¿Qué es eso? ¿Un faro? ¿Desde cuándo está allí? Esta era la típica reacción de todos los vecinos de Cadaqués y el Cap de Creus cuando, en agosto de 1970, empezaron sus vacaciones estivales y veían asombrados un faro hexagonal de hormigón, pintado de blanco, justo a pie de mar, donde antes solo había rocas, viento, mala mar y barcos pesqueros. No era un espejismo, el faro estaba allí, era una construcción especial para la película ‘La luz del fin del mundo’, de Kevin Billington , protagonizada por Kirk Douglas, Yul Brynner, Samantha Eggar y Fernando Rey, entre otros.Necesitaban un faro. Así es Hollywood. La película estaba basada en la novela, ‘El faro del fin del mundo’, de Julio Verne y, claro, el faro era fundamental. A los productores, y Kirk Douglas era uno de ellos, no les gustaba el faro real del Cabo de Creus , una construcción funcional de 1853 que no tenía el aspecto lúgubre y melancólico que requería la película. Así que pidieron permiso para construir uno nuevo y las autoridades locales, en aquellos años muy serviles a los caprichos de las grandes estrellas de Hollywood, se los concedieron. Solo había una condición, al acabar el rodaje tenían que desmontarlo, destruirlo, quitarlo de allí. ¿Lo hicieron? Por supuesto que no. El faro se convirtió con el paso del tiempo en una atracción turística más, situado en el Parque Natural del Cap de Creus, en un área rocosa por encima de la Punta de Sa Clavaguera . Lo cierto es que el faro se había construido en una zona virgen de gran valor geológico. Esto despertó la ira de los ecologistas, que veían esta construcción como una agresión. Las protestas en los 80 y 90 de grupos como la Liga por la Defensa del Patrimonio Natural (DEPANA) por su destrucción no tuvieron efecto hasta que en 1998 el Cabo de Creus fue declarado Parque Natural Marítimo-Terrestre.El 14 de noviembre de 1998 se ponía fin al faro ficticio más famoso del mundo, o el único, vamos. Lo único que queda hoy es una placa que el ayuntamiento de Cadaqués colocó cerca de la antigua construcción para conmemorar el rodaje de la película: «’La luz al final del mundo’, en el faro hecho de tramoya, lució tan poco rato que fue igual que un sueño. Para ser breve fuiste construido, y si no te hicieran derruir, tendrías un largo… y serías infinito», dice el poema de Hermenis Gispert que conmemora su construcción.Aquel verano de 1970 fue muy intenso para los vecinos de Cadaqués. Las 150 personas del equipo de rodaje coparon todos los hoteles de la zona y el impacto económico para la localidad fue brutal. Dalí se convirtió en una especie de maestro de ceremonias para el equipo, en especial para Kirk Douglas, que había insistido en que el rodaje fuera en la Costa Brava y no en el cabo de Hornos, como en la novela. Era normal verle en todo tipo de restaurantes de los pueblos cercanos, como ‘Chez Tomás’ o el Hotel Llafranc , donde disfrutaba de sus alocadas fiestas. El equipo, mientras tanto, prefería divertirse al bajar el sol en el Casino de l’Amistat, que acabaría por convertirse en uno de los escenarios de la película.La producción pagaba tanto a los extras que todo el pueblo se apuntó para salir en la películaAunque la que más disfrutaron el rodaje fue la población local. Esto era una superproducción y no se andaban con chiquitas. El mismo Kirk Douglas cobró un millón de dólares por protagonizar la cinta, sin hablar de sus regalías como productor. La producción pagaba tanto por la figuración que todos los vecinos se apuntaron para ser extras. Durante un verano, pescadores, jóvenes intelectuales y barceloneses de vacaciones pudieron ser piratas por un día. «El cabo de Creus es un lugar dramático, salvaje y aislado, perfecto para transmitir la sensación de estar en los confines de la Tierra», declararía Douglas.Brynner, el gruñón de CadaquésEl que no pareció divertirse mucho en Cadaqués fue Yul Brynner. El estirado intérprete se encerró en su mansión alquilada con sus perros. Hizo que la producción le trajera su Porche blanco para desplazarse y no quería que nadie le molestara. Ni siquiera el tiempo le gustó. La famosa tramuntana le enloqueció por completo. El furioso viento le congelaba su icónica cabeza rapada y quería que las tomas fueran rápidas para pasar a la siguiente escena cuanto antes. Kirk Douglas, guasón como pocos, se lo pasó bomba con las incomodidades de su compañero y amigo. ¿Qué es eso? ¿Un faro? ¿Desde cuándo está allí? Esta era la típica reacción de todos los vecinos de Cadaqués y el Cap de Creus cuando, en agosto de 1970, empezaron sus vacaciones estivales y veían asombrados un faro hexagonal de hormigón, pintado de blanco, justo a pie de mar, donde antes solo había rocas, viento, mala mar y barcos pesqueros. No era un espejismo, el faro estaba allí, era una construcción especial para la película ‘La luz del fin del mundo’, de Kevin Billington , protagonizada por Kirk Douglas, Yul Brynner, Samantha Eggar y Fernando Rey, entre otros.Necesitaban un faro. Así es Hollywood. La película estaba basada en la novela, ‘El faro del fin del mundo’, de Julio Verne y, claro, el faro era fundamental. A los productores, y Kirk Douglas era uno de ellos, no les gustaba el faro real del Cabo de Creus , una construcción funcional de 1853 que no tenía el aspecto lúgubre y melancólico que requería la película. Así que pidieron permiso para construir uno nuevo y las autoridades locales, en aquellos años muy serviles a los caprichos de las grandes estrellas de Hollywood, se los concedieron. Solo había una condición, al acabar el rodaje tenían que desmontarlo, destruirlo, quitarlo de allí. ¿Lo hicieron? Por supuesto que no. El faro se convirtió con el paso del tiempo en una atracción turística más, situado en el Parque Natural del Cap de Creus, en un área rocosa por encima de la Punta de Sa Clavaguera . Lo cierto es que el faro se había construido en una zona virgen de gran valor geológico. Esto despertó la ira de los ecologistas, que veían esta construcción como una agresión. Las protestas en los 80 y 90 de grupos como la Liga por la Defensa del Patrimonio Natural (DEPANA) por su destrucción no tuvieron efecto hasta que en 1998 el Cabo de Creus fue declarado Parque Natural Marítimo-Terrestre.El 14 de noviembre de 1998 se ponía fin al faro ficticio más famoso del mundo, o el único, vamos. Lo único que queda hoy es una placa que el ayuntamiento de Cadaqués colocó cerca de la antigua construcción para conmemorar el rodaje de la película: «’La luz al final del mundo’, en el faro hecho de tramoya, lució tan poco rato que fue igual que un sueño. Para ser breve fuiste construido, y si no te hicieran derruir, tendrías un largo… y serías infinito», dice el poema de Hermenis Gispert que conmemora su construcción.Aquel verano de 1970 fue muy intenso para los vecinos de Cadaqués. Las 150 personas del equipo de rodaje coparon todos los hoteles de la zona y el impacto económico para la localidad fue brutal. Dalí se convirtió en una especie de maestro de ceremonias para el equipo, en especial para Kirk Douglas, que había insistido en que el rodaje fuera en la Costa Brava y no en el cabo de Hornos, como en la novela. Era normal verle en todo tipo de restaurantes de los pueblos cercanos, como ‘Chez Tomás’ o el Hotel Llafranc , donde disfrutaba de sus alocadas fiestas. El equipo, mientras tanto, prefería divertirse al bajar el sol en el Casino de l’Amistat, que acabaría por convertirse en uno de los escenarios de la película.La producción pagaba tanto a los extras que todo el pueblo se apuntó para salir en la películaAunque la que más disfrutaron el rodaje fue la población local. Esto era una superproducción y no se andaban con chiquitas. El mismo Kirk Douglas cobró un millón de dólares por protagonizar la cinta, sin hablar de sus regalías como productor. La producción pagaba tanto por la figuración que todos los vecinos se apuntaron para ser extras. Durante un verano, pescadores, jóvenes intelectuales y barceloneses de vacaciones pudieron ser piratas por un día. «El cabo de Creus es un lugar dramático, salvaje y aislado, perfecto para transmitir la sensación de estar en los confines de la Tierra», declararía Douglas.Brynner, el gruñón de CadaquésEl que no pareció divertirse mucho en Cadaqués fue Yul Brynner. El estirado intérprete se encerró en su mansión alquilada con sus perros. Hizo que la producción le trajera su Porche blanco para desplazarse y no quería que nadie le molestara. Ni siquiera el tiempo le gustó. La famosa tramuntana le enloqueció por completo. El furioso viento le congelaba su icónica cabeza rapada y quería que las tomas fueran rápidas para pasar a la siguiente escena cuanto antes. Kirk Douglas, guasón como pocos, se lo pasó bomba con las incomodidades de su compañero y amigo.
