y seis descabellos (saludos); estocada caída (oreja).
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