“Invasión”, empezó a gritar la gente. El berrido corrió de boca en boca por todo el estadio. El Deportivo llevaba una semana de festejos por el ascenso a Primera División y el partido contra Las Palmas que cerraba el campeonato era lo de menos para su afición. Buena parte del graderío, sobre todo el más joven, llamó a la invasión. Muchos de esos chicos han crecido con las imágenes de la jornada en la que el equipo ganó el título de Liga. “De padres a hijos”, se vanagloria el deportivismo de inocular el virus del equipo en las nuevas generaciones. Aquella tarde de mayo de 2000 hubo invasión, la grada acabó en el césped y los jugadores en el palco. Esa icónica imagen impulsó la ilusión de muchos chicos durante lustros. Y decidieron que en 2026 la fiesta era suya.
Miles de personas saltaron al cesped del estadio de A Coruña el domingo pasado y pusieron en peligro la celebración del partido de la selección este jueves
Miles de personas saltaron al cesped del estadio de A Coruña el domingo pasado y pusieron en peligro la celebración del partido de la selección este jueves


“Invasión”, empezó a gritar la gente. El berrido corrió de boca en boca por todo el estadio. El Deportivo llevaba una semana de festejos por el ascenso a Primera División y el partido contra Las Palmas que cerraba el campeonato era lo de menos para su afición. Buena parte del graderío, sobre todo el más joven, llamó a la invasión. Muchos de esos chicos han crecido con las imágenes de la jornada en la que el equipo ganó el título de Liga. “De padres a hijos”, se vanagloria el deportivismo de inocular el virus del equipo en las nuevas generaciones. Aquella tarde de mayo de 2000 hubo invasión, la grada acabó en el césped y los jugadores en el palco. Esa icónica imagen impulsó la ilusión de muchos chicos durante lustros. Y decidieron que en 2026 la fiesta era suya.

Así que la invasión fue imparable por más que el presidente del club, Juan Carlos Escotet, hiciese ademanes desde su palco privado para que no sucediese porque el club tenía planificado su propio guion de cómo debería celebrarse el ascenso. El caso es que miles de personas saltaron al campo el domingo pasado y pusieron en peligro la celebración del partido entre España e Irak de este jueves (21.00, La 1) en Riazor porque algunos de los invasores se comportaron como vándalos: trozos de césped arrancados de cuajo, 753 sillas destrozadas en la grada, cristales sobre el tepe, que además se quemó en varios puntos por el efecto de las bengalas, una portería dañada e irrecuperable, aspersores de riego destrozados… En A Coruña se ha trabajado contrarreloj para que el estadio albergue el último amistoso de la selección en terreno español antes del Mundial.
Rafael Louzán, presidente de la Federación Española de Fútbol, presenció la invasión desde el palco presidencial. Y se fue tarifando. Sabía lo que estaba en juego. El Deportivo en cuanto hizo una primera evaluación de daños apuntó que escrutaría las cámaras del estadio para depurar responsabilidades y por el camino se supo que el coste de las reparaciones sobrepasaría los 300.000 euros. Pero este jueves, después de que una tropa de operarios acumulasen horas de faena, Riazor estará en perfecto estado de revista para que se pueda jugar el partido. Será la séptima comparecencia de la selección en el estadio coruñés, feudo en el que no suele prodigarse. De hecho solo uno de esos partidos, un cinco a cero contra Bélgica en 2009, fue oficial, clasificatorio en ese caso para el Mundial que ganó La Roja en Sudáfrica.
Esta vez no hay puntos en juego, pero sí un Mundial en el horizonte. Por eso la selección hará una visita de médico y no pasará ni 24 horas en Galicia. Llegará al aeropuerto de A Coruña apenas ocho horas antes del partido, descansará en un hotel de un barrio periférico de la ciudad. Allí, tras el partido, hará noche antes de madrugar y dirigirse al aeropuerto de Santiago, desde donde partirá en un chárter con dirección a Nashville, la cuna del country, en un vuelo con una duración prevista de en torno a diez horas. Una vez allí la expedición tomará otro avión hacia Chattanooga, un enclave del estado de Tennessee vecino a Georgia y Alabama, al que llegarán pasadas las diez de la noche, hora peninsular española. Allí, en el profundo sur de Estados Unidos, establecerá la selección su cuartel general mundialista.
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