Pocos pintores como Stephen B. Whatley pueden decir que tienen sus obras expuestas en el mismísimo Palacio de Buckingham , que han sido recibidos por la Reina Isabel II y que artistas como Barbara Windsor y Julie Walters hayan pasado por sus lienzos. Whatley se ha afianzado en el panorama artístico de Reino Unido y se ha convertido en uno de los profesionales más conocidos del mundillo del arte británico cuando se trata de inmortalizar a personas célebres y monumentos históricos.Nacido en Londres en 1965, estudió en las escuelas de arte de Ipswich, Norwich y en la Universidad de Londres. Pero hubo un momento exacto en su vida en que descubrió su don para la pintura expresionista. Según revela a ABC, a la edad de 16 años perdió a su madre en un accidente automovilístico: «Me devastó y, desde entonces, todo se convirtió en una lucha por sobrevivir a ese dolor y saber instintivamente que necesitaba expresarme. A menudo digo que ‘el arte me salvó la vida’ ».Su entrada al mundillo llegó cuando conoció al expresionista David Bomberg en la escuela de arte, y supo que sería una gran inspiración. «Nunca intenté simular a ninguno de estos artistas, pero sus visiones me motivaron… mi propio expresionismo se desarrolló instintivamente con el tiempo».En este sentido, el pintor tuvo claro cuál fue la experiencia que más impulsó su carrera. En 1999 recibió una carta del Museo del Transporte de Londres, conocían su trabajo y actuaban como agentes de la Colección Real. Le preguntaron si le interesaría recibir un encargo para pintar dos cuadros para el Palacio de Buckingham.«Me invitaron a elegir entre la Sala de Música o la Gran Escalera en el interior. Opté por la segunda. Durante dos días, el silencio allí era asombroso », admite. Su trabajo no acabó ahí ya que, al mes siguiente, pintó al aire libre la vista este del Palacio de Buckingham desde Green Park. A día de hoy las pinturas se encuentran exhibidas en la residencia oficial londinense de su majestad, el Rey Carlos III. Stephen B. Whatley pintando el Palacio de Buckingham CedidaSu compromiso con la realeza británica fue a más. En el año 2000, el artista recibió el encargo de pintar una vibrante serie de 30 cuadros emblemáticos para la Torre de Londres. Todos ellos ‘in situ’. Entre ellos se encontraban lugares emblemáticos de la aristocracia como ‘Queens House’ (la casa de la Reina). La cual se edificó en 1616 para el Rey Jacobo I como casa para su esposa Ana de Dinamarca y que, diez años después, fue retomada por el Rey Carlos I para su mujer Enriqueta María . ‘La gran escalera’ por Stephen B. Whatley. CedidaToda su serie aparece de forma permanente a lo largo del paseo público que conecta la estación de Tower Hill con la Torre de Londres . Cuatro años más tarde, tanto la Reina Isabel II como el Duque de Edimburgo reconocieron su labor en una recepción oficial en el Salón de Banquetes de la Torre de Londres. Allí Whatley cuenta la curiosa anécdota que tuvo con su majestad.«La Reina Isabel se acercó a saludarme, mostraba un aura amable y humilde. Estábamos de pie cerca de uno de mis cuadros sobre las Joyas de la Corona y le comenté que para pintar las joyas estuve encerrado ‘durante una semana’ en ‘La Jewel House’ (la casa de las joyas). Ella totalmente perpleja, preguntó ‘¿durante una semana?’», explica Stephen B. Whatley sobre su experiencia: «Le expliqué que era para dedicar una hora al día a realizar estudios del natural, antes de que ‘Jewel House’ abriera al público. Mientras sonreía y se daba la vuelta para marcharse, se giró de nuevo, miró por encima del hombro y me dijo en voz baja: ‘ ¡ Me alegro de que te hayan dejado salir!’».