La tarde iba sin emociones ni pasiones. Todo muy contenido entre el querer de los tendidos abarrotados, la decisión de los toreros y la nula casta de una corrida de Loreto Charro que frenaba en seco cualquier asomo de triunfo. Con el sexto se rompió el maleficio y fueron las ganas y el querer por encima de todo del toledano Tomás Rufo, que se empeñó en abrir la puerta grande pasara lo que pasara.Y lo que pasó fue un toro de Charro, que pareció moverse más que el resto, que tomó la muleta de largo en el comienzo de faena, pero que lo que pudo confundirse con embestidas prometedoras acabó en un pozo de viajes cortos sin entrega alguna. Rufo se sobrepuso y ya con el capote dejó ver sus intenciones. Jugó con las distancias dándole las ventajas al toro, que al segundo muletazo ya protestaba y se mostraba remiso a seguir el engaño. No desistió y, poderoso, lució por el pitón derecho en una serie que encendió al personal. Otra con la mano izquierda, muy metido con el toro, en la que resplandecieron tres naturales profundos, de trazo largo y remate atrás, ligados con el de pecho. Había conseguido lo más difícil, mantener al público expectante y con ilusión por desatar las pasiones largamente contenidas durante toda la tarde. Unas manoletinas y un espadazo cambiaron el panorama sombrío por una imagen de éxito. A hombros se lo llevaron, cuando veinte minutos antes nadie daba un duro por la corrida.Derechazo de Roca Rey al quinto ABCCon su primero, que acababa con la cara por arriba y que se rajó a las primeras de cambio, Rufo anduvo muy convencido, pero lo que ‘no pué ser, no pué ser, y además es imposible’.Noticia relacionada general No No Feria de Burgos Seis avemarías para rozar la gloria: Borja y Marco, a hombros Ángel González AbadEn la tarde de Roca, Morenito llegó con ilusiones de novillero, de no querer que ni la máxima figura ni Rufo le ganaran la partida. No lo tuvo fácil para justificarse ante los paisanos y llevarse una oreja del cuarto. Las dificultades se las pusieron los dos toros de Charro, ante los que si no se emplea a fondo, el balance hubiera sido completamente plano.Todo lo puso el toreroTres largas cambiadas en el tercio al que abrió plaza, ya dieron la dimensión de cómo afrontaba tarde. A partir de ahí el astado se comportó distraído, sin fijeza, corretón, todo a la contra, vamos. Rodilla en tierra comenzó con la franela, y tuvo que ponerlo todo el torero, que el de Loreto Charro seguía sin fuste, quedándose corto y apenas aguantando. Jugó con los tiempos y las inercias. Ni por esas. Ahí quedaron las ganas y el buen corte del de Aranda, que hizo lo posible, tarea imposible, por que todo lo que hacía en la arena llegara a los tendidos.Otras tres largas le sopló al cuarto, la primera a portagayola y las otras en el tercio. El toro ofreció más de lo mismo, es decir, muy poco. Y como, a veces, querer es poder, a base de insistir logró naturales de mérito, muy encorajinado el diestro en esa búsqueda de un triunfo que parecía lejano. Lo hizo todo el veterano Morenito, arrebatado o hastiado, que vaya usted a saber qué le llevó al desplante enrabietado del final. Convenció y paseó una oreja, un premio que podría parecer de consolación, pero que con el material que tuvo delante no lo fue ni por asomo.Feria de Burgos Plaza de toros del Plantío Miércoles, 1 de julio de 2026. Cuarta corrida. Lleno. Toros de Loreto Charro, desiguales y descastados. Morenito de Aranda, de nazareno y oro. Pinchazo y estocada (silencio). Estocada y dos descabellos. Aviso (oreja). Roca Rey, de verde y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). Estocada. Aviso (silencio tras petición). Tomás Rufo, de ribera y oro. Pinchazo, estocada y descabello (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.Por su parte, el llamado a ser el protagonista del festejo se fue de vacío, muy a pesar suyo y de las diez mil almas que lo esperaban aupar en triunfo. No hubo opción, y eso que el peruano salió a por todas. Variado al recibir al segundo y en un apretado quite con el capote a la espada. Ahí acabó todo con un toro noble, pero sin fuelle. Y parecido panorama con el quinto, que ya se plegó en banderillas. Lo trató Roca con suavidad, aderezando el trasteo con adornos y avanzando sobre la mano derecha hacia el arrimón final. Muleta escondida y ofreciendo los muslos, parecía que todo entraba en la buena línea, pero, tras la estocada, el toro tardó en caer y los descabellos decidieron a la presidenta a no atender la petición de oreja. Ahí quedó todo, no hubo para más. La contención que pusieron los de Loreto Charro y la decisión de Tomás Rufo de saltarse a la torera el freno que inundó la tarde. La tarde iba sin emociones ni pasiones. Todo muy contenido entre el querer de los tendidos abarrotados, la decisión de los toreros y la nula casta de una corrida de Loreto Charro que frenaba en seco cualquier asomo de triunfo. Con el sexto se rompió el maleficio y fueron las ganas y el querer por encima de todo del toledano Tomás Rufo, que se empeñó en abrir la puerta grande pasara lo que pasara.Y lo que pasó fue un toro de Charro, que pareció moverse más que el resto, que tomó la muleta de largo en el comienzo de faena, pero que lo que pudo confundirse con embestidas prometedoras acabó en un pozo de viajes cortos sin entrega alguna. Rufo se sobrepuso y ya con el capote dejó ver sus intenciones. Jugó con las distancias dándole las ventajas al toro, que al segundo muletazo ya protestaba y se mostraba remiso a seguir el engaño. No desistió y, poderoso, lució por el pitón derecho en una serie que encendió al personal. Otra con la mano izquierda, muy metido con el toro, en la que resplandecieron tres naturales profundos, de trazo largo y remate atrás, ligados con el de pecho. Había conseguido lo más difícil, mantener al público expectante y con ilusión por desatar las pasiones largamente contenidas durante toda la tarde. Unas manoletinas y un espadazo cambiaron el panorama sombrío por una imagen de éxito. A hombros se lo llevaron, cuando veinte minutos antes nadie daba un duro por la corrida.Derechazo de Roca Rey al quinto ABCCon su primero, que acababa con la cara por arriba y que se rajó a las primeras de cambio, Rufo anduvo muy convencido, pero lo que ‘no pué ser, no pué ser, y además es imposible’.Noticia relacionada general No No Feria de Burgos Seis avemarías para rozar la gloria: Borja y Marco, a hombros Ángel González AbadEn la tarde de Roca, Morenito llegó con ilusiones de novillero, de no querer que ni la máxima figura ni Rufo le ganaran la partida. No lo tuvo fácil para justificarse ante los paisanos y llevarse una oreja del cuarto. Las dificultades se las pusieron los dos toros de Charro, ante los que si no se emplea a fondo, el balance hubiera sido completamente plano.Todo lo puso el toreroTres largas cambiadas en el tercio al que abrió plaza, ya dieron la dimensión de cómo afrontaba tarde. A partir de ahí el astado se comportó distraído, sin fijeza, corretón, todo a la contra, vamos. Rodilla en tierra comenzó con la franela, y tuvo que ponerlo todo el torero, que el de Loreto Charro seguía sin fuste, quedándose corto y apenas aguantando. Jugó con los tiempos y las inercias. Ni por esas. Ahí quedaron las ganas y el buen corte del de Aranda, que hizo lo posible, tarea imposible, por que todo lo que hacía en la arena llegara a los tendidos.Otras tres largas le sopló al cuarto, la primera a portagayola y las otras en el tercio. El toro ofreció más de lo mismo, es decir, muy poco. Y como, a veces, querer es poder, a base de insistir logró naturales de mérito, muy encorajinado el diestro en esa búsqueda de un triunfo que parecía lejano. Lo hizo todo el veterano Morenito, arrebatado o hastiado, que vaya usted a saber qué le llevó al desplante enrabietado del final. Convenció y paseó una oreja, un premio que podría parecer de consolación, pero que con el material que tuvo delante no lo fue ni por asomo.Feria de Burgos Plaza de toros del Plantío Miércoles, 1 de julio de 2026. Cuarta corrida. Lleno. Toros de Loreto Charro, desiguales y descastados. Morenito de Aranda, de nazareno y oro. Pinchazo y estocada (silencio). Estocada y dos descabellos. Aviso (oreja). Roca Rey, de verde y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). Estocada. Aviso (silencio tras petición). Tomás Rufo, de ribera y oro. Pinchazo, estocada y descabello (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.Por su parte, el llamado a ser el protagonista del festejo se fue de vacío, muy a pesar suyo y de las diez mil almas que lo esperaban aupar en triunfo. No hubo opción, y eso que el peruano salió a por todas. Variado al recibir al segundo y en un apretado quite con el capote a la espada. Ahí acabó todo con un toro noble, pero sin fuelle. Y parecido panorama con el quinto, que ya se plegó en banderillas. Lo trató Roca con suavidad, aderezando el trasteo con adornos y avanzando sobre la mano derecha hacia el arrimón final. Muleta escondida y ofreciendo los muslos, parecía que todo entraba en la buena línea, pero, tras la estocada, el toro tardó en caer y los descabellos decidieron a la presidenta a no atender la petición de oreja. Ahí quedó todo, no hubo para más. La contención que pusieron los de Loreto Charro y la decisión de Tomás Rufo de saltarse a la torera el freno que inundó la tarde.
La tarde iba sin emociones ni pasiones. Todo muy contenido entre el querer de los tendidos abarrotados, la decisión de los toreros y la nula casta de una corrida de Loreto Charro que frenaba en seco cualquier asomo de triunfo. Con el sexto … se rompió el maleficio y fueron las ganas y el querer por encima de todo del toledano Tomás Rufo, que se empeñó en abrir la puerta grande pasara lo que pasara.
Y lo que pasó fue un toro de Charro, que pareció moverse más que el resto, que tomó la muleta de largo en el comienzo de faena, pero que lo que pudo confundirse con embestidas prometedoras acabó en un pozo de viajes cortos sin entrega alguna. Rufo se sobrepuso y ya con el capote dejó ver sus intenciones. Jugó con las distancias dándole las ventajas al toro, que al segundo muletazo ya protestaba y se mostraba remiso a seguir el engaño. No desistió y, poderoso, lució por el pitón derecho en una serie que encendió al personal. Otra con la mano izquierda, muy metido con el toro, en la que resplandecieron tres naturales profundos, de trazo largo y remate atrás, ligados con el de pecho. Había conseguido lo más difícil, mantener al público expectante y con ilusión por desatar las pasiones largamente contenidas durante toda la tarde. Unas manoletinas y un espadazo cambiaron el panorama sombrío por una imagen de éxito. A hombros se lo llevaron, cuando veinte minutos antes nadie daba un duro por la corrida.

(ABC)
Con su primero, que acababa con la cara por arriba y que se rajó a las primeras de cambio, Rufo anduvo muy convencido, pero lo que ‘no pué ser, no pué ser, y además es imposible’.
Noticia relacionada
En la tarde de Roca, Morenito llegó con ilusiones de novillero, de no querer que ni la máxima figura ni Rufo le ganaran la partida. No lo tuvo fácil para justificarse ante los paisanos y llevarse una oreja del cuarto. Las dificultades se las pusieron los dos toros de Charro, ante los que si no se emplea a fondo, el balance hubiera sido completamente plano.
Todo lo puso el torero
Tres largas cambiadas en el tercio al que abrió plaza, ya dieron la dimensión de cómo afrontaba tarde. A partir de ahí el astado se comportó distraído, sin fijeza, corretón, todo a la contra, vamos. Rodilla en tierra comenzó con la franela, y tuvo que ponerlo todo el torero, que el de Loreto Charro seguía sin fuste, quedándose corto y apenas aguantando. Jugó con los tiempos y las inercias. Ni por esas. Ahí quedaron las ganas y el buen corte del de Aranda, que hizo lo posible, tarea imposible, por que todo lo que hacía en la arena llegara a los tendidos.
Otras tres largas le sopló al cuarto, la primera a portagayola y las otras en el tercio. El toro ofreció más de lo mismo, es decir, muy poco. Y como, a veces, querer es poder, a base de insistir logró naturales de mérito, muy encorajinado el diestro en esa búsqueda de un triunfo que parecía lejano. Lo hizo todo el veterano Morenito, arrebatado o hastiado, que vaya usted a saber qué le llevó al desplante enrabietado del final. Convenció y paseó una oreja, un premio que podría parecer de consolación, pero que con el material que tuvo delante no lo fue ni por asomo.
Feria de Burgos
-
Plaza de toros del Plantío
Miércoles, 1 de julio de 2026. Cuarta corrida. Lleno. Toros de Loreto Charro, desiguales y descastados.
-
Morenito de Aranda,
de nazareno y oro. Pinchazo y estocada (silencio). Estocada y dos descabellos. Aviso (oreja). -
Roca Rey,
de verde y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). Estocada. Aviso (silencio tras petición). -
Tomás Rufo,
de ribera y oro. Pinchazo, estocada y descabello (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.
-
Por su parte, el llamado a ser el protagonista del festejo se fue de vacío, muy a pesar suyo y de las diez mil almas que lo esperaban aupar en triunfo. No hubo opción, y eso que el peruano salió a por todas. Variado al recibir al segundo y en un apretado quite con el capote a la espada. Ahí acabó todo con un toro noble, pero sin fuelle. Y parecido panorama con el quinto, que ya se plegó en banderillas. Lo trató Roca con suavidad, aderezando el trasteo con adornos y avanzando sobre la mano derecha hacia el arrimón final. Muleta escondida y ofreciendo los muslos, parecía que todo entraba en la buena línea, pero, tras la estocada, el toro tardó en caer y los descabellos decidieron a la presidenta a no atender la petición de oreja.
Ahí quedó todo, no hubo para más. La contención que pusieron los de Loreto Charro y la decisión de Tomás Rufo de saltarse a la torera el freno que inundó la tarde.
RSS de noticias de cultura

