Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  Nosotros también fuimos inmigrantes
Cultura

Nosotros también fuimos inmigrantes

agosto 21, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

He visto algunas fotografías de los inmigrantes en Ceuta . También algunas reacciones racistas y otras que, en busca de una cierta empatía, decían: «Nosotros también fuimos inmigrantes».En agosto de 1956 mis abuelos partieron hacia Caracas para hacer las Américas. Mi madre tenía cinco años. Mi abuela enseguida empezó a trabajar para un joyero judío que le enseñó el oficio pero, sobre todo, el amor por los diamantes. Y, por supuesto, la explicación de que los judíos los aprecian especialmente porque les caben muchos en una sola mano cuando tienen que dejarlo todo y huir. Estuvieron cinco años, mi abuelo un poco más. No hicieron una gran fortuna, pero aprendieron, convivieron y regresaron siendo personas mejores y sin haber causado ningún problema.También fuimos inmigrantes, por supuesto. Y debemos recordar nuestro pasado, y honrarlo. Pero fuimos a trabajar e hicimos los oficios con respeto. Fuimos en busca de una oportunidad, y en general la supimos aprovechar. Y si no supimos, no incendiamos nada. Vuelvo a mirar las fotografías de estos días en Ceuta. Algunos de los chicos son más jóvenes que mi abuela cuando zarpó, pero la mayoría tienen la edad –entre 15 y 20 años– de los que, en 1962, también en verano, fueron a pedirle trabajo a mi abuela que, ya de regreso en Barcelona, había fundado Semon. Empezaron a trabajar y las jornadas eran largas, tan calurosas como las de hoy, pero los espíritus de entonces aprovechaban más la oportunidad de lo que la reclamaban. Aquellos muchachos venidos de León, de Valladolid, de Andalucía, de Murcia o de Galicia tenían entre 14 y 20 años, más de los primeros que de los segundos, y no tenían ninguna formación, sólo leer y escribir, como cuando mi abuela embarcó.Ellos no eran inmigrantes porque eran españoles, pero se habían ido de sus casas, de sus familias, y llegaron a Barcelona sin nada, y lo primero que buscaron no fue una pistola, ni una navaja, ni a un traficante que les diera algo para trapichear. Tampoco esperaron que el Estado les mantuviera o les mandara a una determinada comunidad. Lo que buscaron fue un trabajo. Y lo buscaron en verano, y lo buscaron en unas cocinas infernales que, por supuesto, no tenían aire acondicionado, ni existían los horarios y la jornada terminaba cuando su cometido terminaba y no al revés.«Los marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar»Sí, también nosotros nos tuvimos que marchar. A veces del pueblo para ir a la ciudad , a veces a la otra punta de España y, en no pocos casos, de una España pobre y destruida por una guerra, que también padecía una dictadura. Fuimos por lo menos tan pobres como ellos y algunos, más que emigrar, se tuvieron que exiliar, y fue muy triste. Pero no rompimos nada, fuimos agradecidos con los que nos acogieron, no creamos guetos ni tratamos de imponer nuestras costumbres, ni mucho menos usamos la intimidación, la violencia o el terrorismo para conseguirlo.Veranos duros y calurosos los hemos conocido siempre. Nos hemos marchado y hemos vuelto. Somos menos pobres de lo que fuimos, pero ahora todo nos parece más grave, y no porque notemos los dos grados más de temperatura, sino porque estamos acostumbrados a muchas más comodidades, a quejarnos en lugar de pelear, y a despreciar lo que se consigue con esfuerzo porque creemos que merecemos más. Los chicos marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar, ni que podíamos convertir sus pueblos y ciudades en el patio trasero de todo lo que a nosotros nos había hecho fracasar. He visto algunas fotografías de los inmigrantes en Ceuta . También algunas reacciones racistas y otras que, en busca de una cierta empatía, decían: «Nosotros también fuimos inmigrantes».En agosto de 1956 mis abuelos partieron hacia Caracas para hacer las Américas. Mi madre tenía cinco años. Mi abuela enseguida empezó a trabajar para un joyero judío que le enseñó el oficio pero, sobre todo, el amor por los diamantes. Y, por supuesto, la explicación de que los judíos los aprecian especialmente porque les caben muchos en una sola mano cuando tienen que dejarlo todo y huir. Estuvieron cinco años, mi abuelo un poco más. No hicieron una gran fortuna, pero aprendieron, convivieron y regresaron siendo personas mejores y sin haber causado ningún problema.También fuimos inmigrantes, por supuesto. Y debemos recordar nuestro pasado, y honrarlo. Pero fuimos a trabajar e hicimos los oficios con respeto. Fuimos en busca de una oportunidad, y en general la supimos aprovechar. Y si no supimos, no incendiamos nada. Vuelvo a mirar las fotografías de estos días en Ceuta. Algunos de los chicos son más jóvenes que mi abuela cuando zarpó, pero la mayoría tienen la edad –entre 15 y 20 años– de los que, en 1962, también en verano, fueron a pedirle trabajo a mi abuela que, ya de regreso en Barcelona, había fundado Semon. Empezaron a trabajar y las jornadas eran largas, tan calurosas como las de hoy, pero los espíritus de entonces aprovechaban más la oportunidad de lo que la reclamaban. Aquellos muchachos venidos de León, de Valladolid, de Andalucía, de Murcia o de Galicia tenían entre 14 y 20 años, más de los primeros que de los segundos, y no tenían ninguna formación, sólo leer y escribir, como cuando mi abuela embarcó.Ellos no eran inmigrantes porque eran españoles, pero se habían ido de sus casas, de sus familias, y llegaron a Barcelona sin nada, y lo primero que buscaron no fue una pistola, ni una navaja, ni a un traficante que les diera algo para trapichear. Tampoco esperaron que el Estado les mantuviera o les mandara a una determinada comunidad. Lo que buscaron fue un trabajo. Y lo buscaron en verano, y lo buscaron en unas cocinas infernales que, por supuesto, no tenían aire acondicionado, ni existían los horarios y la jornada terminaba cuando su cometido terminaba y no al revés.«Los marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar»Sí, también nosotros nos tuvimos que marchar. A veces del pueblo para ir a la ciudad , a veces a la otra punta de España y, en no pocos casos, de una España pobre y destruida por una guerra, que también padecía una dictadura. Fuimos por lo menos tan pobres como ellos y algunos, más que emigrar, se tuvieron que exiliar, y fue muy triste. Pero no rompimos nada, fuimos agradecidos con los que nos acogieron, no creamos guetos ni tratamos de imponer nuestras costumbres, ni mucho menos usamos la intimidación, la violencia o el terrorismo para conseguirlo.Veranos duros y calurosos los hemos conocido siempre. Nos hemos marchado y hemos vuelto. Somos menos pobres de lo que fuimos, pero ahora todo nos parece más grave, y no porque notemos los dos grados más de temperatura, sino porque estamos acostumbrados a muchas más comodidades, a quejarnos en lugar de pelear, y a despreciar lo que se consigue con esfuerzo porque creemos que merecemos más. Los chicos marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar, ni que podíamos convertir sus pueblos y ciudades en el patio trasero de todo lo que a nosotros nos había hecho fracasar.  

He visto algunas fotografías de los inmigrantes en Ceuta. También algunas reacciones racistas y otras que, en busca de una cierta empatía, decían: «Nosotros también fuimos inmigrantes».

En agosto de 1956 mis abuelos partieron hacia Caracas para hacer las Américas. Mi madre tenía cinco … años. Mi abuela enseguida empezó a trabajar para un joyero judío que le enseñó el oficio pero, sobre todo, el amor por los diamantes. Y, por supuesto, la explicación de que los judíos los aprecian especialmente porque les caben muchos en una sola mano cuando tienen que dejarlo todo y huir. Estuvieron cinco años, mi abuelo un poco más. No hicieron una gran fortuna, pero aprendieron, convivieron y regresaron siendo personas mejores y sin haber causado ningún problema.

Más noticias

Rosie Bennet: «España tiene una profunda conexión con el alma de la música clásica»

agosto 18, 2026

Las maneras del río

agosto 15, 2026

El terror de sus fantasmas

agosto 16, 2026

De verbena en verbena: el mapa español de las fiestas veraniegas

agosto 10, 2026

También fuimos inmigrantes, por supuesto. Y debemos recordar nuestro pasado, y honrarlo. Pero fuimos a trabajar e hicimos los oficios con respeto. Fuimos en busca de una oportunidad, y en general la supimos aprovechar. Y si no supimos, no incendiamos nada.