¿Qué es eso? ¿Un faro? ¿Desde cuándo está allí? Esta era la típica reacción de todos los vecinos de Cadaqués y el Cap de Creus cuando, en agosto de 1970, empezaron sus vacaciones estivales y veían asombrados un faro hexagonal de hormigón, pintado de … blanco, justo a pie de mar, donde antes solo había rocas, viento, mala mar y barcos pesqueros. No era un espejismo, el faro estaba allí, era una construcción especial para la película ‘La luz del fin del mundo’, de Kevin Billington, protagonizada por Kirk Douglas, Yul Brynner, Samantha Eggar y Fernando Rey, entre otros.
Necesitaban un faro. Así es Hollywood. La película estaba basada en la novela, ‘El faro del fin del mundo’, de Julio Verne y, claro, el faro era fundamental. A los productores, y Kirk Douglas era uno de ellos, no les gustaba el faro real del Cabo de Creus, una construcción funcional de 1853 que no tenía el aspecto lúgubre y melancólico que requería la película. Así que pidieron permiso para construir uno nuevo y las autoridades locales, en aquellos años muy serviles a los caprichos de las grandes estrellas de Hollywood, se los concedieron. Solo había una condición, al acabar el rodaje tenían que desmontarlo, destruirlo, quitarlo de allí. ¿Lo hicieron?
Por supuesto que no. El faro se convirtió con el paso del tiempo en una atracción turística más, situado en el Parque Natural del Cap de Creus, en un área rocosa por encima de la Punta de Sa Clavaguera. Lo cierto es que el faro se había construido en una zona virgen de gran valor geológico. Esto despertó la ira de los ecologistas, que veían esta construcción como una agresión. Las protestas en los 80 y 90 de grupos como la Liga por la Defensa del Patrimonio Natural (DEPANA) por su destrucción no tuvieron efecto hasta que en 1998 el Cabo de Creus fue declarado Parque Natural Marítimo-Terrestre.
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El 14 de noviembre de 1998 se ponía fin al faro ficticio más famoso del mundo, o el único, vamos. Lo único que queda hoy es una placa que el ayuntamiento de Cadaqués colocó cerca de la antigua construcción para conmemorar el rodaje de la película: «’La luz al final del mundo’, en el faro hecho de tramoya, lució tan poco rato que fue igual que un sueño. Para ser breve fuiste construido, y si no te hicieran derruir, tendrías un largo… y serías infinito», dice el poema de Hermenis Gispert que conmemora su construcción.
Aquel verano de 1970 fue muy intenso para los vecinos de Cadaqués. Las 150 personas del equipo de rodaje coparon todos los hoteles de la zona y el impacto económico para la localidad fue brutal. Dalí se convirtió en una especie de maestro de ceremonias para el equipo, en especial para Kirk Douglas, que había insistido en que el rodaje fuera en la Costa Brava y no en el cabo de Hornos, como en la novela. Era normal verle en todo tipo de restaurantes de los pueblos cercanos, como ‘Chez Tomás’ o el Hotel Llafranc, donde disfrutaba de sus alocadas fiestas. El equipo, mientras tanto, prefería divertirse al bajar el sol en el Casino de l’Amistat, que acabaría por convertirse en uno de los escenarios de la película.
La producción pagaba tanto a los extras que todo el pueblo se apuntó para salir en la película
Aunque la que más disfrutaron el rodaje fue la población local. Esto era una superproducción y no se andaban con chiquitas. El mismo Kirk Douglas cobró un millón de dólares por protagonizar la cinta, sin hablar de sus regalías como productor. La producción pagaba tanto por la figuración que todos los vecinos se apuntaron para ser extras. Durante un verano, pescadores, jóvenes intelectuales y barceloneses de vacaciones pudieron ser piratas por un día. «El cabo de Creus es un lugar dramático, salvaje y aislado, perfecto para transmitir la sensación de estar en los confines de la Tierra», declararía Douglas.
Brynner, el gruñón de Cadaqués
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El que no pareció divertirse mucho en Cadaqués fue Yul Brynner. El estirado intérprete se encerró en su mansión alquilada con sus perros. Hizo que la producción le trajera su Porche blanco para desplazarse y no quería que nadie le molestara. Ni siquiera el tiempo le gustó. La famosa tramuntana le enloqueció por completo. El furioso viento le congelaba su icónica cabeza rapada y quería que las tomas fueran rápidas para pasar a la siguiente escena cuanto antes. Kirk Douglas, guasón como pocos, se lo pasó bomba con las incomodidades de su compañero y amigo.
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