«Fue un momento que atesoro», admite. Tras estos dos grandes encargos, recibió varios otros de lugares arquitectónicos, como la sede de la ‘BBC’ londinense o, más recientemente su pintura en Victoria Harbour, en Hong Kong. «Para mí pintar al aire libre y con gran inmediatez, hace que absorbe su inmensidad, volumen y características», señala Whatley.Hong Kong, por Stephen B. Whatley. CedidaEl retratista de los famosos británicosMás allá del arte contemporáneo y el expresionismo, su figura también se centra en el retratismo. «Me gusta pintar a personas que admiro y tengo un gran interés en el mundo del espectáculo, por lo que he pintado a bastantes actores». Algunas de las personas que pasaron por su lienzo fueron las actrices Barbara Windsor y Julie Walters; la presentadora de televisión Sarah Greene y ‘el rey del trabajo en Derechos Humanos’ Michael Mansfield, quién defendió el caso del accidente de Lady Di.Barbara Windsor con su retrato. CedidaEl pintor admite que lo curioso es que una inmensa mayoría de las personas que pasaron por sus bocetos se quedaban asombrados por el parecido que ensamblaban, no con ellos, sino con sus seres queridos. La actriz Julie Walters admitió que se había capturado «un parecido con su madre en el retrato, especialmente en los ojos». Sarah Green, por otro lado, relató en una carta enviada posteriormente al artista que «a su padre se le saltaron las lágrimas porque pudo ver a su madre en el retrato».La presentadora Sarah Greene en 2006. CedidaPrevio a las elecciones estadounidenses, en 2008, Stephen B. Whatley realizó un retrato en honor a Barack Obama. Fue seleccionado como una de las imágenes que aparecieron publicadas en la revista ‘TIME’ en enero de 2009. «Este sigue siendo uno de mis retratos más populares. Es gratificante saber que aportó arte a las personas que descubren mi trabajo».Obama, publicado en la revista ‘TIME’. CedidaAhora el artista ha decidido probar otra faceta, también artística. Recientemente, recibió un encargo de la actriz de Hollywood Mamie Van Doren para dar expresión a las imágenes de su última obra. «A finales de 2023, me envió un correo electrónico diciendo que le gustaría encargarme que ilustrara sus memorias. Nuestra colaboración fue muy transparente, ya que leí sus manuscritos y ella me compartía sus recuerdos para ayudarme a describir los episodios eclécticos de su vida», ha desvelado.Entre monumentos, retratos y tributos, la versatilidad de un pintor como Stephen B. Whatley enriquece su obra. «Soy un pintor expresionista. Durante mucho tiempo, las fórmulas vacías se han adueñado del arte moderno… pero jamás elegí seguir esa corriente. Mi expresionismo nace de la pasión, del corazón y del alma. ¡La pintura no ha muerto!». Pocos pintores como Stephen B. Whatley pueden decir que tienen sus obras expuestas en el mismísimo Palacio de Buckingham , que han sido recibidos por la Reina Isabel II y que artistas como Barbara Windsor y Julie Walters hayan pasado por sus lienzos. Whatley se ha afianzado en el panorama artístico de Reino Unido y se ha convertido en uno de los profesionales más conocidos del mundillo del arte británico cuando se trata de inmortalizar a personas célebres y monumentos históricos.Nacido en Londres en 1965, estudió en las escuelas de arte de Ipswich, Norwich y en la Universidad de Londres. Pero hubo un momento exacto en su vida en que descubrió su don para la pintura expresionista. Según revela a ABC, a la edad de 16 años perdió a su madre en un accidente automovilístico: «Me devastó y, desde entonces, todo se convirtió en una lucha por sobrevivir a ese dolor y saber instintivamente que necesitaba expresarme. A menudo digo que ‘el arte me salvó la vida’ ».Su entrada al mundillo llegó cuando conoció al expresionista David Bomberg en la escuela de arte, y supo que sería una gran inspiración. «Nunca intenté simular a ninguno de estos artistas, pero sus visiones me motivaron… mi propio expresionismo se desarrolló instintivamente con el tiempo».En este sentido, el pintor tuvo claro cuál fue la experiencia que más impulsó su carrera. En 1999 recibió una carta del Museo del Transporte de Londres, conocían su trabajo y actuaban como agentes de la Colección Real. Le preguntaron si le interesaría recibir un encargo para pintar dos cuadros para el Palacio de Buckingham.«Me invitaron a elegir entre la Sala de Música o la Gran Escalera en el interior. Opté por la segunda. Durante dos días, el silencio allí era asombroso », admite. Su trabajo no acabó ahí ya que, al mes siguiente, pintó al aire libre la vista este del Palacio de Buckingham desde Green Park. A día de hoy las pinturas se encuentran exhibidas en la residencia oficial londinense de su majestad, el Rey Carlos III. Stephen B. Whatley pintando el Palacio de Buckingham CedidaSu compromiso con la realeza británica fue a más. En el año 2000, el artista recibió el encargo de pintar una vibrante serie de 30 cuadros emblemáticos para la Torre de Londres. Todos ellos ‘in situ’. Entre ellos se encontraban lugares emblemáticos de la aristocracia como ‘Queens House’ (la casa de la Reina). La cual se edificó en 1616 para el Rey Jacobo I como casa para su esposa Ana de Dinamarca y que, diez años después, fue retomada por el Rey Carlos I para su mujer Enriqueta María . ‘La gran escalera’ por Stephen B. Whatley. CedidaToda su serie aparece de forma permanente a lo largo del paseo público que conecta la estación de Tower Hill con la Torre de Londres . Cuatro años más tarde, tanto la Reina Isabel II como el Duque de Edimburgo reconocieron su labor en una recepción oficial en el Salón de Banquetes de la Torre de Londres. Allí Whatley cuenta la curiosa anécdota que tuvo con su majestad.«La Reina Isabel se acercó a saludarme, mostraba un aura amable y humilde. Estábamos de pie cerca de uno de mis cuadros sobre las Joyas de la Corona y le comenté que para pintar las joyas estuve encerrado ‘durante una semana’ en ‘La Jewel House’ (la casa de las joyas). Ella totalmente perpleja, preguntó ‘¿durante una semana?’», explica Stephen B. Whatley sobre su experiencia: «Le expliqué que era para dedicar una hora al día a realizar estudios del natural, antes de que ‘Jewel House’ abriera al público. Mientras sonreía y se daba la vuelta para marcharse, se giró de nuevo, miró por encima del hombro y me dijo en voz baja: ‘ ¡ Me alegro de que te hayan dejado salir!’».«Fue un momento que atesoro», admite. Tras estos dos grandes encargos, recibió varios otros de lugares arquitectónicos, como la sede de la ‘BBC’ londinense o, más recientemente su pintura en Victoria Harbour, en Hong Kong. «Para mí pintar al aire libre y con gran inmediatez, hace que absorbe su inmensidad, volumen y características», señala Whatley.Hong Kong, por Stephen B. Whatley. CedidaEl retratista de los famosos británicosMás allá del arte contemporáneo y el expresionismo, su figura también se centra en el retratismo. «Me gusta pintar a personas que admiro y tengo un gran interés en el mundo del espectáculo, por lo que he pintado a bastantes actores». Algunas de las personas que pasaron por su lienzo fueron las actrices Barbara Windsor y Julie Walters; la presentadora de televisión Sarah Greene y ‘el rey del trabajo en Derechos Humanos’ Michael Mansfield, quién defendió el caso del accidente de Lady Di.Barbara Windsor con su retrato. CedidaEl pintor admite que lo curioso es que una inmensa mayoría de las personas que pasaron por sus bocetos se quedaban asombrados por el parecido que ensamblaban, no con ellos, sino con sus seres queridos. La actriz Julie Walters admitió que se había capturado «un parecido con su madre en el retrato, especialmente en los ojos». Sarah Green, por otro lado, relató en una carta enviada posteriormente al artista que «a su padre se le saltaron las lágrimas porque pudo ver a su madre en el retrato».La presentadora Sarah Greene en 2006. CedidaPrevio a las elecciones estadounidenses, en 2008, Stephen B. Whatley realizó un retrato en honor a Barack Obama. Fue seleccionado como una de las imágenes que aparecieron publicadas en la revista ‘TIME’ en enero de 2009. «Este sigue siendo uno de mis retratos más populares. Es gratificante saber que aportó arte a las personas que descubren mi trabajo».Obama, publicado en la revista ‘TIME’. CedidaAhora el artista ha decidido probar otra faceta, también artística. Recientemente, recibió un encargo de la actriz de Hollywood Mamie Van Doren para dar expresión a las imágenes de su última obra. «A finales de 2023, me envió un correo electrónico diciendo que le gustaría encargarme que ilustrara sus memorias. Nuestra colaboración fue muy transparente, ya que leí sus manuscritos y ella me compartía sus recuerdos para ayudarme a describir los episodios eclécticos de su vida», ha desvelado.Entre monumentos, retratos y tributos, la versatilidad de un pintor como Stephen B. Whatley enriquece su obra. «Soy un pintor expresionista. Durante mucho tiempo, las fórmulas vacías se han adueñado del arte moderno… pero jamás elegí seguir esa corriente. Mi expresionismo nace de la pasión, del corazón y del alma. ¡La pintura no ha muerto!».
Pocos pintores como Stephen B. Whatley pueden decir que tienen sus obras expuestas en el mismísimo Palacio de Buckingham, que han sido recibidos por la Reina Isabel II y que artistas como Barbara Windsor y Julie Walters hayan pasado por sus lienzos. Whatley se … ha afianzado en el panorama artístico de Reino Unido y se ha convertido en uno de los profesionales más conocidos del mundillo del arte británico cuando se trata de inmortalizar a personas célebres y monumentos históricos.
Nacido en Londres en 1965, estudió en las escuelas de arte de Ipswich, Norwich y en la Universidad de Londres. Pero hubo un momento exacto en su vida en que descubrió su don para la pintura expresionista. Según revela a ABC, a la edad de 16 años perdió a su madre en un accidente automovilístico: «Me devastó y, desde entonces, todo se convirtió en una lucha por sobrevivir a ese dolor y saber instintivamente que necesitaba expresarme. A menudo digo que ‘el arte me salvó la vida’».
Su entrada al mundillo llegó cuando conoció al expresionista David Bomberg en la escuela de arte, y supo que sería una gran inspiración. «Nunca intenté simular a ninguno de estos artistas, pero sus visiones me motivaron… mi propio expresionismo se desarrolló instintivamente con el tiempo».
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En este sentido, el pintor tuvo claro cuál fue la experiencia que más impulsó su carrera. En 1999 recibió una carta del Museo del Transporte de Londres, conocían su trabajo y actuaban como agentes de la Colección Real. Le preguntaron si le interesaría recibir un encargo para pintar dos cuadros para el Palacio de Buckingham.
«Me invitaron a elegir entre la Sala de Música o la Gran Escalera en el interior. Opté por la segunda. Durante dos días, el silencio allí era asombroso», admite. Su trabajo no acabó ahí ya que, al mes siguiente, pintó al aire libre la vista este del Palacio de Buckingham desde Green Park. A día de hoy las pinturas se encuentran exhibidas en la residencia oficial londinense de su majestad, el Rey Carlos III.

(Cedida)
Su compromiso con la realeza británica fue a más. En el año 2000, el artista recibió el encargo de pintar una vibrante serie de 30 cuadros emblemáticos para la Torre de Londres. Todos ellos ‘in situ’. Entre ellos se encontraban lugares emblemáticos de la aristocracia como ‘Queens House’ (la casa de la Reina). La cual se edificó en 1616 para el Rey Jacobo I como casa para su esposa Ana de Dinamarca y que, diez años después, fue retomada por el Rey Carlos I para su mujer Enriqueta María.

(Cedida)
Toda su serie aparece de forma permanente a lo largo del paseo público que conecta la estación de Tower Hill con la Torre de Londres. Cuatro años más tarde, tanto la Reina Isabel II como el Duque de Edimburgo reconocieron su labor en una recepción oficial en el Salón de Banquetes de la Torre de Londres. Allí Whatley cuenta la curiosa anécdota que tuvo con su majestad.
«La Reina Isabel se acercó a saludarme, mostraba un aura amable y humilde. Estábamos de pie cerca de uno de mis cuadros sobre las Joyas de la Corona y le comenté que para pintar las joyas estuve encerrado ‘durante una semana’ en ‘La Jewel House’ (la casa de las joyas). Ella totalmente perpleja, preguntó ‘¿durante una semana?’», explica Stephen B. Whatley sobre su experiencia: «Le expliqué que era para dedicar una hora al día a realizar estudios del natural, antes de que ‘Jewel House’ abriera al público. Mientras sonreía y se daba la vuelta para marcharse, se giró de nuevo, miró por encima del hombro y me dijo en voz baja: ‘¡Me alegro de que te hayan dejado salir!’».
«Fue un momento que atesoro», admite. Tras estos dos grandes encargos, recibió varios otros de lugares arquitectónicos, como la sede de la ‘BBC’ londinense o, más recientemente su pintura en Victoria Harbour, en Hong Kong. «Para mí pintar al aire libre y con gran inmediatez, hace que absorbe su inmensidad, volumen y características», señala Whatley.
(Cedida)
El retratista de los famosos británicos
Más allá del arte contemporáneo y el expresionismo, su figura también se centra en el retratismo. «Me gusta pintar a personas que admiro y tengo un gran interés en el mundo del espectáculo, por lo que he pintado a bastantes actores». Algunas de las personas que pasaron por su lienzo fueron las actrices Barbara Windsor y Julie Walters; la presentadora de televisión Sarah Greene y ‘el rey del trabajo en Derechos Humanos’ Michael Mansfield, quién defendió el caso del accidente de Lady Di.

(Cedida)
El pintor admite que lo curioso es que una inmensa mayoría de las personas que pasaron por sus bocetos se quedaban asombrados por el parecido que ensamblaban, no con ellos, sino con sus seres queridos. La actriz Julie Walters admitió que se había capturado «un parecido con su madre en el retrato, especialmente en los ojos».
Sarah Green, por otro lado, relató en una carta enviada posteriormente al artista que «a su padre se le saltaron las lágrimas porque pudo ver a su madre en el retrato».

(Cedida)
Previo a las elecciones estadounidenses, en 2008, Stephen B. Whatley realizó un retrato en honor a Barack Obama. Fue seleccionado como una de las imágenes que aparecieron publicadas en la revista ‘TIME’ en enero de 2009. «Este sigue siendo uno de mis retratos más populares. Es gratificante saber que aportó arte a las personas que descubren mi trabajo».
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(Cedida)
Ahora el artista ha decidido probar otra faceta, también artística. Recientemente, recibió un encargo de la actriz de Hollywood Mamie Van Doren para dar expresión a las imágenes de su última obra. «A finales de 2023, me envió un correo electrónico diciendo que le gustaría encargarme que ilustrara sus memorias. Nuestra colaboración fue muy transparente, ya que leí sus manuscritos y ella me compartía sus recuerdos para ayudarme a describir los episodios eclécticos de su vida», ha desvelado.
Entre monumentos, retratos y tributos, la versatilidad de un pintor como Stephen B. Whatley enriquece su obra. «Soy un pintor expresionista. Durante mucho tiempo, las fórmulas vacías se han adueñado del arte moderno… pero jamás elegí seguir esa corriente. Mi expresionismo nace de la pasión, del corazón y del alma. ¡La pintura no ha muerto!».
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