Vuelvo a mirar las fotografías de estos días en Ceuta. Algunos de los chicos son más jóvenes que mi abuela cuando zarpó, pero la mayoría tienen la edad –entre 15 y 20 años– de los que, en 1962, también en verano, fueron a pedirle trabajo a mi abuela que, ya de regreso en Barcelona, había fundado Semon. Empezaron a trabajar y las jornadas eran largas, tan calurosas como las de hoy, pero los espíritus de entonces aprovechaban más la oportunidad de lo que la reclamaban. Aquellos muchachos venidos de León, de Valladolid, de Andalucía, de Murcia o de Galicia tenían entre 14 y 20 años, más de los primeros que de los segundos, y no tenían ninguna formación, sólo leer y escribir, como cuando mi abuela embarcó.

Ellos no eran inmigrantes porque eran españoles, pero se habían ido de sus casas, de sus familias, y llegaron a Barcelona sin nada, y lo primero que buscaron no fue una pistola, ni una navaja, ni a un traficante que les diera algo para trapichear. Tampoco esperaron que el Estado les mantuviera o les mandara a una determinada comunidad. Lo que buscaron fue un trabajo. Y lo buscaron en verano, y lo buscaron en unas cocinas infernales que, por supuesto, no tenían aire acondicionado, ni existían los horarios y la jornada terminaba cuando su cometido terminaba y no al revés.

«Los marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar»

Sí, también nosotros nos tuvimos que marchar. A veces del pueblo para ir a la ciudad, a veces a la otra punta de España y, en no pocos casos, de una España pobre y destruida por una guerra, que también padecía una dictadura. Fuimos por lo menos tan pobres como ellos y algunos, más que emigrar, se tuvieron que exiliar, y fue muy triste. Pero no rompimos nada, fuimos agradecidos con los que nos acogieron, no creamos guetos ni tratamos de imponer nuestras costumbres, ni mucho menos usamos la intimidación, la violencia o el terrorismo para conseguirlo.

Newsletter

Veranos duros y calurosos los hemos conocido siempre. Nos hemos marchado y hemos vuelto. Somos menos pobres de lo que fuimos, pero ahora todo nos parece más grave, y no porque notemos los dos grados más de temperatura, sino porque estamos acostumbrados a muchas más comodidades, a quejarnos en lugar de pelear, y a despreciar lo que se consigue con esfuerzo porque creemos que merecemos más. Los chicos marroquíes de Ceuta no se comportan como nosotros nos comportamos cuando estuvimos en su situación, pero en los países a los que nos tuvimos que ir tampoco nadie nos dijo que lo íbamos a tener todo por derecho, sin tener que trabajar, ni que podíamos convertir sus pueblos y ciudades en el patio trasero de todo lo que a nosotros nos había hecho fracasar.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Kirk Douglas, Yul Breener, un faro y los problemas de la tramuntana en 1970
Batalla soterrada entre Santander y Crédit Agricole por financiar los coches chinos
Leer también
Economía

Las cien mil vidas del Monte dei Paschi de Siena, el banco más antiguo del mundo

agosto 21, 2026
Economía

España encara un infierno de precios energéticos en otoño con luz, gasolina y gas disparados

agosto 21, 2026
Economía

Batalla soterrada entre Santander y Crédit Agricole por financiar los coches chinos

agosto 21, 2026
Cultura

Kirk Douglas, Yul Breener, un faro y los problemas de la tramuntana en 1970

agosto 21, 2026
Cultura

Luca Cesari, historiador de la pizza: «Fueron los emigrantes quienes la convirtieron en símbolo universal»

agosto 21, 2026
Sociedad

Cuando cambiar de look termina en demanda: el pleito silencioso de Aitana con una conocida marca para el pelo

agosto 21, 2026
Cargar más
Novedades

Las cien mil vidas del Monte dei Paschi de Siena, el banco más antiguo del mundo

agosto 21, 2026

España encara un infierno de precios energéticos en otoño con luz, gasolina y gas disparados

agosto 21, 2026

Batalla soterrada entre Santander y Crédit Agricole por financiar los coches chinos

agosto 21, 2026

Nosotros también fuimos inmigrantes

agosto 21, 2026

Kirk Douglas, Yul Breener, un faro y los problemas de la tramuntana en 1970

agosto 21, 2026

Luca Cesari, historiador de la pizza: «Fueron los emigrantes quienes la convirtieron en símbolo universal»

agosto 21, 2026

Cuando cambiar de look termina en demanda: el pleito silencioso de Aitana con una conocida marca para el pelo

agosto 21, 2026

Dos islas, dos experiencias VIP: la exclusividad de Mallorca, la discreción de Formentera

agosto 21, 2026

Acapulco, el paraíso perdido de Luis Miguel

agosto 21, 2026

¡Ay, si las espadas hubieran entrado!

agosto 21, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto