Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  Pizarnik, la recóndita pirómana
Cultura

Pizarnik, la recóndita pirómana

junio 21, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Más noticias

Sergio Ramírez, crímenes y corrupciones

junio 8, 2026

Paolo Roversi: «La fotografía no es más que una historia de amor»

junio 19, 2026

Tomás Angulo pasa la noche estable tras sufrir una cornada muy grave, mientras los médicos valoran una posible complicación en la arteria femoral

junio 21, 2026

El oso polar que corrió libre un verano por el Retiro

junio 18, 2026

Alejandra Pizarnik cierra una biografía de intemperie sin tregua, como si todo en su vida pudiera concretarse en una frase susurrada al borde del precipicio: « No quiero ir nada más que hasta el fondo ». Ahí está su existencia, y en esa existencia arde una herida privada, obsesiva, casi litúrgica, donde el yo se espanta ante la propia sed del yo. Hay algo en Pizarnik que nos enseña la vida intensa, casi inhabitable. Hay en ella mucho de poeta para poetas, de voz extrema que no busca lectores sino devotos del límite. En uno de sus diarios escribe que «la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos». Ahí está cifrada su poética. Se trata de mirar hasta desaparecer, de gritar hasta enmudecer. Las palabras, en Pizarnik, no discuten el desastre pretendido ni tampoco lo transfiguran. Directamente, lo encarnan. Permanecer en el mundo como poeta es, para ella, habitar la fractura sin consuelo, sostener el temblor sin esperanza de remiendo. Firmó algunos de los libros más seriamente desgarrados de la poesía en lengua española, como ‘Árbol de Diana’ o ‘El infierno musical’, donde el poema no es un refugio sino una atmósfera del conflicto, un embarcadero de la pregunta sin tregua.No hay en Pizarnik reconciliación posible, porque escribir es arriesgarse, es llevar el idioma hasta la herida abierta, donde el poema es incendio. La infancia, la muerte, el silencio, todo comparece en sus poemas como obsesión circular, como núcleo que se inaugura a vuelta de página. Pizarnik nos resulta un dolor sin afueras, una conciencia sitiada por sí misma. Desde esa intemperie levantó una obra breve y fulgurante , de una pureza casi inaguantable, donde cada palabra parece sacada de un manantial de oscuridades. Su vida fue una vigilancia desvelada del lenguaje, una desconfianza radical hacia la tiranía de las palabras, y al mismo tiempo una entrega irremediable a ellas, como si sólo en esa discordia pudiera sostenerse la existencia. Tiene momentos de geómetra del abismo, de recóndita pirómana. Se jugó en cada verso la posibilidad, siempre fallida, siempre necesaria, de nombrar lo innombrable. Alejandra Pizarnik cierra una biografía de intemperie sin tregua, como si todo en su vida pudiera concretarse en una frase susurrada al borde del precipicio: « No quiero ir nada más que hasta el fondo ». Ahí está su existencia, y en esa existencia arde una herida privada, obsesiva, casi litúrgica, donde el yo se espanta ante la propia sed del yo. Hay algo en Pizarnik que nos enseña la vida intensa, casi inhabitable. Hay en ella mucho de poeta para poetas, de voz extrema que no busca lectores sino devotos del límite. En uno de sus diarios escribe que «la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos». Ahí está cifrada su poética. Se trata de mirar hasta desaparecer, de gritar hasta enmudecer. Las palabras, en Pizarnik, no discuten el desastre pretendido ni tampoco lo transfiguran. Directamente, lo encarnan. Permanecer en el mundo como poeta es, para ella, habitar la fractura sin consuelo, sostener el temblor sin esperanza de remiendo. Firmó algunos de los libros más seriamente desgarrados de la poesía en lengua española, como ‘Árbol de Diana’ o ‘El infierno musical’, donde el poema no es un refugio sino una atmósfera del conflicto, un embarcadero de la pregunta sin tregua.No hay en Pizarnik reconciliación posible, porque escribir es arriesgarse, es llevar el idioma hasta la herida abierta, donde el poema es incendio. La infancia, la muerte, el silencio, todo comparece en sus poemas como obsesión circular, como núcleo que se inaugura a vuelta de página. Pizarnik nos resulta un dolor sin afueras, una conciencia sitiada por sí misma. Desde esa intemperie levantó una obra breve y fulgurante , de una pureza casi inaguantable, donde cada palabra parece sacada de un manantial de oscuridades. Su vida fue una vigilancia desvelada del lenguaje, una desconfianza radical hacia la tiranía de las palabras, y al mismo tiempo una entrega irremediable a ellas, como si sólo en esa discordia pudiera sostenerse la existencia. Tiene momentos de geómetra del abismo, de recóndita pirómana. Se jugó en cada verso la posibilidad, siempre fallida, siempre necesaria, de nombrar lo innombrable.  

Ángel Antonio Herrera


22/06/2026 a las 01:14h.

Alejandra Pizarnik cierra una biografía de intemperie sin tregua, como si todo en su vida pudiera concretarse en una frase susurrada al borde del precipicio: «No quiero ir nada más que hasta el fondo». Ahí está su existencia, y en esa existencia arde una … herida privada, obsesiva, casi litúrgica, donde el yo se espanta ante la propia sed del yo. Hay algo en Pizarnik que nos enseña la vida intensa, casi inhabitable. Hay en ella mucho de poeta para poetas, de voz extrema que no busca lectores sino devotos del límite. En uno de sus diarios escribe que «la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos». Ahí está cifrada su poética. Se trata de mirar hasta desaparecer, de gritar hasta enmudecer. Las palabras, en Pizarnik, no discuten el desastre pretendido ni tampoco lo transfiguran. Directamente, lo encarnan. Permanecer en el mundo como poeta es, para ella, habitar la fractura sin consuelo, sostener el temblor sin esperanza de remiendo. Firmó algunos de los libros más seriamente desgarrados de la poesía en lengua española, como ‘Árbol de Diana’ o ‘El infierno musical’, donde el poema no es un refugio sino una atmósfera del conflicto, un embarcadero de la pregunta sin tregua.

No hay en Pizarnik reconciliación posible, porque escribir es arriesgarse, es llevar el idioma hasta la herida abierta, donde el poema es incendio. La infancia, la muerte, el silencio, todo comparece en sus poemas como obsesión circular, como núcleo que se inaugura a vuelta de página. Pizarnik nos resulta un dolor sin afueras, una conciencia sitiada por sí misma. Desde esa intemperie levantó una obra breve y fulgurante, de una pureza casi inaguantable, donde cada palabra parece sacada de un manantial de oscuridades. Su vida fue una vigilancia desvelada del lenguaje, una desconfianza radical hacia la tiranía de las palabras, y al mismo tiempo una entrega irremediable a ellas, como si sólo en esa discordia pudiera sostenerse la existencia. Tiene momentos de geómetra del abismo, de recóndita pirómana. Se jugó en cada verso la posibilidad, siempre fallida, siempre necesaria, de nombrar lo innombrable.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Trenes hacia la muerte
Los fijos discontinuos, la otra pieza clave del empleo temporal en verano: son dos de cada cinco contratos
Leer también
Economía

Un Banco de España que mira hacia fuera

junio 22, 2026
Economía

De Nestlé a Booking: el abogado con 65 millones para demandas masivas contra multinacionales

junio 22, 2026
Deportes

Cabo Verde sorprende y le empata a la Uruguay de Bielsa (2-2)

junio 22, 2026
Economía

El mito que Washington convirtió en fábula

junio 21, 2026
Cultura

Fabrice Hadjadj: «Es imposible arrancar todo el mal, esa era la locura de los totalitarismos»

junio 21, 2026
Cultura

El anestesista que triunfa en Italia con un libro sobre el duelo a través de los objetos

junio 21, 2026
Cargar más
Novedades

Un Banco de España que mira hacia fuera

junio 22, 2026

De Nestlé a Booking: el abogado con 65 millones para demandas masivas contra multinacionales

junio 22, 2026

Cabo Verde sorprende y le empata a la Uruguay de Bielsa (2-2)

junio 22, 2026

El mito que Washington convirtió en fábula

junio 21, 2026

Fabrice Hadjadj: «Es imposible arrancar todo el mal, esa era la locura de los totalitarismos»

junio 21, 2026

El anestesista que triunfa en Italia con un libro sobre el duelo a través de los objetos

junio 21, 2026

Luis Enrique Pérez-Oramas: «La claridad no es imperativa»

junio 21, 2026

Menos impuestos y dependencia del gas y más renovables ahorran hasta 18 euros en la factura de la luz

junio 21, 2026

Wyndham Clark gana el US Open de Shinnecock Hills, su segundo grande

junio 21, 2026

El alquiler por habitaciones sale más rentable que el tradicional

junio 21, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto